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Transformados por el salmo119:74

Celia Elizabeth Arriola6:37

Transcription

[Música] Salmo 119, versículo 74. Los que temen me verán y se alegrarán, porque en tu palabra he esperado. Qué curioso este versículo. A pesar de estar cargado de aflicción, en momentos de angustia, de preocupación, de impotencia y luchando por hallar entendimiento, David quiere ser de bendición a otros. David no va a dejar la palabra de Dios a un lado, no importa cuán mal le esté yendo. Está dispuesto a pagar el precio porque su esperanza es la palabra de Dios. Sin embargo, su deseo es que aquellos que temen a Dios se alegren cuando vean a David. ¿Se alegra la gente que está a tu alrededor cuando estás pasando pruebas? La mayoría de nosotros nos tornamos difíciles y desagradables cuando sufrimos. Estamos muy dispuestos a obligar a los demás a que examinen las cicatrices de nuestra cirugía espiritual o a que contemplen nuestras glándulas espirituales en un frasco con cloroformo. Nos gusta escuchar esas palabras de consuelo, de ánimo, aún si son forzadas.

Esto me recuerda lo que dice Hechos 16. Cuando Pablo y Silas fueron encarcelados en Filipos, después del terremoto y de la conversión del carcelero y de su familia, los apóstoles regresaron a casa de Lidia, en donde los demás creyentes, con temor, hacían oración por ellos. Curiosamente, el capítulo concluye diciendo lo siguiente: "Y habían visto los apóstoles a los hermanos que los consolaba y se fueron". Eso está en Hechos 16:40. La mayoría de nosotros hubiéramos pensado que sería lo contrario.

Con frecuencia oímos decir que necesitamos madurar como creyentes. Con frecuencia oímos decir que necesitamos madurar como creyentes para poder llegar a ver nuestros problemas como oportunidades para más crecimiento espiritual. El creyente verdaderamente maduro va más allá. Él comprende que nuestras pruebas, aflicciones, también afectan a otras personas. Esto no son solo para nuestro crecimiento espiritual, sino para beneficio de otros. La respuesta bíblica a la aflicción produce una realidad y humildad que resulta extremadamente atractiva a aquellos que aman a Dios.

¿Puedes conocer a alguna persona cuya sola presencia puede ser incómoda? Porque todo el mundo sabe que esta persona inmediatamente tratará de hacer que todos le tengan lástima por las muchas pruebas y aflicciones que está sufriendo. Nadie quiere estar alrededor de gente así. Ahora, pregúntate, si estás pasando un tiempo de aflicción, de preocupación, de angustia, ¿qué ven los demás en ti? ¿Eres lo suficientemente honesto contigo mismo para responderte qué es lo que ven?

La dirección de un cristiano siempre debe ser hacia su exterior, nunca hacia su interior. Es por esto que muchos no pueden hallar el propósito de Dios para sus vidas. Solo tienen que averiguar el propósito para cumplir sus propios planes. Luego pueden recostarse, admirar lo bien planificada que está su vida. El saber dónde pertenecen le sirve para reorganizar sus vidas en torno a sus propios objetivos personales. El propósito de Dios siempre va hacia afuera, el darle la gloria a él y ser de bendición a los demás.

Tal vez nunca sepas los motivos tras tu aflicción, tu dolor. Tal vez nunca llegues a saber la respuesta a todas tus preguntas, pero eso no obstaculiza el que Dios le dé una respuesta a tu pregunta. Puedes preguntarte, ¿por qué estoy aquí? ¿Por qué me están pasando estas cosas? Pero también puedes decir, puedes saber que la vida vale la pena vivir. Puedes tener un propósito eterno, y esa debe ser tu mejor respuesta a cualquier pregunta que puedas traer a tu mente en tiempos de aflicción.

Oremos. Querido Señor y Padre Bueno, te damos gracias por la instrucción de esta mañana. Te agradecemos por el corazón de David, que nos muestra una vez más la respuesta bíblica que él tuvo en los momentos de aflicción. Gracias, Señor, por mostrarnos que debemos ser bendición para otros y no enredarnos o hundirnos o retroceder en esos tiempos difíciles. Agradecemos tu amor y sabemos que todo es para bien de quienes te amamos. En el nombre de Jesús, amén.

[Música]