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¿Big Data: cómo almacenar la historia digital de la humanidad? | SLICE Iberia | DOCUMENTAL COMPLETO

SLICE Iberia50:45

Transcription

[Música] En la era del uso universal de la computadora, nuestra información está escrita en código binario. Este código ofrece un número infinito de combinaciones y está basado en combinaciones de dos números, el cero y el uno. Estos son los únicos mensajes que nuestras computadoras saben interpretar. Nuestros sistemas de almacenamiento han cambiado; están interconectados y desmaterializados, y ahora contienen nuestra información personal, médica, científica, técnica y administrativa. ¿Cómo es que lograremos transmitir un patrimonio digital cada vez más grande y complejo?

En los años 80 creímos haber descubierto los secretos de un medio permanente. Ahora mire este disco con atención. Este es el disco del futuro: un disco digital casi indestructible. Nunca entra en contacto con otro objeto, ya que un láser escanea y lee su superficie. Sin microrrayones, un disco indestructible de 12 cm. Comercializado como el medio digital de vanguardia, el CD capturó rápidamente el mercado de almacenamiento de información. El CD era pequeño y supuestamente confiable. Bibliotecas, archivos, individuos: todos adoptaron este nuevo medio. El láser de un lector de CD decodifica la información digital del [Música] disco. Si observamos la superficie de un CD aumentada 4500 veces, el mensaje grabado aparece claramente. Los ceros del código binario aparecen como surcos y agujeros, y los unos se producen con los intervalos entre [Música] ellos.

Pero en 2003, los investigadores del laboratorio nacional de metrología y pruebas en París dieron la voz de alarma. En principio, cuando la idea de analizar los discos surgió en el año 2000, solo estábamos tratando de evaluar la calidad de las grabaciones en CD, ya que era un problema. Tras hacer una revisión un año después de probar la calidad de grabación de un disco, nos sorprendimos de ver que los resultados que obtuvimos no eran los que esperábamos. El disco había cambiado completamente y notamos pérdida de información. Esto fue una gran sorpresa porque el disco debía durar 100 años. Según el fabricante, los investigadores empezaron a observar la fina capa metálica que contiene los surcos y agujeros con la información contenida en el CD. Examinaron los discos de diferentes marcas con un microscopio electrónico. Varios de ellos tenían anomalías similares. Aunque guarde su sede en un gabinete cerrado protegido de la luz y otros daños externos, puede perder información a causa de partículas que se introdujeron cuando el disco fue fabricado. De hecho, aquí podemos ver una partícula oxidada. Esta oxidación puede incluso perforar la capa metálica del CD y destruir su información. Estas partículas indeseadas pueden llegar a destruir la información en tan solo un año. Estamos muy lejos de las promesas de hace unos años, al grado de que la capacidad de los CD para ser medios de almacenamiento a largo plazo es cuestionable.

Para averiguarlo, Jack Perder y su equipo hicieron pruebas en miles de discos a través de un proceso de envejecimiento artificial. Estos CD fueron expuestos a altos niveles de humedad y temperatura. Los resultados hablan por sí mismos. Demuestran que en ciertos casos la tinta de las etiquetas adheridas al CD puede filtrarse por el grosor del disco y dañar la capa metálica que contiene la información digital. A largo plazo, los CD resultan ser un medio inestable y frágil. Estas pruebas determinaron la vida útil esperada de un CD. Es difícil determinar la vida útil promedio de un CD. Por lo que vimos al probar varias colecciones, cerca del 15% de los CD tuvieron una vida útil de entre 1 y 5 años, mientras que el otro 85% pudo durar más de 20 años. Las conclusiones de laboratorio fueron irrefutables. Hoy los CD ya no son considerados como un medio de almacenamiento confiable a largo plazo.

¿Qué hay de los discos duros que la mayoría de nosotros utilizamos para almacenar información? Conforman el núcleo de la memoria de una computadora. Cada día graban inmensas cantidades de información digital, gracias a una técnica ingeniosa y precisa. Un disco duro consiste de un conjunto de platos circulares que giran a alta velocidad. La rotación de estos discos genera una corriente de aire que mantiene la cabeza lectora a una distancia infinitesimal de la superficie. En forma relativa, esto corresponde a un Concorde volando a máxima velocidad a un metro de la superficie de la Tierra. Podemos notar que la más mínima sacudida, la más pequeña partícula de polvo, la cual es grande en relación a la distancia entre la cabeza y el plato, será catastrófica. Una vez que la cabeza toca el plato, el disco duro está muerto porque la cabeza está pegada al plato por una unión molecular. Los discos duros son vulnerables a impactos y no están totalmente seguros contra polvo e impurezas. Por lo tanto, los fabricantes no pueden garantizarlos por más de 5 años.

