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Te voy a contar la historia de un río al que en su corta pero eterna vida le acontece todo lo que le puede pasar. Lo vamos a seguir desde que nace en nuestras altas montañas hasta que muere en el mar.
Todo este sistema de aguas, incluyendo drenajes y afluentes, son la cuenca de Esmeraldas. Es un solo río, pero en su camino lo vamos cambiando de nombre. Nace como Madero, se hace Pita, luego San Pedro, eventualmente Babamba y muere como Esmeraldas.
Este riachuelo que de guagüito se cuela por los páramos, tiene Tai Mama, el cerro Sincholagua, que está rodeado de vastos pantanos. Es el que más agua le da. El Cotopaxi, siendo que es más alto, grande y glaseado, contribuye menos. Si los altos volcanes y los páramos son los taitas del río, los abuelos vendrían a hacer las nubes. Son las que traen la humedad de los trópicos y la sueltan aquí arriba en forma de lluvia o nieve.
Esos pantanos al sur del Sincholagua son una esponja, capaces de hacer el agua cuando llueve y de irla soltando pite a pite cuando hay estiaje. Así pueden mantener el caudal los ríos para beneficio de la gente que vive abajo en los valles, que no pasa sed ni en las épocas secas. Esta papa cara que cae puede ser perem. Los páramos, esto puede caer y caer y caer sin mucha fuerza, pero todo el día, toda la semana.
En esos páramos húmedos hay cantidad de sapos bullangueros. Las hembras son marsupiales, andan a cargar sus crías dentro de una bolsa en la espalda. Los páramos parecen vacíos, pero si uno rebusca, hay una cantidad de pequeños bichos que son los que mantienen a las gaviotas de agua dulce, a los giggles chillones y a los patos de par.
En este punto, yo me puedo tomar el agua del riachuelo sin necesidad de procesarla, porque es bastante limpia. Si hiciera un brindis con el río y yo me tomo la mitad y la otra mitad le devuelvo en ese brindis al río, el agua que le devolví demora apenas poco más de una semana en llegar al Pacífico.
Las madrugadas, sobre todo las despejadas, son bien frías. Cae la helada y el páramo se cubre de escarcha y las cochas se congelan. El otro taita mama es el glaciar. Eso que vemos no es nieve nomás, porque la nieve sale el sol y se derrite. Es hielo. Esas nevadas con el tiempo y el peso se van comprimiendo hasta hacerse hielo duro y se transforman en un río más o menos sólido. Ahora, el hielo no fluye tan fácil como el agua, entonces se va quebrando. Esas son las grietas que los montañeros tanto temen.
En la parte baja del glaciar, ahora más o menos a 5000 metros, el hielo comienza a derretirse. Parte del agua que sale de ahí se filtra en los arenales y roquedales, vuelve a salir en la superficie abajo en el páramo, en pozos, es decir, en vertientes.
En este andar, uno se da cuenta que la vida de un río es como la de una persona. Los ríos se gestan en los pantanos y los glaciares, como el guagua se gesta en el útero de la madre. Lastimosamente, los ríos ya no nacen puros, porque el microplástico se encaram en el viento y llega al glaciar. Pasa igualito a través de la placenta de la madre.
Aquí en el Cotopaxi hay un divorcio de aguas. Si vuelvo a levantar el vaso en esta arista y hago un brindis con la quebrada que vemos a la izquierda, el convite bajaría por el Tambo, que sale al Napo, eventualmente al Amazonas y al Atlántico. Si hago el chinchín con la quebrada derecha, se va por el Pita al Pacífico.
Como a los habitantes de los valles nos está haciendo falta agua, ya desde muy alto en la montaña se comienza a hacer talanqueras para desviarla a donde convenga. Es un topónimo común en nuestros Andes, significa vertiente. El agua que sale de los pozos es muy limpia porque está filtrada por cantidad de arena.
Nuestro trabajo es de control y vigilancia en el área. Tenemos rutas, tenemos siete rutas y todos los días hacemos una ruta. En la ruta vamos toreando flora, fauna, amenazas dentro del área, como puede ser ganadería, pescadores, cazadores. Es por el agua que se cuida aquí, el agua que abastece a la parte sur de Quito.
