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XII FORO DE LA ESPIRITUALIDAD. ENRIC BENITO

Universidad Popular de Logroño1:06:44

Transcription

Buenos días, mi nombre es Raquel Cárcamo y soy profesora de yoga en la Universidad Popular Enric Benito. Nos ha acompañado varias veces y nos encanta volver a escucharle.

Enric Benito es doctor en medicina, oncólogo y máster en cuidados paliativos, dedicándose durante años a acompañar en el proceso de la muerte. También es miembro de honor de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos, desde donde organiza talleres formativos en acompañamiento para diversos profesionales.

Enrique defiende su calidad de pensionista, no jubilado, y se mantiene muy activo en la docencia y en la divulgación, persiguiendo desmontar el tabú que existe alrededor de la muerte. Participa en una página web denominada "Al final de la vida", cuya función es visualizar el proceso de morir, su acompañamiento y desmontar el tabú que existe alrededor de la muerte.

Hoy nos habla sobre sentirse vivo y vivir el sentido. Pero al final, le vamos a pedir que nos hable de su último proyecto, un libro sobre sus vivencias: "El niño que se enfadó con la muerte". Que lo disfrutéis, os dejo con él. Muchas gracias. [Aplausos]

Hola, bueno, ya estamos aquí de nuevo. Por mi mala cabeza y la insistencia de Ana María, anoche estábamos cenando con Enrique y Martí Lozano, con los demás ponentes, y decíamos que es una seductora de los amigos a la que no les puedes negar.

La verdad es que yo vivo en Mallorca y se vive bastante bien allí. Venir de Mallorca hasta aquí es un viaje intenso. Iba a decir que es el último año que vengo a hablar aquí, pero Enrique me dijo que ya lo has dicho muchas veces. Entonces no lo digo, pero quería decir que no sé cómo me he metido en este río.

Porque después de escuchar a Teresa, que me ha encantado y me lo ha dejado muy bien, yo diría que mi aproximación, cuando Ana María me invitó a hablar, era que me gustaría hablar de esto, no más que del sentido de la vida. Me gustaría hablar de sentir la vida y vivir el sentido.

Me he dado cuenta de que Teresa lo ha explicado mucho mejor de lo que yo podría decir, con un lenguaje, una ternura y una sabiduría admirables. He tomado bastantes notas y me voy a apoyar en algunas cosas de las que ha dicho ella para construir también un poco.

Lo que os quería comentar es que mi aproximación no es desde la filosofía ni la reflexión. Bueno, también hay reflexión, pero es una aproximación empírica. O sea, yo me he acercado a experimentar, acompañar y ver.

Antes de hablar del sentido, os voy a hablar un poco de mis fuentes de información, de cómo yo voy a construir el desarrollo de esto. Básicamente, como sabéis, porque lo he contado muchas veces, mi experiencia se basa en acompañar a cientos de personas en ese viaje al borde de lo desconocido que es el proceso de morir.

Es frecuente encontrarte en este entorno con mucha incertidumbre, con miedo, con sufrimiento, con estrés. La gente se hace preguntas en este momento, preguntas radicales que a lo mejor no se ha hecho antes: "¿Por qué me pasa esto? ¿Por qué tiene que ocurrirme a mí esto? ¿Qué sentido tiene? ¿Por qué hay que sufrir de esta manera?".

Aquí, un poco los clínicos que acompañamos este proceso nos hemos tenido que dotar de recursos para entender y atender el proceso. Porque os aseguro que en la Facultad de Medicina enseñan muchísimas cosas sobre cómo funciona nuestro cuerpo, pero muy pocas sobre cómo es una persona y cómo funcionamos como personas y qué nos pasa cuando nos pasan cosas.

Curiosamente, ahora, este mes de enero, hace 20 años que un grupo de profesionales de cuidados paliativos, de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos, de la que tengo el honor de ser miembro de honor, nos planteamos: "¿Qué es esto del sufrimiento? ¿Qué es el sentido?". Todas estas preguntas radicales, ¿cómo abordar eso? Porque eso no está escrito en los libros.

Entonces, nos planteamos y creamos lo que llamamos entonces un grupo de trabajo de espiritualidad de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos. Ahora cumplimos 20 años y hemos estado reflexionando.

Teníamos un laboratorio de investigación muy interesante que es la cama del enfermo, donde estás viviendo la experiencia, pero al mismo tiempo también teníamos las tradiciones de sabiduría que han hablado siempre de esto, pero también la biografía científica. Algunos de nosotros también teníamos un máster en sufrimiento, y por eso sabíamos de qué estábamos hablando.

Con eso, intentamos construir un modelo antropológico para poder acercarnos a entender y atender el proceso de morir. Además, en este laboratorio de investigación, hay una característica muy interesante de este momento: hay una atmósfera de autenticidad, hay verdad. Se caen las tonterías.

Dice el poeta que cuando se miran de frente los vertiginosos ojos claros de la muerte, se dicen las verdades. Aquí diría que, en el momento de máxima vulnerabilidad, cuando nos rompemos, a veces en este proceso, podemos atisbar la intimidad de nuestra profundidad, de nuestra consistencia interna, de nuestra sacralidad, la fuente de nuestro ser, de nuestra dignidad.

Eso emerge en estos momentos si sabes verlo. Te das cuenta de que, al mismo tiempo, la vulnerabilidad es la puerta a la trascendencia y a otro nivel de conciencia.

En este proceso, quería deciros que es en ese proceso de acompañar el sufrimiento con herramientas que nos hemos dotado. Hablaré también un poco del sentido después. Hemos visto cómo las personas en este momento viven situaciones muy diferentes y muy similares.

Me voy a explicar. Después de acompañar a cientos de personas en este proceso, te das cuenta, por una parte, que cada uno se muere bastante como ha vivido. O sea, la casa de la muerte tiene mil puertas para que cada uno encuentre la suya. No hay una forma buena o mala, todas están bien y cada uno hace lo que puede.

Pero cuando intentas analizar con una mirada un poco inquisitiva, de intentar entender cómo es este itinerario, te das cuenta de que, aunque cada uno vive a su manera, hay ciertas similitudes y hay un cierto proceso que se podría pintar un mapa de ese territorio de qué pasa con ese proceso.

En ese itinerario, llama la atención que hay muchas maneras, pero hay algunas maneras extremas. Me voy a fijar en estos extremos para poder construir después mi reflexión sobre el tema del sentido.

Vemos cómo nos encontramos con personas que tienen una paz, una serenidad, una aceptación, una coherencia, una integridad que dices: "Bueno, ¿y este cómo lo ha hecho? ¿Cómo se acerca así?". Pero los hay.

He traído un amigo para esta conferencia, vamos a dar juntos. Luego os lo explico, porque no es fácil. No es frecuente, y la gente cree que esto es una invención de algunos médicos. No, la gente se puede acercar a ese proceso de una manera sabia, serena, entera, sabiendo que esto es un paso más.

