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Hola amigos, amigas de las matemáticas. Fueron muchas personas las que intervinieron en el origen de los ordenadores y no hay una opinión unánime sobre cuál fue el primer ordenador de la historia y quién lo inventó. Pero de lo que no hay duda es de que un nombre destacó sobre todos los demás y hoy vamos a hablar de él: el gran Alan Turing y su máquina universal.
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Hola amigos, este vídeo está patrocinado por la Universidad Politécnica de Valencia, la UPV. Los ordenadores son capaces de hacer cosas increíbles, desde simular sistemas cuánticos hasta reproducir los vídeos de "Derivando". Y es que la informática tiene una historia larga, desde las máquinas de calcular de Pascal o Leibniz, pasando por el Analytical Engine de Babbage, hasta los más modernos y caros smartphones. Primero hubo artefactos que mecanizaban el cálculo, de ahí se pasó a máquinas programables y de ahí al concepto que revolucionó la historia: el computador del programa almacenado. Es decir, que en la memoria no solo se guardan datos, sino los propios programas que ejecuta.
El caso es que en aquel momento hubo dos nombres que merecen seguramente pasar a la historia como los padres de la informática tal y como la conocemos hoy en día. Uno es John von Neumann, creador junto con Eckert y Mauchly de la hoy conocida como arquitectura de Von Neumann, que es la que tienen los ordenadores actuales: vamos, una CPU, una memoria central y unos dispositivos de entrada-salida. Esa arquitectura, en los años 40 del siglo XX, implementaba la idea que revolucionó el mundo: la máquina universal de Turing.
El nombre que nos ocupa hoy, Alan Turing, es conocido por sus aportaciones a la lógica y las matemáticas. Resolvió el "Entscheidungsproblem", un problema que había propuesto el gran Hilbert, poniendo las bases de la teoría de la computación. Turing es también conocido por su contribución a la criptografía, ya que su trabajo fue decisivo para romper los códigos de las máquinas Enigma del ejército nazi, con lo que se pudo acortar la duración de la Segunda Guerra Mundial. ¡Ahí es nada! Solo con su cabecita, Alan Turing contribuyó a salvar miles de vidas.
Pero hoy os quiero contar algo que debería enseñarse en todas las escuelas, algo que pertenece al patrimonio histórico de las ideas humanas y que ha supuesto el mayor avance tecnológico del que hemos sido testigos: la informática tal y como la conocemos. Os hablo de la máquina universal de Turing. Para que te hagas una idea de su magnitud, es el modelo en el que se asientan los ordenadores actuales.
Todos vamos a ver en qué consiste de una manera muy sencilla. Una máquina universal de Turing consta de los siguientes elementos: primero, una cinta tan larga como necesitemos, dividida en casillas, que será la memoria y en la que podemos escribir símbolos, por ejemplo, ceros y unos. Una cabeza capaz de moverse por la cinta a izquierda y derecha y leer y escribir símbolos en esa cinta. Finalmente, un programa que le diga a la cabeza qué es lo que tiene que hacer. Este programa puede estar escrito en la cinta, por ejemplo, codificado con ceros y unos. Y ya está, colegas. Con unos ingredientes tan sencillos, un tío tan listo como Alan Turing fue capaz de imaginar los ordenadores antes de que existieran y de desarrollar los inicios de la teoría de la computación. Si, hasta pensó en la inteligencia artificial.
El tío. Pongo un ejemplo para que no suene demasiado raro. Imaginad que tengo la cinta rellena de simbolitos, unos y ceros, y tengo mi cabeza lecto-escritura. Un programa son todos unos y ceros, vale. Pero para que lo entendamos mejor, puedo pensarlo como unas cuantas tarjetas numeradas en las que están escritas dos filas de números. La primera fila de la tarjeta número uno tiene esta pinta: 013. Y la segunda tiene esta pinta: 102. ¿Qué quiere decir esto? La primera línea dice cómo debe actuar la cabeza si la cinta encuentra un cero. El primer símbolo le dice qué número escribir en la cinta (un cero en el ejemplo). El segundo número le dice si se tiene que mover a la izquierda (pongamos que un 1 es moverse hacia la izquierda y un 0 es moverse a la derecha). Y así, en el ejemplo, se mueve hacia la izquierda. Y el último número le dice cuál es la siguiente tarjeta a leer (en el ejemplo, la siguiente tarjeta es la número 3). La segunda fila de la tarjeta le dice qué hacer si en la cinta encuentra un 1. ¿Lo veis? No escribe un 1, muévete a la derecha, la siguiente tarjeta es la 2.
Bueno, pues escribiendo las tarjetas adecuadas con el formato que acabamos de ver, uno puede sumar, multiplicar, hacer cualquier operación y, en definitiva, cualquier cosa que los ordenadores sean capaces de hacer, que es mucho. A veces se necesitarán muchas tarjetas, la cinta será muy larga, pero da igual. El poder de cómputo de estas máquinas es inmenso. Nuestros ordenadores simulan la cinta con la memoria y el microprocesador simula la cabeza y se encarga de leer y ejecutar los programas. Como habrás notado, son las mismas máquinas de Turing, pero increíblemente potentes y eficaces.
Alan Turing fue condenado por su inclinación sexual, lo cual no solo es injusto, sino también absurdo. Sus contribuciones a las matemáticas, a la criptografía y a la computación merecen que lo consideremos como uno de los que contribuyeron con su cabecita teórica y también con sus habilidades prácticas a que el mundo sea tal como hoy lo conocemos. Gracias, Alan Turing. Y si no fuera por ti, no estaríamos ahora aquí viendo este vídeo a través de un computador.
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O no.
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