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Tema: Oracion en Familia. Padre Hugo Estrada s.d.b.

TV Jesus Guatemala24:54

Transcription

Una familia una vez me convidó a cenar y les dije: "Voy a bendecir la mesa". Visión, adoración. Y el niño más chiquito de la casa, de su padre, a quien nunca rezamos, los pobres papás quedaron avergonzados. Y todo papá y mamá deben avergonzarse si en su casa no hay oración. Y es lo más común en muchas familias que no hay adoración. En momentos de peligro, de apuros, ahí acuden, pero no es una oración por Dios, sino por ellos mismos.

Ahora, una casa sin figuraciones, sin bendición. La bendición que nos es principal para una familia cuando se casa en el sacramento del matrimonio, la bendición. Pero que se puede perder. Entonces, la bendición viene a través de la oración, no fórmulas vacías. Y una familia sin bendición, pues, está en un peligro muy grande.

La Biblia nos presenta el caso de varias familias. La primera familia, la familia de Adán y Eva. Y dice expresamente que todos los días hablaban con Dios, es decir, rezaban. Pero se ve que se descuidaron, porque de pronto se les metió la serpiente, es decir, el espíritu del mal. No hubiera podido hacer nada con ellos si hubieran estado en oración. Se ve que se descuidaron y en ese momento vino su calamidad. Y cuando el Señor lo reprende, Adán, que había dicho: "Esta, así que es carne de mi carne", ahora dijo: "¿La mujer que me diste tiene la culpa?". Fíjense cómo habían cambiado las cosas. Era otro Adán acusando a su mujer en lugar de darle gracias a Dios. No habían retraído el espíritu del mal. Se le pudo meter como se nos mete a nosotros cuando nos descuidamos en la oración. Estamos desprotegidos.

La familia de Noé. Una familia que a puro espacio, no crean que no. Construyó el arca. De dónde a, pero fueron muchos, muchísimos. Y todos los perseguidos se burlaban de Noé. Pero esa familia era de oración y lo demostró. Cuando lograron salir del arca, lo primero que pensaron fue un acto de acción de gracias, un altar y dar gracias a Dios.

Una familia de oración, la familia de Josué. Por supuesto, hubo un momento en que todos estaban inclinando hacia la idolatría que habían aprendido en Egipto y querían volver atrás. Noé fue el que dijo: "Definan si ustedes, mi familia, y yo serviremos al Señor". Y acusó ese leve postrado ante el Arca de la Alianza. En un momento difícil, desde la ciudad y a través de la oración, el Señor hace ver que les está yendo mal porque hay pecado entre ellos y tienen que investigar. Y vemos que uno de los generales de Josué había metido ídolos que le habían arrancado a los enemigos. A través de la oración, el Señor nos indica qué es lo que no está bien en el pueblo de Israel.

El papá era como un sacerdote en la casa. Un dato muy importante. En la víspera de la fiesta principal religiosa, la fiesta de Pascua, en que recordaban cómo habían sido liberados en Egipto milagrosamente, y el papá pasaba simbólicamente con una candela por la casa buscando levadura. La levadura indicaba lo corrupto. Si encontraba algo de levadura, ya no se podía celebrar la cena de Pascua. Tenían que purificarse. Era el padre de familia que hacía eso. Y mientras celebraba en la cena de Pascua, el niño más pequeño tenía que hacer esta pregunta: "Papá, ¿por qué estamos celebrando esta cena?". Y el papá aprovechaba para hacer una catequesis acerca de cómo habían sido liberados de la esclavitud de Egipto milagrosamente.

