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Dante Gebel #620 | El mejor discurso de Dios

Dante Gebel28:30

Transcription

Aquí [Música]. De algo [Música]. La llama no se apaga de sonreír [Música]. ¿Qué tal? Por mí [Aplausos] [Aplausos]. SP [Música] [Aplausos] [Música]. Elemental [Aplausos] [Música] [Aplausos]. Entonces [Aplausos]. A más hacer yo recibía una palabra. No, no, no me haces místico, sino que me sorprendió.

Recibí el mensaje a partir de esta palabra. Pero si estaba leyendo una revista digital en internet y aparece una nueva fobia. No son de las más conocidas, que me llama la atención porque se llama atiquifobia. A-t-i-quifobia. Dijo, ¿será miedo a que la mayoría no debe saber qué es atiquifobia? Y es el miedo que paraliza, miedo recurrente al fracaso. O sea, que quien no quiere emprender algo, tiene miedo de soñar, se pierde cosas grandiosas en la vida. A mí me consta de personas con mucha capacidad, con mucho estudio, que se quedan como cola en lugar de cabeza, por debajo en lugar de estar por encima. Y no es falta ni de intelecto, ni de preparación académica, a veces ni siquiera de recursos. Pero claro, está la atiquifobia, que es: "¿Y si me sale mal? ¿Y si fuera caso? ¿Y si quiebro? ¿Y si no es para mí? ¿Y si emprendo y me va mal? ¿Si se me vuelve en contra?". Y entonces nos empezamos a preocupar.

Voy a las escrituras. Al ser cuando esta palabra primero me llama la atención, y de un Josué uno, que el Señor lo envía a dirigir al pueblo que hasta ese momento había dirigido Moisés. Y uno dice, bueno, hay muchos héroes bíblicos que reciben un llamado grande, un llamado que lo supera, pero Dios está con ellos. Pero sin embargo, Josué tiene mucho temor de tomar el manto presidencial, por decirlo de una manera, por tomar el liderazgo de Moisés, porque la magnitud de esta transición tenía que ver con la grandeza de Moisés. Moisés es el hombre más respetado de la historia, por encima de cualquier prócer político, por encima de Prats, con Martin Luther King, es Simón Bolívar, Don José de San Martín, supera cualquiera porque lo respetan judíos, ateos, protestantes, hasta los musulmanes saben quién es Moisés y tiene una reverencia hacia él. Y esta grandeza de llamado ahora recae sobre Josué.

Además, toda la generación que siguió a Moisés no había podido cruzar a la Tierra Prometida, y ahora estaban en la ribera oriental del río Jordán junto con Josué, y ahora Josué tiene que terminar la tarea. Por otro lado, vienen de cuatro décadas de paz, donde estos israelitas se sentían como niños, no habían tenido una batalla formal en 40 años, no habían peleado, comían del maná que le caía del cielo, eran gente que le gustaba que le den. Y cuando uno se acostumbra a que le den, y un día Dios le dice: "Acostúmbrate, Josué, toma el manto de Moisés, pero no hay más maná. A partir de mañana, el maná se fue con Moisés. Ahora hay que sembrar y cosechar el fruto de la tierra. Hay que pararse, decirles a la gente". Eso es una medida que aminora, que quita, que amilan a lo que el anterior estaba dando. Costó tomar la presidencia y tiene que dar unos unos discursos tanto negativos: "Muchachos, se acabó el maná". Y había gente que salía de la tienda y hacía la mañana, me levantaba. "Ahora hay que trabajar". No solo eso, sino que les tiene que decir: "Dios nos dio la Tierra Prometida, la que no pudieron heredar nuestros padres, pero tenemos que ir a pelear, a conquistar. Así que empiecen a manejar una espada, una lanza, agarran los escudos, que dejan de ser simplemente nómadas para transformarse en guerreros".

