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El Señor esté con ustedes. Y con tu espíritu.
Lectura del santo evangelio según San Mateo.
Señor, en aquel tiempo subió Jesús a una barca, cruzó a la otra orilla y fue a su ciudad. En esto le presentaron un paralítico acostado en una camilla. Viendo la fe que tenían, dijo al paralítico, "Ánimo, hijo, tus pecados te son perdonados."
Algunos de los escribas se dijeron, "Este blasfema." Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo, "¿Por qué piensan mal en sus corazones? ¿Qué es más fácil decir, "¿Tus pecados te son perdonados o decir, levántate y echa andar?" Pues para que vean que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados. Entonces dice al paralítico, "Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa." Se puso en pie y se fue a su casa. Al ver esto, la gente quedó sobrecogida y alababa a Dios que da a los hombres tal potestad.
Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
Una forma eficaz de meditar los evangelios es fijarnos en las palabras de Jesús. Y sería bonito que como tarea bíblica, cuando vayamos leyendo los evangelios, los cuatro evangelios, subrayemos todas las palabras que Jesús va diciendo. Y esas palabras por si acaso van dirigidas a nosotros. Vamos a fijarnos en las expresiones de Jesús que están en el evangelio de hoy para aplicarlas a nuestra vida. Porque ese paralítico que aparece en el evangelio somos nosotros. Todos tenemos siempre alguna parálisis, ya sea en el cuerpo, pero sobre todo en el alma.
Lo primero que Jesús le dice al paralítico y nos dice a nosotros es, "Ánimo, hijo." ¿Qué te dice Jesús? Ánimo, hijo. Jesús siempre anima, nunca desanima. Hermanos, lo primero que mete el es el desánimo. No dejemos que se meta el desánimo en nuestra vida. Jesús nos anima. Por eso, tratemos todos los días a Jesús. El medio privilegiado para estar animados es la oración. Y la oración es conversar con Jesús de corazón a corazón.
Jesús le dice al paralítico y nos dice a nosotros, "Ánimo, hijo, tus pecados te son perdonados." Hoy también Jesús nos dice, "Tus pecados te son perdonados. Confésate bien. No tengas vergüenza de confesarte. Dame tus pecados. que yo los voy a achicharrar con mi infinita misericordia. Jesús, hermanos, siempre está presto a perdonarnos. Somos nosotros los que no queremos ir a la fuente de la misericordia. Jesucristo es la fuente de la misericordia. Y hoy, como ayer, Jesús sigue perdonando los pecados, nuestros pecados. Hay que entregarle nuestros pecados a Jesús y preparar bien nuestras confesiones, haciendo un buen examen de conciencia.
Dice el evangelio que cuando Jesús le dice al paralítico, "Ánimo, hijo, tus pecados te son perdonados", viene la crítica de los escribas. Este está blasfemando. Y Jesús les dice a los escribas y nos dice a nosotros, ¿por qué piensan mal? Hermanos, no pensemos mal de los demás. Cuidemos siempre la mirada hacia el otro. Está claro que si yo veo que alguien se comporta mal, no voy a aplaudir su pecado, pero yo no soy el juez de esa persona. ¿Qué debo hacer cuando una persona se comporta mal? Rezo por esa persona. Si puedo, me acerco y hago una corrección fraterna, doy un buen consejo. Pero yo no sé qué hay en el corazón de esa persona y por qué se comporta así. Eso lo sabe Dios. Hoy también Jesús nos dice, "No piensen mal. No pensemos mal de los demás. Y no es correcto ese dicho que está en el ambiente, piensa mal y acertarás." Eso no lo dice un discípulo de Jesús. Cuando yo veo que alguien se porta mal, rezo por esa persona, pido por su conversión y no estoy además divulgando sus pecados, sus miserias a los demás. Jesús nos dice hoy, "No piensen mal."
Y Jesús añade, "¿Qué es más fácil? Decir, tus pecados te son perdonados o levántate, toma tu camilla y ponte a andar, que es más fácil. Ni tú ni yo podemos hacer esas dos cosas. ¿O alguien aquí puede perdonar pecados? Que levante la mano. ¿Alguien aquí puede decirle a un paralítico, "Levántate?" Nadie. ¿Quién es el único que puede hacer eso? Dios. Esa es una prueba de la divinidad de Jesucristo. Jesús es Dios. Jesús es el único que perdona los pecados. Jesús es el único que hace milagros. La Virgen intercede, los santos interceden. Pero, ¿quién es el único que hace milagros? Jesucristo. Él tiene todo el poder. Y Jesús añade, "Para que vean que el Hijo del Hombre tiene potestad para perdonar pecados, a ti te digo, levántate, toma tu camilla y ándate al chifa y vete a tu casa." A tu casa.
Cuando meditaba en la mañana este pasaje del evangelio, yo me preguntaba, ¿por qué Jesús no le dice, "Desde ahora vas a ser uno de mis apóstoles?" No le dijo eso. Le dijo, "Vete a tu casa." Hermanos, cada uno tiene su vocación. Y fíjense cómo termina el evangelio. La gente dice el evangelio, al ver esto, ¿qué hacía? Daba gloria a Dios. Hermanos, que la gente cuando nos vea comenzando en nuestra casa con nuestros familiares de gloria a Dios, que reflejemos a Cristo comenzando nuestra casa, que reflejemos a Cristo en el ambiente donde vivimos y que la gente cuando nos vea, cuando contemple nuestro comportamiento coherente, de gloria a Dios.
Pidámosle hoy a la Virgen María, nuestra madre, que nos ayude a tener siempre un profundo encuentro con Jesús. Jesús siempre nos anima. Jesús siempre nos perdona, Jesús nos cambia la vida. Que así sea. Amén.
