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Kant después de Hume: un lugar para la causalidad

Filosofía con Flow16:53

Transcription

En esa estética trascendental, lo que se preguntaba era por la facultad sensible con la que nosotros ya venimos estructurados. El sujeto ponía de su parte un elemento: intuiciones puras, y que era en el espacio y el tiempo. Y de esta manera terminábamos de comprender por qué todo este tratado sobre el espacio y el tiempo como intuiciones puras que permiten además percibir con un cierto orden ese caos de impresiones que es la realidad de lo que tenemos delante.

Pero también nuestra sensibilidad no es un puro receptor, sino que también es como un sintetizador. Por esta razón podía quedar ya explicado el porqué, bajo la estética trascendental que habla del espacio y el tiempo, Kant va a entender que está investigando las posibilidades de los juicios sintéticos a priori. Es decir, de esas proposiciones que siempre habrían de formar parte de un conocimiento que se quisiera específico en las matemáticas, una ciencia que es la ciencia de la sensibilidad, la ciencia que estudia la sensibilidad y que estudia por tanto el espacio y el tiempo.

Y ahí sí que lo podéis ver más cercanamente, ¿no? Porque cuando estudiáis matemáticas, ¿qué estudiáis? O estudiáis geometría. Y entonces estáis intentando analizar, ¿sí o no? el espacio, ¿no? formas espaciales, planos, polígonos, cómo se relacionan entre ellos, cómo podemos medirlos, cómo podemos esperarlos. Las veces que no se estudia el espacio, ¿qué se estudia? Pues el tiempo, ¿no? Porque se trabaja, pues con minutos, horas, segundos. Y es lo otro que entonces las matemáticas estudian el espacio y el tiempo.

Que como dice, no son cosas, no son fenómenos externos, ni tampoco es algo que, teniéndolo yo incorporado en mi estructura, pudiera tomar conciencia de ello si al mismo tiempo no los estuviera poniendo a la disposición de la experimentación. Si bien estas intuiciones que se llaman puras por innatas, por no necesitarte la experiencia, si bien no necesitan de la experiencia para existir, para estar potencialmente ahí en nuestra manera de recibir el mundo, si uno no pusiera en marcha esa experiencia, si nosotros no nos pusiéramos a observar, si nosotros no pusiéramos en marcha nuestra capacidad sensible, pues entonces ese espacio y ese tiempo que tenemos de forma innatas seguirían ahí, pero no tendríamos conciencia de ellos.

Esas partes del conocimiento que no dependen de la experiencia y que son innatas y por tanto a priori, en un cierto sentido sí dependen también de la experiencia. ¿En qué sentido? En que si no, si no las usamos para nada, nos pasan desapercibidas. Es como si tú, por ejemplo, tienes una aplicación en el móvil como un GPS y no lo usas para nada, o cualquier otra aplicación y no lo usas para nada. Tú puedes tener una aplicación que tiene la capacidad de editar foto, pero si tú nunca la usas, ¿conoces las funciones que tiene, las limitaciones que tienes aplicación? Pues el potencial, ¿no? Verdad. Es como que está ahí en un cajón metido y nunca, nunca se pone a practicar y como no se practica, pues no se conoce en realidad.

Bueno, imaginaros tantas otras cosas que aparte del espacio, del tiempo, uno puede tener, ¿no? de forma medio innata, sin necesidad de la experiencia. Pues podemos tener a lo mejor flexibilidad o talento para el canto. Pero bueno, que si no, que si nunca nos enseñan una canción y que nunca la ponemos en marcha, pues no, tampoco lo vamos a reconocer, ¿no? esa cualidad nuestra. Entonces va a quedar ahí como si fuera un archivo no ejecutado en un ordenador, una aplicación que no se ejecutó y que por tanto está potencialmente, pero está vacía, no se le aplicó a nada.

