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Un hombre de verdad, un hombre de Dios. Su carácter da testimonio de Cristo. Ser hombre es entregarse, es sacrificar para darme, para hacer valer. La pregunta que surge es: cuando oye su familia que el auto suyo llega, ¿se esconden en el cuarto o te salen a recibir? ¿Tienen miedo a tu reacción? Tranquilos, porque no sabemos cómo viene papá hoy.
El peligro de un hombre exitoso es el orgullo. Ser hombre es llegar a la meta, al final, llegar con los que Dios me ha dicho que voy a llegar. Ser hombre es cumplir la misión que Dios me ha encomendado. Y ninguno de nosotros se perderá, todos nosotros alcanzaremos llegar al final y contemplaremos su gloria.
Ser hombre es ser una persona sabia en su proceder. Salmo 1:1 al 3 dice: "Dichoso el hombre que no sigue el consejo de malvados, ni se detiene en la senda de los pecadores, ni cultiva la amistad con los blasfemos". Aquí ya nos dio por todos lados, ¡pum, pum! Sino que en la ley del Señor se deleita y día y noche medita en ella. Ese es como un árbol plantado a la orilla de un río que, cuando llega su tiempo, da su fruto y sus hojas jamás se marchitan. Todo cuanto hace prosperará. Aquí tiene dos caminos, vuélvalo a repasar, elija.
Yo soy un hombre que se deleita en la palabra de Dios. Soy un hombre plantado junto a la orilla de los ríos que, cuando llega su tiempo, da su fruto y sus hojas jamás se marchitan. Todo lo que hago prosperará. Usted tiene que creérselo. Y todos nosotros tenemos que levantarnos a pesar de las experiencias negativas del pasado.
Un hombre de verdad, un hombre de Dios, su carácter da testimonio de Cristo. Así lo dice Gálatas 5:22 al 26. Mire el fruto del espíritu y aquí viene la descripción de nuestra personalidad. Lo que está haciendo es describiéndolo a usted y describiéndose a mí. El fruto tuyo y mío es: amor, dígalo conmigo, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. Otra vez: el fruto del espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. Tómenlo como la descripción de su personalidad.
Nuestro temperamento es dado por Dios. Toda nuestra composición genética determina el el el cómo somos en nuestro temperamento, pero nuestro carácter es formado por nuestras decisiones y es por el fruto de la semilla que sembramos en nuestra vida. Dice: "No hay ley que condene estas cosas". Los que son de Cristo han crucificado la naturaleza pecaminosa con sus pasiones y deseos. Si el espíritu nos da vida, andemos guiados por el espíritu. No dejemos que la vanidad nos lleve a irritarnos y envidiarnos unos a otros. Es como si nos conociera.
Por eso, usted y yo debemos de elegir. Algunas excusas para no hacerlo: "Así era mi abuelo, así era mi papá, entonces yo soy igual". Y lo adornamos con "De tal palo...". Eso no es cierto. Nosotros podemos sembrarnos en una nueva simiente. O soy descendiente Cristóbal Colón, o soy descendiente de Abraham. Usted elige, ¿me explico? Usted elige. "Ay, que los latinos somos así". No es cierto. Ahora hemos sido injertados en la raíz de Abraham y Jesucristo vino a salvarnos y a redimirnos para que el fruto del espíritu en nosotros sea amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. Contra estas leyes no hay nada que se oponga.
Usted y yo debemos de determinar que esto es lo que identifica nuestro carácter. Hemos nacido para amar, para respetar, para honrar. Y estas características deben identificarnos siempre. Meta este texto en su corazón y mírese en el espejo y dígale: "Señor, esto soy en tu nombre. Esto soy. Y te pido que el fruto de la vivencia contigo de este fruto y que mi familia pueda testificar este fruto".
