Transcription
Hoy vamos a hablar de un montón de revoluciones que dieron lugar a la independencia de gran parte de América. Una serie de sucesos en los cuales grandes personalidades, conocidos como los Libertadores, hicieron posible la separación de los países de América Latina de sus respectivas coronas. Hoy, en Memorias de Pez, os contaremos la historia de las independencias de Latinoamérica.
Para entender cómo era el mapa de América Latina por aquel entonces, hemos de remontarnos unos siglos atrás, yéndonos hasta ese momento en el que los europeos llegaron al continente americano. Concretamente en 1494, España y Portugal firmaron el Tratado de Tordesillas, en el cual se dividieron los territorios del continente sur sin tener ni remota idea de su existencia. Así, todos los países que existen a día de hoy comenzaron a formar parte de grandes virreinatos tras los tiempos de la conquista. En el caso de Portugal, fue el Virreinato de Brasil, mientras que en España llegaron a existir distintos virreinatos como el de Nueva España, el de Perú o el del Río de la Plata en Argentina. Por su parte, otros países como Francia e Inglaterra también colonizaron distintos territorios e islas del continente sur.
En estos virreinatos, la pirámide social era un auténtico drama. Muchos de sus habitantes acabaron siendo esclavos, traídos de África, que no tenían ni voz ni voto en ninguna de las decisiones que allí se tomaban. Por otra parte, estaban los nativos americanos que, aunque no llegaban al punto de los esclavos negros, sus condiciones de vida también eran bastante lamentables. Después seguían en la pirámide los mestizos, que eran hijos de europeos y americanos. Estos tenían mejores condiciones de vida, pero no tan buenas como las de los criollos. Los criollos eran personas nacidas en América, pero cuyos padres eran europeos. A pesar de ser mucho menos numerosos, la mayoría del poder se concentraba en los criollos, que solo eran superados en la pirámide por los nacidos en Europa. Estos, en el caso de España, eran conocidos como los peninsulares. En estos últimos, que eran menos que los criollos, residía el poder político y económico. Como podéis ver, la desigualdad entre las sociedades americanas era algo bastante, bastante exagerado.
Pero llegó el siglo XVIII y, al otro lado del Atlántico y en Estados Unidos, estaban ocurriendo una serie de acontecimientos claves para entender todo lo que ocurriría después. En 1776 se aprobó la Declaración de Independencia de los Estados Unidos tras la Revolución estadounidense y la Guerra de Independencia. En esta declaración se hablaba de los derechos inalienables del hombre: la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Vamos, todo lo que no tenían en los estratos más bajos de las sociedades de América Latina. Por otro lado, en Francia, en el año 1789, se aprobó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano durante el transcurso de la Revolución Francesa, donde también se hablaba de la igualdad y de los derechos fundamentales del ser humano.
Todo este paquete de nuevas ideas progresistas y revolucionarias consiguió cruzar al otro lado del charco y, por el istmo de Panamá, hacia el sur del continente americano, calando profundamente en varias regiones. De esta forma, en la segunda mitad del siglo XVIII van a surgir distintas revueltas y rebeliones en numerosos lugares. En Quito estalló la famosa Revolución de los Estancos contra el monopolio de aguardientes, lo que terminó en un triunfo para los criollos. En México también se dieron numerosas revueltas indígenas y en Chile, donde los españoles y mapuches llevaban siglos dándose de leches, ocurrió otra nueva rebelión en la zona de la Araucanía.
En los Andes, no obstante, la revuelta más importante para el contagio de las ideas independentistas fue en la colonia francesa de Santo Domingo. En 1789, en Santo Domingo se producía y se exportaba café a punta pala y, además, Santo Domingo era el origen de prácticamente la mitad de azúcar del mundo. Pero allí, todo Dios estaba tremendamente explotado. Los esclavos africanos que trabajaban en las plantaciones superaban a las personas libres en más de 10 a 1. Y es que, siendo una colonia francesa, las ideas de la Revolución pudieron entrar más fácilmente que en ningún otro lugar. Para los esclavos, esto significaba la libertad, mientras que a los colonos, que veían en el fin de la esclavitud una pérdida de rentabilidad para sus negocios, no les hacía tanta gracia eso de la Revolución. Así que, tras varias semanas de organización en secreto, el 22 de agosto de 1791 comienza la que sería la primera revolución de independencia de América Latina y, aún más, la primera insurrección de esclavos africanos. Como os podéis imaginar, la cosa fue bastante sangrienta y los esclavos comenzaron a asesinar a los amos por la noche, comenzando una guerra civil en la isla. Dos meses más tarde, el territorio norte de la isla estaba en manos de los revolucionarios y la Francia Revolucionaria aprobaba la abolición de la esclavitud en todas las colonias francesas.
