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Hola, soy Mauricio José Suárez y esto es El Rey Desnudo a Fondo.
¿Qué tienen en común un taxista de Zambia, un comediante brasileño, un asesino y rockero fallido, un ingeniero eléctrico coreano que conspiró con el Partido Comunista japonés, un millonario aristócrata persa, un geólogo húngaro australiano, un miembro de la seguridad británica, el MI5, una periodista soviético-ucraniana y una influencer y cantante de TikTok, entre otros muchos cientos, quizás miles de personas por todo el mundo?
Pues que todos son Jesús renacido: la segunda venida, la reencarnación del Nazareno, el verdadero y único Mesías, el hijo de Dios, una tercera parte de la Santísima Trinidad, el Salvador, el Redentor, el pan de la vida, el Cordero de Dios, el Rey de Reyes, el Alfa y el Omega, el rey de los judíos, Emmanuel, el maestro, el Buen Pastor, la fuente de aguas vivientes, el león de la tribu de Judá, el hijo del hombre, el carpintero, el camino, la verdad y la vida, el Cristo, y otros nombres que se le han dado al mítico personaje.
Y la pregunta es: ¿son todos realmente Jesucristo o lo es alguno de ellos?
¿Cómo saberlo si no sabemos siquiera si existió Jesús? O al menos, si existió tal como nos lo han contado.
En este canal ya hemos hablado, para horror de muchos, y lo entiendo, sobre la ausencia total de pruebas sólidas que validen la existencia del Jesús de los evangelios.
Es posible que hubo un predicador hebreo o una conjunción de varios que dijeran las cosas que se le atribuyen a Jesús en libros que se escribieron décadas después de su muerte, y de los cuales las copias que tenemos son de siglos después. Así que mucho deberían haber cambiado, pero no hay pruebas de su existencia, ni mucho menos de que esa persona pudiera caminar sobre el agua, convertir el agua en vino, multiplicar los peces y los panes, curar a los enfermos, hacer secar a una higuera por el delito de no tener higos, resucitar a los muertos o subir a los cielos el mismo tres días después de su muerte.
No hay tales pruebas.
El evangelio de Marcos, el más antiguo, data de entre el año 66 y 70 de la Era Común, que está 7 años desfasada respecto de la de Cristo.
Si hubiera existido, los de Mateo y Lucas, muy parecidos al de Marcos, se redactaron entre el 85 y el 90 de la Era Común, y el de Juan, con grandes diferencias respecto de los otros tres, se escribió entre el año 90 y el 110.
Imagínate que te dijeran hoy, en 2023, que escribieras la biografía de un predicador que había muerto en 1990, que no escribió nada, que no hay internet ni periódicos para documentarse, ni ningún escrito de él o de alguien que lo haya conocido personalmente, sino solo tienes lo que hoy te cuentan sus más fieles seguidores.
¿Qué tan fiable sería esa biografía que harías?
Pues no mucho, la verdad.
Así que solo sabemos que es probable que hubiera una o varias personas que inspiraron un mito tan atractivo que hoy lo siguen creyendo muchísimas personas, pero no sabemos nada más: ni su estatura, ni su peso, ni la tonalidad de su piel, ni el color de su cabello.
Las representaciones de su figura son de lo más diversas y contradictorias, aunque siempre llama la atención que nunca se le represente como un tipo pasado de peso, con los dientes chuecos, calvo, que a los 30 años ya muchos han dejado atrás la cabellera o con grandes orejas.
Pero me dirá usted: ¿qué importa cómo era Jesús si lo que importa es su legado espiritual?
Incluso si fuera resultado de la fantasía.
Bueno, a mí no me importa más que como curiosidad histórica, pero para otras personas, como las que mencionábamos al principio de este vídeo, sí debería ser importante, porque dicen ser la reencarnación o encarnación de Jesucristo o han sido considerados como tales por otros, generalmente sus seguidores, para quienes el asunto es sin duda alguna muy relevante.