Las tarjetas flash de nuestras cámaras y las memorias USB son una alternativa más confiable. Las memorias USB, SSD y las tarjetas de memoria flash de las cámaras, por ejemplo, presentan otro problema, ya que tienen un número finito de ciclos de lectura-escritura. El número de ciclos de lectura e escritura puede ser tan grande como 100,000, pero en los sistemas computacionales estos 100,000 ciclos se alcanzan bastante rápido. Por otro lado, si se utiliza una memoria USB, SSD o una tarjeta flash para propósitos de almacenamiento, es decir, si se graba la información y luego se almacena el dispositivo, es completamente posible guardar esa información por 12 años. Una vida útil de 5 años, 10 años, 20 años.

Nunca antes en su historia la humanidad ha almacenado tanta información en un medio tan [Música] frágil. ¿Seremos capaces de almacenar nuestra memoria digital por más de un siglo? Por no decir varios milenios. Esta pregunta ya ha surgido en ciertos sectores que han comenzado a archivar información sensible. [Música] Andra, la Agencia Nacional para la Gestión de Residuos Radioactivos de Francia, almacena miles de barriles llenos de residuos nucleares con cierto grado de radioactividad en sus almacenes y búnkeres de [Música] concreto. Cada barril está marcado con un código de barras que identifica al archivo digital que contiene la información vital para los archivos del sitio. Para contener la peligrosa radioactividad, los barriles deben almacenarse de forma segura durante 300 años. ¿Dónde estará la tecnología digital entre siglos? ¿Existirá todavía un sistema capaz de leer nuestros dispositivos actuales?

En realidad no hay problema con lo digital en sí mismo. El problema es que es como un tornillo infinito que no estamos seguros de poder seguir girando para siempre, porque lo digital cambia seguido de estándares, haciéndose cada vez más compacto. Por ejemplo, los discos flexibles de 5 pulgadas que usábamos hace 20 años, no hay una sola máquina que los lea ahora, así que tienes que migrar tus archivos a un nuevo medio, quizá hasta con nueva tecnología cada 10 años. Y este tornillo infinito es difícil de poder garantizar que dentro de 1000 años habremos sido capaces de seguir girándolo. Así que tendremos que desarrollar soluciones paralelas para asegurar a largo plazo que la información se transmita a donde queremos que esté.

¿Cuál medio fue el elegido para respaldar los métodos digitales y ofrecer un almacenamiento seguro y confiable que resista la prueba del tiempo? La Andra optó por los viejos amigos: papel y tinta. Hoy en día tenemos papel permanente sin químicos blanqueadores añadidos. No se deteriora con el tiempo. La información se imprime utilizando tinta acrílica durable a largo plazo. La paradoja nos da una lección: en el plazo de un siglo, lo digital no se compara con el papel que hemos tenido desde tiempos remotos. Los residuos más radiactivos requieren otra escala de tiempo. La Andra pretende enterrar a gran profundidad los materiales radiactivos que dejarán de ser un riesgo dentro de 500 años y en algunos casos dentro de 5000 años. Durante todo este periodo, necesitamos saber dónde están enterrados y cuáles son sus condiciones de almacenamiento en todo momento.

Una solución surgió al excavar los 100 m de galerías para el laboratorio [Música] subterráneo, para una memoria de muy largo plazo. Pensamos en términos de milenios; una de las ideas que estamos explorando es usar lo que llamamos sitios de depósito, es decir, áreas en donde colocamos el material excavado. Geológicamente hablando, este material no debería encontrarse en los lugares en donde estará. Y estamos pensando en colocar cierto número de inscripciones en medios que estamos estudiando dentro de estos sitios de depósito para explicarle a los arqueólogos y geólogos de un futuro por qué este material geológico está donde no debería estar, indicando así la existencia de un sitio de almacenamiento. La Andra sigue investigando un medio digital que sea lo suficientemente fuerte y estable para ser colocado dentro de los sitios de depósito para indicar la presencia de materiales nucleares subterráneos a las futuras generaciones. Tal vez también puedan mirar a las civilizaciones que nos dejaron mensajes grabados en piedra hace mucho tiempo. Un ejemplo serían los jeroglíficos del antiguo Egipto. Una vez más, el pasado nos guía hacia el futuro.