Pero en la actualidad, por el cambio climático, se está observando que todos esos pantanos se está secando. Lamentablemente, llueve menos en los meses de mayo, junio, julio, agosto. Comúnmente nosotros le denominamos tiempos de nevada, que era esto que día y noche llovía, se nublaba, llovía. El Pita era más grande, era un río grande. Ahora parece una quebrada nomás. Creo que Quito y todos deberíamos preocuparnos por este tema, no, de la conservación, el ahorro, no desperdiciar.
Todo eso, esos riachuelos son como los guaguas chiquitos, no saben de preocupaciones, pero sí conocen la alegría. Son saltarines, traviesos y juguetones.
Las quebradas de Hpom y Mudaderos, ambas que drenan sobre todo el Sincholagua y algo al Cotopaxi, forman el Pita. Entre el Sincholagua y el Cotopaxi hay unos pucaras, son fortalezas incas que deben haber cuidado el paso a los distritos mineros allá en la ceja de la montaña, en los flancos orientales. A lo mejor también protegieron a los criadores de llamas, tal vez de vicuñas que se daban en estos páramos aledaños. Seguro que los soldados, viajeros, pastores e incluso los rebaños bebían agua del Pita.
Conforme el río de nuestra historia va bajando, se topa con climas más calientes y los cultivos comienzan a asomar a la vera de su camino. En este caso, la papa, que como muchos saben es proclive a varias plagas y necesita de químicos para producir buenas cosechas. Lastimosamente, los pesticidas usados son muy solubles. Esta cercanía de los cultivos de papa con el río es ciertamente nociva.
Apenas más abajo está la toma que se lleva el agua del Pitaquito. Más o menos, esta agua da el 20% de lo que la capital consume. El agua se va por un canal tapado que intenta preservar la pura y cristalina. Llega a la planta de tratamiento de Puengasí, desde donde se distribuye a la ciudad.
A lo que el río baja, su caudal va creciendo. Deja de ser un guagua para hacerse un guambra, es decir, un joven. Igualito que a las gentes cuando entran en la pubertad y les salen pelos y barbas. Al río le salen árboles en sus márgenes, como que le da vergüenza, parecería, y se esconden esas enormes quebradas talladas por sus ancestros, los glaciares. Ahí por dentro corre el río con la fuerza de la juventud, dando impresionantes brincos cada que puede.
El río, conforme avanza, recibe cantidad de afluentes. Algunos son hilos de agua y otros son riachuelos. Varios llegan subterráneos y afloran cerca de las márgenes. En esos manantiales de altura hay hasta cangrejos de agua dulce.
Este es el rey de su pozo. Soy bióloga y he estado trabajando en estudiar los ríos los últimos 30 años de mi vida. Un río sano es un río heterogéneo, me refiero a que tiene muchos hábitats diferentes. Por ejemplo, en este río pueden ver las piedras grandes, las piedras chiquitas, pueden ver la arena, pueden ver que hay troncos que se cayeron dentro del río, pueden ver agua rápida, agua lenta, unos que están tapados por vegetación, son otros que están completamente abiertos. Y cuando tenemos heterogeneidad de hábitats, tenemos diversidad. Diversidad de qué, de muchos organismos diferentes.
Esta familia de aquí hace casas. Esta casita de aquí, le ven un montón de piedritas puestas juntas con una seda. Estos de aquí es una mosca especial, solo está en los ríos más, más limpios. Entonces, los ríos sanos son ríos diversos.
Aquí el agua todavía es bastante pura y ya vamos viendo cómo le siguen sacando al río canales y le siguen sacando hasta en manguera se llevan el agua porque a la gente le hace falta agua y el río no tiene tanto. A lo largo del río hay varias tomas que se llevan el agua. Se va a través de acequias para regar los cultivos o dar de beber al ganado. Esa agua eventualmente llega a los campos por medio de llovedoras artificiales o por el tradicional método de piscucha, que significa pata de pie.
