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La Santa Misa de Hoy | I Domingo de Adviento | 30-11-2025 | Pbro. Javier Martín, FM

Misa de Hoy38:06

Transcription

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

La gracia y la paz de nuestro Señor Jesucristo esté con todos vosotros.

Como el color litúrgico nos enseña, hoy iniciamos un nuevo tiempo. Es el tiempo de Adviento, el tiempo de preparación para celebrar la fiesta de la Navidad. Como símbolo de los pasos que vamos dando a lo largo de este tiempo de Adviento, tenemos aquí la corona de Adviento. Cada semana encenderemos un cirio que nos recordará que ya se acerca, ya esté aquí la venida del Salvador.

Pues vamos a prepararnos para celebrar esta venida del Salvador y para celebrar la Eucaristía como el Señor nos pide. Con humildad suprimimos el acto de penitencial por el acto de bendición de la corona de Adviento y la oración que va unida a ella. Guardamos un momento de silencio, hermanos, al comenzar el nuevo año litúrgico, vamos a bendecir esta corona con que inauguramos también el tiempo de Adviento. Sus luces nos recuerdan que Jesucristo es la luz del mundo. La corona de Adviento es, pues, un símbolo de que la luz y la vida triunfarán sobre las tinieblas y la muerte, porque el Hijo de Dios se ha hecho hombre y nos ha dado la vida verdadera. Al encender semana tras semana los cuatro cirios de la corona, debe significar nuestra gradual preparación para recibir la luz de Navidad. Por eso, hoy, primer domingo de Adviento, bendecimos esta corona y encendemos su primer cirio.

Oremos.

La tierra, Señor, se alegra en estos días y tu Iglesia desborda de gozo ante tu Hijo, el Señor, que se avecina como luz esplendorosa para iluminar a los que yacemos en las tinieblas de la ignorancia, del dolor y del pecado. Lleno de esperanza en su venida, tu pueblo ha preparado esta corona con ramos del bosque y la ha adornado con luces. Ahora pues que vamos a empezar el tiempo de preparación para la venida de tu Hijo, te pedimos, Señor, que mientras se acrecienta cada día el esplendor de esta corona con sus luces, a nosotros nos ilumines con el esplendor de aquel que por ser la luz del mundo, iluminará todas las oscuridades. Que vive y reina contigo en unidad con el Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

Oremos.

Concede a tus fieles, Dios todopoderoso, el deseo de salir acompañados de buenas obras al encuentro de Cristo que viene, para que colocados a su derecha merezcan poseer el reino de los cielos. Por Jesucristo nuestro Señor.

Nos sentamos para escuchar la palabra de Dios.

Lectura del libro de Isaías.

Visión de Isaías, hijo de Amós, acerca de Judá y de Jerusalén. Al final de los días estará firme el monte de la casa del Señor en la cima de los montes, encumbrado sobre las montañas. Hacia él confluirán los gentiles, caminarán pueblos numerosos, dirán: "Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob. Él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, de Jerusalén la palabra del Señor. Será el árbitro de las naciones, el juez de pueblos numerosos. De las espadas forjarán arados, de las lanzas podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo. No se adiestrarán para la guerra. Casa de Jacob, ven. Caminemos a la luz del Señor."

Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

Vamos alegres a la casa del Señor.

Vamos alegres a la casa del Señor. Qué alegría cuando me dijeron: "Vamos a la casa del Señor". Ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén.

Vamos alegres a la casa del Señor. Allá suben las tribus, las tribus del Señor, según la costumbre de Israel, a celebrar el nombre del Señor. En ella están los tribunales de justicia en el palacio de David.

Vamos alegres a la casa del Señor. Desead la paz a Jerusalén. Vivan seguros los que te aman. Haya paz dentro de tus muros, seguridad en tus palacios.

Vamos alegres a la casa del Señor. Por mis hermanos y compañeros voy a decir: "La paz contigo". Por la casa del Señor nuestro Dios te deseo todo bien.