Este es el papel del papá y de la mamá. Son sacerdotes en su casa. En el libro del Deuteronomio, al papá se le dice muy claramente algo importantísimo, hablando de los mandamientos del Señor, de la Sagrada Escritura. Dice: "Grábate en la mente todas las cosas que hoy te he dicho y enséñalas continuamente a tus hijos. Háblales de ellas tanto en tu casa como en el camino, y cuando te acuestes y te levantes. Lleva estos mandamientos atados a tu mano y en tu frente como señales, y escríbenos también en los postes y las puertas de tu casa". Y el papá, el sacerdote del hogar, ese papel se ha perdido mucho de parte de los hombres. Está la mamá también, pero el papá como cabeza espiritual, muchas veces ha perdido su primer lugar de sacerdote.

Y aquí lo tiene muy claro, también muy bello, el caso de Tobías. En su casa, un hombre de oración. A su hijo le decía Tobías: "En toda ocasión, alaba a Dios, el Señor, y pídele que te vaya bien en tus acciones y en todo lo que emprendas". Un papá que está enseñando a orar a su hijo en toda ocasión. Y cuando de incógnito se les aparece el Arcángel Gabriel, y cuando se da después a conocer, le dice: "Cuando tu esposa Sara y tu tío Tobías oraron, yo presentaba tus oraciones ante el Señor". O sea, un padre piadoso que enseñaba piedad a su hijo. Y ese hijo, cuando se casó con Sara, que era una mujer que tenía problemas, que venían de un aspecto demoníaco, lo primero que hizo en la noche de bodas: "Pongamos de rodillas". Había aprendido de su papá. Ahuyentaron el mal que llegaba a esta casa.

En los hogares, muchas veces no se ve el sacerdocio del papá. Tiene que entrar la mamá, afortunadamente. Pero deben ser los dos. Deben ser los dos que deben, con su palabra y su ejemplo, implementar la oración, porque la oración es la bendición para la casa.

La Biblia presenta también el caso de la intercesión en la oración de los papás. Por ejemplo, se habla de los hijos de Job. Los hijos de Job eran muy adictos a las fiestas y llegaban tarde. Todos los demás, y lo que hacía era ponerse en oración por si sus hijos hubieran cometido algún pecado, orando por ellos. Qué interesante. Lo mismo que hay una mujer que amamos, la cananea. Su hija tiene un espíritu y va a Jesús. Y a pesar de ser rechazada por toda la gente, porque lección de estar gritando no nos deja oír a Jesús, el Señor le dijo: "Vete, tu fe ha hecho que tu hija quede curada". Y hasta curar a tu hija, un exorcismo a distancia por la fe de aquella mujer.

Jairo, se llamaba el jefe de la sinagoga. Los judíos no aceptaban a Jesús, para ellos era un falso profeta. Pero cuando su hija está muriendo, él se echó al bolsillo todo su orgullo, iba en cárcel ante Jesús y le está suplicando que vaya a su casa. "Señor, vamos a tu casa". Y mientras van, viene la noticia: "Jairo, ya no molestes al maestro, ya murió tu hija". Jesús le dijo: "Tú solo cree". Y aquel, a pesar de que le habían dicho que su hija había muerto, siguió creyendo en Jesús. Y el Señor resucitó a su hija. Cuántos hijos están muertos en drogas, en malos caminos. La oración de los padres tiene mucho poder, porque es una oración de fe y con mucho amor también.

A la que llamamos ahora Santa Mónica, le tocó un hijo muy inteligente y muy perverso, Agustín, y moralmente estaba hundido en los placeres sexuales. Y aquella mujer, durante muchos años, con lágrimas, clamó, clamó, y el Señor le regresó un hijo santo, uno de los grandes santos y teólogos de la Iglesia. Una oración de fe es que los papás oran con mucho amor. Y si además ponen fe, pues esa oración es muy poderosa.

San Juan Crisóstomo decía que la familia es una iglesia doméstica. ¡Qué calificación tan bella para el hogar! Una iglesia doméstica. Ahí los papás son los sacerdotes, son los que llevan y deben orientar a su familia, esa pequeña iglesia.