Solo nos vamos a dar cuenta de que tenemos dentro esas intuiciones cuando con ellas intentamos atrapar, sí, objetos que vienen del exterior. Bueno, las intuiciones puras, espacio y tiempo, no son más que eso. Por sí solas, son intuiciones vacías: espacio vacío, tiempo vacío, o sea, nada, ni siquiera una sucesión de nada. Cuando adquieren una importancia, pues como decíamos, cuando reciben y ordenan esas impresiones que proceden del exterior, esas impresiones que son estímulos que proceden de fenómenos externos. Y cuando se encuentran, van a generar con esto sí que acabamos lo que se llaman intuiciones empíricas.

Las intuiciones puras son puras en el sentido de que son a priori. Las intuiciones empíricas son empíricas en el sentido de que son a posteriori y son el resultado de ese encuentro, de ese encuentro entre eso que nosotros ya tenemos y proyectamos como sujetos, espacio y tiempo, y eso que recibimos y que ordenamos bajo ese espacio y ese tiempo, configurando así lo que se llaman intuiciones empíricas.

Esto qué quiere decir. Bueno, pues que son observaciones, experiencias sensibles que tenemos con los objetos del exterior a través de nuestra capacidad sensible, capacidad que no es solo receptiva y pasiva, sino que ya ejerce sobre esa información que recibe, sobre esos estímulos que recibe, ya ejerce sin que nos demos cuenta, de forma inconsciente. Lo llamaban algunos las síntesis pasivas del inconsciente. Inconscientemente ya ejerce unas operaciones de orden.

Las intuiciones empíricas son de este tipo, ¿no? No van más allá, no analizan estas experiencias. No es un conocimiento este conceptual, es un conocimiento sensible, pero teniendo en cuenta que el conocimiento es sensible implica ya una primera síntesis. No es como el conceptual que vamos a ver ahora, que coge un montón de experiencias sensibles diferentes pero sobre objetos parecidos, como puedan ser todas las mesas que podamos mirar y saca un denominador común y hace el concepto de mesa. No es ese tipo de conceptualización, no es un montón de objetos de la realidad y trazar una serie de similitudes, ver lo que tienen en común y entonces meterlos bajo un misma etiqueta conceptual. No, todavía no es esa síntesis.

En la síntesis que hace la sensibilidad, no se sintetiza muchos objetos parecidos y se les pone la etiqueta de mesa, silla, mueble, persona, humano o gato. No, bastante es con que la experiencia empírica nos permite obtener la sensación, la contemplación de un objeto, no de un montón de sensaciones caóticas de colores, de olores, de sabores, sino de un objeto. Y atribuimos esos colores, sabores, olores y diversas impresiones a ese mismo objeto. Incluso la síntesis va tan lejos que somos capaces de ese objeto mirarlo por diferentes lados que nos da sensaciones distintas y aún así atribuírselas a un mismo objeto.

Entonces nos parece que es bastante ya. Es un trabajo que no es simplemente pasivo. Lo que queremos decir es que mirar o escuchar no es nada más mirar o escuchar pasivamente el exterior. Para mirar y escuchar y, por ejemplo, mirar y ver un objeto como tal, como un bolígrafo, ¿no? como algo que reconocemos y saber usarlo, o lo que es escuchar y reconocer un sonido, una palabra, ¿no? aunque no supiéramos qué significaba, lo que significará, o reconocer una música, ¿no? y no, por ejemplo, un ruido de claxones ahí de un atasco, sino una música agradable. Eso ya implica que estamos haciendo toda una reordenación, ¿verdad? de eso que vemos, eso que oímos. Repito, una ordenación que es inconsciente y que la hacemos en milésimas de segundos y que lo hacemos sin ni siquiera necesitar tener la voluntad de hacer ese trabajo. Nuestro sistema nervioso funciona ahí por nosotros, lo hacemos inconscientemente.