Vamos alegres a la casa del Señor.

Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los romanos.

Hermanos: Daos cuenta del momento en que vivís. Ya es hora de despertaros del sueño, porque ahora nuestra salvación está más cerca que cuando empezamos a creer. La noche está avanzada, el día se echa encima. Dejemos las actividades de las tinieblas y pertrechémonos con las armas de la luz. Conduzcámonos como en pleno día con dignidad. Nada de comilonas ni borracheras. Nada de lujuria ni desenfreno, nada de riñas ni pendencias. Vestíos del Señor Jesucristo.

Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

Aleluya, aleluya, aleluya.

El Señor esté con vosotros.

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Cuando venga el Hijo del Hombre, pasará como en tiempo de Noé. Antes del diluvio, la gente comía y bebía y se casaba hasta el día en que Noé entró en el arca. Y cuando menos lo esperaban, llegó el diluvio y se los llevó a todos. Así será cuando venga el Hijo del Hombre. Entonces, de dos hombres que estén en el campo, a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán. De dos mujeres que estén moliendo, a una se la llevarán y a otra la dejarán. Por tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa. Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del Hombre."

Palabra del Señor.

Señor.

El tiempo litúrgico del Adviento está marcado por lo que él implica y significa. ¿Qué es lo que vamos a hacer? Tiempo de Adviento es tiempo de preparación para celebrar la Navidad, el nacimiento del Hijo de Dios, para celebrar que él ha venido no para condenar, sino para salvar al mundo, que habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo y que la luz vino a los suyos, pero los suyos no la recibieron. Por eso, tiempo de Adviento es tiempo donde recordamos que todos nosotros tenemos que celebrar el nacimiento de Cristo y que celebrar no es un mero recuerdo de algo que ocurrió y ya está. Celebramos el desembarco en Normandía, cuando los aliados desembarcaron allí para de esa manera recuperar Europa o celebramos alguna fiesta importante donde conmemoramos un hecho heroico de una persona. Pero eso ocurrió y ya está. Hubo unas consecuencias y ahí quedó todo. Nosotros no venimos solo a recordar que Dios nos ama y que envía su Hijo al mundo para salvarnos. Venimos en primer lugar para celebrar que Cristo ha nacido. ¿Y qué significa celebrar? Celebrar significa actualizar el acontecimiento redentor de Cristo, traer a nuestro día aquello que el Señor realizó hace 2000 años. Y la encarnación es el inicio de nuestra salvación. Y cada vez que nosotros celebramos la Navidad, celebramos nuestra salvación, no nuestra condenación. Y por lo tanto, celebramos con alegría que somos un pueblo de esperanza. Celebramos con alegría que donde abundó el pecado, sobreabundó la misericordia divina. Celebramos con alegría que tenemos horizonte, que hay esperanza, que ni el pecado tiene la última palabra, ni la muerte es el final de la vida, ni tampoco mis cruces son más fuertes que el amor de Dios. Somos un pueblo de esperanza. Tenemos esperanza porque creemos en la victoria de Cristo que se encarnó en el seno de la Virgen María y que nació para compartir nuestra suerte, para compartir contigo tus problemas, para enseñarte que el amor de Dios es tan grande que quiso que su Hijo fuera en todo igual a nosotros, menos en el pecado. Por lo tanto, tenemos esperanza y proclamamos ante el mundo que el amor vence al odio.

