Transcription
[Música] Cuentos infantiles y fábulas de esperanza.
Hola, pequeños aventureros. Hoy tengo un cuento muy especial que nos llevará a un mundo lleno de aventuras, personajes increíbles y momentos emocionantes. Solo necesitamos usar nuestra imaginación, abrir bien los oídos y dejarse llevar por esta historia. ¿Están listos para viajar a un lugar mágico? Pues prepárense porque están a punto de comenzar un viaje que nunca olvidarán.
Nuestro cuento de hoy se titula La semilla dormilona. Era hace una vez, en lo más profundo de la tierra, en un rincón tranquilo del jardín, dormía una pequeña semilla. No era una semilla cualquiera, era la más dormilona de todo el vecindario subterráneo. Se acurrucaba en su cama de tierra suave y mullida, cubierta por hojitas secas y pequeñas piedras que eran como sus almohadas. "Mm, qué cómoda estoy aquí abajo", susurraba cada mañana. "No necesito nada más". A veces los sonidos del mundo la visitaban, el cric cric de los grillos, el zunz de los escarabajos y el eco lejano de la lluvia, pero nada lograba despertarla del todo.
Un día el cielo se puso gris y comenzó a llover. Las gotas golpeaban la tierra con un alegre plf plof plof. "Despierta semillita". La semilla se estiró un poquito, bostezó y murmuró, "Mm, todavía es temprano, déjenme dormir un poquito más." Pero la lluvia no se rindió y entonces le cantó su canción. "Agüita fresca, agüita clara, despierta la vida que el sol te llama." La semilla sonrió porque era su canción favorita, aunque todavía no tenía fuerzas para moverse.
Al escuchar que la semilla no quería salir, los vecinos que vivían bajo tierra se preocuparon. Primero llegó Luli, la lombriz, que era su mejor amiga. "Vamos, pequeñita", dijo, "Mira, el mundo está precioso allí arriba. Si no sales, nadie podrá ver tu flor." La semilla suspiró. "¿Y si me da miedo? ¿Y si no me gusta el mundo de allá afuera?"
Entonces llegó el topo Tomás, sacudiéndose la tierra de la nariz. "¡Hay semilla terca!", gruñó divertido. "Arriba hay un sol brillante, mariposas que vuelan y bichitos que harán fiestas alrededor de tus pétalos." Pero la semilla solo se encogió un poquito más. "Estoy bien aquí abajo. La tierra es calientita y me abraza."
"Sí, pero el jardín necesita colores nuevos", interrumpió Andrea la hormiga que pasaba apurada cargando una hojita. "Sin ti no habrá flores para que mis amigas puedan recoger polen." "Y yo quiero sombra para descansar en verano", agregó Pepe el escarabajo. "Así que necesitamos que salgas."
Entonces, entre las nubes apareció un rayito de sol. El sol, con voz suave y cálida, le habló. "Pequeña semilla, el mundo te espera. Yo te daré calor para que crezcas fuerte." La semilla sintió un cosquilleo agradable que le daba valor. "Pero, ¿y si la tierra se pone dura?", preguntó con voz temblorosa. "No te preocupes", contestó la lluvia desde arriba. "Yo ablandaré la tierra para que puedas salir y yo cantaré para animarte", dijo el viento soplando suavemente.
La semillita ya no se sentía sola. Todos parecían trabajar juntos para ayudarla. Con un gran suspiro, la semilla decidió intentarlo. "Está bien, haré el esfuerzo." Primero estiró sus raíces hacia abajo, buscando agua y alimento. Las raíces se movían como pequeños deditos encontrando espacio entre la tierra. Luego, con toda su fuerza, empujó su brotecito hacia arriba. "¡Vamos! ¡Semilla!", gritaban los amigos subterráneos. "Tú puedes." La tierra era pesada y oscura, pero cada vez que la semilla se cansaba, escuchaba el coro de la lluvia y el sol dándole ánimos.
Por fin, un día, la pequeña punta verde asomó la superficie. "Lo logré", dijo la semilla, ahora convertida en brote. "¡Qué sorpresa!" El cielo era azulísimo, el aire olía a flores y la luz del sol le hacía cosquillas en las hojas. Las mariposas llegaron a saludarla. Las abejas le susurraron, "¡Bienvenida!" Y los pajaritos cantaron una canción de fiesta.
Cada día que pasaba, la plantita crecía más y más hasta convertirse en una flor gigante con pétalos de colores tan brillantes que parecían arcoiris. "Qué bueno que no me quedé dormida para siempre", dijo riendo. En primavera, cuando nuevas semillas comenzaron a despertar bajo tierra, la gran flor se inclinó y les dijo: "No tengan miedo. El camino hacia arriba puede ser difícil, pero allá arriba hay un mundo lleno de sol, amigos y risas." Y así, gracias a su valentía, el jardín se llenó de flores de todos los colores, y los bichitos, las aves y el viento bailaban alrededor, felices de que la semilla dormilona por fin hubiera despertado.
Y ahora, mis queridos amiguitos, nuestro consejo sabio de hoy. A veces da miedo dejar la comodidad de lo que conocemos, pero cuando nos atrevemos a salir descubrimos un mundo de oportunidades, amigos nuevos y colores que nos esperan. Y ahora, mis queridos niños, como siempre les digo, no olviden ser felices. Un mundo más amigable y respetuoso trae armonía, amor y paz. Y por favor, espera nuestro próximo cuento con esperanza. Cuídense mucho y dulces sueños para todos. Y ahora sí, chirrín chirrón, este cuento se acabó.
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