Ahora tenemos un mineral que es resistente al ácido y al calor y que puede soportar ondas de radio. Puede que no sea indestructible, pero de cualquier forma es más resistente que cualquier obelisco de piedra. Es el cuarzo. En Japón, los ingenieros de los laboratorios Hitachi, en colaboración con la Universidad de Kyoto, han estado trabajando con cuarzo intentando crear el medio de almacenamiento digital más estable de la historia. Pero para esto deben encontrar una forma de vencer la resistencia de este cristal de roca. Comenzamos nuestra investigación en 1966, cuando los investigadores de laboratorio Miura descubrieron un láser que podía modificar la estructura del cuarzo. Después estudiamos la posibilidad de utilizar esta técnica para almacenar información a largo plazo. Ahora grabaré información en esta placa de cuarzo. [Música] La información se graba con un láser de femtosegundo. Este láser emite pulsos de aproximadamente una millésima de segundo. El pulso crea puntos microscópicos perfectos: un punto para el cero y un no punto para el uno en código binario. Se pueden grabar decenas de puntos a la vez. La información queda incrustada entre las capas y de esta manera no se ve afectada por polvo o rayones. Otra ventaja del cuarzo: su transparencia significa que la información puede leerse con cualquier [Música] microscopio. Si queremos conservar información digital por periodos largos, no podemos confiar siempre en un lector para acceder a esa información. Si los lectores de CD, por ejemplo, ya no se fabrican, sería difícil recuperar cualquier información. Con esta técnica podemos acceder a la información utilizando un microscopio óptico tradicional. Podríamos leer la información fácilmente, incluso en un futuro [Música] lejano.

¿Cuál es el límite del tiempo? 100 años, 500 años, 1000 años, 10,000 años. Para probar la fortaleza de este medio se coloca una placa de cuarzo en un horno calentado a 1000 grados. Dos horas después, la placa y la información contenida están intactas. También soporta el choque térmico cuando es colocada dentro de agua a temperatura ambiente. Un baño en ácido no le causa ningún efecto. Determinamos que la duración esperada para la información grabada en placas de cuarzo es extremadamente larga, desde 300 millones a varios miles de millones de años. De esta manera podríamos almacenar información de manera confiable y segura por periodos de tiempo extremadamente largos. Este procedimiento, aún experimental, parece ser bastante prometedor. Uno de los principales obstáculos sigue siendo una capacidad de almacenamiento limitada. Por ahora es tan solo mayor que la de la tecnología Blu-ray. Esto sería suficiente para guardar la información de los sitios de almacenamiento de residuos por bastante tiempo. Aún así, estamos lejos de ser capaces de manejar el diluvio de información producida por algunas herramientas científicas.

El acelerador de partículas CERN es un anillo gigante: 27 km de circunferencia enterrado 100 m bajo tierra en la frontera entre Francia y [Música] Suiza. Dos haces de partículas circulan a altas velocidades dentro del anillo. Los análisis de la colisión de estos haces, capturados por detectores ultrasensibles, han contribuido a develar los misterios de la materia y el origen del universo. Estamos aquí en el detector CMS, donde las partículas del colisionador LHC llegan a ambos lados y colisionan aquí en medio y producen muchas colisiones. Esto se puede comparar más o menos con una cámara digital, pero en la cámara digital el sensor es como de este tamaño, mientras que aquí vemos que este es muy grande, como de 10 m por 10. Otra diferencia es que una cámara normalmente toma 15 fotos por segundo, mientras que aquí tomamos 40 millones de imágenes por segundo. Esto corresponde a producir 10,000 DVDs por segundo. Con esta cantidad la información debe ser seleccionada. Los filtros electrónicos solo admiten información considerada como pertinente. Aún así, la cantidad de información procesada en el centro de cómputo es impresionante. En principio, la información se almacena en miles de discos duros almacenados en estos racks. Así, los científicos pueden acceder a la información que necesitan para sus investigaciones rápidamente. Pero es tanta la información que tomaría varias décadas analizarla en su totalidad, aún si la CERN tuviera una red de computadoras capaces de procesar millones de operaciones por segundo. Descifrar los secretos de la materia y el universo toma su tiempo, demasiado tiempo considerando la fragilidad de los discos duros en estos servidores. Es por ello que los ingenieros informáticos en CERN tuvieron que utilizar otro medio para asegurar el almacenamiento a largo plazo de su valiosa información. [Música]