Pero no es lo más frecuente. Lo más frecuente son cursos intermedios, donde hay gente que se encuentra mal, pero se va adaptando. Porque en ese proceso van haciendo un proceso de maduración, de aceptación y de entrega, y se va acercando a esa paz.

Pero algunos quedan instalados en ese malestar, en ese sufrimiento, en ese "no hay derecho", "es injusto", "¿por qué a mí?". Y claro, en estos extremos te das cuenta, cuando miras un poco, que no dependen de la biología. O sea, ir por un sitio o por otro no depende de si es una enfermedad de pulmón o de páncreas. No tiene que ver con la biología, tiene que ver con la biografía de cómo uno ha vivido.

Entonces, cuando ves esto, te das cuenta de que este tipo de pacientes, como los que tienen serenidad, paz, y tal. El otro día, les cuento que estuve en Madrid el 17 de octubre, el Día Internacional de los Cuidados Paliativos, y en el Caixa Forum de Madrid hacíamos un acto para poner en valor los cuidados paliativos.

Pedimos que, además de los de siempre, que ya nos conocen y que hablamos de maravillas de paliativos, trajimos algunos pacientes para hablar de esto. Entre los familiares de pacientes que habían sido cuidados, que estaban encantados con los cuidados paliativos, había una mujer, una paciente con cáncer avanzado, con 5 años de evolución, cáncer de ovario. Se llamaba Fátima.

Ella dijo: "He descubierto en ese proceso de estar enferma que hay dos clases de médicos. Están los médicos de enfermedades, que miran el ordenador, la radiografía, el análisis, el TAC, y después están los médicos de personas, que me miran a mí y me preguntan: '¿Cómo estás? ¿Cómo te encuentras?'. Estos son los de paliativos, que son los que a mí me gustan".

Cuando vi a Fátima hablando de esta manera, cuando acabó la conferencia, me acerqué a saludarla. Resulta que ella había visto algún vídeo mío, nos hicimos amigos, y luego me pidió, al cabo de unas semanas, su médico me pidió si podíamos hacer un vídeo juntos, ella y yo, porque Fátima se estaba yendo, había dejado ir al tratamiento y quería dejar un legado.

Quería que habláramos de cómo se acerca uno al proceso de morir. Nos sentamos, fui a Madrid el 19 de diciembre, hicimos un vídeo. Está colgado en YouTube, lleva ya más de 5000 visitas, y ahí veréis a una mujer cómo habla de qué es lo que da la consistencia para acercarse a ese proceso.

Veréis que tiene mucho que ver con el sentido. También os invito a buscar en YouTube ese legado. Así como hay personas como Fátima, hay otros que rechazan, se encuentran con que "no hay derecho", niegan, se resisten y lo hacen más complicado.

Esa forma de irse es dura, dolorosa, impactante, con mucho sufrimiento, mucho estrés. Hay un caso que voy a presentar ahora, un amigo. También se llama Balf Mount, es un paliativista canadiense. Es el hombre que, en un momento dado, organizó los cuidados paliativos en Canadá, en la Universidad de Montreal.

Es un experto de mucha categoría. Luego os contaré un trabajo que ha hecho que quiero compartir. Dice que una vez, sus colaboradores cuentan que tenía una paciente muy difícil, muy difícil, que no sabían qué hacer con ella. Le ponían calmantes y seguía con dolor, estaba inquieta, siempre sufriendo.

Llamaron al jefe, Balf Mount, para decir: "Vamos a ver si nos echas una mano porque no sabemos qué hacer con ella". Se acercó y cuentan que estuvo un rato con ella en silencio. Yo puedo imaginar que estableces ese WiFi neuronal que no se ve, pero que sabes que percibes, que intuyes.

Le hizo una pregunta: "Señora, ¿cuándo fue la última vez que estuvo bien?". Ella dijo: "Yo en mi vida he estado bien". Balf Mount miró a los colaboradores y dijo: "¿Qué queréis que hagamos? O sea, está instalada, sanamente instalada en su indignación".

Lo que quiero decir es que a veces es muy difícil en estas situaciones trabajar eso. Entonces, ¿qué pasa? Este hombre tuvo una idea bastante lúcida. Dijo: "Vamos a ver, si hay gente que se va con esa paz, con esa serenidad, con esa tranquilidad, y otros que se van chirriando, gritando, que hay que dormir, hay que darles porque es que lo pasan muy mal, y la familia también, ¿qué es lo que caracteriza estos dos grupos extremos?".

Es verdad que hay mucha gente intermedia que después va haciendo un proceso. ¿Qué caracteriza eso? Dijo: "Vamos a hacer un estudio intencional buscando una muestra seleccionada de 20 pacientes, 10 de cada extremo, y ver a través de entrevistas, o sea, gente que tenga un nivel cognitivo, que tenga capacidad de poder mantener una entrevista de 90 minutos. Vamos a hacerles una entrevista para preguntarles qué es lo que hace que ellos vayan por un camino o por otro. ¿Qué características tiene alguien que se va por aquí o que se va por allá?".

Ese estudio se publicó en el año 2007 en el Journal of Pain and Symptom Management, que es una de las revistas más importantes de paliativos en Estados Unidos. Voy a hacer rápidamente un esquema de los resultados de este trabajo tan interesante de Balf Mount.

Después de entrevistar a las personas, se hacen varias entrevistas y se encuentran unos temas comunes. Hay toda una metodología fenomenológica para extraer estos resultados. Él dice que los temas comunes de las personas que se iban en paz, sin sufrimiento...

Perdón, voy a empezar por el revés. Las que estaban con angustia, con sufrimiento, con estrés, eran personas que tenían cinco características que encontraron en todos ellos. La primera era un sentimiento de desconexión de uno mismo, de los demás, del mundo, de los sentidos y de un cierto significado supremo. O sea, se sentían aislados y desconectados.

Cuando antes Teresa nos ha contado que, básicamente, estar conectado, encontrar sentido es estar anclado en el sentir profundo. Las personas que sufrían muchísimo estaban desconectadas de sí mismas, de los demás y de un sentido supremo. Es decir, no se sentían parte de nada, estaban aisladas, estaban fragmentadas.

Después había otra característica que identifican como crisis de significado. O sea, había un vacío existencial, incapacidad de encontrar consuelo o paz, incapacidad para encontrar sentido a lo que estaba pasando.

Después tenían una característica muy común: era la preocupación por el pasado o por el futuro. Estaban siempre preocupados acerca de problemas inquietantes, lo que les había pasado, que se sentían culpables o no lo habían hecho bien, o qué pasará. O sea, nunca estaban en el presente, con lo cual se perdían la vida, porque la vida siempre está en este momento.

Entonces, vivían de esta manera, digamos, preocupados por el futuro o el pasado. A menudo, muy frecuentemente, prácticamente todos ellos tenían un sentimiento de victimización. La vida les ha tratado mal, es injusta, no hay derecho. O sea, está la queja constante de que todo está mal, todo es un desastre.