En segundo lugar, la fiesta de la Navidad y la celebración o preparación de esa fiesta implica que tenemos que decirle al mundo que creemos en un Dios que es fiel, un Dios que cumple su palabra, un Dios que no miente, un Dios que tiene sus tiempos, que nosotros no comprendemos y muchas veces no sabemos, pero que él sí sabe. Es el Señor de la historia. Cristo es aquel en el que se cumplen las promesas que Yahvé había realizado al pueblo de Israel. El Dios cristiano es un Dios fiel. Te puedes fiar de él y tú tienes que ser testimonio en medio del mundo de esa confianza en Dios. ¿Cómo te comportas ante tus cruces? ¿Cómo vives ante tus dificultades? Como una persona que no tiene fe, entonces te comportas como un pagano. ¿Qué testimonio estás dando en el mundo? El testimonio de una persona que cree, aunque a veces no comprende los tiempos de Dios, aunque a veces no entiende por qué la cruz o la oscuridad, está siendo testimonio de esperanza. Porque aunque no comprendes, porque aunque la cruz pese y duela, porque aunque a veces pases por la noche oscura, sigues intentando amar a Dios y le dices: "Señor, por ti llevo la cruz, porque tú me lo pides y la ofrezco para colaborar contigo en la obra de la salvación. Vengo a rezar, aunque no siento nada, porque sé que estás en el sagrario y no vengo por lo que siento, sino vengo por quien hay, tú, el Hijo de Dios." Decía Santa Teresa a sus novicias que a veces cuando uno viene a rezar experimenta en su corazón satisfacción espiritual y les decía: "Esos son caramelos de Dios." Pero hay otras veces donde no experimentas nada, estás seco como una teja. Y en esos momentos te tienes que preguntar: "Pero yo, ¿qué busco? La satisfacción espiritual, sentir, o busco no los caramelos, sino al Dios de los caramelos." Nosotros buscamos al Dios de los caramelos y por eso hacemos las cosas aunque no comprendamos los planes del Señor, pero sí sabemos lo que él nos pide, o aunque duela porque exige negarnos a nosotros mismos, siendo generoso con los demás, o pidiendo perdón por nuestras faltas, siendo humilde y reconociendo nuestros errores. Lo hacemos porque confiamos en el Dios de los caramelos, en el Todopoderoso. ¿Eres tú testigo de esperanza en medio del mundo? Ante el mundo manifiestas. El Dios cristiano es el Dios fiel que cumple su palabra, tiene sus tiempos, pero cumple su palabra. Cristo es la respuesta. En él se cumplen las promesas que Yahvé había realizado al pueblo de Israel.