La información del gran colisionador de hadrones está guardada aquí. Aquí significa en estos cartuchos que contienen cintas. Unidades automáticas como estas las traen cuando un físico necesita volver a examinar o analizar la información. Hay más de 50,000 cintas manejadas por robots y sirven como medio de almacenamiento para toda la información del [Música] LHC. ¿Por qué en cintas? De hecho, he estado aquí por lo menos 15 o 20 años y la misma pregunta siempre surge, ¿no? Vamos a cambiar de sistema. La respuesta es no. Existen varias razones. Primero, los análisis recientes demuestran que las cintas son miles de veces más confiables que los discos. Segundo, las cintas, mientras no sean reutilizadas, no consumen electricidad. Y tercero, si un disco duro se cae, es muy probable que se destruya por completo. Esto no pasa con las cintas. El contenedor de plástico podría dañarse, pero aún seríamos capaces de recuperar la información. Como prueba de su confiabilidad, las primeras computadoras fabricadas en los años 50 usaron cinta y desde su época pionera, la capacidad de almacenamiento de la cinta ha aumentado [Música] constantemente. La capacidad de almacenamiento de las cintas, como la de los discos y la densidad de transistores en un procesador, es limitada. Aún en nuestros días, varios fabricantes han demostrado con pruebas de laboratorio que las cintas pueden llegar a una capacidad de 50 TB por cartucho. Entonces, estamos a un factor de 10 de estos límites teóricos.

La cantidad de información generada por el LHC puede parecer inmensa, pero es solo una gota del océano de información que producimos a escala mundial. En un periodo de 24 horas se envían 145,000 millones de correos electrónicos y se hacen cerca de 4.5 billones de búsquedas en internet. Cada día generamos 2.5 billones de bytes de información. Estos números desorbitantes son tan difíciles de imaginar que el sector de la computación ha tenido que inventar su propia escala basada en el byte. Un byte consiste de 8 bits que representan ceros o unos. Así, un solo carácter de texto corresponde a un byte, una página a 3 KB, 300 páginas a 1 MB, una biblioteca a 1 GB, cinco bibliotecas a un DVD, 6 millones de libros a 1 TB o una torre de 200 DVDs. Una torre de DVDs de 200 m de altura representa un Petabyte. Una torre de DVD de 1 km de altura, un Exabyte, es el equivalente a toda la información producida por la humanidad hasta el 2003. Una torre de DVDs que se extienda desde la Tierra hasta la Luna representa 1.8 ZB o toda la información producida en el año 2011. Una torre de DVDs uniendo al Sol y Marte representa un Yottabyte o el volumen de la información digital de los próximos 5 años.

A simple vista no existe ningún medio capaz de almacenar tanta información. ¿Significa que nuestras sociedades enfrentan un callejón sin salida? Por supuesto que no. Los científicos responsables del almacenamiento de la información han entendido que tenemos que pensar diferente. Ahora están investigando un dispositivo que llevamos en nuestro interior y que ya ha probado su efectividad. Este complejo sistema, cuyas fuentes infinitas aún guardan muchas sorpresas, es el ADN contenido en los cromosomas de todo ser viviente. Nick Goldman y su equipo están explorando este aspecto del ADN en el Instituto Europeo de Bioinformática en el Reino Unido. Hay muchas razones de por qué el ADN es un buen medio: es muy pequeño, es muy económico, dura bastante tiempo, no requiere energía y siempre seremos capaces de leer el ADN. Objetos como los discos flexibles ya no pueden leerse en algunos años. Probablemente los DVD tampoco podrán leerse porque ya no tendremos la tecnología para hacerlo, pero siempre tendremos alguna tecnología para leer el ADN. La tecnología cambia y ahora está cambiando más rápido. Cada par de años surge una nueva máquina para leer ADN, pero como es el contenido de nuestros propios genomas, siempre tendremos una nueva máquina capaz de leer el [Música] ADN.

