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Viernes Santo 2026 (Adoración de la cruz)

Padre Eugenio Fernández Herrera18:50

Transcription

Hermanos, ¡qué día tan especial donde el Señor viene a declararnos su amor! No sé si alguna vez has tenido un enamorado, alguien que te declaraba su amor, tu esposo hasta que era hasta que se casaron. Después ya no te volvió a decir nada. Pero bueno, ¿verdad? Cuando erais novios te decía que te amaba mucho y que te amaba mucho.

Pues hoy el Señor viene a declararnos su amor profundamente por cada uno de nosotros, hermanos, en esta palabra. Fijaros cómo hemos comenzado la Eucaristía. Hemos comenzado en silencio. Hemos comenzado con el altar desnudo. Desnudo, así se llama, altar desnudo, sin mantel ni nada. Ahora lo pondremos para solamente para repartir la comunión. Hoy no hay misa. Esto no es una Eucaristía. Ni hoy se celebra Eucaristía, ni mañana se celebra Eucaristía, porque el Señor, el Señor ha sido apresado. Por eso teníamos anoche el monumento. Es un signo de el encarcelamiento de Jesús y hemos ido a visitarlo, ¿verdad? Los que hemos ido a visitarlo, hemos ido a visitar a Jesús en en en la cárcel y hemos empezado con el altar desnudo. ¿Por qué? Porque Jesús hoy está desnudo y el altar es Cristo.

Leía ahora las noticias y decía que el Papa iba a retomar un rito muy bonito, el Papa León, donde entra en silencio, se quita la casulla, se descalza, se quita el anillo del pescador, que es el anillo del Santo Padre, y el solideo, todos los signos, digamos, de Papa, incluso descalzo y empiezan así la celebración. Que es un signo de unirnos a Jesucristo, hermanos, en este momento, ¿no? Y fijaros que hoy la palabra hoy nos presenta la cruz, la cruz del Señor. Este canto tan bonito: "Victoria tú reinarás. Oh, cruz tú nos salvarás." ¿Verdad que lo sabemos? "Victoria, tú reinarás." Ahora lo cantaremos. "Oh, cruz, tú nos salvarás." La cruz nos salva. Un instrumento de tortura nos salva. Porque fijaros que no dice que es bonito el canto, porque es la cruz la que nos salva con Cristo en ella. Un instrumento de tortura. El Levítico decía una cosa para añadir a todo lo que he dicho estos días. Decía: "Maldito el que cuelga de un madero." Maldito. Hemos hablado de que Jesús se ha hecho impuro muchas veces por nosotros. Hemos hablado de que Jesús eh ha ha transgredido la ley de los fariseos del sábado y tantas cosas por amor, para curar, para ayudar, para sanar, para acercarse a ti. Ha roto la ley, se ha hecho impuro y hoy se hace según la ley maldito. ¿Cómo te parece eso? ¿Cómo te parece esa maravilla? Imaginaros los judíos que pasaban por allí escandalizados. El rey de los judíos en una madera colgado. "Bájate, bájate, no seas tonto, bájate. No es que estás maldito, bájate." Y lo ha hecho por nosotros.

Y sabéis cómo es la muerte en cruz, ¿verdad? Es una muerte muy complicada. Me imagino que ya habéis sabéis un poquito cómo es. No mueren de aburrimiento, ni mueren por los clavos. Los clavos es lo de menos. Les les clavan de las manos y de los pies para que eh el el tórax quede aprisionado en esta posición. Hermanos, tú no puedes respirar con todo tu peso sobre tus pulmones, quedan aprisionados, no puedes respirar. Entonces, para respirar tienes que levantarte y ahí puedes aire y vuelves a bajar. Y cada vez que quieres respirar tienes que apoyarte en los pies que tienes clavados, tirar de las manos que tienes clavadas hacia arriba para poder aire, para descansar un poquito la caja torácica, poder respirar y cada vez que quieres respirar es este ejercicio constante. Este ejercicio mata al al reo en la cruz. Además de que ya viene fatigadísimo. Jesús venía muy fatigado. Jesús venía latigado. Le habían latigado casi hasta la muerte cargando con la cruz. Ya le pones en ese de la cruz, ¿no? Por eso una manera de acabar con el sufrimiento de los que están crucificados, ¿cuál es? Les rompes las piernas. Y al romperles las piernas ya no pueden y se mueren ahogados. La muerte en cruz es una muerte por asfixia, ahogados. Así murió el Señor, pero a él no le quebraron las piernas porque le habían dado tan duro que no hizo falta. Muere antes. Cuando ya se acercan a quebrarle las piernas a los otros dos para que muriesen rápido, cuando le van a quebrar las piernas a Jesús, ya se ya estaba muerto, ya no hacía falta quebrarle las piernas. Así muere Cristo en la cruz.