Y son muchos, muchísimos, tantos que no vamos a poder hablar de todos, sino solo de algunos y de sus contradictorios mensajes.
Hay quienes creen que son la reencarnación de María Magdalena, como la estadounidense Susan María Towers, que tiene hasta su página de Patreon por si usted le quiere dar dinero.
Y hay quien se atreve a decirse la reencarnación de la Virgen María, como hizo la neoyorquina hija de inmigrantes italianos, Greciana Hipólito, que fue proclamada como tal por un verdadero napolitano, Giuseppe María Abate, que dirigía una secta cismática del catolicismo en Chicago.
Aquí lo tenemos en todo su esplendor, y aquí lo tenemos proclamando, espada en mano, a la pequeña Graciana como la Virgen María.
Como vamos a ver con todos los casos, no resulta sorprendente que Abate fuera acusado en 1922 de atacar sexualmente a otra chica de 12 años.
Y la historia toda es apasionante, pero no viene al caso aquí.
Lo siento.
La canadiense Ann Guiller también se dijo la reencarnación de la Virgen María allá por 1940.
Esto es peculiar, porque si nos atenemos al dogma católico, María, la madre de Jesús, no murió, sino que ascendió a los cielos viva.
Y aunque no lo dice la Biblia, ya se pusieron de acuerdo los católicos en creerlo así desde el siglo IV, y esta creencia ha sido un poco rara, por no decir imposible, que reencarnara.
Es como si alguien llega hoy diciendo que es la reencarnación de Lionel Messi, a lo cual el delantero argentino podría decir: "Che, espera que me muera".
Pero el tema con Jesús es otro, porque los propios evangelios, que decimos son poco fiables, estipulan que él predijo su regreso.
Y antes de meternos en esto, mejor no piense que, según la Biblia, Cristo resucitó y ascendió a los cielos también de carne y hueso, porque poniéndose puntilloso, le arruina usted el negocio a varios cientos que dicen ser su reencarnación.
Así, Jesús advierte y señala en varios momentos de los evangelios que volverá para llevar a los apóstoles al cielo con él y para recoger a sus elegidos.
En Mateo 16:27-28 se cuenta: "Porque el hijo del hombre vendrá en la gloria de su padre, rodeado de sus ángeles, y entonces pagará a cada uno de acuerdo con sus obras. Les aseguro que algunos de los que están aquí presentes no morirán antes de ver al hijo del hombre cuando venga en su reino".
Parece que no ocurrió.
Y en Marcos 13:30, Cristo asegura que esto ocurrirá antes de que pase una generación, que en términos bíblicos son 30 años.
Y desde entonces han pasado unas 67 generaciones sin que regrese Jesús.
O quizás sí ha regresado, cientos y cientos de veces, aunque un tanto cambiado a herejes y descreídos, como es mi caso.
El asunto nos puede parecer un tanto ridículo, pero en el libro del Apocalipsis, la segunda venida de Cristo, en la forma que sea, significa el fin de los tiempos, la resurrección de los muertos, el juicio final y el triunfo definitivo de Dios sobre el demonio.
Y por eso, para muchos cristianos, saber cuándo se producirá este acontecimiento es de capital importancia, sobre todo a fin de estar preparados para no acabar como las almas lanzadas a los infiernos en el majestuoso mural del juicio de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina.
También en los evangelios se habla una y otra vez del regreso de Cristo, y no precisamente para repartir amor y fraternidad, sino para juzgar a todos los seres humanos.
Se cree que Juan, autor del evangelio más tardío, también es el autor del Apocalipsis, o libro de las revelaciones, mismas que se supone que recibió en trance divino, o que eran producto, también es probable, de una bien desarrollada esquizofrenia.
Todos estos componentes de la mitología cristiana son, finalmente, enormemente inverosímiles y puede uno descontarlos sin demasiada preocupación.
El fin no está tan cerca, pero lo que sí es absolutamente real es la creencia de millones de personas en esa segunda venida, ese fin de los tiempos, ese juicio final.