El equipo de Nick Goldman decidió codificar en el ADN una fotografía de su instituto, un texto sobre genética, algunos sonetos de Shakespeare y un archivo de audio con el famoso discurso “Tengo un sueño” de Martin Luther [Música] King. El reto era traducir de un lenguaje computacional que consiste de ceros y unos a un código genético mucho más complejo que involucra no solo dos, sino cuatro componentes: las cuatro moléculas del ADN representadas por las letras A, C, [Música] G, T. Estos cuatro elementos se juntaron en el fondo de los océanos hace millones de años para crear el vocabulario de la vida. [Música] La famosa doble hélice del ADN es en verdad el primer código que existió en el planeta Tierra. [Música] Pero con el ADN tenemos cuatro letras para utilizar y es como si jugara con Lego y tuviera bloques de cuatro colores. Puedo juntarlos en cualquier orden para crear un mensaje. Y diseñamos un código que utiliza diferentes como colores, pero son letras del ADN y cada pequeño bloque representaría un byte o una pequeña parte de la señal. Y luego podemos juntarlas en cualquier orden para hacer una señal más larga. Y diseñamos un código que puede hacer esto minimizando el número de errores que podrían surgir al leer y escribir el ADN.

Nick Goldman y su equipo comenzaron con los ceros y los unos codificando la fotografía, los textos y el archivo de audio. Después aplicaron su código matemático para cambiar de este lenguaje binario a las cuatro letras ACGT que forman el código del ADN. La fotografía, los textos y el discurso se dividieron en miles de fragmentos de ADN. Después estos fueron reproducidos químicamente. Al final del procedimiento, el mensaje digital original se graba en miles de hilos artificiales de [Música] ADN. Ahora el ADN contiene la información físicamente. Parece vacío, pero hay una pequeña mancha de ADN ahí dentro y la enviamos a los laboratorios en Heidelberg para su lectura. En este punto, los procesos digitales se dan el paso a la [Música] genética. Para probar el procedimiento, los hilos de ADN se enviaron al laboratorio europeo de biología molecular en Alemania para ser decodificados. Ahí los biólogos colocan los hilos de ADN en secuenciadores. Estos instrumentos leerán las combinaciones de las cuatro letras ACGT. Imagine la información que se produce en los grandes institutos de investigación como el CERN o el EMBL; se tiene que encontrar una forma adecuada de almacenarla o al menos archivarla en primera instancia. De otra manera, todos los avances científicos que hagamos en un futuro cercano, ya no podremos acceder a ellos. Nuestra sociedad ya está empezando a perder conocimientos y creo que la investigación sobre el almacenamiento en ADN es uno de los aspectos más prometedores en esta área. Otra ventaja del ADN es que es un material sólido perfectamente apto para ser transportado.

Para almacenar ADN se deben considerar tres parámetros. Lo primero es que debe mantenerse frío y lo segundo seco, ya que esto evita reacciones químicas a su alrededor. El tercero es que debes mantenerlo alejado de la luz. Por esto, no es sorprendente que el suelo seco y congelado de Siberia haya sido perfecto para conservar los fragmentos de ADN de animales que murieron hace miles de años. Hace un año aproximadamente se publicó un estudio sobre los genomas de caballos antiguos y tenían muestras de ADN que tenían 700,000 años de antigüedad y aún así pudieron leer muchas partes del ADN. Así que tenemos este experimento que ya se realizó y que demuestra que el ADN puede durar y mantener información y una señal por más de medio millón de años. El equipo alemán demoró casi dos semanas decodificando todas las secuencias de ADN enviadas por el Instituto de Investigación Inglés. Se leyeron todos los hilos de ADN y todos los mensajes fueron recuperados en su totalidad. [Música] Después de recibir la información leída en la secuencia de parte del laboratorio en Heidelberg, decodificamos esos fragmentos de ADN y volvimos a armar los archivos binarios en base a esa información. Y ahora queremos comparar si es exactamente igual a la información con la que empezamos. Bueno, la fotografía se ve exactamente igual y también verificamos en una computadora si cada bit, cada cero y cada uno estaban correctos y sí lo estaban. [Música] Nick Goldman y sus colegas demostraron que codificar información digital en hilos de ADN es una alternativa totalmente realista que también podría ofrecer grandes capacidades de [Música] almacenamiento. Así que usando el mismo sistema de nuestro experimento, el tamaño de toda la información en el mundo entero es de 2 m cúbicos. Puedes guardarlo en el portaequipajes de un auto grande. Por ahora el proceso está en etapa experimental, ya que es complejo y costoso, pero es concebible. Y dentro de las posibilidades de que en un futuro los sitios de almacenamiento podrían archivar millones de cubos con hilos de memoria en ADN, tal como guardamos y organizamos libros en nuestras bibliotecas actuales. Nuestra memoria podría almacenarse en el lenguaje de la materia viviente. Los problemas de longevidad podrían resolverse, pero otro problema muy considerable permanecería. Con internet la información se ha vuelto inestable. Es como si los libros de nuestras bibliotecas fueran reemplazados cada segundo.

