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[Música] Fidel, ese es uno de los filósofos más oscuros del siglo 20. Su obra es deliberadamente difícil de comprender porque intenta no ser estática, ni sistemática, ni reflejar solo un punto de vista. Intenta ser caótica, como toda la realidad, que para él es un rizoma, una red viva de conexiones en continuo cambio, sin principio ni final. En este vídeo vamos a intentar hacer su pensamiento accesible.
Deleuze es un representante del posmodernismo, el postestructuralista más conocido, junto a Jacques Derrida. Su enfoque, sin embargo, es distinto. Si pretende, como Derrida, cuestionar lo que damos por sentado, desestabilizar, pero no utiliza la deconstrucción. Sus métodos y conceptos son otros. Sí, a Derrida no le gustaría que se intentase definir deconstrucción. A Deleuze no le gustaría que se intentase sistematizar ordenadamente su filosofía. Y además, él mismo hace que eso sea bastante imposible. Para intentar acercarnos, lo vamos a ver primero qué es lo que hizo y qué quería conseguir, para luego ver algunos de los conceptos que desarrolló.
Normalmente se divide el pensamiento y la obra de Deleuze en tres o cuatro etapas. La primera, en la que publica libros sobre otros filósofos como Kant, Spinoza o Nietzsche. La segunda, en la que ya en primera persona lanza los conceptos más abstractos de su filosofía en dos obras fundamentales: Repetición y diferencia y La lógica del sentido. La tercera, cuando comienza su colaboración con su amigo el psicoanalista y pensador político Félix Guattari, en la que encontramos los dos tomos de Capitalismo y esquizofrenia: El Anti-Edipo y Mil mesetas, y también Rizoma. Y si se quiere, una cuarta, que ocuparían sus obras centradas en la estética, el arte, el cine, la expresión sin palabras. Todo esto es así hasta cierto punto. También podríamos decir que en realidad Deleuze no tiene etapas porque siempre se dedica a lo mismo, va avanzando en su caótico camino, tejiendo su red conceptual, añadiendo capas de fluidez y de desorden, ayudado por Guattari, que era todavía más caótico y desordenado que él. Pero en realidad, siempre está haciendo lo mismo.
¿Qué se podría decir que Deleuze está totalmente en desacuerdo con Platón y totalmente de acuerdo con Nietzsche? Y de esto se deriva lo que hace que es filosofía, tal y como él la entiende.
Veamos. Platón cree que la verdad con mayúsculas está ahí fuera, o mejor, ahí arriba, en el mundo de las ideas, que existe real, objetiva y estáticamente, y que los filósofos tienen que desvelarla o descubrirla. Nietzsche cree que todo es perspectiva. La verdad real, objetiva y estática es una construcción social que está además moralizada. Verdad y bien van juntos, como mentira y mal. O sea, que la verdad con mayúsculas es una mentira y no se puede desvelar, sino que se construye, se hace.
Deleuze dice que la filosofía, que es pensar, no descubre la verdad, sino que es una actividad creativa porque la verdad se crea. Cada filósofo, con sus conceptos, crea el marco de la verdad en cada momento, un marco conceptual que ha ayudado históricamente a definir la verdad en cada momento. Y gracias a eso, determina cuáles serán los parámetros en los que se mueven no solo los científicos, sino toda la sociedad.
Y aquí aparece otro problema para Deleuze: la filosofía que crea sistemas que han contribuido a establecer jerarquías conceptuales, sociales, políticas, porque la inmensa mayoría de los sistemas filosóficos son trascendentes. Para entender esto, volvamos a Platón. Su sistema es el más claramente trascendente que se pueda imaginar. La verdad, la razón de la existencia de este mundo está fuera de él, está arriba en el mundo de las ideas. La finalidad de todo está fuera de este mundo y automáticamente todo queda jerarquizado: teleología trascendente.
Deleuze busca la inmanencia, es decir, que no se recurra a elementos externos ni superiores. Cada vez que un filósofo recurre a la trascendencia, con las ideas o formas, Dios, le parece un camino que ha sido central en filosofía y que debe ser abandonado, igual que los intentos de categorizar y estructurar, porque estos son rígidos y la realidad es móvil, flexible y fluida.