Esta es una característica de alguien que se va a morir fatal, porque... Y después, la última también es muy interesante y yo creo que todas están muy vinculadas con lo mismo: la necesidad de tener el control. Aquí, que controlo lo que pasa. Si no controlo, ya empezamos a ir mal.

Curiosamente, los temas que eran característicos de la gente que vivía en casos de integridad, de plenitud, de paz, de gente que se iba tranquila, eran exactamente lo contrario. O sea, eran gente que sentían un sentimiento de conexión consigo mismos, con los demás, con el mundo de los sentidos, con un significado profundo. O sea, tenían un sentido de pertenencia.

Hay algo que me sostiene, formo parte de algo. Después, eran capaces de encontrar significado en el contexto del sufrimiento. O sea, en mitad de la enfermedad, "bueno, yo tengo una enfermedad, pero yo entiendo que esto le encuentro un sentido".

Además, se estaban, eran capaces de encontrar paz en el momento presente. Eran personas que estaban conectadas con el presente y también no confrontaban, ni luchaban, ni discutían con la enfermedad ni con lo que estaba pasando. O sea, no tenían una relación de hostilidad con lo que pasaba, había aceptación.

Además, eran capaces de escoger la actitud frente a la adversidad. Más que no tenían necesidad de controlar. O sea, "bueno, es lo que hay, acepto lo que pasa, me entrego", etcétera.

Quiero decir que estos dos extremos, aunque parezca muy esquemático, hay buenas noticias, porque desde este extremo se puede pasar al otro. También hay un proceso. En el acompañamiento nos fundamentamos en que el núcleo esencial de la persona es bondadoso, es verdadero, es auténtico, es genuino.

Lo que pasa es que estas personas están desconectadas de sí mismas. Y entonces hay la posibilidad de que, a través del acompañamiento, conectar con que esta persona haga la conexión consigo misma y pueda hacer un proceso de sanación.

¿Qué es sanación? Recuperación de la integridad. Sanar es cambiar tu mirada sobre la realidad, cambiar la perspectiva que tú tienes de ti mismo y de todo lo demás. O sea, descubrir que no eres el centro del universo y no necesitas controlar nada. Que tú no tienes una vida, que la vida te tiene a ti.

Pero eso a veces pasa y a veces no pasa. El procedimiento del acompañamiento espiritual que hacemos en cuidados paliativos, y de eso tenemos formación avanzada, es para ayudar a cubrir ese itinerario. A veces, cuando alguien está tan instalado en esa posición, es muy difícil.

Pero muchos pacientes que están en situaciones intermedias, que no están profundamente conectados, sí que en ese acompañamiento conseguimos, o se consigue, que esa persona, porque la sanación es un proceso que hace la persona, no hace el acompañante, pueda llegar a acceder a ese nivel.

Entonces, el proceso sanador se caracteriza por dos cosas fundamentalmente: es conseguir que la persona conecte con el momento presente y, además, acepte lo que no puede cambiar. Dejar ir, permitir, aceptar.

Esto lo hablaremos, si acaso, un poco, si queréis, en el debate o en los comentarios, un poco cómo van esas herramientas de acompañamiento, cómo hacer que eso ocurra y qué tiene que ver esto con el sentido.

Él decía también Balf Mount que, en ese proceso, puede haber, como él lo llamaba, un salto de fe o un paso lleno de confianza al interior de lo desconocido. Una confianza que me permite vivir en la incertidumbre.

Fijaros en estas palabras que estoy diciendo, porque todo lo que hago es un poco intencionado. La incertidumbre, todo eso lo vais a ver como cuando mi amigo, que va a venir ahora a hablar un rato, también va a hablar de su experiencia.

Finalmente, lo interesante del estudio de Balf Mount es que yo coincido plenamente con eso. Sabéis que lo del sentido no se ha dicho hoy todavía aquí, pero supongo que mañana Fran o alguien más lo comentará.

El libro "El hombre en busca de sentido", escrito por Víctor Frankl, es un poco la referencia en el ámbito psiquiátrico y sanitario. Frankl habla de que el sentido es lo que nos libra del sufrimiento. Cuando tú tienes un por qué, encuentras el cómo, etcétera.

Esa mirada de Víctor Frankl, que llevó incluso a desarrollar la logoterapia, que es la terapia basada en el sentido, es decir, psiquiatras seguidores de Víctor Frankl trabajan para promover el sentido.

Yo, y esa es la conclusión que Balf Mount y yo hemos vivido también, es que creo que el sentido, per se, como decíamos antes, no es algo que hay que buscar, sino que la vida misma, como decía Teresa, tiene el sentido.

Lo que observó este estudio, y son palabras de Balf, es que el sentido de la vida no es lo que realmente determina la diferencia entre unos pacientes y otros, sino que el sentido de la vida es un producto secundario a la conexión de la persona con su propia profundidad, su conexión espiritual consigo misma, con lo trascendente, con lo sagrado.

Fruto de esta conexión surge la percepción de pertenencia, de seguridad, de confianza, de sentido de la vida y también de acceso a la sabiduría y a la paz interior. Es decir, el sentido es el perfume de la conexión.

Cuando yo estoy conectado con la vida, porque otra de las cosas que también podemos hacer para verlo desde otra perspectiva es: cuando alguien se pregunta "¿qué sentido tiene esto?", yo le diría: "¿quién pregunta eso, tu mente o tu vida?".

Entendéis, porque desde la mente te puedes hacer preguntas. La mente dice: "esto es injusto, no hay derecho, ¿por qué tiene que pasar esto?". El otro día veía la película "La sociedad de la nieve". Claro, en un momento dado dice: "¿qué sentido hay?". Otro te contesta.

Es decir, cuando tú buscas el sentido, es porque ya te has salido, como decía antes también Teresa, de las orillas. Y luego, otra cosa que también he aprendido de Mónica Caballero, a quien le tengo mucha admiración, es que cuando tú sientes paz, alegría y gozo, estás en el camino.

La incertidumbre, la inquietud, el malestar, el estrés, es un aviso de que te has salido. Entonces, esa conexión contigo, con lo que tú eres, con lo profundo que te sostiene, con la vida que hace que seas, siempre está cargada de lucidez, de serenidad, de paz, de gozo, de alegría, de intuición, de coraje.

Lo digo porque, como decía Balf, a mí me parece que nosotros hemos comprobado también con nuestros pacientes que realmente el que vive el sentido no se pregunta por el sentido, porque lo siente, lo tiene.

De alguna manera, el resumen sería que el sentido es un surrogato o un marcador del nivel de conexión de la persona con su propia naturaleza esencial. Desde esta perspectiva, la falta de sentido sería la desconexión con uno mismo y con los demás.

Nosotros, en el grupo de espiritualidad, hemos llegado a construir un modelo antropológico donde decimos que hay mucha tendencia ahora mismo de añadir la espiritualidad a lo que es el modelo clásico de biopsicosocio y espiritual.