Por otra parte, durante los inicios de la Revolución Haitiana emergieron dos facciones: los rebeldes esclavos al norte de Santo Domingo, liderados por Toussaint Louverture, y las gentes libres de color, lideradas por André Rigaud. Con el inicio de las Guerras Napoleónicas, los revolucionarios de Haití lucharon codo con codo junto a los franceses para hacer frente a España y Gran Bretaña. No obstante, en 1795, España termina por ceder a Francia la parte oriental de la isla, llamada La Española, y los británicos abandonan el lugar tres años más tarde, golpeados por las epidemias de la región. Así, toda la isla queda libre de extranjeros y las dos facciones comienzan una guerra entre sí, conocida como la Guerra de los Cuchillos, en la cual vencen los rebeldes esclavos. Las fuerzas napoleónicas intentarían volver a tomar el control de la isla, pero serán derrotadas. Así, el 1 de enero de 1804 se declara la independencia de Haití. La primera guerra de la independencia había triunfado en el continente.
Este suceso serviría de ejemplo para todas las revoluciones posteriores. Y es que lo que la Revolución planteaba, Napoleón acabaría por terminarlo sin querer. La invasión de la Península Ibérica por parte de las tropas napoleónicas y la supresión de los Borbones llevaron a la organización en América de las conocidas Juntas de Gobierno, cuyo objetivo era establecer una legalidad que no se interrumpiera por las cosas que estaban sucediendo en la Península Ibérica. Por su parte, las colonias, después de que Napoleón hiciera lo que le dio la real gana con la corona española, comenzaron a ver un debilitamiento de los Borbones y a sospechar que otro modelo de gobierno era posible. Y ya de paso, también se libraban de pagar los impuestos desorbitados, algo que tampoco estaba mal. Porque sí, amigos de Memorias de Pez, quien potenció realmente las revoluciones en América Latina fueron los criollos, es decir, la clase alta nativa de padres españoles que lo único que quería era dejar de depender de su metrópoli. A esto también habría que sumar la crítica acérrima de los jesuitas, que habían sido expulsados en 1767 de España y que estaban bastante cabreados, generando un clima de oposición al dominio español entre los criollos.
Así, con todo este caldo de cultivo, comenzaría la primera fase del proceso independentista, una fase más pacífica, dominada por las mencionadas juntas. La primera de las juntas fue la de México, en el Virreinato de Nueva España, donde el comienzo del movimiento independentista tuvo un carácter más revolucionario y comenzó tras el Grito de Dolores, donde el sacerdote Miguel Hidalgo y Costilla pronunció su famoso discurso instando a la gente a unirse y luchar contra el gobierno colonial español. No obstante, las represalias fueron muy duras y, tras una sangrienta respuesta por parte del virrey Félix María Calleja, el poder real fue restablecido en 1815. A pesar de ser el epicentro del movimiento, la independencia de México sería una de las que más tardaría en llegar.
Por otro lado, en el Virreinato del Río de la Plata se creó la primera junta en 1808 en Montevideo. Esta sería la única junta que mantendría la soberanía del virrey, aunque dos años más tarde, tras varios intentos de revolución, daría comienzo el inicio de la Guerra de la Independencia Argentina, cuyo pistoletazo de salida fue la Revolución de Mayo. En Nueva Granada, la cosa iba a ser muy distinta. En lo que hoy es Colombia, la Junta de Santa Fe de Bogotá mandó al cuerno al virrey en 1810 y más tarde se proclamaría la independencia de la República de las Provincias Unidas de Nueva Granada. Tras estos acontecimientos, se formarían los dos bloques políticos: los federalistas y los que quedarían enfrentados durante mucho tiempo y cuya rivalidad sería un enorme problema para Colombia en los años posteriores. No obstante, si hubo alguien que destacar en este periodo fue Simón Bolívar, el Gran Libertador, que dominó el proceso independentista de Venezuela y consiguió la declaración de una República Federal, además de encender los fuegos que dieron lugar a las Provincias Unidas de Nueva Granada.
En cuanto a la Capitanía General de Chile, se creó la primera junta en 1810 y, tras un rifirrafe entre el bando moderado y el bando radical, el militar Carrera Verdugo dio un golpe de estado y estableció una dictadura personal, así como la independencia de Chile de forma, digamos, encubierta. Tras el establecimiento de las juntas por toda América Latina y de una estructura política autosuficiente, los territorios emancipados ya estaban preparados para la guerra contra la metrópoli. Así, entre 1814 y 1833 se dio inicio a una segunda fase marcada por los conflictos bélicos y con la gran presencia de los Libertadores.
El inicio del conflicto armado tuvo una clara razón: la Guerra de la Independencia Española había terminado y, desde la Península, se tenía miedo de no poder revertir la situación y perder las colonias para siempre, como así fue finalmente. Por otro lado, de esta forma, las tropas españolas, que se las comenzaron a conocer como realistas, se les ordenó que marcharan rápido y de forma muy contundente sobre los territorios conquistados y los ejércitos revolucionarios para así pillar los desprevenidos. Así, a finales de 1814, tras una ofensiva por parte realista, Bolívar tuvo que salir por patas y refugiarse en el Caribe, donde escribió la famosa Carta de Jamaica, en la cual diseñó un mapa que ilustraba las futuras repúblicas independientes de América. Mientras tanto, el general realista Pablo Murillo entraría en mayo del año siguiente en la ciudad de Caracas para iniciar una dura represión que no se olvidaría nunca en la región.
