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Yokoi Kenji Principios, etica, no vale hacer trampa

BEAUETHICAL10:27

Transcription

No vale la pena hacer trampa. Si usted hace trampa, ya no está jugando. Eso no vale. Lo hago rápido, es este punto muy rápido. Yo venía de la estación de Nacayama, iba corriendo, tenía una urgencia, iba para la casa. Hay que pasar una avenida llamada Caído, ahí hay un semáforo peatonal. Y yo iba corriendo con una urgencia y dije: "Me paso el semáforo peatonal en rojo". Yo soy latino, esquivar carros muy bien y llego a la casa. Pero no voy a esperar un semáforo peatonal en la noche, donde no pasan carros. Además, y cuando me iba a pasar el semáforo peatonal, justo había un japonés ahí que es el tubo porque se puso en rojo y se quedó quieto. Y yo dije: "Típico japonés", fue lo que pensé. "Ahí va a esperar un semáforo aunque no pasen carros". Yo sí me paso el japonés y me paso esa avenida. Y cuando me los iba a pasar, tuve que frenar en seco y quedarme al lado porque era mi padre.

"¡Oh! ¿Qué está haciendo? ¿El semáforo no ve?"

"Sí, pero a esta hora no pasan carros. Por eso."

"¿Por eso qué?"

"No hay cámaras."

"¿Cámaras para qué? Pues que nadie nos está viendo. Pasemos, yo tengo una urgencia."

Y me pegó un grito en japonés que hasta hoy tiene eco en mi vida: "Yo me estoy viendo. Te puedo engañar a un policía de tránsito, usted puede engañar a un supervisor, usted puede engañar a su esposa, dice. Pero hay alguien dentro de usted que no va a engañar nunca. Y hay una generación que nos sigue que está emulando lo que somos. Nuestros hijos solo aprenden el 30% de nuestra cantaleta, de nuestras palabras. El otro setenta lo emulan, nos imitan. Yo puedo mirar aquí, decirle: 'No mienta'. Bueno, papá. Bueno, papá. No repítelo cien veces. Mentir es malo". Muy bien. "Toca el teléfono, atiende y diga que no estoy". Él va a entender que mentir es malo, pero va a ser un mentiroso porque papá es un mentiroso.

Este paso habla de la integridad. Mire, yo volvía del colegio y vi como la vecina tenía un sembrado de tomate, zanahoria, pepino y dejó unas cajas solas llenas de verduras. Cuando yo vi eso, dije: "En la calle la regala". Pero tenía el precio y un cofre lleno de dinero. Yo tenía unos 10 años y me impresionó tanto ver eso en la calle y nadie cuidando que me quedé ahí cuidando. Dije: "La van a robar". Cuando llegué le digo: "Yo cuidé esa señora, mi vecina, aquí, Kimoto. Nunca llegó, así que me fui para la casa y le dije a mi padre: '¡Ah, mamá! Ya la robaron'. ¿A quién? A la señora Kimoto. ¿Y usted vio? No. ¿Pero uh, ya la robaron? ¿Por qué dice eso? Que dejó un cofre lleno de dinero en la calle y unas verduras. Papá, yo le cuidé mucho tiempo, pero como no llegó, ya no es culpa mía, ya la robaron".

"No la robaron. Que no la robaron. ¿No? ¿Quién la va a robar? Los ladrones no, porque aquí no hay ladrones. Aquí no hay ladrones. No, por abeja la caja. Todos vamos, compramos verduras, dejamos el dinero. Si hay cambio, tomamos el cambio. Eso se vende solo. Ella recoge por la noche y no la roban. ¿Quién la va a robar? Los ladrones, que aquí no hay ladrones, cabezón."