Número seis: respeta y honra a quien amas. Romanos 12:10: "Ámense unos a otros con amor fraternal, respetando y honrando mutuamente". Haga pacto con su familia de respeto y de honra. Honre a su cónyuge, honre a sus hijos, honre lo que Dios ha puesto en su mano. Valórelo. Honrar es darle un valor significativo. Honrar y tratar como la realeza. Yo voy a tratar como la realeza así a mi familia. No un día me llamaron a casa y me dijeron: "El presidente quiere una reunión con usted". Híjole, ese día tuve que vestirme de traje y todo, no ponerme corbata y todo, porque iba a ver al presidente. No más. Al presidente lo veo una vez. A mi familia todos los días. El presidente se queda en el camino, mi familia sigue conmigo, ¿me explico? Ellos siguen conmigo, están con nosotros siempre. Por eso yo debo de aprender a definir mi prioridad. ¿A quién le doy honra?
Unos amigos, los pastores Aguayo, dicen: "Nosotros sacamos la vajilla más fina cuando comemos en familia". ¿Por qué uno va a guardar la vajilla más fina cuando tiene invitados? Dice uno: "Tiene que guardar la vajilla más fina cuando está con su familia". Y eso a mí me marcó. Yo dije: "Ayúdame a sacar mi vajilla más fina, lo mejor que yo tengo de mi corazón para dárselo a mi familia". Entregue los mejores frutos a su familia.
Por eso Efesios 5:25 dice: "Esposos, amen a sus esposos así como Cristo amó la iglesia y se entregó". Ser hombre es entregarse, es sacrificar para darme, para hacer valer. En una ocasión, mi hijo mayor había nacido y estaba calentando algo en la cocina. No teníamos horno de microondas en ese momento y yo quería darle la temperatura en el fuego. Eran las 2 de la madrugada y yo comencé a quejarme. Yo dije: "Son las 2 de la madrugada, en un rato yo tengo que estar en reuniones, ¿qué estoy haciendo yo aquí a las 2 de la madrugada?". Dios me habla y me dice: "Si no te sacrificas, no llegas a amar, porque tu nivel de amor lo determina tu nivel de sacrificio". Por eso tú a las 2 de la madrugada hay que levantarse. Si yo no me sacrifico, no genero vínculo. Entre más alto sea su sacrificio, más alto es su vínculo y el nivel de amor crece a dimensiones que jamás usted podía imaginar. Por eso yo, eso es honrar.
Entonces decidí sacrificarme con gusto, con deleite. Ese sacrificio que arranca dentro de nosotros lo mejor. Un hombre de Dios tiene dominio propio. Proverbios 16:32: "Más vale ser paciente que valiente, más vale el dominio propio que conquistar ciudades". Y dominio propio es no explotar en ira. La pregunta que surge es: cuando oye su familia que el auto suyo llega, ¿se esconden en el cuarto o te salen a recibir? ¿Tienen miedo a tu reacción? Tranquilos, porque no sabemos cómo viene papá. Si viene enojado o viene alegre. No, no, no, no pueden tenernos miedo porque saben que somos personas de dominio propio, que vale más que conquistar ciudades. Esto es lo que nosotros tenemos que entender.
Un hombre de Dios hace la voluntad de Dios. Salmo 40:8 dice: "Me agrada, Dios mío, hacer tu voluntad; tu ley la llevo dentro de mí". Uno de los retos más desafiantes que hoy tenemos es tomar tiempo para deleitarnos en la palabra de Dios y dejar que ella nos nutra, que nos guíe, que nos oriente, que ilumine nuestra vida.
Un hombre de Dios es un patriarca. Y aquí quiero detenerme para poder perfilar algunos ejemplos. Un patriarca es uno que lleva sobre los lomos la construcción de una historia que impacta generaciones. Ese es un patriarca. Un patriarca es aquel que decide permanecer en esa senda para dejar a los suyos en el lugar que Dios dijo que los dejaría. Observe lo que dice primera de Reyes 1:1 al 3: "David ya estaba próximo a morir, así que le dio instrucciones a su hijo Salomón y le habla al corazón de hombre a hombre".