Una de las últimas cascadas del Pita antes de entrar al Valle de Los Chillos es la de Quimsa. En quichua, quimsa quiere decir tres. Tomando en cuenta el agua que le han sacado al río tanto para Quito como para los cultivos, uno se imagina que esa cascada debió haberse llamado por lo menos sucta, que en quichua quiere decir seis. Pero hay que ver que al río no solo le sacan agua, también ya más abajo le sacan piedras y arena. El cauce del Pita, antes de llegar al Valle de Los Chillos, es una cantera.
Cuando el río por fin entra al valle habitado, encajonado, le han robado orillas y playas para construir hasta el filito mismo. De vez en cuando, ese río crece y reclama con furia lo que fue de él. Allá lejos, alto en el horizonte, asoman ambos progenitores, el Sincholagua y el Cotopaxi. Deben ver con aprensión como su vástago entra al mundo de los hombres.
Todas esas casas botan a los desagües el agua de los servicios: hijos, lavabos, duchas, lavanderías. Todo va a las alcantarillas y eventualmente al todavía joven río. Lo comienzan a contaminar tan temprano y ya lo enferman. Es como si nuestro joven río se pegara sus primeros tabacos o su primera chuma.
A la altura de San Rafael, al hecho de Pita, lo secan, le anticipan artificialmente su unión al San Pedro. Esto sucede un par de kilómetros antes de la natural confluencia. Se lo llevan por un canal artificial para aumentar el caudal de San Pedro y así crecer lo que llega a la hidroeléctrica de Sangolquí.
A la orilla de San Pedro están las piscinas de Cunuyacu, palabras quichuas que quieren decir agua caliente. Qué pena. Lindo sería y sano también, según dicen, si hubiera cómo bañarse en el agua termal de las piscinas y luego en el agua fría del río. Aunque siempre es mejor no ensuciarte, limpiar.
Hay gente que se convoca en Cumbayá y pone su mejor empeño en unas mingas que se hacen en el San Pedro. Esto debería ser un ejemplo para otros, sobre todo para los más cochinos. Las 14 mingas hemos recogido más de 12 toneladas. Estas 12 toneladas hemos evitado que vayan al mar, que vayan a Galápagos.
Entender que el río pasa por aquí, pero no se lo pasa. Viene, va, afecta comunidades hacia abajo, viene de zonas limpias y luego lo echamos a perder aquí. En la sierra podemos no verle ya, pero en la costa los niños se bañan en el río, lavan en el río, el río inunda. Es una interacción mucho más grande. Y yo solo pienso, toda esta basura, toda esta contaminación va a llegar allá. Que no boten basura al río porque va a ensuciar todo el planeta. Planeta es nuestra casa. Imagínate que tu casa está tan sucia y toda la basura está ahí. Es como eso, pero eso es nuestra casa.
Todas las personas, río cae, Esmeraldas, cuando al frente de Esmeraldas. Nunca cuidamos. Por eso, en realidad, con mingas uno no puede limpiar el río. Las mingas no están hechas con ese propósito, pero sí para mostrar en terreno ya el efecto que tiene la contaminación de nuestros propios hogares. No es lo mismo hablar de cuidar la naturaleza, cuidar los ríos, que meter las manos en el San Pedro con guantes y con botas porque está totalmente contaminado. Sacar alfombras, ropa, botas, mangueras y darse cuenta de que toda esa contaminación viene precisamente de esa fuente, de nuestros hogares.
Quito, como ya vimos, recibe un agua bastante limpia a través del canal del Pita, pero la devuelve al Machángara, transformando a este afluente en una cloaca abierta. Quito no tiene un sistema de tratamiento de aguas, entonces las aguas servidas, y esto quiere decir cada vez que tiramos las aguas del baño, no pasan por depuración, sino que entran directamente al río. Ahí lo que ves es justamente aguas servidas que entran directamente al río. Hemos visto camiones que retroceden y botan toda la basura. Y muchas veces nos preguntamos por qué ahora tenemos tantas enfermedades y todo está asociado a lo que comemos. Y todo lo que comemos necesita agua, y el agua que proviene de nuestros ríos no necesariamente está limpia.