Y aquí, atención, porque a él tampoco le gusta la dialéctica hegeliana. Le parece una falsa sensación de fluidez y movimiento, no solo por la estructura fija en tríadas, sino sobre todo por el auto-despliegue que supone la contradicción. Se lleva desde el principio y se resuelve internamente. Es decir, la idea se despliega y acaba en el espíritu absoluto sin cambio real. Todo lo tenía dentro, así que es como un viaje sin moverse del sitio.
Los filósofos que a Deleuze le gustan son sobre todo Hume, con su empirismo radical, que dice que solo somos una suma de impresiones; Spinoza, sí, un racionalista, pero al que considera que elabora un verdadero sistema inmanente porque solo hay una sustancia, es decir, no hay nada externo, no hay una creación y no hay una jerarquía en él, sino conexiones; y sobre todo, Nietzsche.
Así, la filosofía que hace Deleuze, que es una tarea creativa que busca reflejar fluidez, movimiento, cambio, flexibilidad y, ante todo, ser inmanente, puede explicarse como el intento más exhaustivo de darle la vuelta a la filosofía de Platón y también como una continuación de la filosofía que Nietzsche dejó inacabada cuando cayó irremediablemente enfermo con solo 44 años de edad. Y por eso, al ver los conceptos que va creando, los vamos a ir relacionando con su oposición a Platón y su continuación de Nietzsche.
Con esta información previa, vamos a examinar algunos de los conceptos más importantes creados por Deleuze y por Deleuze y Guattari.
La realidad es cambio constante, así que el concepto de diferencia cobra importancia. Sin embargo, la diferencia no tiene idea o forma. La línea filosófica capitaneada por Platón ha fijado unas ideas con mayúsculas, unos conceptos, y siempre hemos creído que conocemos las cosas por lo que son, por el concepto que les corresponde, y sin embargo, no es así.
Deleuze aquí se puede vincular a Saussure, el origen del estructuralismo. Entendemos las cosas, conocemos nuestros sistemas de signos, comunican información precisamente por la diferencia. Conocemos las cosas primero por lo que no son, por su diferencia con otras, y las relaciones de semejanza que sirven para conocer las cosas por lo que son son un paso secundario. En ese paso, logramos que cosas individuales, particulares y únicas pasen a ser designadas por el mismo concepto, aunque no son lo mismo.
Hasta aquí, esto es algo que ya estaba más o menos dicho por otros. Pero Deleuze a la vez se interesa por la diferencia como expresión de movimiento y por cómo se cruza con la repetición. Nos encontramos pues ante dos cuestiones. La primera radica en saber cuál es el concepto de diferencia que no se reduce a una simple diferencia conceptual, sino que reclama una idea propia como una singularidad en la idea. La segunda radica en saber cuál es la esencia de la repetición, que no se reduce a una diferencia sin concepto, que no se confunde con el carácter aparente de los objetos representados bajo un mismo concepto, pero que manifiesta a su vez la singularidad como poder de la idea.
Deleuze nos señala que la repetición en la naturaleza no se produce. No hay dos granos de polvo absolutamente iguales, ni dos manos que tengan los mismos puntos relevantes. Dice: "Repetición como diferencia sin concepto", o sea, cuando no tenemos concepto para reflejar un singular o una singularidad, repetimos el concepto. Pero aquí la repetición conceptual encubre una diferencia, un hecho singular. Pero va más allá. ¿Qué pasa si nosotros repetimos? Si queremos repetir un recuerdo, un sueño, un hábito, una acción, ¿qué es esa repetición? Eso no es solo una diferencia. Es un concepto que es, ¿cuál es la esencia misma de la repetición? ¿Es esa repetición? ¿Para qué sirve? ¿Cómo se produce? Aquí la repetición es una máscara, es simbólica, y lo que hace es poner de manifiesto la insuficiencia del concepto y sus límites. La repetición contiene la diferencia.
¿Por qué le importa tanto la repetición o apariencia de repetición? Porque en ella está el movimiento y la singularidad. Y aquí se conecta con Nietzsche y su eterno retorno, que no es la repetición cíclica idéntica de todo en el sentido literal de los estoicos, aunque Nietzsche la utilice así para desafiar la moralidad kantiana: "no eleve tus actos a máxima universal, no deseados y acepta los como si tuvieras que repetirlos por toda la eternidad".
Aquí Deleuze avanza una interpretación más profunda de Nietzsche. Y así habló Zaratustra: el eterno retorno es más complicado que eso. Es una repetición que comprende la diferencia, que es un movimiento real, un movimiento vertiginoso, cuya aceptación resulta liberadora y es aprendizaje. En la naturaleza y en las generalidades de los ciclos de la naturaleza son la máscara de una singularidad que despunta a través de sus interferencias, y bajo las generalidades del hábito en la vida moral, recobramos singulares aprendizajes.
