Transcription
El Señor esté con ustedes.
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo.
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[Aplausos]
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En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: No creáis que he venido a abolir la ley y los profetas; no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley. El que resalte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe a los hombres, será el menos importante en el reino de los cielos; pero que los cumpla y enseñe, será grande en el reino de los cielos. Os lo aseguro: si vuestra justicia no es mejor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
Habéis oído que se dijo a los antiguos: "No matarás"; y el que mate será procesado. Pero yo os digo: todo el que esté peleado con su hermano, será procesado; y si uno llama a su hermano "imbécil", tendrá que comparecer ante el sanedrín; y si lo llama "renegado", merece la condena del fuego. Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano; y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Con el que te pone pleito, procura arreglarte enseguida, mientras vas todavía de camino; no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último cuarto.
Habéis oído el mandamiento: "No cometerás adulterio". Pues yo os digo: el que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero con ella en su interior. Si tu ojo derecho te hace caer, sácatelo y tíralo; más te vale perder un miembro que ser echado entero del infierno. Si tu mano derecha te hace caer, córtatela y tírala; porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero al infierno.
Está mandado: "El que se divorcie de su mujer, que le dé acta de repudio". Pues yo os digo: el que se divorcie de su mujer, excepto en caso de impureza, la induce al adulterio; y el que se case con la divorciada, comete adulterio.
Habéis oído que se dijo a los antiguos: "No jurarás en falso y cumplirás tu voto al Señor". Pues yo os digo: que no juréis en absoluto, ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo pelo. A vosotros os basta decir sí o no; lo que pasa de ahí, viene del maligno.
Palabra del Señor.
Señor Jesús.
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Pueden tomar asiento, hermanos.
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Se cuenta que en un pueblito de la Sierra del Perú, todos los domingos entraba a la iglesia un borrachito y siempre interrumpía al padrecito cuando estaba predicando. Y un domingo, el sacerdote, en su prédica, con voz firme, levantando la voz, dijo: "Hermanos, aquí se han perdido las buenas costumbres". Y el borrachito se levantó y dijo: "Padrecito, si es así, ahorita cierro la puerta, nadie sale hasta que aparezcan esas cosas".
Queridos hermanos, es verdad, se han perdido las buenas costumbres. ¿Y saben por qué? Porque no se respeta la ley de Dios. Hoy quiero hablarles del decálogo. Hemos escuchado en el evangelio como Jesús nos ha dicho: "Quien cumpla toda la ley, será grande en el reino de los cielos". Y la ley es el decálogo, son los diez mandamientos.
Hoy San Pablo nos ha hablado del cielo. San Pablo nos ha dicho que ni el ojo ha visto, ni el oído ha escuchado, ni la mente se ha imaginado lo que Dios tiene preparado para los que le aman. Hermanos, ¿qué es lo que Dios nos tiene preparado? El cielo. Y para ir al cielo, hay una escalera con diez peldaños: los diez mandamientos.
Yo quisiera remarcar tres palabras para entender el sentido de los mandamientos. Estas tres palabras son: amor, gracia y profundidad. ¿Cuál es la primera palabra que les he dicho? Amor. Dios, porque nos ama, nos ha enseñado la ley, el decálogo. Está en la Biblia. ¿Alguien puede decirme en qué libro de la Biblia está el decálogo? Se gana una bendición potente para dormir toda la semana. El Éxodo y el Deuteronomio. Dios, porque nos ama, nos ha enseñado cómo tenemos que vivir.
Y los diez mandamientos se resumen en el amor. Los tres primeros mandamientos me hablan del amor a Dios, y del cuarto al décimo me hablan del amor al prójimo. Los diez mandamientos se resumen en el amor a Dios y el amor al prójimo. Queridos hermanos, Dios nos quiere felices. ¿Qué hemos cantado hoy en el salmo? "Dichoso el que camina en la voluntad del Señor". Es decir, feliz el que vive los mandamientos, porque es voluntad de Dios que vivamos en su santa ley, que no la pisoteemos. ¿Qué es lo que pasa hoy, queridos hermanos? Vivir los mandamientos es una cuestión de amor. Si nosotros no vivimos los mandamientos, no amaremos de verdad.
¿Cuál es la segunda palabra que les he dicho? Gracia. ¿Por qué gracia? Primero, porque Dios nos ha donado los mandamientos. Es una gracia, un don de Dios. Pero además, he señalado la palabra gracia porque para vivir los diez mandamientos necesitamos de la ayuda de Dios, la gracia divina. Yo les pregunto: ¿una persona con sus propias fuerzas, sin contar con Dios, puede vivir los diez mandamientos? ¿Sí o no? No. Imposible. Necesitamos que Dios nos ayude, necesitamos la gracia de Dios.
Hoy, en la primera lectura, se nos dice que ante nosotros está el fuego y el agua, ante nosotros está la muerte y la vida. Tú tienes que elegir, hermanos. Hay que elegir entre la muerte o la vida. Para que tú elijas correctamente, necesitas que Dios te ayude, porque eres débil. La Iglesia ha condenado una herejía que se llama pelagianismo. ¿En qué consiste? El pelagianismo viene de Pelagio, era un monje que vivió entre los siglos cuarto y quinto. Pelagio decía que una persona, con su propia fuerza, puede llegar a la santidad. ¿Eso está bien o está mal? Está mal. San Agustín combatió a Pelagio y San Agustín decía: "Necesitas de la gracia". Hay una frase muy bonita de San Agustín: "Pide a Dios lo que no puedes, para que puedas". Yo solito no puedo vivir todo el decálogo, necesito de la gracia. Por eso, hermanos, necesitamos rezar, necesitamos confesarnos, necesitamos de la Misa, necesitamos meditar la palabra de Dios, etcétera, etcétera.