En mi mente no entraba que no hubiesen ladrones en mi nueva vida en la ciudad de Yokoján, porque para mí eso era absurdo. ¿Y por qué no hay ladrones? Porque eso es inteligencia. Yo no entendí nada. ¿Qué tiene que ver eso con inteligencia? Inteligencia no es tecnología, inteligencia es guardar principios como el no hacer trampa. En mi mente ya hubo un choque cultural. Claro, yo soy latino. Inteligencia para mí era lo contrario. Si me devuelven más en el cambio, ¡uy, qué inteligente es hoy! ¡Wow, qué coronel soy! ¡Exitoso! Se le cae un billete a alguien. ¡Piso! Nadie. ¡Uy, wow! Y el paciente no se dio cuenta. Ah, pero hay un señor allá que me vio y me dice: "Eh, yo lo vi así y entonces ahorita partimos". "¡Serrucho!" "Ah, bueno, listo. Dos inteligentes, dos avispados". Abejas.

Yo vi un niño colocar una moneda de 200 pesos en esas pesas que hay en las droguerías para qué se pesa. Un niño y se subió y se bajó y dejó un solo pie. Se subió otro niño. Catorce niños se pesaron con 200 pesos. La tendencia adulta es decir: "Son abejas, malicia indígena, son unas Biblias". Desde que nos metemos con los indígenas, con la Biblia, con tal de dar una connotación de que eso es ser inteligente rápidamente. Si la señora Kimoto descubre que el consumidor la roba, tiene que sentar a alguien a cuidar y la zanahoria ya no vale 45, sino 65. Pero ella ahora roba al consumidor, adultera el proceso porque se ofende. Dice: "Ellos me robaron, tengo que sentar a alguien ahí, pagar un salario y ahora el producto es más caro". La competencia es desleal. Le echo agua a la leche, azúcar a la panela, adultera el proceso. Es solo un ejemplo para robar al consumidor. La niña se da cuenta que el consumidor roba, la señora Kimoto roba al consumidor, la niña también quiere robar. Hay que poner una cámara. Porque como que va a robar. Menos mal existe el gobierno. El gobierno envía un interventor. "Señor Kimoto, el consumidor y así gano más". Y lo confiesa sin descaro. Descaradamente. No es tener una caja que se vendía sola. Ellos comenzaron robando. Ahora yo los robo a ellos. La niña que contraté está robando. ¿Y usted viene del gobierno? Sí. "Tome cien mil pesos". ¿Y cómo ha callado? "Señora, ¿cómo me va a comprar a mí? Yo soy del gobierno". "Sí, son solo 50 dólares, pero de mi finca son 50. Ya vienen otros 50 por las nueve fincas que hay allá, por cada uno 500 dólares por una visita de diez minutos. ¿Cómo ha callado? Que usted es inteligente". Y el interventor, entre el ruedo, disculpen el término, se torció. El consumidor se torció, la señora se torció, la niña. Hay que poner. Se torció. Ahora vivimos en un círculo vicioso de corrupción en nuestros países latinos que no sabemos cómo salir de él.

Es que la corrupción nace en la política, en las altas esferas. Eso es absurdo. Ahí se da el fruto en muchos de los casos de la corrupción. Pero la corrupción nace en un núcleo llamado familia, cuando abandonamos nuestros principios, como aquel que está escrito: "No robarás". El japonés también tiene ese texto religioso, ese versículo. Pero es largo. Si te encuentras un esfero en una mesa y los tuyos de alguien, no lo toques, déjalo ahí. Si te encuentras un bolso, si te encuentras una cartera en la calle, no estudies de alguien, no la toques, déjala ahí. Si te encuentras una mujer bonita en una fiesta, no es tuyo de alguien, no la toques, déjala. Cuando usted crece con tantos principios, de alguna manera se hace fuerte ese país.