Pasaríamos ahora a lo que se llama lógica trascendental, pero la lógica trascendental se divide en dos grandes partes. Vamos a ir con la primera: la analítica trascendental. ¿Qué es entonces la analítica trascendental? ¿Qué supone? ¿En qué avanzamos? Y ¿qué es lo que va a estudiar con toda la profundidad Kant en este tramo de su obra? En la analítica va a estudiar esa que es la facultad que nos permite ya no ver, oír, es decir, percibir, sino entender. Va a estudiar el entendimiento.

¿Cómo estudia el entendimiento? Pero el entendimiento está desconectado de esto anterior, de esa sensibilidad de la estética trascendental. No, es como un peldaño más. Es decir, la analítica trascendental estudia cómo comprendemos, cómo entendemos, pero claro, ¿cómo entendemos? ¿Qué entendimiento? ¿Sobre qué se aplica el entendimiento? ¿Qué es lo que hace? No son percepciones, son conceptos. Cuando tratamos de analizar, de entender, ¿qué tratamos de conceptuar? Una situación. Fundamentalmente, ¿qué es lo que trata el entendimiento?

Bueno, pues trata de cubrir aquellas limitaciones, aquellas carencias, entre comillas, que tendríamos o que tendría, mejor dicho, nuestro conocimiento si únicamente nos valiéramos de la sensibilidad. ¿Y cuáles son? Pues las que ya dejó con la sola experiencia, incluso aunque tengamos una experiencia activa que ordena, que tiene esa síntesis pasivas del inconsciente, ¿no? Pero ¿qué tiene de qué dijeron ya y otros que tiene esto de carente, de limitante? Pues que la experiencia como tal solo vale a ti y ahora. Es una, es un conocimiento que se desvanece con el paso del tiempo. Como decía Hume, la experiencia, el conocimiento empírico por sí mismo y por sí solo no lo podemos universalizar. La experiencia es rica, pero la experiencia nos habla de lo que tenemos ahora aquí delante, no. La percepción nos habla de lo que tenemos delante, no de cómo van a sucederse las cosas en el futuro.

Entonces, claro, en esa estética trascendental, la sensibilidad le sirve ese tipo de conocimiento empírico. Vale, sí, para las matemáticas, porque las matemáticas lo que hacen es, como si dijéramos, analizar o calcular esa facultad nuestra, esas intuiciones nuestras. Pero para hacer física, por ejemplo, que es lo que se va a preguntar aquí, necesitamos ir un paso más allá. Si lo que queremos es pronosticar algo, entonces necesitamos conceptualizar esa experiencia, esas contemplaciones, esas percepciones que conseguimos con la estética trascendental, que conseguimos con nuestra sensibilidad, siendo la materia prima como de la parte objetual.

Entonces, cuando ponemos a funcionar el entendimiento, el entendimiento va a operar sobre esas, esas percepciones, sobre esas intuiciones empíricas, sobre esas percepciones ya hechas. Entonces, el entendimiento no va a intentar ver aquí una mesa, eso ya es esfuerzo, ya lo hizo la sensibilidad. El entendimiento va a tomar esta mesa y va a intentar profundizar en ella, saber lo que es, ver si hay otras parecidas, etcétera.

La pregunta es, ¿el sujeto vuelve a poner algo de su parte? Y sí, dice Kant, hay algo puro en el entendimiento, porque es una facultad del ser humano que tiene unos elementos puros, a priori, con los que nace y que, como las intuiciones, van a ser como una especie de categorías, conceptos en este caso, que nosotros proyectamos sobre la realidad, sobre todo sobre las relaciones entre las cosas de la realidad.