Un sistema de memoria confiable debe ser un factor en esta dinámica. Ninguno de los medios de almacenamiento, CD, cuarzo, cinta e incluso el ADN, pueden grabar una memoria inestable.

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Nuestra información digital, nuestras fotografías, nuestros correos electrónicos, ahora tienen un medio que iguala su proliferación: un tipo de biblioteca siempre cambiante, la nube. El término es ambiguo; sugiere que nuestra información digital se ha vuelto totalmente efímera, pero no es el caso. La nube tiene, de hecho, una ubicación física: los centros de información.

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Un centro de información es una fortaleza por excelencia, un tipo de bóveda que garantiza la seguridad de la información que contiene. Chitbull, del Instituto Francés de Investigación de las Ciencias Computacionales y de Automatización, se ofrece a darnos un recorrido por el Centro de Información más grande de Europa, ubicado al norte de Francia. Algunos de los miles de millones de datos digitales que transitan por internet cada segundo son procesados y almacenados en estas filas. Este es un RAT. Hay cientos de ellos alrededor. Constan de computadoras y discos. Esta es la nube. Toda la memoria de las empresas, de los individuos, tus fotografías, tus correos electrónicos, todo está en racks como estos en algún lugar del planeta, en los centros de información. La nube de los centros de información maneja nuestras vidas digitales diariamente, incluyendo una parte cada vez más grande de nuestras vidas privadas.

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La memoria de la humanidad, la memoria de los individuos, está hasta cierto punto contenida en los centros de información. Esta información es extremadamente valiosa; no podemos perderla. Nadie quiere perder sus fotografías, y la única manera, el método que hemos encontrado para guardar y proteger la información, es en esencia duplicarla. Así, gracias a los centros de información, nuestra memoria siempre será duplicada constantemente de disco duro a disco duro para permanecer. El hecho de que podamos tomar información digital y duplicarla, reproducirla casi infinitamente, significa que existe una pequeña probabilidad de que en algún momento se introducirá un error. Así que la cuestión es: ¿podemos vivir con esa pequeña probabilidad? Pero cuando reproducimos, reproducimos y reproducimos, esta pequeña probabilidad puede incrementar con el tiempo. Hemos insertado códigos de corrección en la representación digital de la información, lo que significa que podemos garantizar que una copia será siempre confiable. Cada mensaje digital grabado en cualquier tipo de medio tiene sus propios códigos de corrección de error, asegurando que la información se copie perfectamente. Con esta protección, un archivo puede ser replicado indefinidamente en este sitio o en otro centro de información lejos del original. Así, cada día, incluso si cientos de discos duros colapsan en un centro de información, no tiene efecto en los datos porque han sido duplicados.

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Mientras nuestras memorias digitales se vuelven móviles, transitorias, su volumen continúa aumentando y los centros de información proliferan. Estamos generando una cantidad de información y conocimientos que sigue creciendo. Y obviamente, la pregunta que surge es si esta información, este conocimiento, estará disponible dentro de 50 o 100 años. ¿Será posible que un investigador o un profesor de universidad estudie internet de principios del siglo XXI, dentro de 100 años? ¿Qué información estará disponible? ¿Todavía tendremos internet? ¿Tendremos un registro de todo? Con internet creciendo constantemente en los centros de información, ahora la información fluye. La red está cambiando todo el tiempo. Cada segundo aparecen nuevas páginas y otras desaparecen. ¿Cuál método podremos usar para que las futuras generaciones puedan consultar esta memoria que se ha vuelto transitoria y efímera?