Por otro lado, en Argentina estaba dando lugar el Congreso de Tucumán, donde en 1816 se proclamó la Independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, pero en un principio la revolución solo triunfó en la zona sur. Anteriormente, en Chile, tras una lucha de poder entre los generales Carrera y O'Higgins, los realistas tomaron la delantera y consiguieron la victoria en Rancagua en el año 1814. Lo mismo sucedió en Perú, donde un año antes el general realista Joaquín de la Pezuela consiguió dos importantes victorias en Vilcapugio y Ayoma. Tanto Chile como Perú tendrían que esperar un poquito más para conseguir la independencia. Así, poco a poco, la guerra se fue extendiendo por todas las regiones y los generales Libertadores fueron cosechando más prestigio batalla tras batalla.
Tras el Congreso de Angostura en 1819, Simón Bolívar fue nombrado presidente de Venezuela y, aprovechando la victoria en Las Queseras del Medio al mando de José Antonio Páez, Bolívar marchó sobre los Andes. Tras la ocupación de Tunja y las victorias del Pantano de Vargas y Boyacá, Bolívar consigue entrar en Santa Fe de Bogotá en agosto de 1819. En diciembre de ese mismo año se constituye la Gran República de Colombia, de la que Bolívar fue nombrado presidente y la cual reunía Nueva Granada y Venezuela en una sola nación.
¿Y qué pasaba con Ecuador? En primer lugar, Antonio José de Sucre se anotó una victoria en Pichincha que le permitió liberar Quito y permitir a Simón Bolívar entrar en la ciudad. Posteriormente, el ejército de Bolívar marchó decidido hacia el sur para liberar Guayaquil. En la zona sur, el libertador era José de San Martín. Tras la independencia de Argentina, San Martín creó un ejército en Mendoza que le llevó a cruzar los Andes hacia Chile. Con la ayuda del general O'Higgins, que le esperaba en la región andina, lograron obtener la victoria en la Batalla de Chacabuco en 1816. Tras un tira y afloja en el cual los realistas consiguieron recuperar el aliento y ganar nuevas batallas, los últimos estuvieron a punto de recuperar Santiago de Chile. Sin embargo, esto no sucedió. Las tropas rioplatenses al mando de San Martín superaron al ejército real chileno del Imperio Español comandado por Mariano Osorio y así es como en 1818 acabó firmando el Acta de la Independencia de Chile.
Por otro lado, con el apoyo de la flota del almirante británico Thomas Cochrane, San Martín inició la campaña de Perú. Logró ocupar Lima en julio de 1821 y proclamó la independencia del país un año después, tras la formación de un Congreso Constituyente. No obstante, la República no fructificó correctamente y el país quedó sumido en el caos. San Martín fue nombrado Protector de Perú y, ¿sabéis hacia dónde se dirigió? Pues hacia Guayaquil, donde, como os hemos contado, estaba Simón Bolívar. Por fin se iban a unir. Así, los dos grandes Libertadores de América Latina se unieron en julio de 1822 y en esta entrevista hablaron de cómo culminar la guerra de la independencia, así como de cuál era la forma correcta para conservar el poder en las regiones liberadas. Ambos acordaron que el lugar en el que habría que definirse finalmente la independencia de América del Sur tenía que ser Perú.
Y así, mientras que San Martín se vio obligado a retirarse del Perú tras una entrevista un poco decepcionante, Bolívar se dirigió al sur con la Corriente Libertadora del Norte. En febrero de 1824, el propio Bolívar asumió la dictadura del país y, al año siguiente, consiguió la independencia de Bolivia. Tras una serie de batallas, en 1826 se consiguió poner fin a la guerra y asegurar definitivamente la independencia de la mayoría de las colonias hispanoamericanas en América Latina.
En cuanto a Brasil, entre 1821 y 1824 se había dado paulatinamente un proceso en el que triunfó un independentismo pacífico y dirigido por la propia familia real. Por otro lado, Agustín de Iturbide llegó a México para equilibrar la balanza y ayudar a las tropas rebeldes de Vicente Guerrero. Iturbide lanzó un manifiesto llamado el Plan de Iguala, en el que pedía tres cosas: la independencia de México, el mantenimiento de la religión católica y la igualdad para españoles y mexicanos. Y así, después de más de 10 años de guerra, se consiguió firmar el Tratado de Córdoba, por el cual se proclamaba la independencia de México. Es decir, se había creado el Primer Imperio Mexicano, que posteriormente anexionaría otras regiones de Centroamérica para convertirse en las Provincias Unidas del Centro de América.
Así llegamos al final de la guerra de la independencia de los estados latinoamericanos. Tras ella, hubo nuevos estados que se formaron con nuevos ideales y, a partir de estos, el futuro se formarían otros nuevos como Venezuela, Uruguay. A partir de aquí, los países volaban por su cuenta y pronto se convertirían en nuevas piezas del panorama político internacional.
Por mi parte, espero que os haya gustado el vídeo. Si es así, porfa, dale a like, suscríbete y, si te gusta la economía, ya sabes que puedes entrar en Memorias de Tiburón, mi otro canal. Por lo demás, un saludo y hasta la próxima.