Y la creencia de que tal acontecimiento es inminente ha dominado el pensamiento cristiano durante 2000 años, y sin que sea demasiado obvio para la mayoría de la gente, modela hoy en día buena parte de la política.
Por ejemplo, en Estados Unidos, donde muchos creen que el final está cerca y más vale arrepentirse ya de los pecados para no acabar en los calderos del infierno.
Y entre quienes lo creen, hay políticos.
En diciembre de 2022, se publicó una encuesta del muy prestigioso Pew Research Center, según la cual el 39% de los estadounidenses creen que estamos viviendo en el fin de los tiempos.
Esto incluye, por supuesto, a musulmanes y judíos, que también tienen su mitología escatológica o de fin del mundo.
Y que es algo que, por otra parte, los cristianos creen desde el principio mismo de su religión, con tanta intensidad que en esa encuesta el 47% de los cristianos dijeron que estamos viviendo al borde del Armagedón, del juicio final, de lo que en griego se llama la parusía.
La escatología ha sido preocupación incesante de los teólogos, que han desarrollado muchas interpretaciones para tratar de determinar cuándo y cómo se producirá el histórico suceso.
Y si estará precedido por el reino del Anticristo, si se desarrollará en siete días como el Génesis, o si la humanidad será aniquilada por terribles desastres naturales, o solo con que el Cristo revivido mueva un dedo.
Pero como fuera, en Estados Unidos, los políticos del partido republicano tienden a prestar atención a los creyentes en el inminente fin de todo.
Por ejemplo, al acusar a los demócratas de planificar la prohibición del cristianismo y la persecución de los cristianos, que son, según el censo de Estados Unidos, el 63% de los estadounidenses en sus distintas denominaciones católicas y protestantes.
Ya me dirá usted cómo se persigue a una mayoría tan aplastante.
Todo esto prepara la escena para algunas formas especialmente dañinas de la creencia en la reencarnación de Cristo.
El Cristo revivido, el juzgador, tiene derecho sobre la vida y el futuro de toda la humanidad, en grupo o de uno en uno.
Puede destruir, puede romper, puede matar y herir, porque está dándole fin al mundo para hacer realidad la profecía y terminar la historia que comenzó con la creación, con el propio Génesis, cerrando el círculo.
Pero si es necesario preparar el escenario para el regreso de Cristo, no hay entonces que ayudar a que se hagan realidad las predicciones bíblicas, como la de la construcción del Tercer Templo de Jerusalén en el monte del templo, cosa que se vuelve difícil por ser un punto de conflicto entre musulmanes y judíos.
¿O es necesario acaso apoyar a los extremistas religiosos judíos para que vuelvan a ocupar toda la tierra de Israel que Dios les prometió y así se cumpla la profecía?
¿Qué tal que ese es el obstáculo para que llegue el juicio final?
¿No habría que quitarlo?
Esto puede sonar absurdo, pero ya uno de los padres de la iglesia, Agustín de Hipona, dijo en su libro La Ciudad de Dios que la nación hebrea debía permanecer en la misma tierra hasta el final de esta era mortal, lo que se conoce como sionismo cristiano.
Y es, en muchos casos, el motivo para que ciertos políticos conservadores de Estados Unidos no critiquen los excesos y atrocidades del ejército y gobierno israelíes, ni exijan el cumplimiento de las disposiciones de la ONU que establecen que Israel debe volver a las fronteras originales de 1948.
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Estamos hablando de uno de los mayores conflictos enquistados de todo el planeta y que está dominado por la creencia en profecías milenarias de judíos, cristianos y musulmanes, en un choque de convicciones religiosas profundas que no parece posible resolver.
Alucinante, pero cierto, al grado de que algunos creyentes mantienen la idea del ministro metodista Fautan Pitts de 1857 de que las referencias bíblicas en Israel en realidad son sobre los Estados Unidos.
Mientras que para muchos grupos extremistas musulmanes, como Hamás, no hay paz posible sin la destrucción total de Israel y de quienes viven e incluso nacieron allí.