"Según el destino que a todos nos espera, pronto partiré de este mundo". Y aquí viene el primer punto. Ahora, yo quiero llevarlo a la escena. El doctor le dice que le queda a usted una semana de vida, de día, y ya lleva 6 días y usted siente que sus fuerzas comienzan a extinguirse. Y usted llama a su familia. Lo que yo le estoy proponiendo hoy es que no llegue con culpa. Usted tendrá dos actitudes: o vergüenza y culpa, o sonrisa y alegría. Y tomará de la mano a su hijo y le he dicho: "Aquí estoy y te estoy dejando en el lugar correcto y tengo el honor de poder bendecirte". Y le dice Salomón: "Según el destino que todos nos espera, pronto partiré de este mundo".
La segunda pregunta: ¿y si Dios te llama hoy, estás listo? ¿Estás listo para partir? Si Dios te llamara hoy, ¿estás listo para decir: "Estoy listo" con una sonrisa en mis labios? Viene la segunda parte. Le dijo a su hijo Salomón: "Cobra ánimo y pórtate como hombre. Cumple los mandamientos del Señor tu Dios, sigue sus sendas y obedece sus decretos y mandamientos, leyes y preceptos, los cuales están escritos en la ley de Moisés. Así prosperarás en todo lo que hagas y por donde quiera que vayas".
Este diálogo que David está teniendo con Salomón, no deje que ocurra el último día. Su hijo está esperando que ocurra hoy. Téngalo hoy. Tome a sus hijos. Dígale: "Así se comporta un hombre, mi amor. Cumple los mandamientos de Dios, es fiel al pacto matrimonial, vuelve a casa cuando está lejos, pide perdón cuando se equivoca. Si lo haces, todo lo que tú hagas prosperará y todo lo que tú Dios ponga en tu mano brillará. Naciste para la grandeza, naciste para ver a Dios mientras avanzas". Tenga esos diálogos importantes.
Uno de los reclamos de nuestras esposas y de nuestros hijos es que no hablamos mucho. Es uno. ¿A usted les reclaman eso o no? "Es que no hablamos mucho, nunca decimos las cosas, no lo guardamos". No porque queramos, es porque así fuimos educados. Lo que yo quiero decirte es: sal de ahí. O lo educa usted, o lo educa el internet, o lo educa usted, o lo educan los amigos, o lo instruye usted, o lo educan las personas equivocadas. Necesitamos oír cómo se comporta un hombre. Papá, ¿qué significa ser hombre? ¿Has definido el concepto con tus hijos? ¿Qué significa amar, papá? ¿Cómo se es fiel al pacto matrimonial? Hable bien del matrimonio, enséñele cómo prosperar.
Los que viven como lo que viven los hombres. ¿Cuál es nuestro reto? Nuestro desafío. La envidia nos puede confundir. Y uno de los retos, desafíos que nosotros vivimos es que vivimos en un mundo donde se compara y esto nos puede confundir. Observe lo que dice el Salmo 73:1 al 3: "En verdad Dios es bueno con Israel, con los de corazón puro. Pero en cuanto a mí, casi perdí el equilibrio, mis pies resbalaron y estuve a punto de caer, porque envidiaba a los orgullosos cuando los veía prosperar a pesar de su maldad". ¡Wow! Nunca nos lo habían dicho tan claro. Ah, si yo envidio lo que los demás tienen, yo voy a resbalar. El día que yo envidio, menosprecio lo que tengo. El día que yo envidio, le robo valor a lo que Dios me ha dado. El día que yo envidio, pierdo la posibilidad de reír y de llenar mi casa de contentamiento. Yo tengo que tener cuidado. La envidia es fácil, la codicia es fácil, el deslumbrarnos por nuestros ojos es fácil. Nuestros ojos nos van a deslumbrar.