Desde mi actitud provocadora, porque me dijo Ana María que soy un número ocho del eneagrama y somos provocadores, me gusta romper y decir: "Vamos a ver, si tú hablas de espiritualidad como la dimensión espiritual, cuando alguien dice la dimensión espiritual, yo digo: 'no te has enterado de nada, ¿de qué me estás hablando?'.

La espiritualidad no es una dimensión, es el core, es el cogollo, es el núcleo, es lo que somos. Siguiendo a Pierre Teilhard de Chardin, no somos seres humanos que tenemos una experiencia espiritual, somos seres espirituales que tenemos una experiencia humana.

Entonces, el core, el núcleo. Desde esta perspectiva, la espiritualidad es un poco... Nosotros hemos construido ese modelo para explorar y acompañar a las personas en ese proceso.

Estamos conectados con nosotros mismos, con los demás y con lo trascendente. Tenemos necesidad de sentir la vida, vivir el sentido, y eso surge de la coherencia y la integridad entre lo que pienso, lo que siento, lo que hago y lo que digo.

Si estoy de una pieza, lo tengo todo. Entendéis lo que quiero decir. En relación con los demás, necesitamos tener armonía, coherencia, paz, no conflicto, porque eso nos hace que esa fluidez de esa energía, con el cariño que necesitamos en este momento, ocurra de manera armónica.

Con los demás, es lo que no soy yo ni los demás, es lo que nos sostiene, es lo trascendente. Entonces, esos tres ejes de conexión son los que estamos trabajando cuando hacemos acompañamiento.

Yo diría que, poco para ir cerrando, yo no tengo una vida, sino que la vida me tiene a mí. Es decir, no soy propietario de nada, sino que soy un invitado a una fiesta.

Por ello, considero la vida como un don gratuito. Lo más interesante es haber descubierto que, al compartirla y darla gratuitamente, a través de ejercer los dones y habilidades que la vida me ha dado, y en mi caso, dar charlas en Logroño y acompañar a la gente que sufre, eso da sentido al inicio, al final y a la meta.

Pero yo no busco el sentido, sino que el sentido es el fruto del resultado de haber aceptado que soy un invitado a una fiesta que me gusta mucho y que la paso bien compartiendo aquello que se me ha dado gratuitamente.

También decir que, si acaso después podemos hablar en el debate o en el coloquio que vamos a tener con Ana María, cuando alguien sufre y está perdido porque está desconectado de sí mismo y está viviendo en la fantasía de su mente, de la amenaza, el "¿qué pasará?", el "tengo miedo", el "¿me voy a morir?", todo eso es cierto y es humano, es normal.

La forma de facilitar que esa persona pueda conectar con esa profundidad que le sostiene, donde no hay miedo, ni hay incertidumbre, ni hay tiempo, ni hay amenaza, es creando en ti ese espacio de seguridad, confianza, coraje, ternura, respeto, interés, compasión.

Y eso es tu presencia. Eso es estar conectado contigo mismo y, desde aquí, ofrecer al otro la posibilidad de que esta persona pueda conectar consigo misma, descubrir eso que no es mío ni es tuyo, que nos hace a los dos.

A partir de aquí, puedes ver la película que te habías contado como lo que es: una película. Tú no eres esa película.

Me parece que voy a ir cerrando esto. Hice un experimento muy interesante y me metí en ChatGPT y le pregunté que hiciera un link entre sentir la vida y vivir el sentido. La verdad, lo tiré a la basura, porque desde un punto de vista erudito, luego le dije que me relacionara a Baruch Spinoza y el conatus con el élan vital y también me hizo de Berson.

Entonces me hizo una construcción. Lo miré y dije: "¿cómo voy a insultar aquí a los de Logroño diciéndoles lo que dice?", y lo tiré a la basura. Si bien decía cosas curiosas.

Yo os decía que Víctor Frankl, que habló del sentido de la vida, decía que al final es una necesidad humana. Decía que eso permitía la autotrascendencia, la capacidad de desarrollar un propósito más allá de ti mismo.

Yo creo que profundizando en eso, que ha empezado Teresa, y yo me siento muy estable porque veo que estamos en la misma línea. Está bien que tu vida tenga sentido, pero eso es, otra vez lo repito, el subproducto, el fluvio, el perfume de la conexión con la vida.

Ahora me parece que, no sé si estoy en tiempo, os quiero presentar a mi amigo que está muy contento de estar aquí con vosotros.

Os voy a presentar, es un hombre de 50 años, se llama Manuel. Era responsable de un gimnasio en Castellón y, además, los fines de semana trabajaba como guardia de seguridad en una sala de fiestas. O sea, una persona sencilla, normal, no un profesor.

Le diagnosticaron hace dos años un cáncer de pulmón, sin haber fumado en su vida. Un tío deportista, le gusta hacer ejercicio, un hombre sano. Entonces, empezó tratamientos con quimioterapia y tal, la enfermedad progresando.

Recientemente, hace unas semanas, me escribió un correo diciendo que algunos de los vídeos que habían visto míos le habían inspirado y que, bueno, me quería dar las gracias.

Solamente eso. Pero yo, cuando vi el correo, dije: "madre mía, este hombre quiero conocerle". Le llamé y empezamos a hablar, hicimos un Zoom y dije: "Manuel, ¿quieres que grabemos esta conversación?". Dijo: "Sí, por supuesto".

Entonces grabamos unos 40 minutos. No os preocupéis, he hecho una edición de esto. Tengo 10 minutos que os voy a presentar a Manuel ahora, un momento, todavía no, cuando yo les diga.

Quiero que escuchéis cómo una persona que está conectada habla de la enfermedad, del sufrimiento, de la vida, etcétera. Después de ese tiempo, hará algunos comentarios más y después, ya supongo que Ana María vendrá para discutir algunas cosas.

Manuel me ha dado permiso para enseñaros estos 10 minutos y, además, está feliz. Le he dicho: "¿sabes que hay 10,000 personas y me he dicho que han pagado?". Digo: "sí".

Manuel está esperando el vídeo de esta charla y también espero que vea la sala, porque, bueno, después el vídeo entero, los 40 minutos mejor editado que aquí, porque eso es una improvisación, va a estar colgado en YouTube dentro de unas semanas.

Seguramente, Manuel y yo haremos algunos vídeos más, porque es un maestro de alguien que demuestra cómo, cuando trasciendes el sufrimiento, adquieres un nivel de conciencia que te permite ver la vida de otra manera.

Creo que podemos dar paso a Manuel y después cerraré un poco más y seguiremos hablando. ¿Podéis poner el vídeo, por favor?

Esa es mi situación actual. Apenas salgo de casa, tengo falta de aire, tengo que utilizar inhaladores y no puedo hacer esfuerzos físicos. De hecho, ahora mismo soy pensionista, estoy reconocido como pensionista, no puedo trabajar, no tengo capacidad para trabajar.

Ahora mismo estaba con un tratamiento, estaba en un tratamiento experimental. Es el cual he decidido, también lo he hablado con mi esposa, y he decidido dejar todo tipo de tratamiento.