Y digo esto no para que hoy lloremos ni nos lamentemos ni nada, no, no, no. Si Cristo muere en la cruz, feliz de amarte, feliz de amarte, feliz de estar ahí contigo. Yo no sé si tú hoy necesitas, yo lo necesito. Yo necesito que hoy Cristo muera por mí. Yo necesito que hoy esta liturgia me recuerde el amor tan grande que me tiene el Señor. Yo no sé si tú lo necesitas o tú crees que yo por ser cura ya a ya estoy por encima del bien y del mal. Ya todo no, no. Yo todos los días necesito recordar este amor del Señor. Todos los días. Todos los días necesito orar. Todos los días necesito la palabra como tú. Todos los días necesito la Eucaristía como tú. Todos los días necesito escuchar la predicación como tú. Hoy necesito vivir esta Semana Santa. Hermanos, yo aquí no soy eh los curas, no somos como los que damos, sino también vivimos. Yo hoy me siento viviendo esta Semana Santa, mi primera Semana Santa como sacerdote en España, siendo de Santander. Es curioso porque sabéis que me ordenaron en Colombia hace 9 años, o sea, mi décima Semana Santa aquí. Maravilloso, feliz, contentísimo de ver el amor tan grande que Dios me tiene y y hay tantas cosas, pero no voy a hablar de todo, hermanos, porque no porque no tengo que ser breve hoy, ya me estoy pasando. Ya el otro día os hablé del pretorio, el domingo os hablé de Barrabás, ese justiciero que tenemos todos dentro, el pretorio, ese lugar de impureza en el cual entra Jesucristo. El resto de los judíos no podía entrar, nadie podía entrar. El resto no entra, solo entra Cristo y se hace impuro por nosotros en ese momento. Impuro y después maldito. Imagínate.

Pero hoy quiero hablaros de Pilato, porque Pilato tiene un diálogo con Jesucristo genial, espectacular. Pilato al final es un hombre muy pobre como tú y como yo, que quería librarlo. Pero hay algo, hay un punto, hay un momento en la escritura, en la palabra de hoy donde se nota el quiebre de Pilato, donde Pilato dice: "¡Matadlo ya!" Y sabes cuál es ese quiebre, ese punto de inflexión. Cuando le tocan su vida cómoda, cuando arriesga su vida cómoda, cuando le dicen: "Si tú no matas a este, no eres amigo del César." Se estaba jugando su puesto, se estaba jugando su comodidad, sus palacios, sus riquezas y por ahí no iba a pasar. Cuántas veces nosotros, hermanos, entregamos a la muerte a Jesucristo por nuestras riquezas, por nuestra comodidad, por nuestras burguesías, por nuestros momentos y caemos por un momento de tentación y caemos por no querer sufrir un poco. Por no querer sufrir un poco. Si quieres hablar mal de alguien, entonces hay dos posibilidades. O te callas y no hablas mal de esa persona, lo cual implica sufrir o no sufres y hablas mal de esa persona. Tú eliges y generalmente elegimos no sufrir. En la lujuria, igual la sexualidad. Cuando viene una tentación, tú eliges: ¿quieres vivir en castidad y sufrir un poquito o no sufrir y caer? ¿Qué eliges?

Pero fijaros, la conversación con Pilato tiene un momento lindo donde están hablando de la verdad y Pilato le dice: "¿Y qué es la verdad?" Y ¿qué le responde Jesús? ¿Alguno se acuerda qué le responde Jesús a Pilato cuando le dice: "¿Qué es la verdad?" No os podéis acordar porque no le dicen nada, no le responde nada. Y sabéis por qué no le responde nada, no por desprecio. Jesús no desprecia. Jesús ama. Porque con su silencio le está diciendo lo que es la verdad. La verdad es amarte. La verdad es quedarme callado frente a la injusticia que me estás haciendo. La verdad es dejarme matar por ti. La verdad es poner la otra mejilla. La verdad es amar al enemigo. La verdad es hacer lo que me obligas a hacer. La verdad es que tú me matas y yo te devuelvo la vida. Esa es la verdad. Y se lo dice con el silencio. A mí me encanta porque hay a veces que vienen a parejas a pues hablar con el cura, ¿no? Porque están en crisis, porque están mal, porque se quieren separar, porque no sé qué, porque no sé cuánto. Yo creo que todas las parejas en algún momento se han querido separar, pero bueno. Y entonces a mí me impresionaba mucho porque entonces empiezan a hablar delante de de uno y empieza como a discutir para que uno sea como el juez y entonces no es que me dijo y imagínate padre que me dijo esto y no me dio lo aquello y entonces tal. No es que tú tal y empiezan a pelear delante de uno ahí como para que uno sea juez y diga sí tú eres un desgraciado y tú tienes razón o tú eres maravillosa y tú eres un no sé. Bueno, no, no. Y yo muchas veces les digo lo mismo: "Los dos tenéis la razón." Porque al final uno, ¿por qué pelea? Porque tiene la razón. Claro, si no no pelearías, si no no discutirías. Uno pelea porque tiene la razón. Los dos tenéis la razón, pero ¿quién tiene la verdad? Y ahí se quedan callados. ¿Quién tiene la verdad? El que puede amar, el que puede perdonar, el que es Cristo en el matrimonio. Cristo.