La hemos pifiado. Incluso tú puedes decir la vida de la ciudad basado en la composición que tiene el río, qué recibe, no es cierto. Y estamos nosotros tirando antibióticos de todo tipo, no es cierto, porque la gente toma muchos antibióticos. Y en el río los organismos empiezan a ser resistentes, lo que significa que tienes microorganismos superpoderosos, superfuertes, que es super difícil que les mate cualquier antibiótico porque ya han tenido tanta exposición que van evolucionando y van cambiando y se hacen estas super resistentes. Entonces, sí, cuando dices, entro al río, qué miedo, qué me va a dar. Tienes que tener miedo con un río contaminado porque va a tener tantas cosas que de verdad te puede dar alguna bacteria rara que es dificilísima de matarla.
Tenemos este Machángara nauseabundo. Debería ser vergüenza para los quiteños. Sin embargo, no hace falta irse muy lejos, ni siquiera Europa, ni a Estados Unidos. Que aquí nomás a la vueltita hay una ciudad con los ríos limpios. A Cuenca la cruzan cuatro ríos y sus habitantes se han visto en la necesidad de mantenerlos limpios, si no la vida se les haría harto intolerable. Inclusive tienen un Machángara propio, hasta se llama igualito y es tanto más limpio que el nuestro. Y esto lo pueden hacer porque han construido unas piscinas donde se llevan las aguas negras, donde las tratan y las devuelven al río ya limpias.
Ahora, amos piscinas de depuración, una planta de tratamiento de aguas residuales. En muy pocos años, estamos hablando de unos 10, 15 años, tendríamos el río limpio porque el río tiene la propiedad de autopurificarse. Si recibe agua limpia, imagínense ustedes que tendríamos aquí una vegetación maravillosa de ribera del río y que nosotros podamos venir los quiteños a estar en contacto con el río, como hacían nuestros antepasados, que tenían ese contacto con el río.
Cuando el San Pedro llega a la unión con el Machángara, como que se tuerce y se retuerce una cantidad de meandros tratando de esquivar esa unión cochina. Ya unido San Pedro y Machángara, conforman el Guayabamba, el basurero de Quito que está en el Inga. Sudán lixiviados, son sobre todo líquidos que la descomposición orgánica produce debido al manejo. Acaban filtrándose al río y por la quebrada del Chiche llegan al Guayabamba. Ahí también bajan sustancias tóxicas que provienen de las pilas, baterías y compuestos electrónicos, y todo eso ingresa a nuestra cadena alimenticia.
Ahí, cuando el Guayabamba pasa lateral al nuevo aeropuerto de Quito, en la vía Cochas, corre debajo de una pirámide construida en los 1750 por La Condamine. Los franceses levantaron esteestellito para determinar la forma de la tierra. Esa expedición confirmó que el mundo es achatado en los polos. De yapa, pusieron de moda la palabra Ecuador, que ahora llevamos como nombre.
En una angostura del Guayabamba, los Incas encontraron un sitio propicio para cruzar río. De esos tiempos quedan las rocas indígenas originales. Sobre estas piedras labradas, los Conquistadores españoles edificaron un arco de ladrillo. Apenas más abajo, el río que nació en el hemisferio sur, cruza la equinoccial para no volver. Va a morir eventualmente en la mitad norte del planeta.
Aparte del Machángara, hay otro río sucio que desagua el norte de Quito, es el Monjas. También va a caer en el Guayabamba. A su vera hay otro pucará, el de Rumicucho, y nos recuerda a los que vimos en el Cotopaxi. Hubo hace años un proyecto en Quito para construir un sistema de tratamiento de aguas residuales. Esto se iba a hacer en lo que fue la hacienda Vindobona, pero el presupuesto destinado para esta obra se reubicó al Metro de Quito. Ahora en Vindobona hay solamente unos cultivos en la zona desértica que, regados por las aguas negras de Monjas, destacan como que fueran oasis.
