Transcription
El Señor esté con ustedes.
Lectura del Santo Evangelio según San Juan.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "No se angustien. Crean en Dios y crean también en mí. En la casa de mi Padre hay lugar para todos. Si no fuera así, les habría dicho que voy a preparar el sitio. Cuando vaya y les prepare sitio, volveré y los llevaré conmigo, para que donde estoy yo estén también ustedes. Y a donde yo voy, ya saben el camino".
Tomás le dice: "Señor, no sabemos a dónde vas. ¿Cómo podemos saber el camino?".
Jesús le responde: "Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocieran a mí, conocerían también a mi Padre. Ahora ya lo conocen y lo han visto".
Felipe le dice: "Señor, muéstranos al Padre y nos basta".
Jesús le contesta: "¿Hace tanto que estoy con ustedes y todavía no me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: 'Muéstranos al Padre'? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? Lo que yo les digo, no lo abro por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, el mismo hace sus obras. Créanme: Yo estoy en el Padre y el Padre en mí; mí, sino crean a las obras. Les aseguro: el que cree en mí también él hará las obras que yo hago y aún mayores, porque yo me voy al Padre".
Palabra del Señor.
Jesús.
Queridos hermanos, voy a hacer la homilía con esta frase de Jesús que está en Juan 14, 6: "Yo soy el camino, la verdad y la vida".
Jesús, como Dios, es la verdad y la vida. Como hombre, es el camino. Y cada una de estas tres palabras me lleva a un verbo concreto que todos nosotros tenemos que practicar para centrar nuestra vida en Jesús.
Jesús es el camino. Está el verbo seguir. Jesús es la verdad. Está el verbo imitar. Jesús es la vida. Está el verbo recibir.
Comencemos por la primera palabra. Jesús es el camino. El único camino para el cielo es Jesucristo. No hay otro. El único Salvador del mundo es Jesucristo. Hoy Jesús nos dice: "En la casa de mi Padre hay muchas moradas. Voy a prepararles un lugar para que donde yo esté, estén también ustedes".
Jesús, con su muerte y su resurrección, nos ha abierto las puertas del cielo, de la casa del Padre, de par en par. Y por eso, si nosotros seguimos a Cristo, que es el camino, iremos al cielo. No salva Buda. No salva Mahoma. No salva Confucio. ¿Quién es el único que salva? Jesucristo.
Por supuesto que hay que respetar a las personas que no comparten nuestra fe, pero al mismo tiempo hay que afirmar con claridad que el único camino para el cielo es Jesús. Y por eso aquí tenemos el verbo: el verbo seguir. Hay que seguir a Cristo.
Padre, ¿y qué debo hacer para seguir a Cristo? Vayamos a la primera lectura de hoy. Nos encontramos con un problema en la Iglesia, porque la Iglesia no es un club de impecables, somos pecadores. Y fíjense, ya en los inicios de la Iglesia hay problemas, hay roces, hay fricciones. Surge un problema entre los de lengua griega y los del eco hebreo, porque no se estaban atendiendo correctamente a las viudas. Y entonces los apóstoles, iluminados por el Espíritu Santo, deciden nombrar diáconos, porque ellos afirman que no pueden descuidar la palabra de Dios.
Queridos hermanos, no podemos descuidar la palabra de Dios. Los apóstoles saben que tienen que dedicarse a la oración y a la escucha de la palabra. Por eso se van a apoyar en los diáconos. Si quieres seguir a Cristo, tenemos que escuchar la palabra de Dios.
Y qué pena que muchos católicos no valoren la palabra de Dios. Yo estoy seguro... [Música] ...que si en este momento les pregunto: "Cuéntenme el problema entre Shakira y Piqué", todos me van a responder y con detalles. Pero si yo pregunto: "¿Cuál es el mensaje central de la carta de Santiago?", seguramente muy pocos me van a responder. Qué pena, queridos hermanos. Tenemos que valorar la palabra de Dios. Hay que leer la Biblia, meditar lo que dice la Biblia. Si no, vamos a andar perdidos por el mundo, más perdidos que ateo en procesión. Necesitamos de la palabra de Dios para seguir a Cristo. Valoremos la palabra de Dios. Meditemos lo que dice la palabra de Dios. La palabra de Dios es luz para nuestro camino. [Música]
Vamos con la segunda palabra de la frase que estamos explicando. ¿Cuál es? Jesús es la verdad. Y entonces, ¿qué verbo tenemos? Imitar. Jesús es la verdad. Él es el referente, el modelo. Tenemos que imitar a Cristo, que es la verdad. Jesús muestra la verdad del hombre. Él es el modelo del hombre. En Cristo lo encontramos todo para vivir correctamente.