Y ese milenarismo no ocurre solamente bajo la superficie en las creencias de personajes como Ronald Reagan, sino que se hace presente con frecuencia cuando alguien se dice la reencarnación de Cristo.
Es decir, alguien que está anunciando el final.
Y en ello hay que pensar también cuando se reflexiona sobre los creyentes, seguidores y adeptos de estos cristos reencarnados.
No solo creen que su líder es Jesús, creen que está anunciando el final de todos los finales.
En Waco, Texas, en la primera mitad de 1993, se produjo un sitio del gobierno alrededor del complejo de edificios de la secta de la Rama Davidiana, que se saldó el 19 de abril con el incendio de los edificios y la muerte de 82 miembros de la secta.
Esto ocurrió cuando la secta fue cruzada por acopio de armas y los policías que intentaron entrar en ella fueron recibidos a tiros, y murieron cuatro de ellos.
El líder de la secta era Vernon Wayne, que había adoptado el nombre de David Koresh.
Como muchos líderes sectarios, por ejemplo, prohibían las relaciones sexuales de sus adeptos, pero él sí las mantenía con las mujeres adolescentes e incluso niñas de la secta.
En sus últimas conversaciones con el FBI, indicó que se consideraba Cristo renacido.
Murió en el incendio.
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Más delirante es el caso del responsable intelectual de los asesinatos cometidos por la secta que encabezaba y llamaba "La Familia", era Charles Manson, que ordenó el asesinato de la actriz Sharon Tate y de otras cuatro personas: del matrimonio LaBianca, del músico Gary Hinman y del mozo de granja Donald.
Aunque la policía cree que mataron al menos a otras 12 personas.
Manson, que aseguraba ser el propio Jesucristo, murió en prisión en 2017.
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Jim Jones, el líder del Templo del Pueblo, llevó en 1978 a la muerte a 917 de sus seguidores, a los que hizo beber una mezcla de refresco con veneno, ya fuera voluntariamente o no.
Además de matarse él mismo de un tiro.
Desde fines de la década de 1960, se había proclamado el Cristo de la Revolución, la reencarnación de Jesús, y también la reencarnación del faraón Akhenatón, de Buda, de Gandhi y de Vladimir Ilich Ulianov, Lenin.
Un pacto en uno impresionante.
Como otros, mantenía intensas relaciones sexuales con sus adeptas y también con sus adeptos.
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Menos víctima se cobró él.
Aún más delirante, Marshall Applewhite, líder cuyos seguidores se solían castrar para eludir la lujuria, para poder irse en una nave nodriza de otras galaxias que venía oculta detrás del cometa Hale-Bopp.
Los adeptos debían suicidarse.
21 mujeres y 18 hombres lo hicieron, incluido el líder, Marshall Applewhite, en marzo de 1997.
De Manson, Jones y Applewhite, por cierto, hablamos muy ampliamente en nuestro vídeo dedicado precisamente a las sectas destructivas.
En ese video también hablamos de Chocó a Sahara, ejecutado en la horca en julio de 2018, junto con otros seis miembros de la secta que dirigía, a un Shen Riquio, por varios asesinatos y sobre todo por el ataque con gas sarín del metro de Tokio en marzo de 1995.
A Sahara había publicado en 1992 el libro "Declarándome a mí mismo El Cristo", además de aseverar que era el único iluminado verdadero que había.
Desde el Buda, creerse Cristo parece estar con frecuencia incómodamente relacionado con la violencia.
Es el caso del autor del fallido atentado contra el papa Juan Pablo II en 1981, el turco que coqueteó igual con el marxista Frente Popular de Liberación de Palestina que con el grupo fascista turco de los lobos grises, bajo cuyas órdenes mató al editor de un importante diario turco en 1979.
Escapó de prisión para intentar matar al papa y por ese atentado volvió a ella hasta 2006.