La historia de la filosofía se ha manejado con la creación de conceptos estables y no debería ser así, porque la realidad no es así. Pero ha servido para dar respuestas concretas a la búsqueda de sentido.
Deleuze también examina qué es el sentido y lo relaciona con el acontecimiento. En general, la historia de una cosa es la sucesión de las fuerzas que se apoderan de ella y la coexistencia de las fuerzas que luchan para conseguirlo. Un mismo objeto, un mismo fenómeno, cambia de sentido de acuerdo con la fuerza que se apropia de él. El sentido, después, es una noción compleja. Siempre hay una pluralidad de sentidos, una constelación, nos dice Deleuze en su Lógica del sentido. A través de series de paradojas, dibuja cómo el sentido, que en el fondo es lo que pasa, lo que nos pasa, es el acontecimiento. Y eso necesita una lógica distinta que va más allá de la lógica de proposiciones, de la verificación de la veracidad de una frase.
Como dice Michel Foucault, hablando de Deleuze en su "Teatro filosófico": "La frase 'Marco Antonio ha muerto' designa un estado de cosas, expresa una opinión o una creencia que yo tengo, significa una afirmación". Y además, tiene un sentido. El morir, morir es el acontecimiento. Eso qué pasa en esa constante vorágine de devenir en la que pasado y futuro se juntan y el presente nunca está.
Diferencia, repetición, sentido y acontecimiento dibujan ya una red conceptual que pretende reflejar esa vorágine de devenir, una ontología de un ser que es movimiento. Y esa red queda de nuevo expresada en la obra y conceptos de Deleuze.
Con Guattari, busquemos siempre reflejar devenir, movimiento, caos. El todo fluye de Heráclito a la enésima potencia y visto desde todos los puntos de vista posibles. Disolvamos los conceptos estables como posmodernos. Disolvamos el sujeto, propio de Descartes, y todo el humanismo ilustrado y la modernidad.
¿Qué tenemos pues? No un sujeto, sino máquinas. El sujeto, el individuo, no existe. Existen máquinas. Lo que les ofrece la posibilidad de expresar su total materialismo, inmanencia y disolver al sujeto. Tú eres una máquina que está formada por otras máquinas, tus órganos, por ejemplo. Un grupo es otra máquina. Cualquier aparato es otra máquina. Un animal o una planta, máquinas compuestas de otras máquinas que no tienen propósito definido, que buscan conexiones, que se crean, se destruyen constantemente en una red sin estructura definida. Entonces, cualquier máquina puede ser virtualmente muchas cosas y actualmente lo que es en un momento dado, como una abeja que poliniza una planta, es en ese momento una máquina que facilita su reproducción, y en otro momento será una máquina de fabricar miel.
La máquina tiene como propiedades fundamentales la producción y el deseo. Ellos hablan de producción de deseo, deseo como fuerza que produce realidad, que es motor de la vida, otra forma de caracterizar la voluntad de poder de Nietzsche y de criticar a Freud y sus deseos reprimidos. Todo es flujo.
Un concepto que ha calado profundamente a partir de Deleuze y Guattari: flujos económicos, flujos financieros, flujos migratorios. Hasta describen los flujos de desagües de una ciudad. Todo es un flujo. Flujos que se crean, ganan volumen, se bloquean, desaparecen. Lo que hay que estudiar es por qué, cuáles son las fuerzas que determinan la creación de estos flujos. Recordemos la frase que hemos citado antes de Deleuze: "La historia de una cosa es la sucesión de fuerzas que se apoderan de ella".
Una forma de habilitar una crítica al capitalismo y sus fuerzas, más allá de las infraestructuras y superestructuras de Marx, un pensador moderno, no posmoderno. Así queda una realidad desestructurada, descentrada, como un rizoma, porque crece indefinidamente, caóticamente. Unas partes mueren, otras se establecen, nuevas vías, conexiones, sin un centro, en continuo devenir.
Así se dibuja una filosofía que se ha llamado filosofía de la diferencia, pero quiere ser sobre todo filosofía del movimiento real, más allá de la filosofía de la representación, que resulta por definición difícil de leer y de comprender, pero que esperamos haber podido aclarar un poco en este vídeo.
[Aplausos]
[Música]