Josué tiene un pánico escénico. Yo también lo tendría. Pero hay un sitio peor. ¿Quién sería asesor de Josué? Que le dices a un tipo que tiene que tomar tamaña responsabilidad, tamaño peso de gloria, que le dices: "Yo creo que no había ningún humano que lo pueda asesorar". Dios habla con él y le da lo que da título a este mensaje: "El mejor discurso de Dios". El mejor discurso de Dios de todos los que están en las escrituras. Este es el más fabuloso, el speech más motivacional, más grandioso que jamás fue escrito. Tiene por lo menos seis principios. Es un discurso magnífico. Y escuchen: "Lo mismo que yo dijo a Josué, te lo va a decir a ti esta mañana". Si hay algo que te está paralizando, si dices: "Yo debería haber emprendido algo y no se me da, miedo, me da pánico". Hay gente que pierde su destino por miedo. Hay gente que Dios le dice: "Yo te estoy entregando algo maravilloso y tiene un pánico y se lo pierde". Y la mujer de su vida se casa con otro ganso, y el trabajo que Dios tenía para él, ese empleo lo pierde, llegó tarde, y el llamado que Dios tenía para ti se lo dio Dios a otro. Tú dices: "No, pero si era para mí". Porque hay gente que dice la falacia: "Si es para mí, nadie me lo va a quitar". No, si no estuviese funcionado con el pueblo de Israel cuando andaban como dice, si la tierra era para ellos, ¿por qué no la pudieron tener? Porque la incredulidad es una barrera, es una muralla que no te deja tomar lo que Dios te prometió.

Entonces, aquí el Señor da el mejor discurso de la historia. Los que estamos en el reino y hablamos y practicamos la oratoria, deberíamos aprender de la magnífica retórica que tiene Dios cuando le habla a Josué. Josué uno, costó, está muerto de miedo. Le da a Dios seis principios. Hijos, tres se transforma en un hombre, en un gigante de fe. Todo empezó con esta oratoria de Dios, con este discurso. Lo quiere. No indició, no te dice Dios. Primero le dice el principio de la inmortalidad, no cambió. El principio de la permanencia, el principio de la longevidad, el principio de lo que jamás se transforma. Dios dice: "Yo no cambio, yo estaré contigo como estuve, como estés, no te fallaré, gritaré, abandonaré". Lo primero que le dice Dios: "Te quiero recordar, Josué, que aunque tú eres infiel, yo sigo siendo fiel. Que como estuve con tu antecesor, estoy contigo". Dios nunca llamó a nadie y lo dejó en la mitad del agua. No conozco a nadie que Dios le dijo: "Ve y navega", y en la mitad lo dejó solo. Dios no es alguien que traiciona. Y es aquí cuando tú dices: "Bueno, pero yo sí, yo le fallé, yo no soy el mismo". Dios dice: "Tú puedes cambiar, yo no cambio. Como estuve, como dices, estaré contigo". Está bien que no miremos al pasado en cuanto a nuestros fracasos, pero Dios quiera a veces que miremos el pasado de las cosas que Él hizo contigo. Si Dios te sacó de terribles situaciones, como yo sé que te sacó, por eso estás hoy aquí. Si Dios te bendijo cuando no tenías para comer, yo sé que hay gente aquí con testimonios poderosos de cómo Dios estuvo en el pasado. El momento que cuando la crisis viene en el presente, te hace frágil la memoria, y Dios dice: "Yo no cambio, yo soy el mismo. Tú puedes equivocarte, tú puedes ser más o menos fiel, congregarse más o menos, sembrar, dejar de sembrar, y yo soy fiel. Yo no te dejo hasta que no haya hecho contigo lo que dije que iba a ser". Dios te sostiene de la mano y no te suelta. Él es el primer principio.