Y le voy a explicar a usted por qué, doctor. O sea, el tratamiento es verdad que ayuda y, en parte, sí que es verdad que puede retrasar que el cáncer avance. En mi caso, mi cáncer es inoperable porque está extendido, tiene tres ganglios que están extendidos y luego tiene un nódulo en el pulmón, con lo cual no se puede operar.

Es como yo percibo, cómo estoy viviendo esta enfermedad. La vivo desde la naturalidad, desde la aceptación total, desde la aceptación integral y total, no con resignación, que no es lo mismo. O sea, con la aceptación de que todo es como debe de ser, de que nada sobra ni falta y de que esta enfermedad está aquí para que yo sane.

Entonces, yo no lucho contra ella. Por eso he decidido dejar de medicarme, porque así puedo vivir con mi esposa, puedo vivir con mi familia, puedo estar bien el tiempo que tenga que estar, si son tres meses, si son seis meses, el tiempo que sea, pero poder tener calidad de vida y, por lo menos, vivir como yo puedo.

Cuando uno se libera, cuando uno suelta, doctor, cuando uno suelta con amor y confianza, cuando uno confía en la vida, cuando uno tiene esa certeza que le llega.

Porque yo no le puedo decir cómo me ha llegado. No es que yo un día me haya despertado, no. Pero sí han habido ciertos momentos en mi vida en que me he dicho: "vivir en la incertidumbre es lo mejor que me puede pasar".

Si llego a final de mes, si no llego... Ya le digo, antes yo tenía dos trabajos y vivía, era un esclavo integral del trabajo, doctor.

¿En qué te apoyas en los momentos de inseguridad, incertidumbre? ¿Tienes algún momento también de qué pasará? ¿Qué te sostiene a ti? ¿Qué es lo que hace que tú te sientas? Porque estás mostrando una entereza, una confianza y una actitud excelente de afrontamiento.

No me ayuda principalmente el haber cambiado mi sistema de pensamiento, doctor. Me ayuda el haber cambiado mi sistema de creencias. O sea, y cuando digo esto lo digo con cuidado. O sea, no se trata de no tener sistema de creencias, sino de vivir cada momento.

O sea, de no proyectar mi mente ni al pasado ni al futuro, sino estar aquí y ahora. Estoy hablando con usted y estoy viviendo. Y aquí no tengo conflicto ninguno.

Y eso me ayuda, porque yo ahora, cuando termine de hablar con usted, estaré con mi esposa y seguiré sin tener problemas. O sea, tengo el cáncer, pero es que a mí el cáncer no me preocupa, doctor. No le doy importancia.

Entonces, yo sigo viviendo y aceptando mis limitaciones. Ya no puedo correr, ya no puedo hacer pesas, ya no puedo hacer voleibol, ya no puedo nadar, que a mí me gustaba mucho. También hay muchas cosas que no puedo hacer, pero las acepto y las integro.

A mí me ayuda lo que alivia mi mochila, por decirlo de alguna manera, es vivir en el aquí y ahora. Vivir aquí, o sea, vivir viviendo. Intentar, sobre todo, darme cuenta de mi sistema de pensamientos, el ser el observador consciente de mí mismo.

Porque, evidentemente, claro, yo vivo y todos vivimos con un ego. O sea, es el piloto automático que tenemos, y que, evidentemente, está cuando somos unos inconscientes, cuando hemos estado trabajando toda la vida y no hemos sabido afrontar las cosas como a lo mejor debíamos haberlo hecho.

Tengo claro, no tengo miedo a la muerte, doctor. Le he oído decir a usted que la muerte no existe y yo, pues comparto su opinión. Yo también creo que la muerte no existe.

Bueno, o sea, dices que no tienes miedo a la muerte. Entonces, la pregunta es: ¿cómo has llegado ahí? Porque eso no es muy normal. La gente normalmente estamos muy preocupados por eso, no queremos ni hablar de ello.

No, pues se la voy a decir de corazón, que es honesta. No toda mi declaración y es como la siento y por eso la quiero compartir. No pretendo convencer a nadie de nada, porque no pretendo, pero sí compartir mi experiencia con usted.

Y, si me lo pregunta, con toda humildad. Claro, claro, yo evidentemente me he ido haciendo a mí mismo y he podido hacer acto de conciencia.

He podido interiorizar, sobre todo en este tiempo en el que he estado enfermo, porque he entendido que toda enfermedad es sanadora. O sea, he entendido que la enfermedad no viene a mi vida por casualidad. Esto no es un castigo divino, esto no es algo que pase aleatoriamente.

He podido integrar lo que más ha resonado en mí, lo que más ha resonado. Y, evidentemente, he llegado a la conclusión, después de pasar por muchas etapas, porque no es llegar a pensar de esta manera, de la que estamos hablando.

He pasado por muchas etapas, etapas de duda, de dolor, de incertidumbre. Y cuando integras todo eso, cuando te das cuenta de que eres mucho más que tus pensamientos.

Porque, claro, yo me identificaba mucho con mi personaje, me va a permitir la expresión, con el personaje de Manuel, con la manera de pensar de Manuel y con las emociones de Manuel.

Todo eso regía mi mundo. Entonces, había cosas que al personaje le gustaban y había otras cosas que no. Vivimos en la dualidad, vivimos en un mundo dual y somos selectivos.

Desde pequeños ya nos dicen qué es lo que está bien y qué es lo que está mal. Sin darnos cuenta, emitimos juicios. Muchas veces, sin saber lo que a mí me funciona, es que me he dado cuenta de que soy mucho más que un cuerpo físico, mental y emocional.

Yo me he dado cuenta de eso, lo he podido sentir, percibir y vivir. Yo soy más que Manuel. Entonces, incluso lo he podido comprobar, porque he comprobado mis pensamientos y me he parado a ver mis pensamientos, a ver qué hace mi mente.

Lo que hace es mandar pensamientos, digamos, como disparándoles. Pero, claro, soy yo el que los observa. Si me permites ese paso, que es fundamental, se llama el descubrir tu metacognición, tu capacidad de tu conciencia de testigo.

Lo que los estoicos llamaban el hegemon, esa conciencia que observa los contenidos de la mente, que son los pensamientos, las emociones, el personaje. Pero esto que observa el personaje está en paz, no tiene miedo, es lúcido, es sabio, no tiene tiempo, no tiene edad, no tiene género y no tiene miedo a la muerte, porque sabe que cuando tú descubres esto en ti, has dado un salto en el nivel de conciencia.

Has dejado de identificarte con aquello que el personaje sí que tiene miedo. Pero tú descubres: "yo ya no soy". Cuando dices "yo no soy mi cuerpo", digo: "este hombre ha hecho un proceso que, como dices tú, no es fácil, es complejo".

Llevas un tiempo, pasas por épocas difíciles, pero yo te agradezco mucho la lucidez de poder compartir eso. Yo nunca viví, nunca viví hasta que no acepté que iba a morir.