Hermanos, hoy el Señor nos muestra cómo se ama. Cuando nos ha dicho en la última cena: "Amaos como yo os he amado." Es así, así como se ama. Es así. Cuando tú quieres un manual de amor, de cómo se ama, de cómo se es cristiano, esta Pasión de Cristo así se ama. Me pegas, dime, ¿por qué me pegas? Y si no, ¿qué he hecho mal? Pero no le devuelve. Se queda callado, entra como un cordero al matadero.

Ahora vamos a pasar, hermanos, a un momento muy importante en esta Semana Santa. Ayer el Señor nos lavaba los pies. Ayer el Señor nos daba el mandamiento del amor. Instituía la Eucaristía para siempre, para que siempre podamos tener presente a Cristo. Porque nosotros en la Eucaristía no hacemos un teatro como los protestantes. No, no, no. En nuestra Eucaristía se hace presente Cristo y cada vez que celebramos la Eucaristía muere Cristo y resucita Cristo por nosotros una vez más. Eso lo celebrábamos ayer. ¿Y ahora qué vamos a hacer? Adorar la cruz. Vamos todos a adorar la cruz. Voy a descubrir esta cruz que está aquí y vamos todos. Primero la adoraré yo y después pasaréis uno a uno y vais a besar la cruz. La besáis o le hacéis una inclinación, lo que queráis. Adorar la cruz. ¿Y qué significa adorar la cruz? No es solo adorar la cruz de Cristo, porque el Señor nos ha dicho en el evangelio: "El que no cargue con su cruz no puede ser discípulo mío." Ahora te pregunto, para ser discípulo de Cristo, ¿necesitas una cruz? Te pregunto, ¿cuál es tu cruz? Ahora vamos a adorar la cruz, pero ojalá también adores tu cruz. Tu cruz. Y a veces la cruz tiene nombre propio. A veces la cruz se llama Juan porque es tu esposo. A veces la cruz se llama Ana porque es tu suegra. No sé si hay alguna suegra que se llame Ana. Me perdonáis, no estoy poniendo nombres al azar. Igual la cruz se llama Alberto porque es tu padre, aunque está muerto, ¿eh? Pero es tu cruz porque te marcó toda la vida. No lo sé. O a veces son acontecimientos que hemos vivido o situaciones, una enfermedad. No lo sé, no lo sé. Estoy poniendo ejemplos. Cada uno sabrá, no quiero condicionaros, cada uno sabrá cuál es su cruz, pero hay una manera muy bonita para descubrirla: hacerse una pregunta. Y quiero que todos os hagáis ahora esta pregunta para que podáis pasar a adorar la cruz de Cristo y vuestra cruz. ¿Qué cambiarías de tu vida? Hazte esta pregunta y la respuesta a esa pregunta es tu cruz.

Hay un momento muy bonito en la película de la Pasión donde Jesús abraza la cruz, donde Jesús coge la cruz casi que la besa y pasa por ahí alguien y dice: "Mira qué tonto, se está abrazando su cruz." Hoy el Señor nos invita a abrazar nuestra cruz. Nuestra cruz, lo que nos ha marcado siempre, lo que siempre hemos querido quitar de medio, cambiar. Y el Señor nos dice: "Toma tu cruz, abrázala conmigo, yo estoy contigo." Y hay otro momento en la película muy lindo también, lo podéis ver estos días, la película mañana que no hay nada que hacer, donde el Cireneo carga con Cristo la cruz. Pero es tan bonita esa escena que parece, parece que es Jesús el que le está ayudando a cargar la cruz al Cireneo. Porque Jesús nos ayuda a cargar la cruz, no nosotros a él, él a nosotros.

Y termino con esto, hermanos. Nuestra cruz personal que es necesaria para ser cristianos, tiene tres momentos en nuestro camino de fe. Tres momentos muy bonitos y muy bien diferenciados. Primero, verla. Es necesario que veamos cuál es nuestra cruz, o sea, saber cuál es nuestra cruz. Si ya lo sabes, viene el segundo momento: aceptarla, que no es fácil. Se necesita fe para aceptar la cruz, aceptar lo que Dios te ha dado o lo que Dios ha permitido en tu vida que no te gusta. Y tercera, y para esta se necesita mucha más fe: verla como algo bueno, ver el bien que te ha hecho. Y entonces es cuando uno dice: "Que yo creciera sin padre fue un bien para mí. Que se muriera mi hijo a tan temprana edad fue un bien para mí. Tener esta enfermedad terminal es un bien para mí. No haber tenido madre fue un bien para mí." No fue un mal todo eso, pero un mal del que Dios ha sacado un bien y se ha convertido en un bien. Porque Cristo transforma un instrumento de tortura en el árbol de la salvación. Allí donde fuimos vencidos por el demonio en un árbol, en un árbol venció Cristo al demonio y nos da la vida eterna. Nosotros lo matamos y cómo termina el cuento: que él nos devuelve la vida, la salvación. Imagínate el amor tan grande que nos tiene el Señor.

Pues que el Señor nos ayude, hermanos, a entrar hoy en este gran misterio de la cruz de Cristo y podamos adorarla de verdad. Que así sea.