Hoy es jueves, día sacerdotal y eucarístico. Vamos a rezar las letanías de la preciosísima sangre de Cristo.
Señor, ten piedad. Señor ten piedad.
Cristo ten piedad. Cristo ten piedad.
Señor ten piedad. Señor ten piedad.
Cristo óyenos. Cristo óyenos.
Cristo escúchanos. Cristo escúchanos.
Dios, Padre celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Trinidad santa, un solo Dios, ten piedad de nosotros.
Sangre de Cristo, unigénito del Padre eterno, sana.
de Cristo, verbo de Dios, hecho hombre, sálos.
Sangre de Cristo, el nuevo y eterno testamento, sálos.
Sangre de Cristo, vertida hasta la tierra en la agonía, sános.
Sangre de Cristo que corrió en la flagelación, sános.
Sangre de Cristo que brotó en la coronación de espinas, sános.
Sangre de Cristo derramada en la cruz, sanos.
Sangre de Cristo, precio de nuestra redención, sanos.
Sangre de Cristo, sin la cual no hay perdón, sános.
Sangre de Cristo en Eucaristía, bebida y purificación de nuestras almas, sános.
Sangre de Cristo, río de misericordia, sános.
Sangre de Cristo, vencedora de los demonios, sános.
Sangre de Cristo, fortaleza de los mártires, sanos.
Sangre de Cristo, valor de los confesores, sanos.
Sangre de Cristo, engendradora de vírgenes, sános.
Sangre de Cristo, sostén de los que peligran. Sán,
sangre de Cristo, solaz de los que trabajan, sános.
Sangre de Cristo, consuelo de los afligidos, sános.
Sangre de Cristo, esperanza de los penitentes, sábanos.
Sangre de Cristo, alivio de los moribundos.
Sangre de Cristo, paz y gozo los corazones.
Sangre de Cristo, garantía de vida eterna, sáanos.
Sangre de Cristo, liberadora de las almas del purgatorio, sálos.
Sangre de Cristo, dignísima de toda honra y gloria, sál.
Cordero de Dios que quita los pecados del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios que quita los pecados del mundo, escúchanos.
Cordero de Dios que quita los pecados del mundo, ten misericordia de nosotros.
Nos redimiste, Señor, con tu sangre existe de nosotros un reino para Dios.
Oremos. Omnipotente yempiterno Dios, que constituiste a tu unigénito Hijo, redentor del mundo y quisiste aplacarte con su sangre, te suplicamos nos concedas venerar de tal modo el precio de nuestro rescate, que por su virtud seamos preservados en la tierra de los males de la vida presente, para que gocemos en el cielo de su fruto eterno. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Vamos a hacer la oración por la santificación y multiplicación de los sacerdotes. Decimos, Padre celestial, para mayor gloria de tu santo nombre, te ofrecemos al verbo encarnado que acabamos de recibir en el sacramento de su amor y en quien tienes todas tus complacencias. Nos ofrecemos en su unión por manos de María Inmaculada por la santificación y multiplicación de tu sacerdotes. Derrama en ellos tu divino espíritu, enciéndelos en amor a la cruz y haz muy fecundo su apostolado. Amén.
Hermanos, juntos hemos meditado las palabras que Jesús hoy dirige al paralítico, pero también a los escribas. Al paralítico le dice, "Ánimo, hijo." Hoy también Jesús nos dice lo mismo. ¿Qué nos dice? Ánimo. Hermanos, el lo primero que va a meter en tu vida es el desánimo. Si te mete el desánimo, ya no vas a rezar, ya no vienes a misa, ya no escuchas la palabra de Dios, estás con la llanta baja. Jesús nos anima. nos da la fuerza del Espíritu Santo para salir adelante. Ánimo, hijo. Tus pecados te son perdonados. Jesús quiere perdonarnos siempre perdonarnos. Valoremos el sacramento de la confesión.
Viene la crítica, viene la murmuración de los escribas. ¿Y qué dice Jesús? ¿Por qué piensan mal? Hermano, no pensemos mal de los demás. No vamos a aplaudir el pecado del prójimo. Pero el juez es Dios. No estemos pensando mal de los demás. Lo peor es que luego ese pensamiento se vuelve chisme, murmuración, crítica destructiva. Jesús dice, "¿Por qué piensan mal? ¿Qué es más fácil decir, "Tus pecados te son perdonados" o levántate, toma tu camilla y vete a tu casa? ¿Qué es más fácil? Ni tú ni yo podemos hacer esas dos cosas. Solo Dios. Jesús es Dios. para que vean que el Hijo del Hombre tiene poder para perdonar pecados. A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa. Y Jesús hace el milagro y le dice a este hombre que ya no era paralítico, que se vaya a dónde, que se vaya a su casa. Hermanos, tienen que santificar sus hogares, sus familias. Cuántas veces les he dicho, "Ustedes son laicos." El laico, ¿qué tiene que hacer? Estar metido 24 horas aquí en la parroquia. ¿Qué tiene que hacer un laico? Santificar su familia, su trabajo, santificar el mundo, de tal manera que la gente cuando los vea de gloria a Dios.
Que la Virgen, nuestra madre nos ayude a tener un profundo encuentro con Jesús, como lo tuvo el paralítico.
Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en principio, ahora y siempre. por los siglos de los siglos. Amén.
Sagrado Corazón de Jesús, contigo.
Dulce corazón de María, se al
San José, ruega por nosotros.
El Señor esté con ustedes. Y con espírit.
La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre. Pueden ir en paz. Gracias a Dios.