Y entonces, viene otra pregunta: "Padrecito, ¿y qué debo hacer para imitar a Jesús?". ¿Qué debemos leer para conocer a Jesús, para conocer la vida de Jesús, para conocer la doctrina de Jesús? Los cuatro evangelios. Me imagino que saben cuáles son los cuatro evangelios. ¿Cuáles son? Mateo, Marcos, Lucas... Sí. ¿Cuál es el más corto? Marcos. ¿Qué pasó entre Shakira y Piqué? Hay que leer los evangelios.
Le voy a compartir una anécdota muy bonita en la vida de San Juan Pablo II. San Juan Pablo II viajó a París para encontrarse con los jóvenes, porque ahí en París se organizó la Jornada Mundial de la Juventud. Y Juan Pablo II estaba dirigiéndose al lugar donde tenía que hablar a los jóvenes. [Música] Y cuando estaba ya por subir al estrado, escuchó como un joven gritaba: "¡Juan Pablo, ayúdame! ¡Juan Pablo, ayúdame!". Juan Pablo II lo escuchó, lo vio y se acercó. Y Juan Pablo II y este joven conversaron unos minutos. En ese momento, nadie supo lo que conversaron. Luego, Juan Pablo II se dirigió a la multitud de jóvenes y regresó al Vaticano. Y es ahí donde llamó a su secretario, quien es el que cuenta esta anécdota, y le dice: "Estanislao, ¿te acuerdas de ese joven que comenzó a gritar: '¡Juan Pablo, ayúdame! ¡Juan Pablo, ayúdame!'? Tenía un problema y yo lo escuché y le di un consejo, pero no sé si le he ayudado. ¿Tú crees que podrían ubicar a ese joven en París y decirle que el Papa está rezando por él?". Y dice Estanislao, quien fue secretario de Juan Pablo II, que hicieron ese esfuerzo en París y lo encontraron al joven. Imagínense ustedes, encontrar un joven en una ciudad de millones, y le dijeron: "El Papa nos manda a decir que está rezando por ti". Y este joven dijo lo siguiente: "Díganle a Su Santidad que estoy muy agradecido por el consejo que me dio, porque yo le dije que tenía problemas para creer en Dios, y él me dio este consejo: 'Cómprate una Biblia para que conozcas a Jesús'". Y yo le he hecho caso, y ahora me estoy preparando para recibir el bautismo".
Queridos hermanos, tenemos que valorar la Sagrada Escritura y, sobre todo, leer los evangelios para conocer a Jesús. Si conocemos a Jesús, vamos a imitarlo, porque Jesús lo tenemos todo. Él es el modelo del perdón, de la paciencia, de la mansedumbre, de la solidaridad, de la pureza, de la generosidad. En Jesús lo tenemos todo. Hay que imitar a Jesús.
Y la última palabra, queridos hermanos. ¿Cuál es? Jesús es la vida. Todos queremos vivir. Nadie quiere morir. Jesús es la vida. Jesús ha dicho: "Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá" (Juan 11, 25). Jesucristo trae la vida plena. Por eso, aquí viene el tercer verbo. ¿Cuál es? Recibir a Cristo para que tengas vida eterna. ¿A quién debe recibir? A Jesucristo.
Padrecito, ¿y qué debo hacer para recibir a Cristo? Ya lo saben. ¿Cómo participamos de la vida de Cristo? Frecuentando los sacramentos. Aquí no hay que hacer cosas raras. Si nosotros frecuentamos los sacramentos, en nosotros estará la vida de Cristo, porque Jesucristo nos da la gracia, la vida divina, a través de los sacramentos. Los sacramentos son los conductos por donde viene la vida de Cristo.
Decía San Ambrosio: "Oh Cristo, yo te encuentro en tus sacramentos". Y San Juan María Vianney, el santo patrono de los párrocos, decía lo siguiente: "Ha comenzado a abandonar a Dios el que ha comenzado a abandonar los sacramentos". [Música]
Queridos hermanos, así como tenemos que valorar la palabra de Dios y meditar lo que dicen los evangelios, hay que frecuentar los sacramentos. Que los padres de familia deben hacer es llevar a sus hijos a la pila bautismal. Con dolor, hoy me encuentro con muchos adultos que no están bautizados. El primer encuentro con Cristo se da en el bautismo. Y luego ya vienen los otros sacramentos, fundamentalmente debemos frecuentar la confesión y la Eucaristía. Y conviene decirlo un millón de veces: para recibir la Eucaristía, hay que estar en gracia de Dios.