Segundo principio, le dice Dios: "Muy bien, yo no cambio. Ahora, Josué, llegó el momento que guíes a este pueblo a cruzar el río Jordán y entrar a la tierra que yo te doy. Te prometo a ti mismo lo que le prometí a Moisés: donde quiera que pongan los pies los israelitas, estarán pisando la tierra que Dios les dio". Dios le dice: "Te doy algo específico para hacer que no hizo Moisés: enfoque". Yo te entrego la tierra, pero la tienes que pisar. El segundo principio de confía que yo no cambio, y después enfoque. Vamos, porque la generación anterior, con mucha promesa que tenía, no pudo heredar la tierra. Entonces, yo te doy enfoque. Yo creo que pisa en la tierra, que lo tomes. Esta misma palabra, Dios te habla esta mañana. Lo único que te falta es enfoque. La promesa de Dios no tiene que agrandarse más. Sacro, te prometió, yo te prometí salud, y usted prometió prosperidad, y usted prometió felicidad. ¿Qué estás pensando y por qué no la vivo? Porque te hace falta enfocarte, decidir qué vida quieres tener, es decir, esto es lo que yo quiero. La promesa de Dios no es una garantía de éxito si perdemos nuestro enfoque. La responsabilidad de Dios es darte la promesa. La responsabilidad nuestra es hacernos asirnos, tomarnos de la promesa. ¿Están conmigo o no? Tomar la promesa de Dios. Hay alguien aquí que está así de la promesa, un paso. Hay alguien así que Dios ya lo pudo haber bendecido. Me lo mostraba ayer, me decían muchos de mis hijos, ya tendrían que estar bendecidos, prósperos. Sin embargo, hay una fobia, algo que los paraliza. Quieren hacer un estudio de factibilidad antes para no equivocarse. Una vez alguien me dijo: "Yo era el que ponía toda la mano de obra y la parte más artesanal en el trabajo de mi jefe. Él venía, era el contratista, él cobraba y yo trabajaba y él cobraba una fortuna, yo ganaba unos pesos". Y un día me puse a pensar que yo también podía tener mi propia compañía en este país. Si el que ponía la mano de obra era yo, era el que más sabía, mi jefe no sabía nada, yo era el que hacía todo. Entonces un día dije: "Basta de ser con la quiero hacer cabeza". Así que aunque mi esposa estaba muerta de pánico, la suegra estaba opinando porque sabe que en el huerto de la Adán también opinó. Y sin embargo, arranqué. Y le digo: "¿Qué te pasó?". Y si empecé a preparar lo que cobraba mi jefe, ahora lo cobro yo. Y me di cuenta que todo el poder estaba en mí para hacerlo, para crear. Que Dios me había dado la tierra prometida. El que no me iba a ver a mí. ¿Cómo no me di cuenta hace años? Hay gente que dice lo mismo en cuanto a pareja. Pastor, cuando hablaste, yo tomé esa palabra, fui y hablé a la chica. ¿Y qué te dijo? "Hay gansos, tenías que haber venido hace años". Estaba esperando, bobo, cuando me ibas a hablar. Y este estaba esperando la reconfirmación de Dios, que ya que te la traiga el Espíritu Santo y se la deposite en la casa. No iba a pasar. Entonces, a veces decimos: "Bueno, si esa tierra prometida para mí, que venga". Que no es así. Uno dice: "Dios dice, no tienes que ir, honra la creación, yo te creé para que emprendas, para que hagas, para que te enfoques".

No hay nada mejor que el el poder del enfoque. Porque uno sabe exactamente qué es lo que va a hacer. ¿Para qué se te dio el aceite? Para que el cuidador del faro tenía aceite para mantenerle al bar. Viene un un caballero, le pide aceite para aceitar la rueda del carro. Viene otro, le pide aceite para calentarse. Viene una dama y le pide aceite para cocinarle a sus hijos. Y el caballo y el hombre, el cuidador, cree que está haciendo obras de bien en repartir aceite. Pero un día se queda sin suministros, se apaga el faro y los barcos empiezan acá a encallar en los acantilados. Los llaman de la compañía, "Hélice, que está despedido". Y el grime la explicación: "No es que si se obras de bien con el aceite, le di a un caballero para que para que aceitara la rueda, a otro para calentarse en su estufa, y al otro para que costara, la otra para que cocinen". Y le responden: "Se te dio el aceite por una sola razón: mantener el faro ardiendo". ¿Para qué se te dio la unción? ¿Para qué se te dio lo que sabes hacer? ¿Qué te mandó Dios a hacer? Y la vida se te está yendo. Hay algo que Dios te mandó a hacer que solo tú tienes el diseño original para hacerlo. No va a ser nadie más. Y mientras que no se pase eso, vas a desperdiciar y dilapidar tus años. Un día a la vez. Y un día te vas a ver con mucha más edad que ahora, porque todo el mundo estamos envejeciendo. Todos aquí en la parte donde nadie dice amén, ni me hacen así con la cabeza, pero pasa eso. No cambia el reloj de arena, cae hacia abajo, no sube. Parece una bobería, pero lo olvidamos. Y al no tener enfoque, se nos va la vida haciendo un poco de todo y no siendo especialistas en nada. ¿En qué tienes horas de vuelo? Que dicen: "Esto estoy buena". Alguna crisis, "Yo soy mamá, soy la mejor mamá en esto invertí mi vida". Bueno, gloria a Dios. Otra dice: "No, la verdad que no, siempre fui mamá, pero estuve pensando en esa otra carrera". Bueno, ¿y quiere que sí? ¿Tragar? Tampoco nada. ¿Hiciste algo? ¿Estudiaste online, aunque sea? No, no, no. Se me va el día entre una novela, la Doctora Polo. Se me va el día y la vida se te va. Se te va con maratones de Netflix. Se te va de verdad. ¿Qué vida queremos? Vamos a pisar la tierra, enfoque.