En épocas de crisis, yo fui a ver cómo estaba Japón después del tsunami, porque todos mi familia vive allá, papá, mamá, mis hermanos. Y me impresionó fue de cómo se restauraron de rápido. De rápido reconstruyeron una carretera en seis días. ¿Usted sabía eso? Seis días. Yo soy de Bogotá y no digo más. ¿Cómo reconstruye una carretera? ¿Por qué tanto éxito? Japón no siempre fue fiel a esos principios. En épocas de guerra no fue ni el emperador, sino gente que descubrió el poder bélico. Y en épocas de guerra fue atroz, fue atroz. Atacó a China, Rusia, Corea, Filipinas. Atacó primero Estados Unidos. Nucleares, una sobre Hiroshima y otra sobre Nagasaki. La guerra fue horrorosa. Y solo después de una guerra tan cruel es que interiorizó Japón una lección muy importante, y es que la violencia, la guerra, definitivamente no funciona.

Hay dos formas de aprender en la vida: a los golpes y a los golpes de otro. Si yo veo una persona bajar de una montaña toda reventada, llena de sangre, y me dice: "Kenji, por ahí no hay camino", yo no subo. ¿Usted subiría? Hay gente en Latinoamérica que sube. No hay camino. Muchas bajan hasta sin dientes y sabe qué dicen: "Hoy, si no hay camino". Si la historia de Japón nos dice que no hay camino en la violencia, es porque no hay camino a la violencia en la guerra. Para qué repetir una historia si podemos aprender de los demás.

Yo culmino con esto. Hay una gran diferencia entre ser honesto y ser íntegro. Un hombre pide una pizza. La pizza llega al hotel donde él está. La mujer abre la caja y le dice: "Mi amor, no hay pizza". "¿Cómo no hay pizza? Hay dólares". Cuentan 1800 dólares. Y él le dice: "No, mi amor, si algo me enseñó papá es hacer honesto". Ella le da un beso y le dice: "Mi amor, pero la pizza costó 17. Tenemos 1800 dólares". "No, no, no. Vamos a la". Y él va decidido a entregar la caja. Llega a la pizzería y la entrega. Y ella se pone brava: "¡Usted es muy tonto! ¿Cómo va a hacer eso? Ese dinero es nuestro". "No, eso no es nuestro". Y lo entrega en la pizzería. Lo aplauden, le abrazan, le agradecen. Y sabe, sale el joven gerente de la pizzería y le dice: "¿Usted escuchó el anuncio en la radio?". "¿Cuál anuncio?". "Mi hermano trabaja en la radio, él quiere entrevistar lo que usted le cuente a todo el mundo lo que acaba de hacer". "No, no, no. Tengo tiempo. Deme mi pizza que me tengo que ir ya". "Bueno, déjeme su nombre, sus datos. Yo sí le cuento a todo el mundo lo que usted hizo". "No, no, no. No tengo tiempo. Mire, se llevó al joven de la pizzería, le dijo: 'Ni se le ocurra decir quién soy'". "¿Pero por qué? Si lo que usted hizo es loable". "Sí, me gustaría salir en la radio con su hermano y contarle a todo el mundo que entregué la caja con los dólares". "Pero no puedo". "¿Por qué no puede?". "Porque la mujer que está conmigo no es mi esposa. ¿Cómo voy a salir en la radio diciendo que pedí una pizza que estaba en un hotel?". "No, usted está loco. Deme mi pizza que me tengo que ir ya. Inventes otro cuento". Y salió y se fue.

Hago una pregunta al auditorio: ¿Era un hombre honesto? Sí o no. Si ya entregó la caja, era un hombre íntegro. Porque honestidad habla de lo que yo hago. Integridad habla de lo que yo soy. Honestidad habla de lo que yo digo. Integridad habla de lo que yo pienso. Honestidad habla de mis actos públicos. Integridad habla de lo que yo hago aunque nadie me esté viendo. La honestidad es buena, pero necesitamos con urgencia en Latinoamérica una juventud, unos nuevos líderes en integridad que entiendan que eso sí que vale la pena, tal vez no a corto plazo, pero a largo plazo sí.