Actualmente, la autoridad no tiene ningún plan porque dice que es muy costoso. ¿No será acaso que no es más caro todo lo que el agua contaminada causa en la salud pública? Desde la punta de las Lomas hasta el fondo de la cuenca del río, hay más de 1000 metros de desnivel. Eso es lo que se ha abierto el río en el paso de los millones de años, cuando los Andes comenzaron a juntarse. A ellos debe haber crecido también los primeros desagües. Esa debe ser la historia del Guayabamba, que fue creciendo junto a los cerros y mantuvo esa obra abierta en lo que hoy es un inmenso y a la vez inhóspito cañón.
Aquí en este sitio, el aire frío de los Andes se mezcla con el aire cálido del Trópico. La humedad se condensa y se crean neblinas. También se generan fuertes vientos, que son los que ponen el ritmo en un baile con las nubes. Entra el Guayabamba al Trópico, que es la ceja de montaña, la parte boscosa. Ahora la gente lo conoce como el Chocó Andino.
Yo soy guayaquileño, pero ya vivo 25 años aquí. Bueno, el río Guayabamba es un río muy profundo y la verdad es que en el verano no hay la pestilencia que hay ahorita. Como las quebradas bajan, le alimentan de agua. Y en el invierno, sí, es una pestilencia insoportable porque viene del desperdicio de que botan en Quito. Entonces, toda esa podredumbre daña a todo lo que es ser viviente. Pero no hay pesca, no hay nada ahí. No hay nada, mejor dicho. Usted no puede ni pasárselo de ese río, una porque es peligroso, otra por lo que le puede caer una sarna. Y si esa sarna se complica, aquí nomás podemos acabar.
Nacen en la vertiente de la Cordillera cantidad de afluentes que caen al Guayabamba. Ahora, esas laderas están salpicadas de fincas modernas, pero antaño, en el bosque, habitaban muchos nativos. Variados eran conocidos por el genérico de Yumbos. Gente que dejó su huella. Hay piscinas donde seguramente se hacían baños rituales, petroglifos difíciles de descifrar, pero que parecen celebrar de mansos, y hasta monumentos como esta pirámide que debió haber sido de los Caranquis. Parecería que para ellos del río era cosa sagrada y no un basurero.
Bonito estar enamorado, apasionado, impul... ¡Ay! Bonito es querer. Como te quiero, jamás en la vida nadie te quedará. Con mis canciones, mi corazón te entrego y te prometo que no te olvidaré. Canción, mi corazón te entrego y te prometo que no te...
En esta parte del bajo Guayabamba comienzan a aparecer las minas. Poco a poco se multiplicarán con el tiempo. Serán muchas. Por más bien cuidadas que estén, esos relaves corren el riesgo con temblores o con lluvias fuertes de romperse y derramar su carga tóxica de mercurio y arsénico, que no tiene otro camino que ir cuesta abajo y llegar al río.
Manduriacu es la última de muchas represas hidroeléctricas. Capta junto al agua cantidad de sedimentos y los tóxicos que vienen junto a ellos. Cuando abre sus compuertas para limpiar el embalse, toda la cuenca aguas abajo se envenena. Se muere cantidad de peces y el agua apesta más de lo normal. La gente indignada le echa la culpa a la hidroeléctrica, cuando en realidad es un acumulado que viene desde la capital de la República.
Lateral a Pedro Vicente Maldonado, el Guayabamba pasa por un cañón tan estrecho que los colonos lo llaman el Salto del Tigre. Creían que el jaguar podía saltar de un lado al otro. En esas aguas de Huarochirí hay gente pescando. No sé si se comen lo que pescan o lo devuelven al río, o capaz que le venden a terceros ingenuos. Por qué dicen que es muy sucio ese río, porque dicen que viene de los desagües de Quito. Pan por ahí, pero sí hay personas que bañan ahí. Incluso nosotros hemos ido al río por la parte de arriba y una linda playa y nos hemos ido bañado, incluso hemos preparado alimentos, pero siempre y cuando hemos llevado el agua de casa para preparar los alimentos.