El otro día charlaba con mi esposa sobre una amiga que le dijo: "Es que yo envidio a esta persona que cuenta todos los paseos que hace, las que hace y cuenta". Dice, le dice Helen: "¿Tú conoces la vida de esta persona?". Dice: "No". Dice: "Yo solo veo lo que publica". Quiero decirte que vive en un infierno, que ha sido infiel, que ha abortado, que hoy esté enfrentando un divorcio por adulterio. Esa es la vida que envidias. Nada de lo que nosotros envidiamos es real. Nosotros, lo que nosotros envidiamos es una fantasía. Y aquí nosotros tenemos que darnos la oportunidad de entender que debemos despertar a la realidad. Es una trampa caer en la envidia. Y aquí yo tengo que darme, aquí yo tengo que darme la oportunidad de trabajar esto. Si yo caigo en la envidia, yo voy a perder mi posibilidad de vivir plenamente lo que yo tengo.
Le decían las mujeres en la mañana que tengo un amigo que un día me invitó a la inauguración de su casa. Le había costado un millón y medio de dólares, casi 2 millones. Todo lo había, la decoración la había comprado en una feria de Nueva York de decoración, unas cosas hermosísimas, bellas, de lo mejor que usted puede imaginar. Y cuando me está mostrando su... me dice que al vecino construyó una más grande que la de él, dice, y que él la construyó en un año y que a él le costó construirla 4 años. Entonces, conclusión, dice: "Lo que es tener dinero, ¿verdad?". No puede ser que mi amigo me esté diciendo eso. Entonces, la pregunta surge: ¿Y cuánto dinero se necesita? Le cambio la pregunta: para destruir lo que ha logrado, ¿solo se necesita una mirada de envidia para destruir el fruto de su trabajo? Solo basta con mirar la acera de enfrente y envidiar lo que otro tiene. Y esta es una lucha con la que tenemos que trabajar todos. No caiga en la trampa, no caiga en la trampa, no caiga en la trampa. Alégrese cuando el vecino triunfa. Si él lo construyó en un año, alégrese y pregúntese cómo lo hizo, pero no lo envidie. Valore el fruto de su trabajo, valore la entrega que usted ha hecho.
Una vez tuve que luchar con esto. Nuestra segunda casa, habíamos vendido nuestra primer casa, habíamos comprado el terreno, luego que pagamos el terreno, construimos nuestra casa. Helen diseñó la casa como la quiero. Sacamos la madera, toda la madera de la finca de los suegros, usamos madera preciosa. Era una casa bella, es una casa bella. Y un día mi hermano inauguró su casa y nos llevó a verla, cuatro veces más grande que la nuestra, una madera espectacular. Cuando llegamos a nuestra casa, la vimos pequeña. Y yo dije: "Aquí es donde comienza la lucha". Yo tengo que volver a ver mi casa como un cinco estrellas, como el fruto del sacrificio, de la entrega, y tengo que llenarme de gratitud, de contentamiento. Y comencé a trabajar en mi corazón hasta que volví a ver mi casa bella, hermosa, grande, completa, y el regalo de Dios. Usted y yo tenemos que [aplausos] trabajarlo.
Otra de las luchas de los hombres, muchas veces camina por sendas peligrosas y resbaladizas. Y aquí yo tengo que aprender a distinguirlas. Deuteronomio 8:11: "Ese es el momento cuando debes tener mucho cuidado en tu abundancia. Ten cuidado de no olvidar al Señor tu Dios al al desobedecer los mandamientos". ¿Cuándo debo tener mucho cuidado? En la abundancia. ¡Wow! Ahí yo tengo que tener mucho cuidado porque corro el riesgo de llenarme de orgullo y corro el riesgo de olvidarme de quién fue el Dios que me trajo hasta acá. Entonces creo que es mi inteligencia, mi sagacidad para los negocios. Tenga cuidado, tenga cuidado. Observe lo que dice Deuteronomio 8:14: "No te vuelvas orgulloso en esos días y entonces te olvidas del Señor tu Dios, quien te rescató de la esclavitud de la tierra de Egipto". Hoy el peligro de un hombre exitoso es el orgullo. Yo no puedo olvidarme de quién me trajo hasta acá. Por eso usted siempre me recordará que soy el hijo, me escuchará decir que soy el hijo de Toño y Adela, de una familia acomodada, cinco en un mismo cuarto con cocina de leña, con piso de tierra. Y se lo cuento a mis hijos para que nunca olviden de dónde nos ha traído Dios. De una madre, de un padre que llegaron hasta sexto grado, de un padre que tuvo que salir a trabajar a los 14 años. Soy el fruto de ese sacrificio y soy el fruto de un hombre que dio su vida en la cruz del Calvario y su última gota de sangre para salvarme a mí. Yo no puedo olvidarme quién me salvó. La inteligencia que tienes, Dios te la dio. Lo que tú tienes, Dios te lo dio. Por eso, en el momento en que te pique el orgullo, recuérdate a ti mismo de dónde vienes y de dónde Dios nos ha salvado.