En tercer lugar, en esta primera semana del tiempo de Adviento, nos tenemos que preguntar: ¿Y qué tenemos que hacer? ¿Cómo nos tenemos que preparar? El Señor nos irá guiando mediante los evangelios de cada domingo para que vayamos poniendo a punto la casa. De igual manera que cuando una persona importante va a visitar tu casa, la debes tener limpia siempre, pero si viene una persona importante, con más razón. Si viene la suegra tienes que tenerlo todo bien, porque la suegra ve todo. Ves si no has colocado esto bien, si hay una motita de polvo. Pues lo mismo el Señor se merece la mejor casa posible, el mejor corazón posible. ¿Cómo preparar ese corazón al Señor en esta semana? Creo que sería importante que todos nosotros lucháramos contra una corriente que está en torno a nosotros, que es la del relativismo. El relativismo moral es en el que vive gran parte de nuestra sociedad, que sostiene que no existe ni el bien ni el mal, que todo es relativo, relativo a tu interés. Lógicamente, nosotros tenemos conciencia, sabemos distinguir el bien del mal, nos comportamos en consecuencia a esa conciencia. Somos personas que intentamos ser luz en el mundo por la integridad de nuestras costumbres, porque sabemos que no todo vale, que no podemos decir: "Va, ¿y qué más da? ¿Y qué más da si llego tarde a trabajar? ¿Y qué más da si excedo la velocidad y genero un problema a los que están a mi alrededor? ¿Y qué más da si miento? O, ¿y qué más da si no perdono? O, y qué más da si soy una persona que no tiene compasión hacia los demás." No podemos vivir en el "¿Y qué más da?". Nosotros sabemos que sí, que es importante y que no podemos caer en la tentación del relativismo. Y para eso es importante examinar nuestra vida, no vivir como en el bueno diciendo: "Nuestra vida está bien, somos buenecitos." Tú tienes que examinar tu conciencia. Tienes que examinar tu vida a la luz de tu conciencia, iluminándote, dejando que los 10 mandamientos guíen tus pasos. Pero no solo los 10 mandamientos. Los 10 mandamientos, que son muy importantes, nos enseñan a no hacer el mal, pero también tenemos que hacer todo el bien que esté en nuestra mano y, por lo tanto, evita el mal y haz el bien que esté en tu mano. Examina tu conciencia y tu vida a la luz de los 10 mandamientos y del mandamiento del amor. ¿Estás cumpliendo con tus deberes? Sí, perfecto, pero no es suficiente. ¿Estás poniendo tus dones para ayudar a los demás? Perfecto, pero no es suficiente. Descubrirás que cuando uno se acerca a la luz, que es Cristo, se da cuenta con frecuencia de las manchas que eran pequeñas y que pasaban desapercibidas cuando uno estaba en la oscuridad. Si te confiesas con frecuencia, si examinas tu conciencia y tu vida a la luz de los 10 mandamientos y del mandamiento del amor, descubrirás actitudes, pensamientos, actos que no son del todo buenos. Quizás no sean pecados mortales, pero no son del todo buenos. Y por lo tanto, tendrás que luchar por tratar a los demás como Cristo te trata, por hacer el bien a los demás como el Señor lo ha hecho con nosotros. Cuando uno está en la oscuridad no se da cuenta de las manchas que tiene porque le falta luz. Cuando uno se acerca a la luz que es Cristo, percibe con más nitidez incluso las manchas más pequeñas. San Francisco de Asís, al que la gente decía que era el otro Cristo, porque el Señor le concedió, entre otras cosas, el don de los estigmas, es decir, tener las heridas de los clavos, tanto en las manos como en los pies. San Francisco de Asís, que vivía pobremente, San Francisco de Asís, que creó la orden de los franciscanos, una de las mayores órdenes mendicantes existentes en el mundo, que se preocupó de hacer amar a Cristo, decía: "Dios es nunca bastante, porque siempre pide más." Seguir a Cristo es seguir a Dios nunca bastante, porque es la luz que ilumina tu conciencia y tu vida y que te dice: "No es suficiente." No es suficiente con que cumplas con tus deberes, tienes que hacer todo el bien que puedas. No es suficiente con que hayas pedido perdón por tus pecados. Tienes que intentar tratar a los demás como yo te trato a ti. Por eso, queridos amigos, ¿cómo preparar bien nuestro corazón para la venida del Salvador? Imitando a Cristo, nuestro modelo, siguiendo sus pasos y creyendo en el poder de su gracia. Es un Dios que cumple su palabra, envía su Hijo al mundo, no para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. Pero no envía a su Hijo al mundo para que te quite las cruces y problemas de la vida. No envía a su Hijo al mundo solo para sostenerte y darte caramelos y que te sientas bien. A veces te da caramelos, te hace sentir su presencia. En otros momentos, como los padres le dicen a los niños: "Venga, camina que ya te toca", nos hace caminar y llevar nosotros la cruz para de esa manera crecer y madurar en nuestra fe. Confía en el Señor, fíate de él. Él es el camino que lleva a la vida. Preparemos bien nuestro corazón luchando contra el relativismo, haciendo el bien y evitando el mal. Que sea así en nuestra vida.

Nos ponemos en pie.

Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos, Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.

Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. Pedimos por la Iglesia para que sea luz en el mundo, consuelo de los que sufren y esperanza de los que no tienen fe. Roguemos al Señor.

Señor, pedimos también por el viaje apostólico del Papa León para que el Señor toque el corazón de las personas que le vean y que escuchen sus discursos. Roguemos al Señor.

Te rogamos, Señor.

Pedimos por la paz en el mundo para que cesen las guerras y el terrorismo. Roguemos al Señor.

