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Oye memoria este pez. Vamos a hablar de una de las religiones más importantes del planeta, una religión que se extendió por el mundo en un abrir y cerrar de ojos y que aún a día de hoy sigue influyendo en la historia del ser humano. Hoy en Memorias de pez vamos a contar la historia del islam, así como las diferencias entre sus principales ramas.
El islam es una religión monoteísta que tuvo su origen en el siglo VII y que se originó en la Península Arábiga de la mano del profeta Mahoma. A los que profesan el islam se les conoce como musulmanes, que básicamente significa sometidos a la voluntad de Alá. Al igual que el cristianismo y el judaísmo, el islam también es una religión abrahámica, es decir, comparten la creencia de que todos los profetas descienden del primero, Abraham. De hecho, el islam considera a Jesucristo un profeta más y a Mahoma como el más importante de ellos.
Comencemos por el origen y la expansión del islam. Mahoma, que se dice que nació en la Meca, se dedicó a predicar sus creencias y recogió los preceptos esenciales de la religión en el libro sagrado, el Corán. Con 25 años, Mahoma se casó con una viuda rica llamada Jaricha y tuvieron una hija, Fátima. La vida del profeta estuvo cargada de vaivenes y viajes, llegando a ser perseguido por ser considerado como una amenaza por las autoridades en varias ocasiones y teniendo que huir finalmente con sus 40 añazos en el 622 en un viaje épico que se conoció como la Hégira y que da fecha al inicio del calendario islámico.
De esta forma, Mahoma llegó a la ciudad de Medina y tomó contacto con la comunidad judía, la cual rechazó firmemente sus creencias y sus interpretaciones de las sagradas escrituras. De este choque de ideas nació una nueva fe y, en vez de rezar hacia Jerusalén, Mahoma comenzó a rezar hacia la Meca. El profeta poco a poco se rodeó de nuevos seguidores y en Medina se dedicó a fortalecer su posición mediante una serie de alianzas con las distintas tribus que habitaban allí. La ciudad de Medina aceptó las creencias del profeta y, junto con Mahoma y sus seguidores, formaron la Umma, o lo que es lo mismo, la comunidad musulmana. Mahoma se había convertido en un abrir y cerrar de ojos en un auténtico caudillo religioso, político y militar.
Dados los acontecimientos, se inició un conflicto entre la Meca, donde estaban los detractores de Mahoma, y la ciudad de Medina. Los enfrentamientos entre Medina y la Meca terminaron con la conquista de esta última por los musulmanes en el año 630.
Tras una serie de casamientos, el testigo de Mahoma lo tomarán cuatro hombres: Abu Bakr, Umar, Ali y Uthman (y ahorro los apellidos para no liaros), convirtiéndose los cuatro hombres en los primeros Califas que gobernaron el conocido Califato Ortodoxo y que estaban vinculados a Mahoma por líneas familiares. Los musulmanes consideran estos como los "Rashidun", qué significa bien guiados. La importancia del Califato Ortodoxo fue enorme, ya que además de consolidar el islam y recopilar las escrituras más importantes de Mahoma, los primeros Califas impulsaron la expansión del califato hacia Palestina, Siria, Armenia, la Mesopotamia asiática, Persia y el norte de África.
El Califato Ortodoxo acabó en el 661, cuando Muawiya, de la familia de los Omeyas (la misma familia que la del califa Uthman), destronó a Ali y creó el califato en Siria con capital en Damasco. Bajo su gobierno, los musulmanes se extendieron hasta la India y la Península Ibérica. En su punto de mayor extensión, el califato Omeya abarcó 15 millones de kilómetros cuadrados, lo que lo convierte en uno de los mayores imperios de la historia en términos de superficie. Este éxito fue claramente favorecido por la debilidad de los imperios bizantino y sasánida.
La toma del poder por los Omeyas marcó un punto de inflexión en la historia del islam, ya que surgieron las dos principales ramas del islam: los suníes y los chiítas. Los suníes aceptaban a Muawiya y creían que el califato no se transmitía por líneas sanguíneas, mientras que los chiítas consideraron usurpadores a la familia Omeya y, en cambio, reconocieron a los descendientes de Ali como los sucesores legítimos.
Asimismo, también se creó la tercera rama del islam, el jarichismo, quienes actualmente habitan en la región de Omán. Desertaron en el año 657 y abandonaron el bando de Ali.
Finalmente, la dinastía Omeya, gobernante en la mayor parte del mundo islámico, fue derrocada por una rebelión liderada por los Abasíes en el año 750. Estos Abasíes eran descendientes del tío más joven de Mahoma, Abu al-Abbas, y por ello mismo reclamaban su legitimidad. Como veis, la familia de Mahoma se la lleva la estrella.