El doctor Sorokin, de la Universidad de Harvard, hizo una investigación de muchas familias. Que interrogó, que rezaban en familia, solo una se divorció. De los que oraban en familia, este es un altísimo porcentaje. La oración es cuando es oración de fe. La oración rutinaria, sin fe, pues es una gran bendición para la familia. Por eso el Papa Pío II se decía: "Familia que reza unida, va a permanecer unida". Y podríamos ponerlo nosotros del revés: "Familia que no reza unida, no va a permanecer con ella". Ahí va a entrar el divorcio. Nosotros estamos viviendo en la época del divorcio por todos lados. ¿O es que no ha entrado esa bendición del Señor?

Abraham y su esposa Sara tenían un gran problema. Abraham no lograba tener hijos y pasaban los años y los años. Y Sara un día le dijo: "Mira, ¿por qué no tienes el hijo con la esclava?". Y entonces les pareció bien, y la esclava quedó embarazada. Pero una vez que quedó embarazada, comenzó la pugna entre las dos mujeres. Y el pobre hombre, un medio. Si ellos hubieran rezado antes de tomar esa determinación, no hubieran caído en ese error que les trajo tanto sufrimiento. Pero no se habla aquí de que rezó. Abraham estaba en su camino, de que cada día ir avanzando. Pero en esta oportunidad, ellos no rezaron. Y eso pasa en muchas familias. Se toman determinaciones gravísimas y no se invoca al Señor. Se invoca a los abogados, se invoca al banco, se invocan a los amigos, pero no invocan al Señor. Y eso es lo principal.

En el Apocalipsis, Jesús se presenta Jesús resucitado tocando a una puerta y dice: "He aquí que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye y abre, voy a entrar y voy a cenar con él". Jesús quiere entrar, Jesús quiere dar la bendición, pero no entra a la fuerza. Él quiere que le abran la puerta. Es un mandato del Señor. Es un mandato del Señor. Hay que abrirle la puerta. Todos los que no tienen oración, no han abierto su puerta, porque abrir la puerta, ¿qué decir? Comunicarse con Dios. Y comunicarse con Dios es orar, es recibir la bendición.

El poder de la oración es muy grande en la familia. Puede ser muy grande porque ahí se cumple una condición que el Señor dice: "Donde dos o tres se ponen de acuerdo en mi nombre, allí estoy yo". Y en la familia es más fácil ponerse de acuerdo dos o tres. Pero lo que falta es la fe y la oración. Esta oración podría tener mucho poder.

El escritor tenga ahí cuenta que en su casa se había multiplicado la familia y necesitaban un carro usado, pero con determinadas cualidades para la familia. Y ellos estaban rezando por eso en familia, pidiendo ese favor a Dios. Y mientras estaban rezando, suena el teléfono y una persona ofrecía un carro, así como ellos lo querían, con las cualidades que ellos necesitaban. Aquellos niños, nuevas necesidades de hacerles ver el poder de la oración en la familia. Ellos recibieron las...