Y vamos a la tercera palabra. ¿Cuál es? Profundidad. Hermanos, hay que examinarnos con profundidad en cada mandamiento, porque muchas veces pasamos por agua tibia los mandamientos. "Padrecito, yo no me confieso porque yo no robo ni mato". ¿Qué estás esperando? ¿Robar un banco, matar a tu suegra, para confesarte? Hoy Jesús en el evangelio nos pide examinarnos con profundidad. Jesús es muy exigente. Hoy Jesús nos habla de varios mandamientos. Por ejemplo, hoy Jesús nos habla del quinto mandamiento: "¿Cuál es el quinto mandamiento? No matarás". Y Jesús dice: "Ustedes han escuchado: no matarás. Pero yo te digo: si llamas 'imbécil' a tu hermano, ya lo has matado". Queridos hermanos, no solamente se mata con un arma, con una pistola. Se mata con la palabra, se mata con el insulto, se mata con comentarios racistas, se mata con el bullying. Qué pena cuando yo escucho: "Padrecito, por si acaso, yo no me hablo con esa persona, le he puesto la cruz". Pues estás matando a esa persona.
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Estás yendo contra el quinto mandamiento. Hoy Jesús también nos habla del sexto y noveno mandamiento. ¿Cuál es el sexto mandamiento? No cometer actos impuros. Y el noveno mandamiento: No consentir pensamientos ni deseos impuros. Jesús nos dice que no solamente pecamos con actos impuros, también cuando deseamos, por ejemplo, a una mujer casada. También se peca con el corazón. Por eso, cuidemos el corazón. Jesús es muy exigente y nos pide examinarnos con profundidad.
Hoy Jesús también nos habla del segundo mandamiento: No tomar el nombre en vano. Y del octavo mandamiento. ¿Cuál es el octavo mandamiento? "No dirás mentiras". Dice Jesús: "Que vuestro sí sea sí, y vuestro no, no". Hermanos, no hay mentiras piadosas. Piadosas son las monjitas que están en los conventos. Que vuestro sí sea sí, y vuestro no, no. ¿Y cuántas veces los papás enseñan a sus hijos a mentir? "Mamá, te busca una señora, dile que no estoy". Y la niña va a esa persona y le dice: "Dice mi mamá que no estoy".
Vamos a poner dos ejemplos más para terminar. La mía. ¿Cuál es el primer mandamiento? Amar a Dios sobre todas las cosas. Hay que examinarse con profundidad. Si amas a Dios sobre todas las cosas, ¿por qué no rezas todos los días?
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Porque yo tengo que hablar con la persona amada. Tengo que hablar todos los días con el Padre, con el Hijo y con el Espíritu Santo. Si amas a Dios, ¿por qué no le das gracias a Dios todos los días? Si amas a Dios, ¿por qué el horóscopo? Porque, queridos hermanos, amar a Dios significa que para mí Dios es lo máximo, significa que confío en Dios. Si amas a Dios, ¿por qué amas al brujo? ¿Por qué vas para que te vea las cartas? ¿Por qué aceptas ideologías? Queridos hermanos, hay que examinarse con profundidad.
Vamos al séptimo mandamiento. ¿Cuál es? Piensen en los políticos. No robarás. Estoy seguro que ninguno de ustedes ha atracado un banco. Pero vamos a examinarnos: ¿devuelves lo prestado? ¿Pregúntate: cuidas las cosas de tu casa? Porque si ese dinero es para tu hogar y termina en el casino o en la cantina, está robando.
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Queridos hermanos, hoy Jesús nos ha dicho: "El que cumpla toda la ley, será grande en el reino de los cielos". Y cumplir toda la ley significa cumplir los diez mandamientos y con profundidad. Vamos a pedirle hoy a María Santísima, nuestra Madre, que nos ayude para que vivamos siempre en la santa ley de Dios. Todos los males del mundo vienen porque se pisotea la santa ley de Dios. Que la Virgen nos ayude a no salirnos del camino. El camino es Cristo, pero seguimos en ese camino si vivimos en la santa ley de Dios. Que así sea. Amén.
Queridos hermanos, hoy les he hablado del decálogo. Jesús dice que no ha venido a cambiar la ley, sino a llevarla a su plenitud. Y nuestro Señor Jesucristo indica: "El que cumpla toda la ley, será grande en el reino de los cielos". Para ir al cielo, no hay que hacer cosas raras. Vive los diez mandamientos. Y les he dado tres palabras: uno, amor. Todo se resume en el amor. ¿Quieres amar de verdad? Vive los mandamientos. Dos, gracia. Necesitas de la gracia de Dios para vivir el decálogo. Solito no puedes, es imposible. Por eso necesitamos rezar, necesitamos acudir a los sacramentos, necesitamos de la Virgen María. Y número tres, profundidad. Examínate con profundidad. "Padrecito, no robo ni mato". ¿Devuelves lo prestado? ¿Cuidas las cosas de tu casa? ¿Insultas a las personas? Eso es matar, hermanos. El insulto, el bullying, el maltrato psicológico, físico, etcétera.
Vamos a pedirle a la Virgen, nuestra Madre, que nos ayude a todos a vivir siempre en la santa ley de Dios.
Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Jesús, en ti confío. Jesús, en ti confío. Jesús, de María José y la salvación del alma mía. San José, ruega por nosotros. Santa Faustina, ruega por nosotros.