Tras la conquista, se estableció la capital en Bagdad y se propició el predominio de los persas en el Imperio. Así, la ciudad se convirtió en uno de los principales centros de la civilización mundial durante el califato de Harún al-Rashid, el califa de Las mil y una noches.
Por otro lado, los supervivientes Omeyas establecieron en Al-Ándalus, en la Península Ibérica. Allí, en el año 929, Abd al-Rahman III estableció el Califato Independiente de Córdoba, la cual se convirtió en un centro mundial de la ciencia, la medicina, la filosofía e incluso la invención durante la Edad de Oro Islámica. En esta época, la España musulmana conoció su periodo de esplendor y Córdoba rivalizó con Bagdad por sus artesanos, sus sabios y sus artistas. A partir del año 1031, el Califato de Córdoba se fragmentó en los reinos de taifas, en los que continuó floreciendo la cultura, pero en los que la cosa estaba muy tensa. Además, en esta época llegaron a la Península los Almorávides y los Almohades, procedentes de África, para luchar contra la expansión de los reinos cristianos, unos tíos que si los veías te daban ganas de cambiarte de acera. En un próximo vídeo os hablaremos de ellos y de la Reconquista.
Si volvemos a Oriente Próximo, a partir del siglo IX, la dinastía Abasí entró en decadencia y el Imperio Musulmán comenzó a fraccionarse. La crisis política y económica a partir del siglo X afectó a la religión. La sociedad musulmana se volvió más intolerante en temas religiosos y se persiguió a judíos y cristianos. Esta situación de debilidad fue aprovechada por otros pueblos asiáticos para invadir la región. Primero, los turcos selyúcidas tomaron Bagdad en el 1055 y se hicieron así con Irak e Irán. Estos, posteriormente, en el 1071, vencen a los bizantinos en la Batalla de Manzikert y conquistan la Península de Anatolia. Finalmente, en el 1076, los turcos selyúcidas toman Jerusalén e inician la persecución contra los cristianos, lo que desencadenará la Primera Cruzada. Posteriormente, en el siglo XIII, los mongoles también tomaron Bagdad y destituyeron al último califa en 1258.
Por último, en el siglo XIV, los otomanos formaron un imperio, el Imperio Otomano, que se extendió desde la península de Anatolia hacia el oeste, llegando hasta la Península Balcánica, y hacia el sur, llegando a Oriente Próximo, Egipto y Arabia, siendo la civilización islámica más importante desde el siglo XIV hasta principios del siglo XX.
Tras su expansión inicial, rastrear la historia del islam por los distintos territorios del planeta Tierra y contároslo en un solo vídeo es completamente imposible. Es una religión que a día de hoy sigue creciendo y, en muchos casos, muy lejos del lugar en el que empezó. Sin embargo, no nos gustaría acabar sin aclarar un par de cosas acerca del islam: cuáles son sus distintas ramas, qué conflictos tienen y por qué es importante esto a nivel geopolítico. Pues venga, vamos con ello.
Como ya sabréis, las dos ramas principales del islam son los suníes y los chiítas. Como hemos mencionado, el conflicto surgió en torno a quién era el legítimo sucesor del profeta. Los chiítas pensaban que el indicado para tomar el control del califato era Ali, el primo yerno del profeta. Por otra parte, los suníes pensaban que el sucesor debía ser elegido por los miembros de la comunidad, según se explican en la Sunna, un libro sagrado que contiene las palabras de Mahoma y sus seguidores. A pesar de que estas diferencias surgen en el siglo VII, a día de hoy aún se mantienen.
En la actualidad, los suníes son mayoría entre los musulmanes, llegando al 90% de estos, y se ven a ellos mismos como la rama más tradicional y ortodoxa del islam. Así, los suníes veneran a todos los profetas mencionados en el Corán, pero particularmente a Mahoma, a quien consideran el profeta definitivo. Por lo demás, en contraste con los chiítas, los maestros y líderes religiosos suníes han sido históricamente controlados por el estado. El imán, desde su punto de vista, es una figura religiosa sin más y, por tanto, los imanes tienen una organización más horizontal. Arabia Saudita es la principal potencia suní, pero son mayoritarios también en Afganistán, Pakistán, Jordania, Kuwait, Yemen, Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Túnez, Qatar, Libia, Turquía, Siria, en fin, en un montón de países.
