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¿Puede el ateísmo llevarnos a un mundo mejor?
Los ateos critican a todas las religiones. Ellos llaman a la religión la raíz de todos los males. Pero no sólo eso, ellos están convencidos que el ateísmo los hace mejores personas. ¿Que están en lo correcto?
Ok, si hay Dios, entonces hay un estándar moral que está por encima del hombre. El hombre no puede cambiarlo, no está a su disposición. El resultado de un orden moral se aplica a todos por igual, los pobres y los ricos, los fuertes y los débiles.
Ahora, ¿qué pasaría si no hubiera ningún Dios? No habría ninguna moral absoluta. Lo correcto y lo incorrecto serían decididos por el hombre, ¿y por quién exactamente? Pues por el más poderoso. Solo el poderoso puede hacer cumplir sus estándares sobre los demás. Por supuesto, varios individuos más débiles pueden unir sus fuerzas para convertirse en el más fuerte, pero el principio básico sigue siendo el mismo: el bien y el mal están determinados por el más fuerte, y lo que es bueno hoy puede declararse malo mañana y viceversa.
Ahora, no es justo decir que los ateos, o que la gente que vive en esta clase de sistema es automáticamente mala o que actúan de modo incorrecto. No, pues la mayor parte de las personas solo desean tener una vida agradable y feliz. Y los ateos pueden tratar hasta de establecer algunos estándares morales que ellos basan en observaciones en la naturaleza, por ejemplo, como que la cooperación es una estrategia más útil para la supervivencia que la agresión.
Pero en fin, esto realmente sólo funcionaría si alguien más poderoso no estuviera en desacuerdo. Pero seamos honestos, ¿cuál es la base y el principio rector de la moral ateísta? Todo lo que es útil o mejor, todo lo que es útil para la humanidad. Suena bien, pero ¿en realidad funciona?
En primer lugar, la utilidad requiere de una respuesta a la pregunta: ¿útil para quién? Pues no es igual para todos. La cooperación elogiada puede disolverse rápidamente en confrontación. ¿Y entonces qué? ¿Quién debe tener la razón? Bien, probablemente sea el más poderoso. Él simplemente obligará a hacer las cosas a su manera.
En segundo lugar, la cuestión de la utilidad exige una respuesta a la pregunta: ¿útil para qué? ¿Qué se considera útil, sobre todo cuando los ateos afirman que la existencia del hombre no tiene sentido? Otra vez, para bien o para mal, será el más fuerte el que lo decida.
Así vemos que en principio solo hay dos posibilidades: hay un Dios y a continuación hay un código moral vinculado a él, o no hay un Dios y entonces no hay ley sino la que se nos impone por la voluntad del más fuerte. La ley despiadada del más fuerte ha gobernado terriblemente a lo largo de la historia: dictaduras, fanatismo, racistas. Con el materialismo, el hombre no tiene ninguna dignidad, ningún valor, ningunos derechos. Su vida no es sagrada. El débil será aplastado por el fuerte. Solo la fuerza bruta de la voluntad del fuerte es la que prevalece. Así que, sin Dios, el hombre pierde toda su humanidad.