Luego le dice en este mejor discurso de Dios, le dice el Creador a Josué: "Ahora te mando que te esfuerces y sea valiente". Seis veces le dicen: "Mira que te mando que te esfuerces y sea valiente". Es un mandato. Ser valiente no es amor a que te salga la valentía, es un mandato. Va a ser valiente. La valentía no es una opción. En determinadas cosas hay que emprender, hay que salir. Imagínense, los aviones no volarían, nadie conduciría en las carreteras si tuviéramos miedo y no tuviéramos una dosis de valentía, de valor. Josué necesitaba una dosis triple, cuádruple, porque la generación anterior no habían podido conquistar esta tierra, el temor los había paralizado. Y ahora tenía que evitar que esta nueva generación cometiera el mismo error. Ellos le dice: "Mira que te mando que sea fuerte, que sea valiente". ¿Qué es ser valiente? Pararse firme en tus convicciones, aunque todo el mundo te diga que hagas lo contrario. Es decir: "No, no importa para dónde vaya el viento, yo voy donde Dios quiere que Él vaya. Yo me voy a mover donde el Señor quiere que yo me mueva". Dice el Señor: "La vista costó en no te desvíes de estas palabras ni a derecha ni a izquierda. ¿Qué es tener dentro de mi ley? Entonces te irá bien en todo lo que hagas". Bien, qué sencillo le dice: "Esto es lo que yo te mando, Josué. ¿Quieres no tener miedo? Bueno, no te muevas ni izquierda ni derecha de lo que te digo". Que es sencillo, haceme caso y te irá bien en todo lo que hagas. Haceme caso, mantente en el centro y te irá bien. ¿Lo crees? No te muevas.