Pedimos también por nuestras familias para que se mantengan unidas en el amor a Dios y en ellas se transmita la fe de padres a hijos. Roguemos al Señor.

Pedimos por nuestros hermanos difuntos para que descansen en paz en el seno de Dios Padre. Roguemos al Señor.

Pedimos también por España para que se mantenga unida, para que no abandone sus raíces cristianas. Roguemos al Señor.

Te rogamos, Señor.

Pedimos por los que nos gobiernan para que promuevan leyes que defiendan la dignidad desde su inicio, que es la concepción hasta la muerte natural. Roguemos al Señor.

Escucha, Padre, las súplicas de tus hijos que nos dirigimos a ti confiando en tu amor. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oh.

Orad, hermanos, para que este sacrificio mío y vuestro sea agradable a Dios Padre todopoderoso.

Señor, tus manos este sacrificio para Acepta, Señor, los dones que te ofrecemos, escogido de los bienes que hemos recibido de ti y lo que nos concedes celebrar con devoción durante nuestra vida mortal sea para nosotros premio de tu redención eterna. Por Jesucristo nuestro Señor.

El Señor esté con vosotros.

Y con tu espíritu.

Levantemos el corazón.

Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. Quien al venir por vez primera en la humildad de nuestra carne, realizó el plan de redención trazado desde antiguo y nos abrió el camino de la salvación para que cuando venga de nuevo en la majestad de su gloria, revelando así la plenitud de su obra, podamos recibir los bienes prometidos que ahora en vigilante espera confiamos alcanzar. Por eso, con los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:

Santo, santo, santo es el Señor, Dios del universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo.

Santo eres en verdad, Señor, fuente de toda santidad. Por eso te pedimos que santifiques estos dones con la efusión de tu Espíritu, de manera que se conviertan para nosotros en el cuerpo y la sangre de Jesucristo, nuestro Señor, el cual, cuando iba a ser entregado a su pasión voluntariamente aceptada, tomó pan, dándote gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo: "Tomad y comed todos de él, porque esto es mi cuerpo que será entregado por vosotros."

Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz y, dándote gracias de nuevo, lo pasó a sus discípulos diciendo: "Tomad y bebed todos de él, porque este es el cáliz de mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por muchos para el perdón de los pecados. Haced esto en conmemoración mía."

Este es el sacramento de nuestra fe.

Así pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo, te ofrecemos el pan de vida y el cáliz de salvación y te damos gracias porque nos haces dignos de servirte en tu presencia. Te pedimos humildemente que el Espíritu Santo congregue en la unidad a cuantos participamos del cuerpo y sangre de Cristo.

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y, con el Papa León, con nuestro obispo José y todos los pastores que cuidan de tu pueblo, llévala a su perfección por la caridad.

Acuérdate también de nuestros hermanos que durmieron en la esperanza de la resurrección, de tus hijos Leandra, José, Juan Pablo, Malucha, Sandeni, Peregrina, John, Juta, Ana Sofía y Eva, y de todos los que han muerto en tu misericordia. Admítelos a contemplar la luz de tu rostro.

Acuérdate también de nuestros hermanos Gabriel y Rafael, que hace 28 años fundaron una nueva familia, Iglesia doméstica y sacramento de tu amor, y concédeles que la gracia de aquel día se prolongue a lo largo de toda su vida.

Ten misericordia de todos nosotros y así, con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo San José, los apóstoles y cuantos vivieron en tu amistad a través de los tiempos, merezcamos por tu Hijo Jesucristo compartir la vida eterna y cantar tus alabanzas.

Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios, Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.

Amén.

