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XXXIII DOMINGO ORDINARIO CICLO C

Ignacio Fernández8:35

Transcription

No lo sabe.

[Música]

A. [Música] Esto es lo tanto escogido por la gracia del señor. ¿Cuántos caminamos en la fe que nos conduce a nuestra acción?

[Música] [Aplausos] Jerusalén cantar.

[Música] Las lecturas de hoy nos hacen reflexionar sobre el sentido de la salvación y nos dicen que la meta final hacia la que Dios nos conduce es el nuevo cielo y la nueva tierra de felicidad plena y de vida definitiva. La primera lectura del profeta Malaquías nos hace ver que Dios va a intervenir en el mundo. Va a derrotar al que oprime y roba la vida y va a hacer que nazca un sol de justicia que traiga la salvación.

Muchas veces tenemos la sensación de que nuestro mundo camina hacia la perdición y que nada lo puede detener. Vemos tantas guerras y vemos tanta sangre derramada en el presente y el futuro de tantos pueblos. Contemplamos la naturaleza y la vemos devorada por los intereses de las multinacionales de la industria. Vemos a tantas personas cerradas en su mundo, desinteresada de los grandes problemas que existen. Existen también en nuestro mundo el deseo de justicia. El hombre, ante la adversidad, siempre ha dirigido sus ojos al cielo pidiendo justicia. Justicia para los que lo pasan mal, justicia para los explotados de esta tierra, justicia para los pobres y enfermos, justicia ante la muerte injusta de los buenos.

Hoy nos dice la primera lectura que llegará el día del Señor en que finalmente habrá justicia. Esa justicia que premiará a los buenos y castigará a los malos. Mientras llega ese día, a nosotros nos toca unirnos a Jesús para luchar y trabajar por la justicia, ya aquí y ahora, porque Dios no quiere salvarnos sin nuestra colaboración. Los cristianos debemos saber que Dios cuenta con nosotros para construir un mundo nuevo y debemos saber que todo lo que hagamos aquí, por muy poco que sea, perdonar, compartir, denunciar la opresión, defender al pobre y al oprimido, esto está ya preparando la venida del reino de Dios y su justicia.

La segunda lectura de San Pablo a los Tesalonicenses insiste en la idea de que mientras esperamos la venida definitiva, no tenemos derecho a ser perezosos y vivir en la comodidad de no hacer nada, sin preocuparnos de los problemas del mundo y sin aportar nuestra colaboración a la construcción del reino de Dios. No podemos vivir esperando que todo nos caiga del cielo y olvidarnos de trabajar por los demás. Tenemos que, como cristianos, comprometernos por la construcción de un mundo más justo y fraterno, todos los días y las 24 horas del día.

Hay personas que hablan mucho y hacen poco y muchas veces se aprovechan del trabajo de los demás para quedar bien ante los otros. Hay también personas que son parásitos de la sociedad y que lo único que hacen es consumir lo que produce la sociedad y no se esfuerzan lo más mínimo en colaborar con ningún tipo de trabajo. No olvidemos las palabras de San Pablo: "Si alguno no quiere trabajar, que no coma". Tenemos que saber combinar trabajo y oración.

Y el Evangelio de San Lucas nos ofrece una reflexión sobre el camino que debemos recorrer hasta la segunda venida del Señor. Jesús nos recuerda hoy que un día llegará el día del juicio sobre la humanidad entera y ante este día no podremos permanecer indiferentes. Los discípulos del Señor le preguntan: "¿Cuándo va a hacer esto y cuál será la señal de que todo esto está para suceder?". Jesús no contesta a la primera pregunta, pero sí contesta a las señales que sucederán: habrá guerras, revoluciones, terremotos, epidemias y hambre. Como veis, son señales que se dan en nuestro mundo actual.

Por ello, algunos pueden pensar que el final del mundo está cerca. Sin embargo, Jesús nos advierte: "Mirad que nadie se engañe, porque muchos vendrán en mi nombre diciendo: 'Yo soy', o bien: 'Está llegando el tiempo'. No vayáis tras ellos". En el mundo de hoy se levantan voces engañosas que ofrecen falsas respuestas a los problemas del mundo y nos proponen caminos extraños para alcanzar la felicidad. Hay grupos que nos venden libros esotéricos que carecen de todo fundamento filosófico, teológico y científico y que ofrecen recetas de espiritualidad y de realización personal. Hay todo un mercado de amuletos, incienso, cristales de cuarzo, venida, etcétera, etcétera, que pretenden darnos paz y felicidad. Hay quienes, aprovechando el dolor de la muerte de un familiar, se ofrecen como médium para que nos comuniquemos con nuestro ser muerto.

Jesús nos propone y nos dice que estemos en guardia frente a todas estas ofertas de estos charlatanes y mentirosos. No pongamos nuestra mirada ni nuestra esperanza en falsos mesías que nos prometen la felicidad aquí y ahora, haciéndonos olvidar la vida que nos espera junto a Jesús. Jesús no quiere que hagamos de adivinos. Quiere que abramos nuestro corazón más a su venida con esperanza y con un profundo deseo de estar preparado, aunque no sepamos ni el día ni la hora.

Queridos amigos, les deseo a todos ustedes un feliz día del Señor. Que estemos preparados para su venida y que la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre todos y cada uno de ustedes. Feliz día del Señor.

[Música]

Y lo sabe nada.

[Música]