"Estudia constantemente este libro de instrucción". No tenía Biblia, tenía el Pentateuco, los primeros cinco libros de nuestras escrituras. Le dice Dios: "Estudia los, ahí está todo lo que ves, como dice es todo. Medita en eso de día y de noche y asegúrate de o ver ver". Ese es el meollo de la cuestión. Entonces, el punto chato, dijo el proveer, vista cantinflas, este es el punto. Dios le dice que la autoridad, el poder, la bendición va a estar basado en que el obedezca. La prioridad tiene que ser la palabra. Como los corredores de maratones, toda su vida gira en derredor de las cuadrículas de entrenamiento. Debe ser aburridísimo estar de novia con uno de estos. "Me vas a venir a ver hoy". "Me toca entrenar". "Pero si tenés la maratón dentro de tres meses". "Por eso me toca entrenar". "Mañana es nuestro aniversario, vamos a cenar". "No, me toca medirla el peso". "Yo acá son gente entrenada que hablan de una misma cosa". Y nosotros a veces le pedimos cosas grandes a Dios, pero nuestra concentración y enfoque no está a la altura de lo que pedimos. "Señor, dame cosas grandes". Y no vamos a tomar una cerveza hasta que las cosas grandes vengan. Cuando uno toma una postura de pasiva esperando que Dios te dé lo que le pediste, no va a ocurrir. Porque en un momento Dios te abre la puerta y no puedes salir a construir un arca porque empezó a llover. El arca se construye en seco, cuando no llueve. Las estacas se extienden antes de agrandar la familia. No esperas tener ocho hijos y después decir: "Que nos tendríamos que mudar, estamos los ocho en la misma cama, los diez". No se puede. Uno tiene que planificar. Sea durante el parto, y si estás embarazado de un sueño o estás de embarazada de un sueño de Dios, bueno, hay que empezar con la cuna, con la habitación, en términos metafóricos hablo, porque si no Dios como te va a bendecir. Como Dios te va a enviar una multitud con con un templo chiquitito. Uno tiene que decir: "No vamos". Estos bienes, bienes. Escuchó el sonido de las aguas, escuchas lluvia, empieza a correr. Ahora, si no escuchas lluvia, queda dónde estás. Pero eso estoy hablándole a los que están llenos de fe, lo que yo yo sufro de insatisfacción santa. Tiene que haber algo más, Dios me tiene que bendecir. Y esa gente tiene que emprender, tiene que crecer, tiene que avanzar. Y es bueno, me tengo que preparar porque vienen los cambios y tienes que estar listo. Y el Señor le dice a Josué: "Medita esto día y noche". Meditar es un mantenimiento preventivo para la mente, es un antivirus, es renunciar a la prisa. Y dice Abel, le dice: "¿Qué te dijo Dios?". David decía: "Cuánto amo meditar en tus enseñanzas, Salmo 119. Pienso en ellas todo el día, todo el día. Tus mandatos me hacen más sabio que mis enemigos, me guían, tengo mejor percepción que mis maestros. Siempre pienso en tus leyes, soy más sabio que los ancianos". Menos lo que hace la meditación. Y le puede y seguía segura. Josué es el mejor discurso de Dios, es el discurso para que Josué quite todo miedo. Le dice: "Asegúrate, Josué, de obedecer". Nuestro leer es obedecer la Biblia, no es solamente para leerla, es para descubrir la voluntad de Dios en mi vida. No debe detenerse simplemente en la mente, debe continuar hasta el corazón e ir hasta la voluntad. Y la Biblia me dice que tengo que cambiar. Hay que ser hacedores de la palabra y no oidores, dice la palabra en Santiago. Hacedores. Cuando la palabra forma parte de tu dinámica de vida, ya no es palabra, forma parte de tu organismo. Si esto fuera una galleta, esta misma, y la galleta me la meto en la boca y es galleta masticada, pero cuando entra dentro de mi organismo, deja de ser galleta, pasa a ser bolo alimenticio. O sea, que pasa a ser Dante Gebel. Todo lo que está acá es imposible de ver que hay dentro, porque ella forma parte de mi vida. Y la Biblia, mientras que está acá, es simplemente Biblia, palabra de Dios. Mientras que la leo, es solo palabra leída. Pero cuando la mastico, es palabra masticada, rumiada. Cuando la obedezco, conforma parte de mi bolo alimenticio espiritual. Yo soy lo que Dios dice que soy, lo que Dios dijo que yo era. Lo que es para asegurarte de obedecer, no te dejes ni a la derecha ni a la izquierda, le dice Dios. Tolerancia cero. Yo te digo algo y no te desvíes. Dios no bendice por aproximación, acuérdese, ni por promedio. Tú no decides qué leyes federales obedecer y cuáles leyes no obedecer. En temas de tránsito, por ejemplo, té para los oficiales del Señor, usted para su semáforo en rojo. Qué bonito. Y los stop que sí, parece que no cuentan. No.