¡Wow! O sea, yo no... Claro, no había vivido. O sea, estaba como en piloto automático, lo que hemos hablado: trabajo, casa, gimnasio, mujer, hijos, en una vorágine de esclavo integral, vale, para pagar facturas, para tener de todo y que no me falte de nada en casa.

Y, bueno, vivir de una manera diferente. Pero, claro, cuando yo me doy cuenta de que puedo morir, cuando integro eso dentro de mí y cuando lo veo y le pierdo el miedo, porque todo es miedo en la cabeza.

Todo esto es un miedo, es una barrera que nos creamos todos. Cuando uno rompe esa barrera, doctor, no hay miedo. Yo ya no tengo miedo. O sea, pero es que lo que estás diciendo, Manuel, es que cuando aceptas, o sea, cuando pierdes el miedo a morir, pierdes el miedo a vivir.

Efectivamente, porque antes sí, antes yo era temeroso. Reconozco que era temeroso de morir. Y yo siempre decía: "Ay, fulanito se ha muerto", o "bebito muerto". "Ay, qué mal, qué mal me sabe".

Pero luego, a los 5 minutos, ya estás haciendo tus cosas y estás... Vale, porque eso le pasa a los demás, a ti no te pasa. Tú no te vas a morir y yo tampoco. ¿Qué nos va a pasar?

Evidentemente, la vida enseña y enseña a capones. Podemos aprender de las dos maneras, pero parece ser que el ser humano aprende más en la distopía y en el dolor que en el amor. [Música] [Aplausos] [Música] [Aplausos]

Bueno, yo la verdad, ha puesto palabras más sencillas, más auténticas. Y claro, porque cuando le propuse grabar, dije: "Manuel, pero usted dice mucho".

Manuel, pero cuando yo cuento cosas de estas, la gente escucha y dice: "sí, pero este no se ha muerto". Pero tú tienes un papel que yo no puedo. O sea, tu autoridad en ese momento es impresionante, porque tú estás dando un testimonio de alguien que ha reflexionado, que está viviendo eso.

Y que, bueno, ahora mismo él no me lo ha dicho, pero yo lo sé. Que fue a ver a su médico, estaba en un tratamiento, digamos, experimental, un ensayo clínico que no tenía ninguna garantía de funcionar y decidió abandonarlo.

Y, bueno, sus médicos no estaban de acuerdo, pero él fue muy claro y consistente y al final aceptaron. Pero, ¿sabéis qué pasó? Los médicos han hecho un parte a psiquiatría. ¿Quién necesita al psiquiatra aquí?

Lo digo porque alguien que es lúcido en un país de ciegos es realmente alguien raro, decía aquel. Cuando bailamos, los que no escuchan la música creen que estamos locos. No, pues es un poco lo que pasa en el sistema.

Yo creo que Manuel, aparte de eso, ha referido las cosas que, básicamente, ha hecho un proceso que se ha enfrentado con una realidad que es una situación límite. Karl Jaspers, el psiquiatra, decía que las situaciones límite nos ponen en un muro que no podemos atravesar.

Pero alguien intuye que detrás del muro hay algo más. Entonces, ¿cómo paso a través de esto? Pues, básicamente, a través de entrega, aceptación. No puedo cambiar eso, pero yo no soy solamente eso.

Entonces, descubrir más allá ya de la imagen que tú tenías de la realidad. Yo me había identificado con Manuel, creía que era Manuel. Ahora sé que soy mucho más.

Ese proceso de transformación, yo no soy mi cuerpo. Lo que yo soy no está amenazado por eso. No tengo miedo a la muerte. Poca broma. No he hecho ningún curso específico ni tal.

Es un proceso que, con cierta frecuencia, estamos viendo con los pacientes. Entonces, el legado que deja alguien cuando se va de esta manera es impresionante, porque te puedes imaginar la diferencia de que alguien se vaya de esta forma o que alguien se vaya gritando o blasfemando.

¿Cómo queda la familia y cómo ven los sanitarios eso? No sé si está por aquí Ana María, ni sé cómo vamos del tiempo. Yo ya me he perdido. ¿Estás aquí?

Si quieres, yo por mi parte, después de esto, creo que podemos entrar en un debate, en un diálogo, comentar un poco. Hay muchas más cosas para hablar, pero yo creo que os quería enseñar a Manuel y sé que él estará muy feliz de poder haber participado en el Foro de Logroño.

Si queréis, nos sentamos un poco, ya Ana María, y podemos ir pasando a los comentarios. Me quedo con... ¿Quédate con la...? Estoy bien, voy a hablar desde aquí, que parece que había... Con los micros de mesa un poquito se oye bien.

Pero nos tenemos que acercar a Enrique. ¿Lo oí bien? No, y a mí también. Vale, pues estupendo. Bueno, no hay muchas preguntas. No he lanzado mucho, pero como tú y yo aquí podemos tener...

Tú y yo podemos... Esta mañana, estimado amigo, es que Enrique y yo nos miramos. Ya le he hecho la pregunta y no se acuerda cuál era. Eso la he chivado yo antes.

O sea, me acuerdo, me acuerdo. Ah, perdona, tú y yo aquí juntos. Qué alegría con toda esta gente. Podemos compartir el sentido de la vida, sí.

Bueno, pero no sé si con toda esta gente, pero si la pregunta es si podemos compartir el sentido de la vida, entonces yo diría que, de alguna manera, el sentido, si he dicho antes que es el perfume que surge de la conexión con tu propio ser, primero tienes que conectar contigo para encontrar ese perfume, para que tu vida tenga sentido.

Lo que sí que podemos hacer, yo no puedo darte un sentido y decir cuál es el sentido de tu vida, pero si alguien está enfermo y está sufriendo, está desconectado, está perdido, y yo me acerco para acompañarle, primero tengo que conectar conmigo, con esa...

Nosotros llamamos presencia. Esa presencia, como también me ha sonado mucho cuando lo comentaba Teresa, se caracteriza por algunas... Tiene unas características muy interesantes.

Yo, cuando estoy presente, estoy absolutamente conectado conmigo, interesado en otro que está sufriendo, con ganas de ver si él es capaz de olvidarse del rollo que se está montando aquí y encontrarse con lo que realmente es.

Esa presencia se caracteriza en mí por apertura. O sea, yo no puedo juzgar nada, porque en el momento que el otro me dice: "Es que yo...". Pues lo que sea. Si yo digo: "¡Ja! Menudo pájaro", ya he perdido la posibilidad.

O sea, apertura significa aceptación incondicional de todo lo que tú traes, porque lo que tú traes no eres tú. Hay que distinguir entre los contenidos de tu mente, de tu historia, de tu biografía.

"He sido un maltratador". Bueno, no juzgamos eso, porque ve saber qué cartas le habrá dado la vida para poder portarse así. O sea, el ser de esta persona, lo que él es, no es un maltratador. Por lo tanto, yo no puedo juzgar eso.