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Tras asegurar la conservación de los archivos de la televisión y radio francesas, Elina, Instituto Nacional Audiovisual de Francia, tiene ahora la delicada misión de archivar el tráfico de internet de todos los sitios web franceses de este sector.

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Los ingenieros en computación del departamento de archivos de internet están catalogando estos sitios y almacenándolos página por página.

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Cada página web consta de muchos elementos que producen su visualización, incluyendo textos, imágenes, códigos y elementos visuales. Por ejemplo, esta página contiene casi 200 objetos. Todos ellos pueden modificarse con el tiempo, expandirse, destruirse. Nuestra misión es visitar cada página tan seguido como sea posible, porque si solo capturamos un momento de cada página, no podríamos darnos una idea correcta de su dinámica, su evolución, cómo se actualiza, cómo se le añade información con el tiempo. Si usara la metáfora de una película, tratamos de capturar no 24 imágenes por segundo, sino 20 imágenes por día para grabar, para capturar una versión general de los sitios web.

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En cualquier momento alguien puede añadir un comentario, alguien más puede adjuntar una imagen, otro puede agregar un enlace y así sucesivamente, en un ambiente que siempre está evolucionando.

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Almacenar internet es una tarea colosal.

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El personal de computación de Lina utiliza Robots Web. 25 veces al día recolectan las imágenes, textos y archivos de audio de cada página en cada uno de los 10,000 sitios web a los que siguen. Así, el flujo de internet se captura por medio de fotos instantáneas. En 5 años, los ingenieros de LINA han reunido 25,000 millones de archivos, incluyendo 7,000 millones de páginas web. Esta memoria fragmentada y almacenada en cintas estará disponible para los historiadores e investigadores que algún día den un vistazo atrás para ver el mundo como es hoy. Su trabajo será aún más complejo, ya que internet ciertamente seguirá expandiéndose todo el tiempo. Aquí cada sitio está representado por un punto. Esta representación de internet demuestra una complejidad que parece similar a lo que conocemos del universo. El total de sitios web existentes alcanzó los 1000 millones en 2014.

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Dentro de 1000 años, un historiador que esté estudiando los principios del siglo XX tendrá disponible una cantidad inconcebible de información. Así que será mucho más difícil clasificar esa información y darle sentido debido a la gran cantidad de datos. ¿Corremos el riesgo de desaparecer dada esta inmensidad?

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El tráfico de internet genera una información masiva que puede sobrepasar nuestra memoria digital si no contamos con herramientas computacionales eficientes para manejarla. Algunos investigadores en Venecia, equipados con un poderoso software de análisis de datos, han lanzado un proyecto casi como de arqueología con los archivos en papel más grandes del mundo. Su enfoque es un posible ejemplo de cómo trabajarán los historiadores del futuro, según la inmensa cantidad de información que generamos en la actualidad. Su campo de investigación no es internet, sino los archivos del estado de Venecia: millones de documentos con la historia de esta ciudad desde hace 10 siglos, almacenados en 80 km de repisas. Incluyen actas de nacimiento y de función, registros de negocios, documentos notariados, entre otros, tanto invaluables como mundanos. Con estos archivos será posible reconstruir casi a día la vida de la ciudad y sus habitantes para formar una especie de Google adelantado a su época. Pero, ¿cómo consultar una cantidad tan grande de información? El proyecto Máquina del Tiempo de Venecia, fundado por la ciudad de Venecia y la Escuela Politécnica Federal de Lozan, la EPLF, trata de responder esta pregunta. El objetivo del proyecto Máquina del tiempo de Venecia es crear nuevas herramientas para navegar por 1000 años de historia de Venecia y Europa, basándose en la digitalización de los archivos venecianos. La idea esencial es transformar las decenas de kilómetros de documentos que tenemos en un sistema de información abierto que será accesible a través de una nueva interfaz de navegación.