En la llanura, el río ya no corre. Llega viejo, cansado, ancho, pero sabio. Nos dice verdades y no le sabemos oír. Es como un abuelo despreciado, cuya herencia nos llegará tarde o temprano. El legado viene porque ese abuelo es sangre de nuestra sangre, es nuestro otro yo, es nuestro espejo. Tiene todo lo que le hemos dado y de poco a poco nos lo va a devolver.
El Canandú se le une a Esmeraldas. Sus aguas son muy limpias y llegan como un suero a la vena. Tan diferentes son ambos flujos que hacen un difícil matrimonio.
Cerca de la desembocadura, donde ya sabemos de dónde y de qué calidad viene nuestro viejo, hay unas tomas de agua. Son para las plantas del Biche y San Mateo. Aunque pasa por un proceso de potabilización, el producto final es riesgoso. Conocemos que en nuestro país no siempre los tratamientos se cumplen a cabalidad. Aparte, hay que ver que el agua carga elementos muy difíciles, si no imposibles de separar. Así son los microplásticos y algunos metales pesados. La planta de San Mateo abastece con agua potable a Río Verde, a la ciudad de Esmeraldas, a la parte turística de Tonsupa, Atacames y Casa Blanca.
Muerto, no queda nada, ni una llama en la ceniza. ¡Oy, muerte! Al manglar solo se puede entrar en bajamar. En marea alta, las raíces del mangle quedan sumergidas. Entre ellas crecen las conchas de infinidad de peces juveniles. Amante del cielo, gramos, atenciones, mi amor. De su cielo a cómo es que viene el agua de los de el continente, contaminada con nuestras heces, con nuestra basura, para que pensemos que lo que pasa aquí nos afecta allá y lo que pasa allá nos afecta acá. Entonces, tenemos que buscar la manera de juntar los citadinos con lo rural, porque hay una parte que sin la otra parte no funciona.
Esta agua contaminada se acumula en los suelos y en los pequeños crustáceos. Llega a los peces más grandes que se comen a los pequeños. Cuando riega cultivos, los tóxicos se trepan a las raíces e ingresan a hortalizas y frutos. Más temprano que tarde, llegan a las tiendas, mercados, supermercados, eventualmente a la olla y al plato. Aguacate, aguacate.
Los ríos vienen a ser las venas del continente. Al ensuciar ese sistema circulatorio, acabamos irremediablemente embarrando el nuestro. Envenenamos nuestras venas y arterias, nuestras vísceras, órganos y tejidos. Y así como poco a poco vamos matando al río, poco a poco nos vamos matando a nosotros mismos. ¿Cuántos cánceres, cuántas malformaciones al nacimiento, cuánto problema de salud vendrá de este imperdonable descuido? Me atrevo a pensar que es más barato mejorar al río que pagar la cuenta en salud pública. Es un daño democrático: se envenena el presidente y su madre, el juez y el reo, el alcalde indiferente y el concejal cómplice, la gerente y el obrero, el pobre pero también el rico, y hasta el médico con todo y su paciente.
Esta es una historia harto triste. El río muere enfermo, muere tras una lamentable agonía. Es la crónica de la mayoría de los ríos que corren cuesta abajo por nuestra patria. Sin embargo, hay remedio. Pudiéramos hacer como los cuencanos y construir plantas de tratamiento para las aguas negras. Pudiéramos también, y sobre todo, dejar de botar basura y desechos pretendiendo que desaparezcan en la profundidad de las quebradas. Y como el río es una cosa que fluye todo el tiempo, eventualmente se autolimpia. Hay una solución, no demora tanto. Con el tiempo, a lo mejor podríamos, igual que nuestros antepasados, volver a las riberas del río para pasear, para enamorar, para cantar, para ver las aves o inclusive para bañarnos, así no sea carnaval.
Debajo de tu... Debajo de tu... de correr... un... Me enamoré, me enamoré, me enamoré. Enamoré. Tu gusto, tu gusto. Uno, uno. La enamoré, la enamoré. Enamoré. Enamoré.