O sea, lo que sea que me traiga. Tanto es apertura. De otra manera, esa presencia me da también otra cosa, que es claridad, lucidez, entendimiento, comprensión. Entiendo, lo veo de una manera como que no solamente lo acepto, sino que entiendo por qué está pasando eso.

Y después también me da otra cualidad, que es la ecuanimidad. Cuando estoy presente, estoy tranquilo, sereno, ecuánime. O sea, puede haber mucho ruido y a mí no me tiemblan las piernas, para que entendáis.

Es decir, si yo me mantengo robusto, entero, sólido, ecuánime, soy capaz de generar ese espacio de seguridad, de confianza, donde el otro se siente acogido por alguien que está abierto, está interesado, está lúcido, no juzga.

Pero además, hay en esa presencia o en ese sentido que yo estoy conectado, hay vitalidad, hay energía, hay fuerza, hay poder, hay entusiasmo. Estoy facilitando que tú te... Porque si tú estás, digamos, deteriorado de alguna manera, no estás en ti, entonces estás lánguido.

Pero la gente tiene buen gusto. Si tú ves que yo estoy vital, con energía, te acercarás para ver qué es eso. Entonces, esa vitalidad también puede impregnar toda la relación que tengo con el otro.

Y después hay otra cosa muy interesante que sabemos que funciona, que es la corregulación. Es decir, todas las personas estamos conectados unos con otros. Fíjate qué calidad de atención que hay en ese momento.

Entonces, estamos conectados. ¿Qué significa? A nivel muy sutil, ahora, desde el punto de vista médico, tengo que... Y hablando para médicos, me cultivo el lenguaje para hablar el lenguaje que tienen los médicos.

Desde la teoría polivagal de Stephen Porges, ha demostrado cómo las personas nos conectamos y cómo conectamos y hacemos que vibremos en la misma longitud de onda. Esa conexión se establece a través de la mirada, la postura, el lenguaje no verbal, el lenguaje corporal, la prosodia.

Es decir, cuando yo estoy sembrado en mi paz, en mi serenidad, el neumogástrico, el nervio que inerva todas mis vísceras, manda un mensaje a través del sofá, en el tono de voz, en la calidez, en la prosodia, a todo el mundo de que aquí no hay peligro, estamos bien, hay paz.

Y eso se transmite. Entonces, estas características de apertura, claridad, ecuanimidad, vitalidad, corregulación, hacen que este que está en la selva de su mente, viendo la amenaza del peligro de no sé qué, conecta con esa paz y, de a poco, se va a conectar.

Y si es capaz de llegar a conectar consigo mismo en ese vínculo que se establece, puede en ese momento decir: "Ah, esto es una película, yo no soy esto, yo soy esto".

Y este viaje lo hace él gracias a que, desde aquí, a veces, si puede, porque otra cosa importante, la presencia, la conexión, nuestra capacidad de ayudar, tiene que ser absolutamente desapegada de cualquier resultado.

Porque yo no estoy esperando que tú te sanes. Yo estoy aquí y hago lo que puedo, me doy absolutamente sin esperar ningún resultado. Esto es do upat también.

Somos responsables de nuestro esfuerzo, pero no de los frutos de nuestro esfuerzo. Y si esta persona llega con ar y queda y se pone bien, yo me sentiré muy bien, pero si no, yo no me sentiré muy mal, porque hoy hice lo que podía y pasó lo que tenía que pasar.

Lo que pasa es que, cuando encuentras a alguien que ya viene sanado de su propio proceso, como Manuel o como Fátima, que os he contado, que son gente que ha hecho el proceso a pelo y solos, cuando lo encuentras, dices: "Bienvenido, hermano, ayúdame a contar eso que estás viviendo".

Porque la gente se cree que eso es un invento. Explícalo tú. Y cuando explica Manuel, yo creo que queda bastante claro.

No podemos compartir el sentido, podemos dar sentido. No podemos dar el sentido a otros, pero podemos ayudar a que la gente se conecte consigo misma y descubra que esto tiene sentido, sea lo que sea.

El morir también tiene sentido. Todo está bien organizado. Fíjate lo que dice Manuel, que todo está bien, no sobra nada, no falta nada, y en mitad de un cáncer.

Y eso es esa confianza que te viene de la conexión con lo que sabes que es así. ¿No hay alguna pregunta? [Música]

Esto lo hemos inventado nosotros, eh. Mientras llega el diálogo. Bueno, hay una persona que trabaja en paliativos y pregunta: "¿Crees que una madre o un padre puede conectar con el sentido de la vida, entendido como Teresa y como tú habéis explicado, cuando está acompañando a un hijo en este proceso de morir?".

No, son las situaciones más difíciles. Antes me he encontrado con alguien en el hall que trabaja en cuidados paliativos en pediatría y hemos hablado de esto.

Los niños son los que están mejor preparados. El problema no son los niños. Cuando un niño tiene que fallecer, exceptuando los adolescentes, que diría que también es un segmento muy difícil, porque la aceptación de tener que dejar la vida cuando la vida está empezando es realmente duro.

Es un choque de trenes. Eso es una situación muy compleja. Si bien hay situaciones en las que se puede dar ese proceso y otras en las que es muy difícil. O sea, yo diría que los adolescentes es una situación muy difícil, pero los niños pequeños...

Yo pongo el ejemplo de si tú tienes que arrancar una hoja de perejil, te das cuenta que las raíces son muy finas y no cuesta. Si tienes que arrancar un árbol, ahí hay mucho dolor.

Los niños están más conectados con su propia profundidad que la mayoría de adultos. El problema está en los padres. Contaba de aquel amigo que tenía su esposa que estaba poniéndose quimioterapia y, de repente, estaba esperando en una sala de espera, leyendo el periódico, y llegó un niño que empezó a hacer...

Ah, quería jugar. El niño no tenía miedo. Y le preguntó: "¿Cómo estás?". Dice: "No, me tienen que poner quimio a mí ahora también y tengo una leucemia". Dice: "Ah, te curará". Y el niño dijo: "No, me voy a curar, me voy a morir, pero no quiero que mi mamá lo sepa porque lloraría mucho".

Es decir, el niño no está en el problema, tiene un lenguaje simbólico de muy pequeño, no tiene información de exactamente qué es morir. Porque puedes imaginar otras cosas.

El problema están los padres, especialmente la madre, que para una madre es muy duro pensar que este hijo, que es tuyo, que lo tienes que cuidar, la vida se te lo lleva. No, no es fácil.

Yo creo que los pediatras, hay gente que hace acompañamiento espiritual en pediatría. La Sociedad de Cuidados Paliativos Pediátricos tiene gente muy buena. Y yo creo que hay todo.

Yo no tengo tanta experiencia, pero te podría decir que, en la medida que los padres aceptan las cosas, fluyen mucho mejor. La resistencia a aceptar la realidad se llama sufrimiento.

El sufrimiento no es más que la negación del presente, no querer que esto pase. Y cuando la vida fluye, si te resistes, es como querer contener el tsunami con las manos.

