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Salmo 119, versículo 78: Sean avergonzados los soberbios, porque sin causa me han calumniado; pero yo meditaré en tus mandamientos.
Los soberbios, los orgullosos, son los mismos que vimos en los versículos 69 y 70. Son la causa de la aflicción experimentada por David. Cuando estudiamos la estrofa anterior, vimos que David decidió obedecer la palabra de Dios en lugar de buscar venganza contra sus enemigos.
Este versículo nos describe la reacción de David con más detalle. Aún David no se está ocultando en espera de que sus enemigos desaparezcan o esperando despertar de un mal sueño. Él está activamente poniendo a sus enemigos en manos de Dios, de modo que Dios trate con ellos y los avergüence. Básicamente, él está efectuando el consejo que más tarde Pablo daría a los romanos. En Romanos 12:19: "No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino Dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor."
La respuesta del salmista en realidad tiene dos partes. En primer lugar, él pide a Dios que trate con sus enemigos. Luego, para evitar envenenarse la mente con amargura, él resuelve meditar en los preceptos de Dios. El tema de la meditación y la renovación del entendimiento han surgido previamente en el transcurso de nuestro estudio de este salmo. La aplicación específica en este caso tiene que ver con la meditación y renovación del entendimiento, como lo dice Romanos 12:2: "por la renovación de vuestro entendimiento."
Tenemos que estar conscientes de que tenemos un adversario que anda como rugiente, viendo cómo cuándo devorarnos. Lo leemos en primera de Pedro 5:8: "Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar." El león africano mantiene su posición de rey de la selva en gran parte gracias a la intimidación que da. No hay duda de que es un enemigo poderoso y peligroso. Sin embargo, posiblemente su arma más poderosa es su gran rugido, el cual probablemente podría causar un terremoto.
Los guerreros de la tribu masay aprendieron hace muchos siglos a ponerse en pie con confianza en la presencia de un león sin moverse. Si el león ruge y el guerrero no se mueve, el león queda confundido. El guerrero aprovecha ese instante de titubeo para plantarle una lanza. No nos dice que ataquemos, ni que resistamos y que él va a huir de nosotros. Él sabe que la mayoría de las veces su rugido, o aquel de alguno de sus títeres, es suficiente para arrojarlos al pánico. Si él puede intimidarlos, entonces no tiene que invertir tanta energía en neutralizarlos.
No es posible ir muy lejos en este mundo sin ser ofendido por algo o por alguien. Si nosotros permitimos que las ofensas llenen nuestra mente, nunca lograremos estabilidad. Seremos esclavos de eso. La gente y las cosas controlarán y llenarán nuestra mente. La alternativa es hacer lo que hizo David. Puedes orar de manera específica, encomendar tus ataques en las manos de Dios. Al mismo tiempo, puedes comprometerte a meditar en la palabra de Dios. No hay suficiente espacio en tu mente para albergar a la palabra y a tus adversarios, o soberbios, o orgullosos. Una de estas dos cosas deberá quedar fuera.
La meditación impide la intimidación. Una mente llena de preceptos divinos no se deja a sí misma caer bajo el control de meros hombres, ni siquiera aquellos controlados por el príncipe de las tinieblas. Una mente que participa en la meditación es una mente controlada, capaz de evaluar acertadamente las condiciones circundantes, de fijar un rumbo correcto y de mantener un timón firme en medio de aguas tempestuosas.
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Pregúntate: ¿de quién eres esclavo? ¿Conoces a los soberbios que quieren intimidarte, orgullosos? Todo esto sirve para demostrarnos que la respuesta de David es una respuesta como la de Cristo. Una mente controlada y saludable es ser como Cristo. Es pensar en él. Es preguntarte: ¿qué haría Jesús?
¿Estás dispuesto a orar pidiéndole específicamente a Dios que se haga cargo de tus enemigos y luego comprometerte a establecer la disciplina necesaria para meditar en los preceptos de Dios? Tal vez no te has percatado, pero no dejes que controlen tu mente.
Acompáñame a orar. Querido Señor y Padre bueno, te damos gracias por tu amor. Un día más, un comienzo más, un sí para ti, una oportunidad para nosotros. Padre, tú conoces, Señor, las luchas que hemos tenido. Trae a nosotros paz a nuestra mente. Gracias por darnos el ejemplo de David, que en medio de enfrentarse a enemigos, en medio de pasar aflicciones, de tener tiempos difíciles, él buscaba refugiarse en ti y te entregaba completamente las cosas que lo afligían. Ayúdanos a tener ese corazón e imitarlo en todo momento. Gracias, Padre. En el nombre de Jesús, amén.
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[Aplausos]