Os acordáis que cuando estudiábamos a Hume, le hacía esa crítica tan devastadora a la metafísica, que hasta incluía la causalidad, ¿no? Y claro, una vez que la causalidad queda en tela de juicio y puesta en duda y como una como una invención nuestra, ¿no? Desde el momento que decían, o no, nosotros vemos que ahora ocurre esto y después ocurre esto, pero que en ningún momento, por más repeticiones que se den, vemos como una cosa produce la otra, porque bien puede ser un hábito. Nosotros no nos comportamos así en nuestro día a día. No nos levantamos y abrimos la persiana, por ejemplo, y luego nos vestimos. No hacemos cosas muy parecidas. No tenemos muchos rituales a lo largo del día que consisten, bueno, en cosas que tenemos por hábito. Y sin embargo, quiere decir que el hecho de despertar es la causa de que yo abra la ventana, porque la persiana se abre por causa de que me despierte, ¿no? ¿Verdad? O la luz que entra por la ventana es causa de que yo sienta, me sienta impedido obligatoriamente así como un animalillo a ponerme la ropa, ¿no? No, decir, no son causas y efectos, se siguen unas de otras porque son una serie de hábitos que tomamos.

Y decíamos que Kant es muy genial, entonces, que la vuelta que Kant le va a dar a Hume para poder, para poder llevarlo a otro terreno, para no quedarnos en una visión escéptica, lo que va a hacer es esta verdad que dice crítica de la causalidad. Es decir, bueno, es verdad lo que dice, o sea, es verdad que es el sujeto el que proyecta la causalidad, esa relación causa-efecto. No la vamos a ver en ningún sitio. La causalidad no es una cosa, pues como el espacio del tiempo. La causalidad es un concepto, pero además es un concepto puro, no es un concepto que tenga a base experiencias. Igual que en la sensibilidad, el sujeto cuenta con unos a priorismos, pues en el entendimiento el sujeto también cuenta con unos apropiacionismos, en este caso, unos conceptos puros también llamados categorías, que la persona, todo sujeto, igual que pasaba con el espacio del tiempo en la sensibilidad, aquí en el entendimiento proyectan sobre las cosas. En este caso, proyectan sobre esas experiencias empíricas que están siendo sujetas del análisis del entendimiento.

Y la causalidad es un esquema con el que nosotros hemos sido estructurados y tendemos a proyectarlo, ¿no? De las cosas. Existe en nuestro entendimiento, pero eso no hace que sea una mera, una mera ilusión, sino que es, por qué, porque no es una mera ilusión, aunque sea algo que ponemos nosotros, pero hay que tomar en cuenta dos cosas: uno, que esa, esa relación de causalidad que tendemos a proyectar, la tendremos a proyectar, no uno, no cada uno de nosotros a su manera, sino todas las personas. Entonces, bueno, es intersubjetivo, la proyecta el sujeto, pero todos lo hacemos igual, con lo cual es una estructura que va más allá de una simple individualidad o de un simple capricho.

Una cosa, perdón, y terminamos esta parte. El caso es que nosotros, igual que hacemos con el espacio y con el tiempo, que lo proyectamos sobre las cosas y eso nos permite, pues movernos mucho mejor y no ir tropezando con las cosas, ni estar aturdidos por un montón de estímulos que no sabemos ordenar, de ahí que nos aturdiría, pues en este caso resulta que, aunque sea una proyección, la causalidad y otras 12 categorías que estudiamos el próximo día, ¿qué tienen de realidad? ¿Por qué no son así alucinaciones cualesquiera? Bueno, porque el caso es que nos permite ordenar esos conceptos, nos permiten ordenar algunas cosas, nos permiten entender, nos permiten, aunque solo sea de forma provisional, hacer hipótesis sobre que quizá esto ocurre a consecuencia de esto otro. Y entonces, bueno, probemos a cambiar esto otro a ver si entonces ya no es, decir, nos permite experimentar a un nivel más elevado, es decir, experimentar pero ya sobre los conceptos, experimentar tecnológicamente, ¿no? bajo nuestro propio control de laboratorio y nuestra propia control de variables.

Entonces, aunque sea una proyección nuestra, el hecho es que nos permite ordenar la realidad, nos permite jugar con ella, nos permite elaborar hipótesis y nos permite, por tanto, testar luego los resultados. Y al final, ¿a dónde vamos a parar? Nos permite haber hecho esta física de Newton tan maravillosa que la estamos aplicando y nos está permitiendo industrializarnos.