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Letales fueron también Morris Clemons, estadounidense, asesino de cuatro policías; Thomas Harrison Provenzano, que asesinó a dos policías e hirió a otros en un tiroteo en un tribunal y se proclamó Cristo antes de ser ejecutado en el año 2000; u Oscar Ramiro Ortega Hernández, que en 2011 disparó contra la Casa Blanca para matar al anticristo Barack Obama, como Jesús resucitado que era, que fue lo que contó en un vídeo enviado a la presentadora Oprah Winfrey.
Está también Todd Kin Cannon, que encabezara el partido republicano en Carolina del Sur y que en 2018 mató y mutiló al perro de su madre porque, como Cristo, debía ser un sacrificio y derramar sangre.
Más conocido en su momento fue el húngaro geólogo, que en 1971 intentó ser reconocido como Jesucristo en Roma.
Al ser ignorado por el papa, en mayo de 1972 entró en la Basílica de San Pedro y, gritando "Soy Jesucristo resucitado de entre los muertos", atacó La Piedad de Miguel Ángel con un martillo de geólogo, dañando gravemente la escultura.
No deja de ser relevante que, aunque seguramente muchas de estas personas han creído con toda sinceridad ser la reencarnación de Cristo, por motivos que pueden ir del autoengaño a problemas psicóticos graves que antes era imposible diagnosticar y tratar con eficacia, parece que ninguno de ellos era realmente Jesucristo.
Increíble.
No, si bien no podemos mencionarlos a todos, decíamos, hay que resaltar al que parece ser el primer Jesús encarnado del que hay noticia: a raíz Evans, profeta galés nacido en 1607, que trató de llevar sus adivinaciones al Rey Carlos I de Inglaterra.
Cuando en 1650 dijo que era Cristo Rey vivo, fue encarcelado por ello en la famosa prisión de Newgate, donde finalmente murió después de algunos años.
Nadie más se proclamó Cristo hasta el siglo XVIII, cuando aparecieron otros dos cristos reencarnados: el ruso Contratista, a fines del siglo XVIII, otro que, por cierto, eludía la lujuria castrando a los adeptos y haciéndoles mastectomía a las adeptas.
En Inglaterra, Andy fue el líder de la secta de los Shakers, fundada en 1748, que tenía avanzadas ideas de igualdad de los sexos y que aún existe con el nombre de Sociedad Unida de los Creyentes en la Segunda Aparición de Cristo.
En 1770, en una manifestación de luz divina, Ann inauguró la idea de que Cristo podría reencarnar en una mujer y se llevó a sus adeptos a Estados Unidos.
El cambio de siglo al XIX marcó una verdadera explosión demográfica de Jesucristo.
En 1834, dijo serlo John Nicholston, un mercader de Cornualles.
En 1857, Arnold Potter se proclamó Potter Cristo, hijo del Dios viviente, y protagonizó un cisma en la iglesia de los Santos de los Últimos Días.
En 1872, llamó a sus adeptos para que atestiguaran su ascenso a los cielos y se fue montado en un burro hasta un precipicio, desde el cual saltó.
Trágicamente, no ascendió, pero sus seguidores recuperaron el cuerpo y lo enterraron con honores.
Otro cismático de esa iglesia, William Davis, empezó proclamándose el Arcángel Miguel, además de haber sido Adán, el del Génesis, Abraham y el legendario Rey hebreo David.
Cuando su primer hijo nació en 1868, anunció que el niño era la reencarnación de Cristo, y con el segundo, un año después, dobló la puesta y declaró que era ni más ni menos que Dios Padre.
Ambos pequeños murieron de difteria y Davis terminó arruinado por demandas de sus adeptos, a los que les había sacado dinero y que querían recuperar.
Steve, un médico y alquimista estadounidense, también se dijo Cristo y con eso apoyó su teoría de la Tierra hueca.
Mientras que el activista Karl Brown fue más modesto y afirmó ser solo una reencarnación parcial de Jesús, una especie de medio Cristo.
Ninguna tradición espiritual propone que una persona sea la reencarnación de dos o tres más.