Queridos hermanos, Cristo es el camino, la verdad y la vida. Hay que seguir a Cristo, hay que imitar a Cristo, hay que recibir a Cristo.
Estamos en el mes de mayo. ¿Y por qué el mes de mayo es el mes de María? ¿Alguien me puede responder esta pregunta? ¿O sigo preguntando lo de Piqué y Shakira? ¿Por qué el mes de mayo es el mes de María? No me digan porque en mayo cumple años el padre Carlos. Porque en Europa, mayo es el mes de las flores, la primavera. [Música] Y la Iglesia nos invita este mes a regalarle flores a la Virgen. Y la mejor flor que le puedas regalar a la Virgen es lo que nos dice hoy la segunda lectura: "Tú eres una piedra viva de un edificio espiritual, que la Iglesia, y tú estás llamado a ofrecer tu vida como un sacrificio agradable a Dios por medio de Jesucristo". Es decir, tú estás llamado a ser una ofrenda agradable a Dios. Y serás una ofrenda agradable a Dios, padre, si centras tu vida en Jesucristo. La Virgen centra nuestra vida, eh, Jesucristo. María es Nuestra Señora del camino. María es Nuestra Señora de la verdad. María es Nuestra Señora de la vida. Hoy le pedimos a la Virgen que nos ayude a todos nosotros a centrar nuestra vida en Cristo, camino, verdad y vida. Que así sea.
Estamos en el mes de mayo, mes de María. Y todos los días de nuestro santuario estamos escuchando una breve reflexión sobre la Virgen. Día séptimo: "Padre Purísima". María es la Purísima, pues en ella todo es limpio y puro. Pero no perdamos de vista que si María es Purísima, se debe al mismo Dios. En María, Dios hizo maravillas. También el Señor quiere hacer maravillas con nosotros. De manera especial, Jesús quiere que tengamos una vida pura, es decir, no contaminada por el pecado. No dejemos que el ambiente mundano ensucie nuestra alma. Acudamos siempre a María para que ella nos ayude a llevar una vida limpia. Busquemos a la Madre Purísima para que nos preserve de todo pecado.
Propósito: Pedir a María todos los días la gracia de la pureza interior.
Consagración a María: Oh Señora mía, oh Madre mía, yo me ofrezco del todo a ti. Y en prueba de mi filial amor, te consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón; en una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo tuyo, oh Madre de bondad, guárdame y defiéndeme como hijo y posesión tuya. Amén.
Queridos hermanos, hoy hemos meditado sobre lo que está en Juan 14, 6: "Yo soy el camino, la verdad y la vida". Jesús es el camino, el único que salva es Jesucristo, el único que nos lleva a la casa del Padre, Jesucristo, el único que trae la verdadera felicidad, Jesucristo. Jesús es el camino. Entonces, hay un verbo que es el verbo seguir. Sigue a Cristo. Y para ello, escucha la palabra de Dios. Hay que preocuparnos por conocer la palabra de Dios. ¿Cuántas veces nos preocupamos en conocer tonterías? Preocúpate por conocer la palabra de Dios. Si vas a seguir a Cristo.
Jesús es la verdad. Y entonces viene el verbo imitar. Imitemos a Jesús. Y pensemos siempre: ¿qué haría Jesús en mi lugar? ¿Cómo trataría Jesús a esa persona? Hay que imitar a Jesús. Él es la verdad, el referente, el modelo. En Cristo lo hallamos todo.
Y Jesús es la vida. Y cómo participamos de la vida de Cristo: frecuentando los sacramentos. Quien descuida la vida sacramental no tiene en sí la vida de Cristo. Jesús trae la vida plena. Y esa vida plena viene a través de los sacramentos. Frecuentemos los sacramentos, sobre todo la confesión y, por supuesto, lo máximo, la Eucaristía.
Pidámosle a la Virgen Santísima que nos ayude a centrar nuestra vida en Jesús, el camino, la verdad y la vida.
Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Jesús en ti confío. Dulce Corazón de María, nuestra salvación del alma mía. San José, ruega por nosotros.