Entiendo que es muy difícil para una madre aceptar que se va a ir su hijo, pero hay muchas historias muy interesantes de que, cuando se hace esto, sienten las cosas de otra manera.

Porque ver la muerte como un absurdo, un fracaso o un final es ignorancia. La muerte no es nada de esto, es un traspaso, es apagar todo interno porque ha llegado a amanecer. Es otra cosa, pero esto hay que vivirlo.

No hay que escucharse a una conferencia. Cuando tú tienes la oportunidad que alguien se muere, le acompañas y vives esa experiencia. Si es de forma... Porque hay muertes muy traumáticas, hay muertes muy duras.

O sea, yo estoy hablando siempre de mi experiencia, que es muy limitada, que es la de acompañar a gente en proceso de progresivo, porque una muerte súbita, no esperada, te deja con un palmo de narices.

Como recientemente un buen amigo, el presidente de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos, con 45 años, el 11 de octubre, haciendo footing en Bilbao, quedó seco en mitad de la acera. Y yo pensé: "Cabrón, te has ido corriendo".

Porque nos dejó a todos absolutamente impactados. No, ostras, no me esperaba eso. 45 años. Sé lo que es de un amigo muy cercano, no de un familiar más directo.

Pero eso es algo que necesita su trabajo. O sea, no es fácil, porque somos humanos y sentimos y nos duele. Pero el proceso es aceptar eso y trabajarlo para ayudar a trascenderlo.

Porque como que te quedes enganchado en "no es justo", "no hay derecho", "¿por qué a mí?". Eso me... Dice Ken Wilber que es como estar enganchado a un cable de alta tensión, gozando de los espasmos del sufrimiento. O sea, suelta.

[Aplausos] [Música]

Te, bueno, y la última, para ya ir acabando. ¿Cómo se puede afrontar la muerte cuando se sufre un dolor físico intenso que me impide vivir el presente? También otra pregunta iba como...

¿Cómo se puede lo mismo, pero con el tema de salud mental, problemas de salud mental? No, todas las preguntas fáciles, como has visto. No, para que luego puedo decir: "No lo sé".

Por supuesto, es decir, el dolor físico, el dolor físico, si es realmente físico, no tiene problema. O sea, tenemos suficientes fármacos para quitar el dolor.

El dolor físico muchas veces es expresión de un dolor más profundo. Los médicos vamos a acabar por descubrir que hay un cuerpo espiritual, que hay un cuerpo noético, hay un cuerpo emocional y hay un cuerpo físico.

Y el cuerpo físico es la expresión más vasta, más burda de estos otros cuerpos. El dolor se expresa en el cuerpo, pero puede estar en otro sitio, en otro de estos cuerpos.

Quiero decir que, cuando el dolor yo lo expreso como dolor físico, pero es un dolor del alma, de un proceso personal, de un conflicto interno, que eso lo hemos visto.

Así de ve, pues por mucho calmante que le des, no lo vas a calmar. Entonces, si es... Si te rompes una pierna, no tienes ningún problema. Te dan un calmante o dos, o la morfina, la metadona, todo eso funciona de maravilla.

Pero si no es físico, entonces no funciona. Entonces hay que buscar el problema. Es que sabemos tan poco de cómo explorar esos territorios, acompañar esos temas, que realmente se hace muy difícil.

Yo recuerdo un caso de un paciente que está escrito en el libro este que después os voy a contar, de un paciente que le estábamos a punto de sedar, porque tenía un dolor terrible que no había manera de quitarle el dolor.

Yo sabía que tenía físicamente, no estaba en condiciones de morir, podía haber vivido tres meses más, no estaba en últimos días. No sabemos cuándo hay una situación de últimos días.

Pero claro, el paciente decía: "Doctor, es que ya no podemos más, está todo el día tocando el timbre, está ansioso, está sufriendo, no sabemos qué hacer con él". Los calmantes le vamos cambiando y no.

Entonces, ahora que se le iba a dar y tal, una enfermera con la que trabajamos muy bien juntos me dijo: "Enrique, vamos a hablar tú y yo con él a ver, porque aquí hay algo más".

Hay algo más. Y nos sentamos en la cama, estuvimos allí, venimos a verte, venimos a ver cómo estás y tal. El hombre, después de un buen rato, lo voy a abreviar, pero eso duró varias horas.

Al cabo de un cierto tiempo, yo me senté en la cama y sentí que tenía que decirle: "Pero tú eres una buena persona". El tío conectó, se puso a llorar y necesitaba que alguien me lo dijera.

Mi padre nunca... Entonces salió un tema que estaba ahí atrapado, lloró lo que no te puedo decir. Y al cabo de un rato levantó la vista y dijo: "Qué colores más bonitos tiene este cuadro".

Lleva 15 días ingresado, no había visto. O sea, como si se le hubiera caído de repente un velo. Empezamos a bajar los calmantes y se fue de alta.

Habíamos tocado el punto que había un conflicto emocional, espiritual, como quieras llamarle, que el validar a esa persona como que era una persona que merecía ser.

Aquello le cambió la vida. Eso son experiencias que te indican que, si sigues con calmantes, lo pueden matar. Pero no va por ahí.

Bueno, sí. Estimado amigo, tenemos que hacer un... tenemos que hacer un... comprar. Y os explicamos por qué.

Háblanos de tu libro. Es que acaba de salir mi libro. Ha venido a hablar de su libro. No creáis que... O sea, ha de su libro. Isaac, ¿nos puedes poner la diapo del libro?

Voy a hacer una versión corta. Este verano estuve en la India, en un retiro en Kerala, en silencio, dieta vegetariana, yoga y esas cosas. Y nada, finalmente me vino la intuición de que tenía que escribir un libro.

Me venían buscando para hacer un libro y finalmente pensé: "No, voy a hacer un libro de estos de autoayuda con teorías y tal". Voy a hacer un libro que no puedo hacer nada más que yo, que es contar historias de pacientes que me han inspirado, me han servido, me han ayudado y me han cambiado la manera de ver el proceso de morir.

Voy a contar estas historias, pero antes voy a contar también quién es este pájaro que hace esto. Entonces, bueno, me puse a escribir. En el mes de finales de julio, en un mes y medio estuvo terminado el libro.

Había escrito 350 páginas. Los de la editorial me dijeron que tenía que cortar bastante. Al final he hecho un resumen. Es "El niño que se enfadó con la muerte".

Es este pájaro que, a los 9 años, se enfadó con la muerte porque se murió la persona que yo más quería y decidí que esto no podía acabar así. Y, bueno, aquí estoy.

Entonces, el libro, los beneficios de las ventas del libro son para la Sociedad Española de Cuidados Paliativos. O sea, es mi libro, pero no es mi libro. Va a ayudar a mucho a los paliativos.

Se vende en prensa el 21 de febrero y está en Amazon, se puede encargar. Y Harper Collins estará feliz de que sepa que 100 personas han escuchado. [Aplausos]