Esta innovación quizás la llevó a su líder, nacido en Teherán en 1817, y que en 1850 aseguró haber recibido una revelación divina.
Adoptó el nombre de Bahá'u'lláh, la gloria de Dios, y procedió a fundar en 1867 la religión Bahá'í, anunciando que era el prometido, el esperado y el líder profetizado en todas las religiones: el Mesías judío, el Maitreya o quinto Buda de los budistas, el Shabaran prometido de los zoroastrianos, el retornado imán del islam chiíta y el espíritu de Dios según el islam sunita.
Ah, y era Jesucristo.
También esta idea la recogió Mirza Ghulam, líder religioso indostano que inició su andadura mística como defensor público del islam, pero que en 1889 fundó su propia religión, el movimiento Ahmadía, y pronto se proclamó la reencarnación de Cristo, el Mesías judío, el Mullah reformador anunciado en el islam y el Mahdi, o último líder que llevaría a los musulmanes a dominar el mundo.
Tampoco lo consiguió.
El siglo XX produjo tal cantidad de presuntas reencarnaciones de Cristo que tomaría horas repasar a todas con cierta profundidad.
La más curiosa es una cuyo protagonista siempre negó ser Cristo, pero nunca convenció de ello a sus seguidores: los rastafaris, seguidores de esa religión jamaicana, hija del activismo político del africanista Marcus Garvey, unida a la coronación de Haile Selassie como emperador de Etiopía en 1930, el primer rey africano en mucho tiempo.
Muchos rastafaris dijeron que Selassie era la reencarnación de Cristo, que los llevaría de vuelta a África.
Selassie rechazó la idea, pero sus adeptos, no.
Muchos de ellos afirman que aún vive el emperador, pese a que murió a manos de los militares etíopes en un golpe de estado en 1975.
En Rusia tenemos a Marina Sokolov, o como prefiere que la llamen, María de Cristo, y también al ex policía de tráfico Sergey Torop, conocido como "El Jesús de Siberia" o "Visarión".
Ambos encabezan, por supuesto, sus propias religiones.
En Australia estuvo Anne Hamilton, cabeza de su propia religión, Ways, consumidora de LCD.
No solo ella, toda la religión, y que fue procesada por abuso infantil, adopciones ilegales y falsificación, además de esquilmar descaradamente a sus adeptos.
Pero si ella era Jesús, lógicamente sus más cercanos eran reencarnaciones de los 12 apóstoles.
La iglesia reunió más de 50 millones de dólares.
También en Australia, Alan John Miller recordó en 2003 que había sido Jesucristo en otra vida y se le había olvidado.
En una asombrosa coincidencia, conoció a Mary Susan Lock, que resultó ser la reencarnación de María Magdalena.
En celebración, se casaron y pusieron una página web para recaudar fondos.
Reino Unido no produjo demasiados Jesús en el siglo XX.
Uno de ellos fue David Shayler, ex agente de la agencia de inteligencia británica MI5, que había trabajado en terrorismo irlandés y de Oriente Medio.
O en prisión por revelar secretos, y además de decir que es Jesucristo, ahora se dedica a promover a su ídolo David Icke, un exfutbolista famoso por afirmar que todos los gobernantes del planeta son extraterrestres reptilianos que lo quieren matar.
Por lo cual siempre viaja sin escolta, pero como David, que ha dicho que también es la reencarnación de Jesús, no tiene nada que temer.
Mientras, en Lagos, Nigeria, Jesús reencarnaba en Emanuel Odumosu, o Jesús Jimbo, un creyente en la libertad sexual y la acumulación de capital.
En Zambia, Jesús opera dos taxis sin permiso bajo el nombre de Jesús de Quidway, que a los 24 años descubrió su apasionante origen.
Y en Sudáfrica, en 1992, el dependiente de joyería Moses Longone recibió el mensaje divino de que era el Mesías y Jesucristo.
