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¡Hola a todos! Me da mucho gusto poder estar nuevamente con ustedes.
Este domingo vamos a celebrar el tercer domingo del tiempo ordinario y desde el año pasado el Papa Francisco pidió que este domingo tuviera como intención especial la Palabra de Dios, un domingo dedicado a la Palabra de Dios. La realidad es que nosotros todas las semanas revisamos la Palabra de Dios, la comentamos, rezamos con ella, pero hoy ha querido el Papa que tengamos esta intención especial de conocer cada día más la Palabra de Dios para que conociendo la Palabra de Dios conozcamos más acerca de Jesucristo y podamos así imitarlo. Por eso decía san Jerónimo, hace 1600 años, que el "desconocer la Escritura es desconocer a Jesucristo".
En la Misa nosotros tenemos dos momentos importantes: la Liturgia de la Palabra, que es lo que revisamos nosotros cada semana y la Liturgia de la Eucaristía, que es cuando el pan y el vino se transforman en el cuerpo y en la sangre de Jesús; son como dos comuniones en cada Misa: comunión con la Palabra de Dios, en la que también recibimos a Jesucristo y comunión en la Eucaristía, no solamente la comunión sacramental sino también la comunión espiritual, que se hace cuando el sacerdote transforma el cuerpo y la sangre en Cristo.
Por eso yo le digo a las personas que me dicen que no van a Misa porque no pueden comulgar que la Misa no es solamente ir a recibir la comunión, es muchísimo más que eso, porque en la Misa vamos en primer lugar a pedirle al Señor perdón por nuestras faltas, para pedirle que nos ayude a ser mejores; después vamos a escuchar su palabra, vamos a leerla, a comentarla y después a rezar con ella; y en tercer lugar viene la parte de la Eucaristía, qué es ver que Dios se vuelve a hacer pan y vino para nosotros. Pero podemos comulgar no solamente recibiendo la comunión sacramental sino también pudiendo hacer una comunión espiritual. Porque la Misa es para todos, no importa que hayas comido antes de la Misa, no importa que tengas unos pecados que no has podido confesar, tienes que ir a Misa para poder recibir todas las gracias que Dios tiene preparadas para ti. La Misa es una fiesta en donde tú eres el que recibe los regalos que Dios te tiene preparados, por eso no debemos faltar nunca a la Misa.
Bueno, vamos a revisar las lecturas en las que vamos a encontrar la Palabra de Dios en este domingo. La primera lectura está tomada del libro del profeta Isaías: nuevamente Isaías está hablando del futuro, es una profecía, pero también está hablando para la gente de su tiempo, y les dice Isaías: "El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz, sobre los que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado una luz", y les está diciendo esto Isaías no por el pueblo de Israel porque ellos ya escuchaban la palabra de Dios a través de los profetas, sino por todos los otros pueblos que como dice Isaías en la lectura que "estaban más allá del Jordán", aquellos a los que todavía no había llegado la palabra de Dios. Era necesario que también la Palabra de Dios llegara a todos aquellos que no lo conocían. Por eso, esto se cumple más adelante con Jesús y con la evangelización, cuando Jesús manda a sus apóstoles a evangelizar a todos los pueblos, allí es cuando san Pablo y los demás apóstoles van recorriendo el mundo.
¿Y qué lo que les van enseñando? Les van enseñando la Palabra de Dios. De hecho en el salmo 26 vamos a decirle a Dios: "El Señor es mi luz y mi salvación", ven: el Señor. ¿Y cómo conocemos al Señor? Lo conocemos a través de la Palabra de Dios. Es importante, porque estos salmos que leemos cada domingo, el salmo responsorial, y las personas que rezan el breviario, los salmos que se van leyendo son los mismos salmos que se rezaban hace tres mil años, llevamos tres mil años rezando estas oraciones a Dios nuestro Señor. Ahí está todo está todo el transfondo y lo importante es que cada vez que lo rezamos parece que nos tocan como si fueran escritos para nosotros en este día. En el segundo versículo le vamos a decir a Dios: "Una sola cosa he pedido al Señor y esto es lo que quiero, vivir en la casa del Señor todos los días de mi vida, para gozar de la dulzura del Señor y contemplar su templo". Le estamos pidiendo a Dios que podamos llegar al cielo. ¿Cómo vamos a llegar al cielo si es tan difícil el camino? A través de la Palabra de Dios que nos va guiando. En cada momento de nuestra vida, en la tristeza, en la enfermedad, en la muerte, en el dolor, pero también en la alegría, en la acción de gracias, en la petición de ayuda a Dios nuestro Señor, en cada uno de estos momentos podemos encontrar un pasaje de la Biblia o del Evangelio que nos ayuda a vivir mejor ese momento. Porque la Palabra de Dios es viva y eficaz, no es un libro de cosas que sucedieron hace muchos años y que ahora no tienen nada que ver con nuestra vida. Es un libro que cuando lo vamos leyendo decimos: "pero si esto es justo lo que yo necesitaba", "esto me da mucho consuelo", "esto me ayuda mucho para seguir adelante", "esto me anima a ser mejor". Esa es la Palabra de Dios. De hecho muchas personas que no son creyentes encuentran mucha luz para su vida en la Biblia. ¿Cuántas veces me he encontrado frases en internet que la gente pone como si fueran pensamientos de algún filósofo o de algún escritor contemporáneo, y son frases que están sacadas de la Biblia.
En la segunda lectura vamos a seguir leyendo la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios. Este pueblo de Corinto en realidad se había alejado un poco de lo que san Pablo les había enseñado. Por ejemplo, les había dicho todo lo que Jesús le había transmitido: de que teníamos que ser buenos, y al parecer estos cristianos de Corinto no estaban viviendo mucho esto, y por eso san Pablo les escribe para darles algunos consejos, para recriminarles algunas cosas que están haciendo mal, y para pedirles que se comporten como él les había enseñado. Entonces les dice, por ejemplo, en el día de hoy: "Que no haya divisiones entre ustedes y vivan en perfecta armonía, teniendo la misma manera de pensar y de sentir". Porque san Pablo había escuchado que había divisiones en el pueblo de Corinto; unos se creían cristianos de Pedro, otros cristianos de Pablo, otros cristianos de Apolo. Y San Pablo les escribe: "Aquí todos seguimos a Jesucristo, no seguimos a un apóstol, seguimos a Cristo. Y esto es importante, que nadie cambie la palabra que les hemos dado", ¿Y cuál es la palabra? La palabra de Dios. Que nadie cambie lo que está escrito. Y les dice algo muy importante al final: "Porque Cristo no me envió a bautizar sino anunciar la buena noticia, y esto sin recurrir a la elocuencia humana, para que la cruz de Cristo no pierda su eficacia". Lo ven, lo importante, entonces, siempre cuando leemos las lecturas es lo que está ahí escrito, no la persona que nos le dice; no vamos a la Misa a escuchar al sacerdote, vamos a escuchar la Palabra de Dios, no vamos a escuchar si tiene buenos o malos ejemplos, vamos a escuchar qué es lo que Dios me está diciendo a través de su Palabra.
En el Evangelio vamos a escuchar un pasaje del Evangelio de san Mateo. Hemos visto a Jesucristo que está comenzando su misión, está comenzando a predicar. ¿Y qué es lo que Jesús le quiere decir a la gente en su predicación? : la voluntad de Dios, qué es lo que Dios espera de ellos. Jesús es la Palabra de Dios, Jesús es el que está proclamando lo que Dios nos quiere decir a cada uno, por eso se dice que Jesús es el "Verbo" de Dios que se ha hecho carne, la Palabra de Dios. Y Jesús sabe que la misión que Dios le ha encomendado no va a poder hacerla Él solo, va a necesitar de gente que le ayude a que esa Palabra de Dios llegue a todas partes, y por eso hoy lo vemos llamando de entre sus discípulos, de entre la gente que ya le seguía, a algunos de ellos. Va caminando por el lago, ve a Pedro y a Andrés, y los invita a seguirlo y les dice: "Yo los haré pescadores de hombres". Y más adelante encuentra a Juan y a Santiago, también a ellos los invita a seguirlo. Los cuatro primeros apóstoles de Jesús y después a los demás apóstoles, y a todos los demás que han ido conociendo a Cristo a lo largo de los tiempos hasta llegar a nosotros.
Quizá tú te puedes preguntar: Pero es que a mí fue mi mamá la que me enseñó el catecismo, o la maestra de la catequesis, en la iglesia, la que me enseñó a conocer a Dios y a amarlo, pero en realidad, la invitación de Dios es personal, a cada uno nos ha llamado. Leía en estos días un pasaje de san Francisco de Sales en donde él decía que no podemos rezar lo mismo los sacerdotes que las personas que trabajan en una oficina, no puede estar delante de Dios lo mismo un monje que un obispo que se dedica a su diócesis, pero todos tenemos que tener un momento de contacto con Dios, cada uno dependiendo de nuestra vocación, y así unos tendrán más tiempo para leer la Palabra de Dios, y a lo mejor otros tendrán menos, pero todos podemos leer cada día unos minutos el Evangelio del día, tratar de meditarlo, de pensar qué es lo que Dios me quiere decir. Yo seminario a los 24 años y lo primero que me di cuenta es que nunca había leído la Biblia, así que mi primera misión en el noviciado fue leer la Biblia entera, y me di cuenta que todos tenemos que leer la Biblia porque hay tantas cosas que podemos aprender ahí. Yo creo que lo mejor es comenzar con el Nuevo Testamento, con los Evangelios, los Hechos de los Apóstoles, las cartas de san Pablo, porque así cuando lean el Antiguo Testamento se van a dar cuenta de que todo eso que está escrito en el Antiguo Testamento hace referencia a Jesús, como que le van encontrando un sentido más grande, y uno dice: "ah, con razón, por eso pasó el diluvio, por eso pasó la estancia del pueblo de Israel en Egipto" y así todas las cosas.
Bueno, pues entonces en este domingo de la Palabra de Dios, la tarea para todos es comenzar a leer la Biblia, entonces leamos mucho la Biblia, que sea realmente nuestra oración un reflejo de la Palabra de Dios que hemos leído. Pidámoselo a Dios en este domingo: "Señor, que conozcamos cada día más tu Palabra y a través de tu Palabra te conozcamos y te amamos más a Ti, que la Sagrada Escritura sea nuestro libro de cabecera, del que saquemos siempre inspiración para conocer tu voluntad para acercarnos cada día más a Ti".
Así que les deseo que tengan todos un feliz domingo, no dejen de ir a Misa. Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y los acompañe siempre. Nos vemos dentro de unos días en el siguiente video.