¿Puedo llenar el...? Otra de las trampas es llenarme de amargura. Salmo 73:21: "Entonces me di cuenta de que mi corazón se llenó de amargura y yo estaba cómo, destrozado por dentro". Eso me lo puede robar todo. La amargura es retener el dolor más de la cuenta. El dolor más de la cuenta se convierte en resentimiento y el resentimiento en amargura. Y la amargura lo destroza todo. Usted y yo tenemos que perdonar. Perdonar a quien nos falló, a quien nos dejó, a quien no nos valoró. Un amigo mío extraordinario, maravilloso, decía: "Sixto, he alcanzado el éxito, la ciudad me reconoce, pero mi papá nunca lo he visto decirme que se siente orgulloso de mí". Un día la comunidad me dio un premio y él estaba ahí. Cuando fuimos a la oficina, en un momento privado, yo le dije: "Papá, ¿por qué todo el mundo me [inaudible] y tú no me dices nada?". Dijo: "Por primera vez vi a mi papá llorar y me dijo: 'Hijo, porque yo no sé ser buen padre. Yo crecí en un hogar donde habían golpes, maltrato, comparaciones, yo no sé ser un buen padre'". Dijo: "Ahí yo lo abracé y me di cuenta que mi papá, el problema que tenía, era un problema de no saber expresar lo que él tenía, sentía, porque no lo aprendió". Yo quiero animarle en el nombre de Jesús. Si usted no ha aprendido, dese la oportunidad de preguntar cómo se hace. Terminaba una conferencia como esta y un hombre se me acerca y me dice: "¿Cómo se abraza un hijo?". A ver, explícame. Me dice: "Mire, yo sé abrazar a mi esposa, yo no sé abrazar a mi hijo, no sé". Le dijo: "¿Por qué?". "Porque no me abrazaron y no siento la confianza de abrazar a otro hombre". Le dije: "Suelte a su esposa, venga y me lo apreté". Le dije: "Así se abraza un hijo, pero tienes que dar el primer paso, tienes que entender que no es malo abrazar a un hijo varón, que no es malo decirle que lo amas". Comenzó a llorar como un niño, un hombre altísimo, lento. Lo vi llorar como un niño. No se quede atrapado en la amargura de lo que no te dieron, no se quede atrapado en amargura de la envidia o en amargura del rencor que te lastima.