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Al desasociar el documento de su medio, la digitalización elimina la necesidad de manejar papel pesado y estorboso. En cierto modo, la información está suspendida en un espacio digital; luego puede ser accesible en un número infinito de formas. Una palabra o un nombre propio pueden encontrarse casi al instante entre miles de documentos dispersos. Los índices digitales de documentos nos permiten hacer interconexiones que serían muy difíciles o imposibles de hacer antes. Puedes encontrar documentos que tratan sobre una persona en particular, incluso de diferentes series de documentos, testamentos, contratos de instrucción o documentos oficiales. Puedes hacer lo mismo con lugares, en otras palabras, encontrar documentos que se refieren a un lugar y tiempo en específico, ofreciendo así una nueva forma de acceder a la información, que sería totalmente imposible si estuvieras trabajando con un catálogo tradicional y con registros normales en papel. ¿Acaso los administradores venecianos del año 1000 imaginaron que algún día llegarían a límites físicos?

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Aunque los registros en papel son eficientes, representan un proceso laborioso. 10 siglos después, ahora contamos con algoritmos y software capaces de crear conexiones entre información diversa para darle sentido. Y así otra historia de la República de Venecia, una más sutil, mejor matizada y más precisa, surge de la enorme masa de papeles separados. Cada uno de los documentos que transcribimos es analizado para buscar nombres de personas y lugares. Aquí tenemos una persona llamada Batista Nani que está relacionada con muchas otras personas que hemos identificado con un algoritmo de reconocimiento y poco a poco forma un gráfico inicial que está ligado a este documento en particular. El mismo procedimiento se repite con otros documentos, declaraciones de impuestos, por ejemplo. Aquí Batista Nani se relaciona con otras personas. Cuando hemos extraído todos los datos, podemos reunir toda la información disponible sobre una persona en particular. De esta forma podemos crear este gran gráfico que forma un tipo de Facebook del pasado y continuará creciendo mientras digitalizamos y analizamos todos los archivos. Batista Nani, cuyo nombre y vida habían sido enterrados en un mar de papel, ha revivido. Ahora los venecianos del pasado ya no están sumergidos en una multitud anónima, sino que se vuelven individuos intercambiando los destinos que han formado la historia.

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Una de las grandes fortalezas de los archivos venecianos es que hay muchísima información sobre la microhistoria; en otras palabras, la historia de todos los venecianos y no solo los personajes principales. Esto forma el denso tejido de la historia con H mayúscula, la historia que estudiamos. Y en verdad espero que en el futuro los historiadores que estudian nuestra era, quizá en 100 o 200 años, tengan a su disposición la cantidad de información suficiente para reconstruir nuestra era contemporánea con la misma densidad. No se trata de la fragilidad o la solidez de los discos duros del futuro; la información se conservará. Lo que importa es nuestra capacidad de establecer procedimientos para codificar, recodificar, transmitir y perpetuar la información que habremos creado durante todos esos años. En nuestros tiempos estamos reuniendo el mismo tipo de información individual y colectiva que fue recolectada durante siglos por los venecianos, junto con la información producida por los principales laboratorios de investigación, la de las administraciones, más Facebook, Twitter y otras redes sociales. Si no tenemos los instrumentos capaces de navegar por esta masa de información, será difícil consultarla tal y como los archivos de papel previos al desarrollo de la máquina del tiempo de Venecia. Estas nuevas herramientas de navegación ya existen. En los Estados Unidos, IDM ha desarrollado una interfaz ultrapotente llamada Watson. Con sus algoritmos, esta supercomputadora puede analizar y extraer 200 millones de páginas en 3 segundos. En un futuro cercano, quizá tengamos una interfaz en nuestras propias computadoras o teléfonos portátiles con suficiente capacidad para funcionar como un dispositivo de memoria adicional. En el presente, nuestra memoria es una masa interconectada que puede ser consultada constantemente y que, a pesar de la fragilidad de los medios actuales, mantendrá disponible la información. Por mucho tiempo hemos tenido miedo de caer en el olvido; es el miedo a la muerte, la idea de que vamos a desaparecer. La memoria es una manera de aferrarnos al tiempo y de cierta forma esquivar la muerte. Porque ahora la cuestión de retener los pensamientos, retener los recuerdos que tenemos de una persona, de un país o de una historia, es ahora un miedo innecesario, porque podemos conservar todo con la memoria digital. Pero ahora guardar todo genera preguntas totalmente nuevas para la historia de la humanidad.

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