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DESARROLLO HUMANO. (6/6) VEJEZ

Paco Flores8:39

Transcription

Vejez: Cambios psicosociales.

Los cambios psicosociales en la etapa adulta tardía o vejez del desarrollo humano son los referentes a las emociones, a la personalidad y a las relaciones sociales.

Eric Erikson propone que el desarrollo social de una persona a lo largo de la vida se puede dividir en diferentes etapas a partir del punto de vista genético-social, teniendo retos muy particulares en los diferentes momentos del ciclo vital, desde el nacimiento hasta la muerte. Esta teoría se llama desarrollo psicosocial.

La última etapa a la que corresponde la adultez tardía o vejez se le conoce como integridad contra desesperación, la cual considera que si una persona logra la aceptación de su vida como la vivió, llega a tener un sentido de integridad. Sin embargo, si esto no sucede y tiene la sensación de que no se aprovecharon las oportunidades, le da un sentido de desesperación.

Cornion menciona que a partir de los 80 años, la persona empieza en un declive evidente en todos los sentidos, teniendo nuevas exigencias, revalorizaciones y dificultades en la vida cotidiana. El debilitamiento producido por el envejecimiento puede provocar en el adulto tardío que la desesperanza se incremente en una especie de regresión a todos los conflictos negativos del desarrollo, ya que la vida se vive de forma amenazante.

Entre los 80 y 90 años, la desesperación se traduce en desesperanza como parte del conflicto de la octava etapa del desarrollo psicosocial, que hace revivir los conflictos distónicos de dicha teoría. Así, Erikson menciona que existe una autonomía debilitada, la iniciativa abandonada, la intimidad faltante, la generatividad descuidada y la vivencia de una identidad demasiado limitadora. Se desconfía de las propias capacidades, se pierde autonomía corporal o de elecciones vitales, nada le resulta seguro, acaba por abandonar al sentirse incompetente en las diferentes actividades, lo que lo lleva a la pérdida de identidad que le rigió la mayor parte de su adultez, ya que su rol social se desdibuja. Le cuesta trabajo relacionarse y adaptarse, su interés está en sí mismo y no en las personas cercanas. Lo cotidiano es lo más importante. Si no logran controlar esto, la desesperación se apodera de ellos.

Cuando una persona en etapa de vejez logra aceptar que las situaciones del deterioro se basan en las experiencias positivas que tuvo e impulsaron su desarrollo y la integridad del yo, es decir, que hace una revisión de su propia historia dándole significado a sus vidas y adaptándose a las pérdidas sufridas, logra enfrentar de mejor manera este reto de vida, apoyados en una gran sabiduría consolidada con los años, que se traduce en aceptación de lo vivido y serenidad en relación con el resto de su vida y la perspectiva de muerte.

Las relaciones sociales.

En todas las personas de cualquier etapa del ciclo vital, la socialización es muy importante, ya que colabora con un positivo desarrollo personal, afectivo, físico, mental y social. Una red social da apoyo, afectividad y felicidad a una persona. En el adulto tardío, la socialización colabora en su inclusión social y bienestar personal, la cual está asociada al ocio, el tiempo libre y las relaciones familiares.

Por ello, la familia es una red social muy importante en esta etapa, ya que da contención y ayuda en la integración del adulto en etapa de vejez. Además, puede ser la principal fuente de apoyo emocional, económico y de cuidados. Aún así, las relaciones familiares presentan una gran complejidad de conflictos por la vivencia de diferentes generaciones, que se puede superar si existe una adecuada comunicación y aceptación de los diferentes roles de la familia.

Otro de los cambios de vida es lo que algunos autores denominan abuelidad, que es uno de los roles que muchas personas de esta etapa viven. Los adultos tardíos se vuelven abuelos e incluso bisabuelos, y las relaciones se vuelven complejas debido a las diferentes generaciones que intervienen en la convivencia: desde los abuelos, los hijos y los nietos. Una comunicación y sana convivencia aporta positivamente a todos los involucrados. En cambio, si se vive lleno de conflictos y fallas en la adecuada comunicación, lo que provoca es un distanciamiento y rompimiento de la red social y el soporte que conlleva la relación.

Ser abuelo se convierte en algo muy importante y satisfactorio para la mayoría de los adultos tardíos, ya que además de la efectividad positiva hacia los nietos, les permite ir que pueden transmitir y generar valores a otra generación y apoyar en la crianza a los hijos.

Por otro lado, para Cornion, la pareja en esta etapa suele ser fuente mutua de apoyo emocional y bienestar en los adultos tardíos. Esto si lograron aprender a resolver sus diferencias, traduciéndose en una mayor satisfacción de vida y autoestima. Varias investigaciones muestran que las personas ancianas casadas, comparadas con las no casadas, quieren mayor satisfacción, optimismo, salud psicofísica, más recursos económicos, mejor integración, mayor apoyo social e índices más bajos de internación en servicios residenciales. Cuando en la pareja los conflictos son mayores, tienden a provocar ansiedad y depresión.

La sexualidad, normalmente marcada por estereotipos que dicen que no es permitida o no existe en personas de edad adulta tardía, es parte de la salud integral de las personas. Cuando no existen problemas de salud graves o crónicas que deterioren la función y las relaciones sanas, la sexualidad activa permanece en personas de esta etapa, ajustada a la realidad física de estas, aportando positivamente en su integridad y salud.

Papalia y Martorel refieren que una persona socialmente aislada tiende a ser solitaria, y esta soledad puede acelerar el deterioro físico, cognitivo y emocional. Los viudos o divorciados en esta etapa tienden a sentir más fuerte la soledad que los que nunca se casaron o tuvieron una pareja estable. Por el contrario, en una persona con relaciones sociales activas, la amistad es un elemento importante en su felicidad.

En cuanto al trabajo, las personas que fueron asalariadas en esta etapa, en su mayoría, enfrentan la jubilación como un cambio brusco de la actividad general que trae como consecuencia cambios en la identidad profesional, estatus social, relaciones de amistad, familiares, de actividades cotidianas y de organización del tiempo libre y del ocio. Algunas personas lo pueden vivir como la terminación de la vida útil y activa. Cuando lo enfrentan positivamente, se vive como una oportunidad para realizar diferentes actividades postergadas y además tiempo para dedicárselo a ellos mismos. Algunas de las personas que trabajaron por su cuenta siguen en actividad productiva por varios años más hasta que el declive físico o enfermedad se lo permita.

Finalmente, tarde o temprano en esta etapa, las personas adultas tardías viven la pérdida de la actividad que repercute emocional y económicamente en deterioro de su calidad de vida. Socialmente se pierde reconocimiento y se vive como una carga, lo que lleva a la persona a aislarse y distanciarse.

La religión o espiritualidad es otro elemento importante en esta etapa, ya que ayuda a enfrentar la realidad, enfocando las emociones, apoyando a la salud general y el sentimiento de bienestar. Es decir, sirve como una institución de soporte que promueve la vida saludable y estados emocionalmente positivos.

La educación en la adultez tardía es diferente, ya que como en cualquier etapa se tienen que considerar los aspectos del desarrollo para lograr una adecuada planeación. Los contenidos y los enfoques son muy diferentes debido a que las personas tienen otros intereses y muchas necesidades para enfrentar un deterioro más acelerado.