En particular, en Arabia Saudita se profesa una corriente suní muy conservadora, el wahabismo. Esta corriente predica una interpretación literal y estricta de los textos sagrados con una clara tendencia fundamentalista. Es común confundir el wahabismo con el salafismo, ya que ambas corrientes son conservadoras y totalitarias, y además se apoyan en las mismas creencias. Su diferencia principal es que los wahabíes aceptan tener un rey para que se aplique la Sharia, la ley musulmana, en su caso. Esto es muy conveniente, ya que Arabia Saudita es una monarquía. Sin embargo, los salafistas rechazan tener un intermediario entre ellos y su Dios que no sea un califa, es decir, un sucesor del profeta Mahoma.
Al margen de las mencionadas, dentro de las distintas ramas del islam existen muchas más corrientes y escuelas distintas. Algunas de ellas, además, ostentan un gran poder, ya que sus creencias han sido sostenidas por dinastías importantes o por gobernadores de países musulmanes. Un ejemplo de esto son los alauíes, una rama del islam de origen chií que conforma la minoría religiosa más importante en Siria, pero que, sin embargo, es la fe que profesa el presidente Bashar al-Ásad (muy importante, no confundir con la dinastía Alauí que gobierna en Marruecos y que no tiene nada que ver; los alauíes de Marruecos son únicamente una línea genealógica que dice descender de Mahoma y no una corriente o escuela de pensamiento; de hecho, la religión de esta dinastía es el islam).
Por último, cabe mencionar al sufismo. A pesar de que se podría ver el sufismo como otra rama del islam, es más bien una dimensión mística que se basa en el aspecto más espiritual de la religión. De esta forma, tantos suníes como chiítas o jarichíes pueden practicar el sufismo.
Pero bueno, volvamos a los chiítas. Se estima que suman aproximadamente una décima parte de todos los musulmanes y, al haber sido una rama más minoritaria que los suníes, han sido perseguidos en diversas ocasiones. Estos practican una interpretación constante de los textos islámicos y, en su caso, ojo, los imanes tienen que ser descendientes de Ali y ser jefes de la comunidad, generando así una estructura muy jerárquica y piramidal. Los chiítas manejan un concepto de martirio con rituales de duelo y un distintivo elemento mesiánico. Son la mayoría de la población en Irán, en Irak, Bahréin y Azerbaiyán.
Pues bien, las diferencias religiosas, políticas y económicas originadas por estas dos ramas han cristalizado en una enorme rivalidad, enarbolada principalmente por dos países: Arabia Saudita, la principal potencia suní, e Irán, la principal potencia chiíta. La escalada de tensión entre estos dos bandos ha estallado de diversas formas y en múltiples ocasiones, haciendo del Medio Oriente un avispero. A nivel histórico, la Revolución Iraní de 1979 lanzó una agenda islamista radical de vertiente chiíta que vino a retar a los gobiernos suníes conservadores, particularmente del Golfo Pérsico. Además, la política de Teherán de apoyar a partidos y milicias chiítas más allá de sus fronteras fue compensada por los estados del Golfo con más apoyo a gobiernos y movimientos suníes en el exterior. Así, ambos estados han ido utilizando los distintos países de Oriente Medio como un tablero de ajedrez en el que librar sus guerras proxy.
Un ejemplo de esto es el enorme destrozo que se ha llevado a cabo en la guerra civil de Yemen. Esta particular guerra fría ha generado diversas zonas de influencia en Oriente Medio, además del apoyo de las potencias internacionales en la región. Arabia Saudita cuenta con el apoyo de Emiratos Árabes, Bahréin o Egipto, mientras que Irán está alineada con Irak, Siria y Líbano. Por otra parte, Arabia Saudita es apoyada por los Estados Unidos, Reino Unido e Israel, mientras que Irán tiene a Rusia y China como aliados.
Por si fuera poco, tanto desde Teherán como desde Riad se han financiado a distintos grupos armados que operan en las distintas regiones, como por ejemplo el Ejército Libre Sirio, financiado por Arabia Saudita y Turquía, o Hezbolá en el Líbano, financiado por Irán. A pesar de todo, si bien es verdad que las afinidades religiosas o ideológicas pueden ayudar a la hora de confeccionar alianzas, la geopolítica de Oriente Próximo sigue rigiéndose por los intereses particulares de los estados. Quien hoy es tu amigo, mañana puede ser tu aliado, y el que hoy te vende petróleo, quizás mañana no.
Y nada, esto es todo por hoy. Si te ha gustado el vídeo, ya sabes que puedes darle a like, suscribirte y, si te gusta la economía, seguir mi otro canal, Memorias de Tiburón. Por lo demás, un saludo y hasta la próxima.