Transcription
El Señor esté con ustedes. Y con tu espíritu.
Lectura del Santo Evangelio según San [Música] Marcos.
A ti, Señor.
El primer día de los ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos: "¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?". Él envió a dos discípulos, diciéndoles: "Vayan a la ciudad, encontrarán un hombre que lleva un cántaro de agua; síganlo y, en la casa en que entre, díganle al dueño: 'El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?'". Él les mostrará en el piso de arriba una sala grande y bien alfombrada; prepárennos allí la cena". Los discípulos salieron, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua.
Mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció lo, partió y se lo dio, diciendo: "Tomen; esto es mi cuerpo". Y tomando en sus manos una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio y todos bebieron. Y les dijo: "Esta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Les aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios".
Después de cantar los salmos, salieron para el Monte de los Olivos.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Siéntese un momentito, queridos hermanos. Si yo les pregunto, ¿qué es un milagro? ¿Qué me dirían? Por ejemplo, un milagro es que la selección de fútbol llegue al mundial. Tal como está la tabla de posiciones actualmente.
Se cuenta que en un colegio, un sacerdote estaba explicándoles a los niños los milagros de Jesús. Y un niño levantó la mano y le dice al sacerdote: "Padrecito, y ¿qué es un milagro? No me queda claro, ¿qué es un milagro?". Y el sacerdote le dijo: "Te voy a poner un ejemplo. Imagínate que en este momento encuentras en el bolsillo de tu pantalón $1000. Eso es un milagro". Y el niño le dijo: "No, padrecito, eso significa que me he puesto el pantalón de un niño rico, porque yo paro misio".
Un milagro es aquello que supera las leyes de la naturaleza. El año 1263, un sacerdote llamado Pedro, que era de Praga, estaba celebrando la misa en una ciudad llamada Bolsena, Italia. Y este sacerdote tenía dudas sobre la presencia real de Jesús en la Eucaristía. Los sacerdotes también tienen sus debilidades. Y en el momento que este sacerdote fraccionó la Santísima, comenzó a sangrar. Cayeron 83 gotas de sangre sobre el corporal. ¿Saben lo que es el corporal? Es ese mantelito que se coloca sobre el altar.
El Papa Urbano IV fue informado del milagro. Será el Papa Urbano IV quien instituya la fiesta del Corpus Christi. Hoy estamos celebrando esta solemnidad, la solemnidad del Corpus Christi. Y esta solemnidad tiene un objetivo: que valoremos la Eucaristía. Queridos hermanos, el tesoro de la Iglesia es la Eucaristía. La Eucaristía no es algo, es alguien. Es el mismo Jesús.
Hoy el evangelio nos presenta lo que pasó en la Última Cena. Jesús tomó pan y dijo: "Tomen y coman, esto es mi cuerpo". Tomó el cáliz con el vino y dijo: "Tomen y beban, esta es mi sangre". Y desde ese momento, Jesús se quedó realmente presente en la Eucaristía.
Yo quisiera simplemente señalarles tres palabras relacionadas con la Eucaristía, que nunca se nos deben de olvidar para relacionarnos correctamente con la Eucaristía. Estas tres palabras son: uno, adoración; dos, alimento; tres, amor. Las tres empiezan con "A". ¿Cuáles son las tres palabras? Adoración, alimento y amor.
Número uno: Adoración. A la Eucaristía se le adora, ¿sí o no? Sí, porque es el mismo Jesús. Y a Jesús se le adora porque es Dios con nosotros, Dios hecho hombre. Por eso, en el momento de la consagración, usted se pone de rodillas. Los que no pueden ponerse de rodillas, ya se entiende, se ponen de pie. Si alguien está mal de salud, pues que se siente. Pero en principio, nos ponemos de rodillas para adorar a Jesús realmente presente en la Eucaristía.
Queridos hermanos, tenemos que ser adoradores de la Eucaristía. Si nosotros nos ponemos de rodillas delante del Señor, estaremos de pie ante los problemas y ante los ataques del maligno. Solo si nos ponemos de rodillas delante de Dios, estaremos fuertes frente a tantos peligros contra nuestra fe. La fe eucarística nos lleva a adorar a Jesús.
Eucaristía. Santo Tomás de Aquino, de los más grandes teólogos que ha tenido la Iglesia, compuso un himno muy bonito: "Adoro te devote". Está en latín. Traduzco: "Te adoro con devoción". Y empieza así: "Te adoro con devoción, Dios escondido, oculto verdaderamente bajo estas apariencias. A ti se somete mi corazón por completo y se rinde totalmente al contemplarte". Seamos adoradores de la Eucaristía.
Se adora solo a Dios. Si adoramos aquello que no es Dios, nos volvemos idólatras. Y nosotros no somos idólatras, porque nos ponemos de rodillas delante del Señor.
¿Cuál es la segunda palabra que les he dicho? Alimento. Jesús se hace alimento para nosotros. Jesús es el pan vivo bajado del cielo. Queridos hermanos, Jesús nos alimenta en la Eucaristía para que no desfallezcamos en el camino. Y es importante también cuidar todos los detalles que tienen que ver con la recepción correcta de la Eucaristía. Tenemos que recibir la Eucaristía siempre en gracia de Dios. Todos somos pecadores, que quede claro, yo el primero. Pero si hemos cometido pecados graves, pecados mortales, ¿qué debemos hacer? Acercarnos a la confesión. Y todos tenemos que confesarnos, también los sacerdotes se confiesan.