En Japón, aparte del criminal Chocó a Sahara, tenemos a Jesús Mataiochi, eterno candidato presidencial con su partido de la comunidad económica mundial, y a Joven Fukunaga, que en 1987 descubrió asombrado que era la reencarnación de Cristo y de Gautama Buda.
En Puerto Rico, sin embargo, Cristo hizo el milagro de reencarnar junto con el anticristo en una sola persona: José Luis de Jesús Miranda, un nómada y ladrón, dueño de una fortuna al final de su carrera de 12 millones de dólares.
José Luis anunció el fin del mundo para el 30 de junio de 2012, pero creo que no ocurrió y murió el 17 de noviembre de 2013, con tanta suerte que su esposa, Lizbeth, pasó a ser Jesucristo en 2016 y ahora se llama Cristo Lizbeth.
Y en Brasil, donde tanto éxito tiene el grupo cómico Porta dos Fundos con sus sketches satíricos de Cristo y otros temas religiosos, vive y cobra Inri Cristo, o sea, Álvaro Tais, un actor que hacía del papel de Cristo en comedias, hasta que al parecer decidió que sí era la reencarnación del Salvador.
Pero aún no queda claro si va en serio o va de broma.
En Filipinas, en cambio, Cristo decidió reencarnar en Apolo Kiboloi, otro que nunca ha trabajado y que en 1985 se dijo no solo que era el Salvador, sino que poseía poderes divinos que evitan terremotos que nunca ocurren.
Algo bastante impresionante.
Desde 2021, está acusado en Estados Unidos de tráfico sexual, sexo coaccionado con menores de edad y maltratos físicos.
Filipinas aún no lo ha extraditado, quizás para evitar terremotos.
En los prolíficos Estados Unidos, el ingeniero eléctrico Ernest Norman dijo a sus seguidores que, además de ser Jesús, era la reencarnación del arcángel Rafael, Confucio, esto no se lo pierdan, La Mona Lisa, Benjamín Franklin, Sócrates, la Reina Isabel I de Inglaterra y el zar Pedro el Grande de Rusia, haciendo realidad el verso de Walt Whitman: "Soy amplio, tengo multitudes".
Mientras tanto, el nativo de San Francisco, Francis Germán Pencovich, judío veterano de la Segunda Guerra Mundial, decidió en 1948 que era Cristo.
Se puso un nombre indostano, Krishna Venta, y anunció que había nacido en el planeta Neófrates hace 240,000 años y había comandado el Éxodo humano de ese planeta a la Tierra.
Murió cuando de sus adeptos le pusieron una bomba, acusándolo de malversar los fondos de la iglesia y de acostarse con sus esposas.
Michell Junior pasó por la nación del islam y por varias iglesias cristianas hasta descubrir también, asombradísimo, que era Cristo y tenía que fundar su propia iglesia bajo el nombre de Yagüe Ben Yahuwé, proclamando el separatismo de negros y blancos.
Su carrera se vio interrumpida en 1990, cuando entró a la cárcel durante 11 años por crimen organizado y conspiración para cometer un asesinato.
Al otro lado del mundo, en Corea del Sur, estuvo San Jong, líder de un grupo que, cuando murió, se rompió en dos, uno de los cuales proclamó a la predicadora Zang Yiha como Jesucristo, o más bien proclamó que los dos eran Dios para no meterse en líos.
También de Corea del Sur provino uno de los más poderosos líderes religiosos del siglo XX: Sun Myung Moon, fundador de la Iglesia de la Unificación, que además de considerarse Cristo, se proclamó la restauración de Adán, mientras que, por tanto, su esposa, lógicamente, es Eva.
Moon, afecto a llevar esas coronas de oro, promovió políticas conservadoras por todo el mundo y acumuló una fortuna de más de 900 millones de dólares.
Al morir, todos ellos exaccionados a sus seguidores, pero como presentó declaraciones de impuestos falsas, pese a todo su poder e influencia política que llegó a tener en muchos países, tuvo que pasar 13 meses en una prisión federal.