[Música] Bueno, esto es igual. Cat, cuando Dios te da una orden, no importa el promedio, lo que hiciste antes. Bueno, Dios me dijo que vaya para el norte, no voy al norte, pero voy al noroeste. Dios me dijo que vaya de misionero a Somalia, bueno, no fui a Somalia, pero mandó ofrenda. Dios no dice: "Bueno, Moisés, está bien que no fuiste a hablar con el Faraón, pero por lo menos valoró la intención". Yo cuando Dios te dé una orden, es eso. Yo necesito gente que haga caso, que diga: "Sí, Señor, voy", sin pedir garantías, sin hacer estudios de factibilidad. Si quieres que te vaya bien, yo estaré contigo, no te abandonaré, estaré contigo donde quiera que vas. ¿Lo crees? Y eso me encanta la promesa constante que Dios te va a acompañar en el viaje. "Estaré contigo". Qué lindo que no te dice: "Ve y yo te espero allí". Tú igual, cosa, me mandas un WhatsApp. No, "Estoy contigo ahora". Le dijo Moisés, "Cuando hables y yo te voy a enseñar qué decir". A Gedeón, "Tú vas a destruir a los madianitas y yo estaré contigo". A Jeremías, "No tenga miedo, Jeremías, yo estoy contigo y te voy a proteger". Y a Josué: "Y yo estoy contigo como estuve con Moisés, y entonces te irá bien en todo lo que emprendas y prosperarás". No habla solo de dinero, habla de ser una persona de éxito, de tocar algo y que le vaya bien, de decir: "Se me abren las puertas donde voy". Yo me pongo como ejemplo. Cuando voy a las conferencias y digo: "Miren, ustedes saben que no es falsa modestia, conoce mis historias de incapacidad, de falta de instrucción, vengo de estratos sociales muy pobres, venimos de situaciones de mucho hambre, de hasta la fruta, la fruta era una vez por semana. No sé si ustedes vivieron siempre abundancia, pero yo vengo de compartir el durazno al almíbar, de de de decir asado, no sé, puesto los días, simplemente una vez por mes, de heredar la ropa de mis hermanos, de ese estrato vengo". Sin embargo, hoy año después me doy cuenta que todo lo que he tocado, todo lo que he pisado, siempre ha sido de bendición. Siempre. Pero no como la mitología griega cuenta del Rey Midas. El Rey Midas era el alguien de la mitología griega que decía que un día pide un deseo a los dioses, era que todo lo que tocaba se convirtiera en oro. Así que usan el Rey Midas de la música, el Rey Midas del arte, el Rey Midas de los Oscars, viene de allí, porque el Rey Midas dice, era tan avaro, tan egoísta, tan estaba tan urgido de ser millonario, que dijo: "Lo que esto que quiero que sea oro". Tocaba las paredes de oro, tocaba el inodoro de oro, tocaba el carro de oro. Así que en 15 minutos fue el tipo más millonario del mundo, pero después tuvo hambre, fue a comer, tocó la pata de pollo de oro, el burrito de oro, quiso comer pan de oro, tomar agua de oro, papel a tocar el abuelo, labio de oro, así que se murió de seis de hambre. Entonces, cuando habla de la prosperidad de Dios, no significa que todo lo que toques, que va a emprender, que los negocios, no significa que te vaya bien en todo en una pareja, en la iglesia que decidas congregarte, en el país donde decidas vivir, que te vaya bien. Que tengas tus momentos de tristeza, de zozobra, pero aún así diga: "Me va bien al final de la historia, me va bien porque el Señor dice que va a ir conmigo". Josué termina los días de viejito y dice: "Dentro de poco moriré, Josué 23:14. Dentro de poco me voy a morir, voy a seguir el camino que todo ser viviente sigue en este mundo, pero en lo profundo del corazón ustedes saben que cada promesa del Señor Dios se ha cumplido en mi vida. Ni una sola falló". Dios cumple, promete, y ni una, ni una tuvo que reclamar a Dios. Todo lo que toqué prosperará. ¿Lo crees? Yo creo eso. Yo siento que se abren puertas, que Dios bendice. Siento que el estruendo de muchas aguas. Pero el Señor me dice: "Muchos no lo están tomando porque no han creído, porque se han desviado, porque dile que han que crean como creíste tú". A mí me digo que me chocaban, pero me sorprendían las palabras del apóstol Pablo cuando yo era muchachito y decía: "Sean imitadores de mí como yo de Cristo". Igual, yo nunca diría que me imiten a mí, pero en esto de creerle a Dios, yo sí te digo, si Dios sabe con qué corazón sencillo te lo digo, yo le creí todo a Dios. Vuelve lo que te decía recién, no es que nació en Suiza, me crié en Buckingham y para para comer de una fortuna, pero yo le creí todo a Dios. Aunque no tuviéramos que comer, aunque tuviéramos que andar en trenes, pero creíamos que Dios nos iba a dar cosas grandes. Yo creía, yo creía. Yo digo: "Señor, esto es que le diste a Justo, dámelo". Base. Estos son principios que yo he aplicado. Queridos, como estuvo con otros hombres Dios, iba a estar conmigo. Cuando veía un hombre, Dios me pegaba, pero no como como parásito para que le pueda sacar para ayudarlo. Es eso, yo quiero ayudar, yo quiero estar aquí, ¿qué puedo hacer? Porque yo veía el favor de Dios y yo quería tener ese favor. Y hoy que yo estoy experimentando ese favor, qué puertas imaginables se me abren. No tengo que buscar nada, no esfuerzo, no ando llamando a la gente, me dan una porque me llaman, me hacen propuestas, me envían contratos. Y yo digo, este consciente a quién le están mandando contratos. Saben que no tengo ni la capacidad ni la altura intelectual, pero digo, me dicen: "Lo que te lo mandan, polvos, lo mandan porque ven el favor, sienten que Dios está contigo donde quiera que vayas". Dios está contigo donde quiera. ¿Lo quieres de verdad? ¿Es serio? No.

[Aplausos] [Música] [Aplausos] [Aplausos] [Música]