Recibamos correctamente la Eucaristía, siempre en gracia de Dios. Y tomemos conciencia de lo que significa que Jesús entra en nuestro corazón. Dios, el infinito, el todo santo, entra en nosotros pecador. Santa Teresita del Niño Jesús, cuando hablaba de la comunión, le decía: "Jesús, Jesús, quédate en mí como en el Sagrario". ¿Saben lo que es el Sagrario? A ver, señalen el Sagrario. Ahí está el Sagrario. ¿Quién está dentro? Jesús. Eucaristía. Cuando tú recibes la Sagrada Comunión correctamente, eres un Sagrario vivo. Que no se te olvide.
Y para terminar, la última palabra, queridos hermanos, la más bonita: Amor. La Eucaristía es el "sacramentum caritatis". Padrecito, ¿qué ha dicho? Sacramento de la Caridad. ¿Por qué Jesús se quedó realmente presente en la Eucaristía? Por amor. No tengo otra explicación.
Hoy en la primera lectura se habla de la sangre de los sacrificios del Antiguo Testamento, que van anunciando la sangre de Cristo. En la carta a los Hebreos, que hemos escuchado, todos se nos dice que la sangre de Cristo nos purifica. ¿Por qué Jesús derramó su sangre por nosotros? Por amor. Es el amor lo que lleva a Jesús a quedarse realmente presente en la Eucaristía. La Eucaristía es el Sacramento del amor.
Valoremos la Misa, queridos hermanos. No me digas: "No tengo tiempo para ir a Misa". No te creo. Amor con amor se paga. Y quien se relaciona correctamente con la Eucaristía se caracteriza por practicar la Caridad. Y esto quiero remarcarlo: cuando termina la Misa, que se note que has estado en Misa, porque vas a ser una persona caritativa, comenzando en tu casa.
San Juan Crisóstomo, para muchos el mejor predicador que ha tenido la Iglesia, fue obispo. Decía lo siguiente: "Me parece muy bien que te preocupes que el altar esté bien adornado con manteles, con flores. Me parece muy bien que te preocupes de que el altar esté bonito. Pero más deberías preocuparte de ese mendigo que está en la puerta de la iglesia y está desnudo". Porque el mismo que dijo: "Tomen y coman, esto es mi cuerpo. Tomen y beban, esta es mi sangre", él mismo ha dicho: "Tuve hambre y no me diste de comer, estuve desnudo y no me vestiste".
Con esas palabras, San Juan Crisóstomo nos estaba diciendo: quien vive bien la Misa, quien es una persona eucarística, practica la Caridad, se preocupa del otro. Es Cristo para el otro.
Queridos hermanos, tomemos conciencia siempre de la presencia real de Jesús en la Eucaristía. Y hoy le pedimos a nuestra Madre Santísima que nos ayude a ser verdaderos adoradores de la Eucaristía, que recibamos siempre correctamente la Eucaristía en gracia de Dios, y que se note en nuestra vida, mediante las obras de Caridad, que somos eucarísticos. Que así sea. Amén.
El año 1263, un sacerdote llamado Pedro, que era de Praga, tenía dudas sobre la presencia real de Jesús en la Eucaristía. Y en Bolsena, cuando fraccionó la Santísima, comenzó a sangrar y cayeron 83 gotas de sangre sobre el corporal. Esto es el corporal, que se coloca sobre el altar. Ahí se coloca el pan y el vino que van a ser consagrados. Jesús está realmente presente en la Eucaristía. Hoy es la solemnidad del Corpus Christi. Tres palabras: uno, adoración. Tenemos que ser adoradores de la Eucaristía. Nuestra parroquia, que tiene una capilla al Santísimo, anda a la capilla al Santísimo, adora a Jesús, conversa con Jesús, cuéntale a Jesús lo que tienes en tu corazón. En la consagración adoramos a Jesús. Dos, alimento. Recibamos correctamente la Eucaristía. Preparémonos para la Eucaristía. No nos acostumbremos a comulgar. Que cada comunión sea diferente, porque voy a recibir mejor a Jesús con un corazón más limpio. Y tres, amor. Que se note que hemos estado en Misa. Termina la Misa, sé Cristo para los demás. No le hagas la bronca al primero con el que te encuentres, a tu esposo, tu esposa. No, que se note que has estado en Misa, porque has recibido el "sacramentum caritatis", el Sacramento de la Caridad.
Que la Virgen nos ayude a todos a ser verdaderamente eucarísticos y que se note en nuestra vida que somos creyentes y adoradores de Jesús Eucaristía.
Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Sagrado Corazón de Jesús, Dulce Corazón de María.
San José.
Solemnes. Les invito a ponerse de pie.
El Señor esté con ustedes. Y con tu espíritu.
Van a decir amén a cada invocación.
El Dios de la paz, que hizo retornar entre los muertos al Gran Pastor de las ovejas, Jesucristo nuestro Señor, con abundantes bendiciones. Amén.
Jesús, realmente presente en la Eucaristía y alimento para nuestras almas, lleve siempre paz a sus hogares. Y el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, les dé la fuerza para anunciar con gozo el Evangelio. Y la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y los acompañe siempre. Amén.
Con la alegría de saber que Jesús está realmente presente en la Eucaristía, pueden ir en paz. Demos gracias a Dios.