La Virgen María inauguró el camino del Adviento. Fue la primera que vivió este tiempo de preparación para el nacimiento del Salvador. ¿Y cómo lo hizo? No entendiendo muchas veces los planes del Señor, tener que marchar al lugar de donde provienen tus padres, a Belén. No encontrar un lugar donde dar a luz a tu Hijo Jesús, porque todo el mundo te rechaza. Que no existiera lugar en la posada y tuviera que dar a luz en un establo. Fue una cruz difícil. María lo hizo asumiendo que el Señor es fiel, que cumple su palabra, que Dios no juega con nosotros, fiándose de él en los momentos de oscuridad cuando no comprendía los planes del Señor. Lo mismo nosotros somos un pueblo de esperanza. Tenemos la certeza de que Dios es fiel, pero a veces no comprendemos los planes de Dios. En esos momentos confiar en el amor de Dios, hacer su voluntad, salir del relativismo para amar y ser fieles a lo que el Señor nos pide.

Vamos a rezar con confianza la oración que Jesús nos enseñó.

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal.

Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.

Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz os dejo, mi paz os doy". No tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

La paz del Señor esté siempre con vosotros.

Y con tu espíritu.

Daos fraternalmente la paz.

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, danos la paz.

Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Dichosos los llamados a la cena del Señor.

Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme. Creo, Jesús mío, que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo recibirte dentro de mi alma, pero como ahora no puedo comulgar, ven al menos espiritualmente a mi corazón y, como si ya te hubiese recibido, te abrazo y me uno del todo a ti, Señor. No permitas que me aparte de ti. Amén.

Oremos.

Fructifique en nosotros, Señor, la celebración de estos sacramentos con los que tú nos enseñas ya en este mundo que pasa a descubrir el valor de los bienes del cielo y a poner en ellos nuestro corazón. Por Jesucristo nuestro Señor.

El próximo jueves, es primer jueves de mes y después de la misa de la tarde, en torno a las 9, tendremos la vigilia de oración para pedir por el Papa León. Está organizada por un grupo de jóvenes de la parroquia, pero estáis todos invitados. Media hora donde meditamos frases del Papa León y donde también adoramos al Señor y pedimos su intercesión por las necesidades de la Iglesia. Estáis todos invitados jueves por la noche después de la misa de la tarde, de 9 a 9:30 más o menos.

El próximo lunes día 8. Lo digo con tiempo para que no digáis que no lo había dicho. Próximo lunes día 8 es la fiesta de la patrona de España, la Virgen, la Inmaculada Concepción. Y por lo tanto, es día de precepto. Es lunes, muchos os marcharéis por el puente, estéis donde estéis, salvo causa mayor imposibilidad, hay que ir a misa y hay que pedir por España porque es que lo necesitamos. Aquí tendremos todas las misas de un domingo, aunque no es domingo, todas las de un domingo. Y no vale venir el domingo por la tarde para que me valga para el domingo y para el lunes, ¿no? Porque además no es fiesta de la Virgen el domingo por la tarde. Se celebra misa dominical y no os vale. Si venís el domingo por la tarde, aunque hayáis venido el sábado por la tarde, no habéis ido a la misa de la Inmaculada Concepción. La misa de la Inmaculada Concepción este año solo se celebra el lunes día 8. Solo. Creo que estoy siendo muy clarito. Tenéis que ir a misa el lunes, ¿sí o sí?

En último lugar, el padre Santiago está organizando, como sabéis, una peregrinación a Tierra Santa. Los que queráis información de los que nos veis por la tele, pues abajo aparece ahí la dirección donde tenéis que mandar un correo. Y los que queráis información aquí en la parroquia, afuera, como siempre, Susana, os la facilita con gusto.

Espero que paséis una feliz semana y que si os marcháis de puente disfrutéis, pero no os olvidéis de la Virgen María. Tenemos que pedirle y estamos muy necesitados por España. Ella es nuestra patrona.

El Señor esté con vosotros.

Y con tu espíritu.

Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros. Podéis ir en paz.

Pedimos a María por nuestra patria.

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra. Dios te salve. A ti clamamos los hijos de Eva. A ti suspiramos gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos y, después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce y siempre Virgen María. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén.