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Escuelas Helenísticas

Unboxing Philosophy9:45

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[Música]

Qué tal mentes pensantes. Filipo, el rey de Macedonia, tuvo un hijo que se llamaba Alejandro. Quería contratar al mejor profesor particular para su hijo. Buscó y buscó, pero ninguno le convencía. Hasta que se le ocurrió preguntar: "¿Quién es el discípulo más brillante de Platón?". Le dijeron que Aristóteles. Y así es como Aristóteles llegó a ser el profesor particular del que sería conocido como Alejandro Magno.

Alejandro Magno fue nombrado rey de Macedonia cuando su padre murió. ¿Por qué os cuento esto? Ahora lo veréis. Alejandro Magno fue un gran estratega militar y logró construir un imperio enorme. Él quería crear una monarquía universal y divina.

¿Por qué es importante saber esto? Pues aquí viene lo interesante: que esta conquista política trajo cambios a otros niveles. Mientras que antes creían que los únicos ciudadanos eran los de la polis y el resto de los pueblos eran unos bárbaros, se supera esta concepción y se considera al ser humano desde una dimensión de igualdad universal. ¿Por qué? Pues porque los que antes eran mis enemigos ahora están en mi equipo, en mi ejército. Así que no puedo seguir creyendo que son unos bárbaros salvajes. Se crea así el ideal cosmopolita, es decir, que el mundo entero es considerado una polis.

En este contexto surgen varias escuelas. La primera que vamos a estudiar se llama cinismo. El fundador del cinismo fue Antístenes, pero el máximo representante, el filósofo más famoso, es Diógenes de Sinope. Diógenes estaba en contra de las convenciones sociales. Quería vivir libre y de forma autosuficiente, eliminando todo lo que sea superficial. Cuentan que en una ocasión vio a un niño bebiendo directamente de una fuente e inmediatamente tiró un cuenco que usaba para beber, diciendo: "Un niño me ha superado en sencillez". ¿Os suena el síndrome de Diógenes? Pues se le llama así en relación a este señor. Aunque desde un punto de vista histórico es un contrasentido, ya que Diógenes promulgaba la privación de las necesidades materiales y las personas con síndrome de Diógenes se dedican justamente a lo contrario: a acumular todo tipo de cosas materiales, aunque no tengan utilidad.

Un ejemplo de que Diógenes estaba en contra de las convenciones es que vivía en un tonel y se masturbaba en la plaza pública con toda la tranquilidad. Le daba igual que lo viesen. Decía: "Ojalá el hambre también se pasara frotando la panza". Los cínicos tampoco estaban de acuerdo con convenciones como el matrimonio. "¿Para qué? ¿Qué reconocimiento ante la comunidad? ¿Qué más me dará a mí lo que piensen los demás?". La autarquía o autosuficiencia que predicaban queda muy clara con otra anécdota.

En una ocasión, Alejandro Magno quiso conocer a Diógenes, pues era famoso por su curiosa forma de pensar y actuar. Diógenes estaba tomando el sol. Alejandro se presentó ante él. "Soy Alejandro Magno". "Yo soy Diógenes, el perro". Alejandro, admirado por su forma de pensar, le dijo: "Pídeme lo que sea, puedo concederte lo que quieras". Repasemos la situación: Diógenes tenía ante sí al hombre más poderoso de la tierra en aquel momento, y ese hombre le dijo que le daría lo que fuera. ¿Sabéis qué respondió Diógenes? "Solo necesito que te apartes para que me siga dando el sol". Los soldados que acompañaban a Diógenes se reían a carcajadas. Pensarían para sí: "Vaya tonto, le acaban de ofrecer lo que sea y solo quiere tomar el sol". Alejandro, sin embargo, les hizo callar. Admirado, dijo: "Si algún día vuelvo a nacer, me gustaría volver a ser Alejandro Magno, pero si esto no es posible, me gustaría ser Diógenes".

A pesar de sus excentricidades, Diógenes será muy querido. Una prueba es que sus contemporáneos le erigieron una columna que sostenía un perro de mármol con una leyenda: "Aún el bronce cede al tiempo y envejece, pero tu gloria, oh Diógenes, permanecerá intacta por la eternidad, porque solo tú enseñaste a los mortales la doctrina de que la vida se basta a sí misma y señalaste la vía más fácil para vivir".

La segunda escuela que vamos a estudiar es el epicureísmo, llamada así en honor a Epicuro. Epicuro dividió su filosofía en tres partes: la lógica, la física y la ética. A través de la lógica pretendían distinguir lo verdadero de lo falso. Ellos pensaban que la realidad es perfectamente penetrable y cognoscible por la inteligencia del ser humano. Si recordáis, Platón había cuestionado el conocimiento del mundo sensible, creía que la sensación nos confunde y nos aparta de lo verdadero. Pues Epicuro invierte esta posición: solo la sensación capta el ser de modo infalible. Las sensaciones no fallan, son objetivas y verdaderas, porque son producidas y garantizadas por la misma estructura atómica de la realidad.

Con esto llegamos a la segunda parte: la física. Epicuro creía, al igual que Demócrito, que toda la realidad está formada por dos elementos fundamentales: los átomos y el vacío. Las cosas que existen son fruto de una combinación de átomos. Hasta el alma se compone de átomos.

La parte más importante de la filosofía epicúrea es la ética. El placer es el bien supremo. A esta concepción la denominamos hedonismo. Pero por placer Epicuro no entiende los placeres inmediatos más simples, como beber alcohol. El placer es no tener dolor en el cuerpo (aponía) ni perturbación en el alma (ataraxia). Para alcanzar la ataraxia, conviene tener buen humor y ecuanimidad, es decir, un ánimo estable y sin cambios demasiado bruscos.

Epicuro nos da una receta para ser felices, algo que conocemos como el Tetrafarmacón:

En primer lugar, no hay que temer a los dioses. Estos no intervienen para nada en asuntos humanos y no se mueven por la cólera. Así que relájate, no te preocupes tanto por ellos.

Tampoco debes de tenerle miedo a la muerte. Tú te imaginas que si te mueres podría haber una vida en el más allá que sea horrible, pero esto no es más que una imaginación. Cuando se disuelven los átomos, no sentirás nada, así que nada malo te puede suceder.

El tercer punto es el miedo al dolor. El dolor, si es intenso, tiene una duración breve, y si es prolongado, su intensidad será leve. Así que, en cualquier caso, será fácilmente soportable.

La felicidad está en ti mismo. No debes de buscar el bien en elementos externos como el dinero o lo que piensen de ti. Gozando de la autonomía propia del sabio conseguirás un estado de ánimo equilibrado y gozoso.

Otra escuela fue la de los estoicos. Creían que podemos alcanzar la libertad y la tranquilidad si nos alejamos de las comodidades materiales, las fortunas, y buscamos una vida guiada por la razón y la virtud, que es la imperturbabilidad o ataraxia. Consideraban que las pasiones eran algo propio del cuerpo y creían que debíamos alejarnos de ellas. También creían que todo estaba determinado y nada puede hacerse para cambiar el rumbo de las cosas. La verdadera sabiduría consiste en aceptar nuestro destino. Algo positivo de los estoicos es que lograron poner en crisis los antiguos mitos de la nobleza de sangre y la superioridad de la raza.

Por último, vamos a ver el escepticismo. Escepticismo proviene del término *skepsis*, que significa examen o indagación. Se caracteriza por cuestionar las verdades firmemente establecidas. Ellos dudaban de todo. Un representante fue Pirrón, quien no creía que sea posible encontrar la verdad. El escepticismo más radical dice que nada puede afirmarse, lo cual es contradictorio, pues si afirmas que nada puede afirmarse, ya estás afirmando algo. Ellos proponían no tomar partido de las creencias de los demás, proponían suspender el juicio, lo que conocemos como *epojé*. Si las cosas son indiferentes e indiscernibles y no tenemos ninguna confianza hacia los sentidos o la razón, pues es preferible permanecer sin opinión y optar por la *afasia* (falta de palabra). Renuncian a afirmar o a negar algo.

El escepticismo como actitud llega hasta nuestros días y es tremendamente útil, pues sirve para poner bajo el paréntesis de la duda nuestras creencias, incluso aquellas más arraigadas y profundas, y de este modo obligarnos a justificar si nuestras creencias o las de los demás están bien fundadas o son acríticas o prejuicios.

Pregunta: ¿En qué consiste el Tetrafarmacón de Epicuro?

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