Transcription
Lectura del Santo Evangelio según San Juan.
En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: "Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo. Yo no le conocía, pero he salido a bautizar con agua para que sea manifestado a Israel".
Y Juan dio testimonio diciendo: "He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: 'Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que ha de bautizar con Espíritu Santo'. Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Queridos hermanos, en este primer domingo del tiempo ordinario, nos puede llamar la atención que el evangelio tiene una clara continuidad con la escena con la que terminó el tiempo de Navidad: en el bautismo de Jesús en el río Jordán. Jesús fue bautizado, recordad que tuvo lugar allí esa revelación, esa... el cielo se abrió, tuvo lugar, eh, esa... ese signo de que una paloma se posaba sobre Jesús. "Este es mi Hijo amado, mi predilecto". Y ahora el Evangelio de San Juan hace como una reflexión, como un a posteriori reflexión de qué había supuesto para los discípulos, qué había supuesto ese, ese ser testigos de ese momento tan privilegiado, de esa manifestación de el ser de Jesucristo.
En el bautismo del río Jordán, y es curioso que Juan Bautista, que sabéis que era primo de Jesús, eh, tenía un, un parentesco porque María era prima de Isabel, por lo tanto, también tenían ese parentesco, primos segundos entre Juan Bautista y Jesús. Y teniendo ese parentesco, es curioso porque por dos veces dice el evangelio de hoy: "Yo no le conocía", dice Juan Bautista de Jesús. No le conocía, hombre, ¿cómo que no le conocía si tenía ese parentesco con él? Se refiere, obviamente, a que, aunque era alguien conocido para él, ha descubierto que la personalidad de ese Jesucristo era mucho más profunda de lo que él suponía. Le conocía, pero no le conocía en toda su profundidad.
Hay, por lo tanto, como una reflexión sobre quién es este. Dice también un pasaje del Evangelio: "¿Quién es este que hasta el viento y el mar le obedecen?". Utilizando una imagen, yo diría que hay tres niveles en el conocimiento de Jesucristo. Uno es el nivel histórico. A veces se habla mucho del Jesús histórico, el que más o menos conocieron los coetáneos, los contemporáneos de Jesús. Ese hombre, pues justo, bueno, solidario, un hombre que hacía el bien allí por donde pasaba. Ese Jesús, ese Jesús histórico es el primer nivel de conocimiento. Es como la foto de Jesús, la foto, lo que uno ve de él desde fuera.
Pero además de eso, se puede hacer, no solo una foto, sino una radiografía de Jesucristo. Y la radiografía, como también suele ser, ¿no?, pues esas radiografías médicas que nos hacen ver más allá de lo que nuestros ojos son capaces de ver, ven el interior. Y la radiografía de Jesucristo nos la da lo que nuestra fe católica, a través del dogma cristológico, ha conocido de Jesucristo. Jesús no solo es Jesús de Nazaret, no solo es el Hijo de María, sino que es el Hijo de Dios Padre, es el Verbo encarnado, Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero. Esa es la radiografía de Jesucristo. En él habita la plenitud de la divinidad. Hay mucha gente que se queda únicamente en la foto de Jesús. Otros, sabiendo que el conocimiento de Dios lo tenemos no solo por el evangelio, sino por la interpretación del evangelio que hace la tradición de la Iglesia, en el magisterio de los concilios cristológicos, otros dan un paso más y llegan a conocer en Jesús, en esa radiografía, su identidad más profunda: el Dios hecho carne.
Pero todavía hay un nivel más. Nos quedaríamos cortos si nos quedamos en la foto, pero incluso nos quedaríamos cortos si nos quedamos en la radiografía. Todavía hay un nivel más. ¿Y a cuál me refiero? Me refiero a llegar a tener, no ya solo una foto, una, una radiografía, sino que nosotros mismos seamos, que nuestra vida sea como un vídeo que refleje la vida de Cristo en nosotros. Lo que dice San Ignacio de Loyola en los Ejercicios Espirituales, es decir, tener un conocimiento, yo, cada uno de nosotros, interno del amor de Cristo, del amor que él tiene por mí, de que él quiere también vivir en mí. Él quiere hacer de cada uno de nosotros como una nueva humanidad para poder dar testimonio de Cristo ante los demás. Los santos, los santos, la vida de los santos ha sido como un vídeo en el que uno, viendo a los santos, ha visto a Cristo. Hoy, bueno, eso tenemos que ser nosotros. Cristo hoy, que sus criterios, que su evangelio se encarnen en nosotros para que podamos ser Cristo vivo para la vida del mundo.
Por eso, nos quedaríamos cortos si el conocimiento tenemos que formar parte del misterio de Cristo, que él viva en nosotros, que nosotros vivamos en él, que su vida tenga una prolongación en cada uno de nosotros. Cada cristiano está llamado a ser una prolongación del misterio de Cristo. Tal tiene que ser nuestra identificación con él. Nosotros nos pensamos que el problema de nuestra vida espiritual es que a Jesús ya le conocemos y ahora lo que tenemos que intentar es tener una voluntad fuerte, fuerte, pues para vencer las tentaciones. No solemos pensar eso, pero no es así. Es verdad que lo de la voluntad es importante, pero a Jesús le conocemos mucho más superficialmente de lo que pensamos. Si conocieras el don de Dios, si conociese interiormente a Jesucristo, posiblemente, posiblemente te sería mucho más sencillo vivir la vida cristiana. La viviríamos con mucha mayor facilidad y sin tanta necesidad de voluntarismo o de fuerza de voluntad, porque el conocimiento de Cristo nos enamoraría. Y el que está enamorado hace las cosas con mucho menos esfuerzo.
Vamos, pues, a a quedarnos en esto, en que el evangelio dice Juan Bautista: "Yo no le conocía". Que cada Eucaristía sea un conocerle un poco más, más personalmente, más interiormente, que aumente en nosotros el conocimiento interior del amor de Cristo por cada uno de nosotros.