Otro de los de las necesidades que tenemos es habernos guiados por Dios. Y déjeme ir aterrizando el tema. Salmo 73:23: "Sin embargo, todavía te pertenezco. Dios me tomas de la mano derecha, me guías con tu consejo y me conduces a tu destino". A un destino glorioso. ¿A dónde me conduce un destino glorioso? ¿A quién tengo yo en el cielo, Señor, sino a ti? Te deseo más que cualquier cosa en la tierra. Esta es una de las necesidades más intrínsecas de todo ser humano: encontrarnos cara a cara con Dios. ¿A quién tengo yo en los cielos? Yo tenía 17 años. Yo crecí en iglesia y viví una infancia linda. Mi adolescencia me aparté de Dios, comencé a seguir mis amigos, me fui alejando del mundo. Cuando entré a la al primer año de la carrera, pareciera que todo brillaba, pero todavía mi corazón tenía un vacío profundo. Un día fui a ver una película, me emocioné, lloré en silencio. Ah, como los hombres, hice una reflexión interna. ¿Cómo es que me emociono en una película y cuando pienso en mi vida, no me emociona para nada? 17 años. Aquí te hago la pregunta: ¿te emociona tu vida? ¿Te emociona quién eres, lo que haces? ¿Te ilusiona llegar a casa? Fue mi reflexión interna, no lo verbal, solo lo pensé. Al final de ese año, a mis 18 años, caminando por la calle en una madrugada, Dios me habla y me llama y me dice: "Te estoy llamando". Yo entendí lo que él me estaba diciendo. Entré, llegué a la orilla de mi cama, le levanté mis manos y le entregué mi vida a Jesús. Escúcheme, lo que me dijo: "Lo primero que me dijo fue: 'Nunca más será aburrida tu vida'". Nunca más. Yo puedo decirte que desde aquel día nunca más ha sido aburrido. He visto milagros tras milagros. Comenzó a trabajar dentro de mí, a trabajar con mis inseguridades, con mis complejos, con mis miedos. Y me di cuenta que dentro de mí había un depósito de Dios que yo tenía que hacerlo brillar. Lo más hermoso es descubrir nuestra necesidad de Dios y comenzar a brillar en él. Nunca, yo puedo decirte que ha sido aburrido. Nunca. Me dijo que viajaría por el mundo y lo he hecho. Que le hablaría a presidentes y lo he hecho. Que hablaría a multitudes y lo he hecho. Tantas cosas que me ha prometido. Yo puedo decirte que Dios cumple lo que él... ¿Termino? ¿Te emociona tu vida? ¿Has hecho de Dios tu refugio? Observe como lo dice el Salmo 73:26 y 28: "Puede fallarme la salud y debilitarse mi espíritu, pero Dios sigue siendo la fuerza de mi corazón; él es mío para siempre. En cuanto a mí, qué bueno es estar cerca de Dios. Hice al Señor soberano mi refugio y a todos les contaré las maravillas".
¿Qué haces? Wow. Puestos de pie. Un hombre de verdad conoce su necesidad de Dios. Un día estaba en la facultad y íbamos a hacer un concierto. Y llegó una persona, solo una persona. Mis amigos estaban atrás y me decían: "¿Qué hacemos? ¿Lo cancelamos?". Digo: "No, está esa persona. Sentémonos todos. Pongamos que Danilo Montero cante". Iba a cantar Danilo. Y estando atrás, el Señor me dijo: "Predica como si fueran miles". Y yo salí con un fuego a predicar como si fueran miles. Un año después, en mi facultad de leyes, hicimos un concierto donde habían miles. Y cuando yo estoy atrás, había tanta gente que la gente miraba por las ventanas y querían entrar y no podían entrar. El Señor me dijo: "Hoy se cumple lo que te prometí. Por cuanto fuiste fiel en hablarle a uno, puedo decirte que he descubierto a Dios a cada paso. Lo he visto, lo he visto hablarme cosas maravillosas y vivir milagros extraordinarios. Nunca más fue aburrida mi vida". Te lo pregunto: ¿te emociona tu vida? ¿Te emocionan tus sueños? ¿Has hecho a Dios tu refugio, tu roca? ¿Has rendido tu debilidad?
Señor, aquí estamos hombres de carne y hueso, con preguntas, hombres de carne y hueso con luchas, con decisiones cruciales para la vida. Hoy venimos a consagrarte nuestra existencia, nuestra vida a ti, Señor. Si quieres decirle: "Dios mío, hoy quiero dedicarte mi vida y pedirte que la hagas emocionante, que donde quiera que vaya, que donde quiera que estoy, yo pueda tener el anhelo de verte. Quiero verte de forma sobrenatural en mi trabajo, en mis finanzas, en mi hogar, en la comunidad donde vivo. Quiero escucharte, Señor. Quiero que desafíes mi vida a llegar hasta el final, que sea uno, Dios mío, que no se queda en el camino truncado, que no tiene historias truncadas, sino uno que termina lo que comenzó, uno que llega a la meta".