En Connecticut, a su muerte dejó un imperio industrial, comercial y de comunicaciones que incluye periódicos, un exitoso club de fútbol surcoreano, la mayor cadena de sushi de los Estados Unidos y una fábrica de autos en Corea del Norte que hoy administra el dictador Kim Jong Un.
Los tiempos de internet también tienen sus Jesús y sus Cristos.
Gaby Hand, influencer y cantante, dijo en un vídeo de TikTok en agosto de 2022 que ya era la segunda venida de Cristo.
Lo mismo que cree de sí mismo el actor FM Miller, o al menos lo usó como explicación para su intento de seducción de una niña de 12 años, que aseguraba él era la reencarnación de una diosa araña de los indios americanos.
Los cristos resucitados, reencarnados y revividos suelen comportarse como todos los líderes sectarios, cosa que no es extraña, porque eso es lo que son, al menos los que fundan sus propias religiones.
Y el hecho de acudir al más difundido mito de la humanidad, el de la divinidad de un predicador hebreo que vivió más o menos entre el año 7 antes de la Era Común y el año 25 de la Era Común, les da un ascendiente especial entre sus creyentes.
Son la promesa de la vida eterna, de la inminencia del juicio final, que equivale para los creyentes más fervorosos en el fin de la incertidumbre espiritual, dejar de preocuparse por si se actúa bien o mal, si el Cristo juez del universo los hallará dignos de su gloria o los hundirá en los infiernos.
Es la paz eterna al alcance de la mano y la fuga definitiva de las garras de la temible muerte.
Eso y muchas cosas más es lo que para muchas personas representa cada uno de estos Jesucristo revividos: esquizofrénicos, místicos, sinceros o caraduras sin escrúpulos.
Hoy en día, tan solo en los Estados Unidos, hay más de 10,000 líderes sectarios encabezando grupos que van de lo diminuto a lo preocupante.
Muchos de ellos se han proclamado la reencarnación de Cristo, sin que nadie más que sus adeptos lo sepa.
Y en el mundo es imposible siquiera calcularlo.
Hablamos de cientos de miles de grupos religiosos donde se abusa de la gente, donde se les utiliza sexualmente, donde se les obliga a entregar sus posiciones y a jurar su obediencia ciega a quienes dicen ser Jesucristo renacido.
Y los han convencido de ello sin pruebas, solamente con su carisma, su labia, su palabra convincente y su desprecio a los más elementales escrúpulos y a la decencia más básica.
Muchas de estas historias son cómicas por su elemento esperpéntico y absurdo, pero todas ellas ocultan tragedias, ninguna pequeña y algunas enormes.
Y la historia del original, del Jesús de los evangelios, del cristianismo mainstream, es lógicamente la que mayor sufrimiento tiene el potencial de causar: la iniciadora de guerras, persecuciones y masacres; la justificadora de la esclavitud, de la violencia, de la opresión de la mujer, del odio a los diferentes, todo ello bajo el manto de la fraternidad y el amor cristiano, que no es sino el mismo que proclaman todos estos cristos en rebajas.
Cuando usted conozca otro caso absurdo y ridículo, incluso risible o preocupante o tóxico de gente que abusa de otros fingiéndose Jesucristo o la voz de Jesucristo, quizás sea bueno que vuelva la mirada hacia los otros que también abusan de millones, de cientos de millones, de 2,600 millones de personas que en todo el mundo se consideran cristianos, sean católicos o de las muchas otras denominaciones del planeta.
Porque esos 2,600 millones son tan víctimas como estos que hemos visto, que han sido capaces de llegar a extremos terribles para librarse de sus amos espirituales, o que han sido capaces de delinquir por sus órdenes.
Y también víctimas, como todos los demás, que nunca se han planteado la posibilidad de ser libres, de vivir en el miedo a la muerte y al castigo eterno del día del juicio final, cuando Cristo vuelva.
Cosa que, por lo demás, pese a todas las veces que nos han anunciado que ha llegado el momento, no parece estar pronta a ocurrir.
Lo que usted.
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