El libro de Hechos de los Apóstoles presenta un caso raro. Un militar pagano que en su casa reúne a los de la familia y oran a su manera. Tienen buena voluntad y el Señor de eso. Y entonces, mientras están orando, un ángel de parte de Dios les dice: "Manden a llamar a Pedro". Que sabían ellos quién era Pedro, nada menos que el primer Papa de la Iglesia. Y lo fueron a llamar. Y por otro lado, el Señor preparó a Pedro por medio de una visión y le dijo: "Mira, van a venir unos paganos, vete con ellos". Le tuvo que dar una orden, porque los cristianos en ese tiempo no iban a la casa de un pagano, es decir, uno que no era cristiano ni judío, o sea, según ellos, quedaban contaminados. El Señor los llamaba a todo el mundo y todavía no se habían atrevido a dar ese paso. Entonces el Señor, un poco a la fuerza, lo va a enviar. Manda el primer Papa, ya que el Papa va a tener que entrar en la casa de los paganos. Se van a dar cuenta todo. Y entonces él llega y un poco nervioso dice: "Miren, les voy a hablar de Jesús". Y comienza a exponerle lo básico acerca de Jesús, pero en un ambiente de oración y con el poder del Espíritu Santo. Y así se derramó el Espíritu Santo, comenzaron a hablar en lenguas, a profetizar. Entonces el primer Papa dijo: "Si ustedes recibieron el Espíritu Santo, pues yo les voy a administrar el sacramento del bautismo". Y bautizó a los que había... no sabía, solo una familia. Porque parece que el centurión Cornelio había invitado a otras familias. Invite, bautizó a todas esas familias, porque habían recibido antes el bautismo en el Espíritu Santo, es decir, una fuerte efusión del Espíritu Santo les cayó, porque estaban en una actitud de meditación en la palabra de Dios que estaba siendo predicada, nada menos que por Pedro, lleno del Espíritu Santo. Ahí se derramó el Espíritu Santo. Después les administró el sacramento del bautismo. En la familia puede haber mucho poder cuando de veras hay oración de fe.

Ahora, la gran pregunta es: ¿cómo hacer la oración que es la familia? Aquí no hay una regla igual para todos. Cada familia es distinta. A mí, cuando pregunto, unos me dicen que nosotros, para después, todavía estamos en la cama. Papá y mamá, llegan los hijos y hablamos y comenzamos. Es muy bonito. Otros dicen que aprovechan el momento de las comidas. Aunque tanto no solo piden la bendición de la mesa, sino también leen algún párrafo de la Biblia, una pequeña oración, muy adecuado también. Otros, mientras van en el vehículo, ponen un disco con canciones religiosas o un misterio del Rosario o algo más. Todo eso, cada familia debe dotarse, cada familia debe dotarse para que haya oración. Lo importante es que no sean cosas aburridas, metidas a la fuerza, obligatorias. Muchos quedaron curados del rezo del Rosario, porque antiguamente la abuelita los hacía rezar a la fuerza el Rosario, y entonces tienen alergia al Rosario. Es que el Rosario es una oración difícil. Primero hay que preparar a la gente. Primero, ¿y qué habría que preparar? Con un misterio, nada más. Unas Ave Marías. Después ya puede venir la oración completa. Si no, no les va a gustar a los jóvenes, a los niños.

Lo mismo, Dios nos manda a nosotros un día a la semana consagrado a Él. Y ese día nosotros se lo concedemos por medio del acto de culto y el descanso. Ahora bien, cuando los muchachos, ya adolescentes, ya no quieren ir a Misa, "qué aburrido". Y entonces los papás se encuentran acomplejados. Me dicen: "Padre, es que mi hijo dice que a la fuerza no le gusta que lo llevemos". Y esto de usar a la fuerza es un recurso para defenderse. Pero fíjense ustedes, si su hijo les dice: "Más me hago y no me nace". Era alcohólico, que es... no te nace. Y me dejaste dos retrasadas el año pasado. Y si no vas, vas a dejar cinco más. Traído es por obligación. Es obligación. La mamá, además, bueno, y dígito, quédate allí, pues si no te sientes, si no te nace, como dicen los jóvenes, "no me nace". No les nace las ganas de ir a estudiar. Entonces, hay que presionarlos. No es a la fuerza, es un compromiso. Es como que el papá y la mamá, de quien dijo el Señor, no van a dedicarle un día a la semana. ¿Cómo te voy a dejar yo que no complaces esto? Es mi obligación ayudarte a ti, darte lo mejor, así como te ayudo para que vayas todos los días a la escuela. Si no te vas a quedar ignorante, si no vas a perder las clases, entonces te tengo que ayudar para que vivas el mandato del Señor una vez a la semana. Y pidan ustedes la Eucaristía. Es una gran bendición para la familia. En la Eucaristía, en primer lugar, hay oportunidad de pedir perdón, de perdonarse mutuamente. Hay oportunidad de que crezca la fe. La fe viene como resultado de oír la predicación. Se nos lee la liturgia de la palabra, por medio de la lectura de la Biblia va aumentando la fe. Se completa por la homilía. Entonces, que la fe va aumentando y además nos podemos alimentar del cuerpo y de la sangre de Jesús. O sea, es el acto de culto más grande que tenemos. Y si el Señor nos pide algo, ahí sí que no hay "no me gusta", "no me nace". Hijo, yo tengo que ayudarte, es mi obligación, así como en mi obligación que vayas a la escuela, ayudarte para que cumplas. Es mi obligación que cumplas con Dios también. Y yo creo que los jóvenes siempre buscan pretextos para no hacer lo que no les gusta. Y el papá debe saber educarlos.

