Transcription
El Señor esté con ustedes. Y con tu espíritu.
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas. Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos, "Ganaos, amigos, con el dinero injusto, para que cuando os falte os reciban en las moradas eternas. El que es de fiar en lo menudo, también en lo importante es de fiar. El que no es honrado en lo menudo, tampoco en lo importante es honrado. Si no fuiste de fiar en el injusto dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras? Si no fuiste de fiar en lo ajeno, lo vuestro, ¿quién os lo dará? Ningún siervo puede servir a dos amos, porque o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso el segundo. No podéis servir a Dios y al dinero."
Oyeron esto los fariseos, amigos del dinero, y se burlaban de él. Jesús les dijo, "Vosotros presumís de observantes delante de la gente, pero Dios os conoce por dentro. La arrogancia con los hombres Dios la detesta."
Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
Hay un cuento que está conectado con las palabras que Jesús nos ha dicho hoy en el evangelio. Dice este cuento que un día un gigante llegó a su casa y se encontró con que un enanito estaba durmiendo en su cama. El gigante cogió al enanito y lo tiró por la ventana. Al día siguiente llegó el gigante a su casa y dos enanitos estaban durmiendo en su cama. Con una mano cogió a los dos enanitos y los tiró a la ventana. Al tercer día, el gigante llegó a su casa y se encontró con que tres enanitos estaban durmiendo en su cama. Cogió a los tres enanitos, dos con una mano, al tercero con la segunda mano y los tiró a los tres por la ventana. El cuarto día el gigante llegó a su casa y se encontró con que cuatro enanitos estaban durmiendo en su cama. Con una mano cogió a dos, con la otra a los otros dos y tiró a los cuatro por la ventana. Al siguiente día, el gigante llegó a su casa y se encontró con que cinco enanitos estaban durmiendo en su cama. Los cinco enanitos cogieron al gigante y lo tiraron por la ventana.
¿Cuál es la enseñanza? Que no podemos descuidar las cosas pequeñas. Cinco enanitos ya tumban a un gigante. Y hoy Jesús nos ha dicho, "Quien es fiel en lo poco será fiel en lo mucho. Y si no eres honrado en lo poco, no serás honrado en lo mucho." En otras palabras, no debemos descuidar las cosas pequeñas, porque ahí nos estamos jugando la santidad, hermanos. La santidad, como ustedes muy bien lo saben, no está en lo extraordinario, está en lo ordinario, en lo de cada día, en las cosas pequeñas de cada día, nos estamos, repito, jugando la santidad. Y si descuidamos esas cosas pequeñas, nos estamos alejando de la santidad. Lo nuestro es lo ordinario, levantarnos temprano, tender la cama, ser ordenados, ser amables con todas las personas con las que nos encontramos a lo largo del día, hacer un buen ambiente donde estamos, hacer bien nuestros deberes de cada día. Ahí está la santidad, hermanos. Y así como el desierto está formado por un millón de granos de arena y el océano está formado por millones y millones de gotitas de agua y un edificio está formado por millones de ladrillos. La santidad está tejida con millones de cosas pequeñas que tenemos que hacer en nuestra vida.
Hoy es sábado. Hoy contemplamos a la Virgen María. La Virgen María y lean los evangelios, por favor, nunca aparece haciendo cosas grandes. ¿O me equivoco? En algún momento los evangelios nos dicen que la Virgen hace cosas grandes. Nunca. Y es la criatura más santa, más pura, más limpia que ha existido en la tierra. Alguno dirá, "Padre, ¿y las voz de Caná? María, ¿acaso está haciendo algo extraordinario? María está en lo pequeño, está atenta a lo que está ocurriendo en esa boda, está sirviendo en la cocina, por eso se da cuenta que no hay vino. Toda la vida de la Virgen María consistió en hacer lo de cada día con mucho amor a Dios y al prójimo.
Queridos hermanos, ahí nos estamos jugando la santidad. Si tú crees que la santidad está en lo extraordinario, andas muy equivocado. Y por eso, repito, es muy importante hacer bien nuestros deberes. Si eres, por ejemplo, madre de familia, preocúpate de tus hijos, de la educación de tus hijos. Ahí te está jugando tu santidad. Si eres padre de familia, preocúpate de tu esposa, de tus hijos. Yo sacerdote tengo que cuidar todos los detalles que tienen que ver con mi ministerio, que son cosas pequeñas.
Pidámosle hoy a María Santísima, nuestra madre, que nos ayude a tomar conciencia que la santidad se encuentra en esas pequeñas cosas de cada día. Que la Virgen nos ayude a todos a cuidar todos los detalles que tienen que ver con nuestros deberes de cada día. Que así sea. Amén.
Queridos hermanos, me he fijado en unas palabras de Jesús muy importantes para nuestra santidad. Quien es fiel en lo poco será fiel en lo mucho. Y quien es deshonesto en lo poco, será deshonesto en lo mucho. Nuestro Señor Jesucristo, 30 años se los pasó en lo ordinario y ahí nos estaba redimiendo, trabajando como carpintero nos estaba redimiendo en lo ordinario. Luego ya viene el Ministerio Público, los milagros, la predicación. La Virgen María toda su vida fue estar en lo de cada día. No conocemos nada extraordinario que hizo la Virgen María y es la criatura más santa que ha existido en la tierra. La Virgen nos enseña que la santidad está en lo pequeño, en las cosas de cada día. Hay que levantarnos temprano, tender la cama, ser ordenados. A todos nos puede costar el orden, la amabilidad. hacer buen ambiente ahí donde estamos, hacer bien nuestros deberes de cada día, tener también nuestros minutos de oración, ser fieles en la oración de cada día. Hermanos, la santidad, y esto hay que repetirlo un millón de veces, no está en lo extraordinario, no está en lo raro, está en lo ordinario. Cuidemos las cosas pequeñas de cada día. Hagamos lo de cada día con mucho amor a Dios y al prójimo. Y hemos entrado en el camino de la santidad. Que la Virgen nos ayude a ser fieles en lo poco y así seremos fieles en lo mucho.
Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en un principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío. Dulce Corazón de María, se la salvación del alma mía. San José, ruega por nosotros.
El Señor esté con ustedes. Y con tu espíritu.
La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre. Amén.
Pueden ir en paz. Demos gracias a Dios.