Deben haber querido construir una casa muy alta, una torre, y tenían derecho de hacerlo. Pero de pronto comenzaron a pelearse entre ellos. Y la Biblia, de entender, no tomaron en cuenta a Dios. Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles, dice el Salmo 127. Aquellos construyeron, pero no tomaron en cuenta a Dios. Entonces, hubo... ¿qué quiere decir? Confusión. En los lugares de mucha confusión, confusión. Son Babel, muchos hogares, confusión, pleitos entre padres, para papá, mamá, es una confusión. Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles. Aquellos matándose por construir su torre y no pudieron. Muchos empatan por ser felices, pero les falta la bendición de Dios.

Abraham y Sara, según ellos, sí iban a arreglar su problema de la falta de hijos con que Abraham tuviera el hijo con la esclava Agar. Y vino el gran problema. Si hubieran rezado, dónde se había pasado eso. El Señor los hubiera liberado de ese gran problema. Muchos de nuestros problemas nos vienen porque no invocamos a Dios. Invocamos a los abogados, al banco, a los horóscopos, y después nos arrepentimos. Invoquemos al Señor. Él nos va a iluminar.

El Señor también nos dice: "Mira, tu casa la puedes construir sobre la roca de mi palabra o sobre la arena". Si construyes eso sobre la arena, te va a venir abajo. Si construyes sobre la roca de mi palabra, va a estar firme a pesar de los temblores y las tempestades. Se construye sobre la roca el Señor, cuando está la palabra de Dios, que nos lleva a la oración. Porque la Biblia no es para saber cosas, sino para vivirlas. Y por eso la regla nos lleva a una relación más íntima con Dios.

Ya llegó un hombre malo, pero un día el Señor le dijo: "Sé que yo quiero entrar a tu casa". Y aquel, por lucirse ante el pueblo, no por motivos religiosos, admitió a Jesús. Y una vez que se le metió Jesús, todo cambió. Jesús comenzó a hablar, la palabra le llegó al corazón. Aquel sintió la necesidad de confesarse en público. Aquel sintió la necesidad de dar la mitad de sus riquezas a los pobres, porque había defraudado a muchos. Y el Señor le pudo decir: "Hoy ha entrado la salvación a tu casa". Al menos el Señor está tocando a su casa, la puerta. Quiere la felicidad para ustedes, quiere llevarles la mejor bendición. La bendición entra con la oración.

Piensen ustedes cuánta bendición están perdiendo por no dar en la casa. ¿Es que no hay tiempo? Mentiras. Y las dos horas que pasan para un partido de fútbol, y las horas que pasan en las telenovelas y tantísimas otras cosas. Hay tiempo para lo que a uno le gusta, pero no hay tiempo, lastimosamente, para Dios. Y por eso hay mucho enanismo espiritual en las familias y mucha falta de bendición. Que su familia no sea una torre de Babel, sino sea una casa abierta a Jesús, para que le pueda decir: "Hoy ha llegado la salvación a tu casa". Que así sea para todos ustedes, amigos. [Aplausos]