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Hola, muy buenas, bienvenidas y bienvenidos. ¿Qué tal? ¿Cómo estáis?
Ya cada vez amanece más temprano y vemos el día despejar. Aquí se ve muy bien por la ventana y flores. Este es el objetivo de nuestra vida. todas las espinas que pueda haber en nuestro interior, todas las cosas que ronden en nuestra mente y nos causen daño porque nos pinchen y a veces crean heridas y a veces simplemente emerge algo sin sentido, como una tristeza, una ola que te descorazona, que te hace sentir pues que Todo lo que tenías lo estás casi perdiendo. Esos momentos son las espinas que aún quedan.
Y en el camino de la espiritualidad tenemos esa posibilidad de transformar todas esas espinas en una flor fragante, llena de belleza, llena de espiritualidad, llena de esa fragancia. ¿Hasta qué punto soy consciente de ese potencial que está ahí dentro de mí? No podemos quitar las espinas a la fuerza. No podemos arrancar nada de lo que hemos adquirido con presión o con una fuerza impositiva. Se ha de transformar con suavidad, pero con poder espiritual.
Vamos a trabajar sobre esto y el silencio es una buena un buen espacio, una buena oportunidad que nos damos a cada uno de nosotros porque por un lado sí hay una interiorización y reflexión de qué está pasando, que cuáles son las espinas que se han de ir de mi vida de mi interior, pero también cuál es la meta, en qué flor me quiero convertir, una flor espiritual que tenga fragancia o simplemente esas flores que cuando las tocas se marchitan. Una flor no me toques. Demasiado sensible. No queremos eso. Las circunstancias, las escenas de la vida vienen y vendrán a probarnos a todos, no de marchitarme. ¿De acuerdo?
Pues vamos a meditar. y pondremos una música suave. Recuerda que tu respiro sea calmado, que cada pensamiento sea tan sereno como tu respiro. Quietud interior, silencio. La brisa de un pensamiento puro que se eleva en mí. En mí emerge esa flor espiritual impercedera. Ese es mi estado interior. El color de mis virtudes no se tiña en nada falso, que la fragancia de mi espiritualidad no se borre por otros intereses que me puedan engañar. Que la belleza de mi interior sea mi fortaleza y no cambie en nada superficial ni artificial.
Miro por un momento que me pincha aún dentro. Quizás el mirar las debilidades de otros, porque en ese momento las absorbo dentro de mí. y se convierten en mías propias. Quizás el pensar en mi pasado, porque recuerdo y me imprendo de algo que ya no existe, solo en la memoria y el recuerdo. Eso lo que quiero tener en mi memoria. o quiero crear una memoria verdadera. una memoria divina, donde el presente es el que cuenta. Y si miro atrás, solo veo lo que he aprendido y he crecido, lo que he podido transformar. No es tan malo. Esas espinas duelen. Pero sí que sé que en mí hay la fortaleza para cambiarlas.
Dios, como si fuera un sol de virtudes, me llena de esos rayos suaves que transforman ese dolor, esas heridas en amor. en buenos deseos, en compasión por mí misma y por todos los que me rodean. Disuelve toda espina de egoísmo, de rencor, de malos sentimientos. ¿Cómo puedo florecer si aún quedan malos sentimientos en mí? Con el amor puedo perdonar y perdonarme. Con el amor dentro de mí puedo empezar de nuevo. Solo sentir ese sol divino en mi vida. que alumbra cada rincón de mi ser, pero también de las escenas de mi vida.
Las circunstancias vienen y se van como nubes. Solo tú permaneces con aquel que es el jardinero de tu vida y te enseña a florecer y brillar. Él te da semillas en tus manos. paz, amor, buenos sentimientos, armonía, felicidad, aceptación, no resignación Siembro, siembro con paciencia, con cuidado y esmero. es poner el pensamiento determinado, la tierra de mis pensamientos, dejando todos esos pensamientos que son desperdiciables, solo dejando el terreno fértil para estas nuevas semillas. regando con el agua del amor y el entendimiento. Eso nos da sensatez y el amor nos transforma.
Siembra esas semillas de tal forma que el sol siempre pueda tocarlas. El sol espiritual cruza fronteras. No importa cuán profundas estén las semillas, las toca, las despierta. y las hace crecer semillas de virtudes. que están en ti. Solo has de encontrarte con ellas y ser consciente de que es parte de tu naturaleza. Y ahí empieza la siembra, el cuidado y observar con paciencia qué es lo que crece. No siempre los resultados son inmediatos. Necesito tiempo, pero mi cuidado y atención es constante. jardinero del alma me enseña a ser jardinero de mí mismo, el que sirve al ser para poder darlo mejor a otros.
No dejes las semillas en tu bolsillo, nunca crecerán. Es como tener un conocimiento que nunca utilizas en la realidad de tu vida. Ahora es el momento de ser, entender y hacer. ser, entender y hacer cuando te das cuenta de esas máscaras, ¿qué creías? máscaras tú y de pronto la máscara del ego se va porque descubres cómo funciona en ti. Es como si te dieras una bendición a ti mismo, cuando descubres cómo la dependencia y el apego te ha hecho esclavo en tu mente de otros o de situaciones y empiezas a sentirte libre. Descubres la belleza de la verdadera libertad. Has nacido para ser libre.
No me atrapo en ningún engaño, ningún saboteo de mi mente. Soy el creador de esa flor que está emergiendo en mí. Si creo ese estado, podría ayudar a que otros lo creen. Enséñales que miren a ese sol, que tomen sus rayos, su corriente que limpia y libera, que sana y fortalece.
Ahora descubre Si esa flor que eres puede estar en un jarrón con otras flores juntas, pero no pegadas, creando Esa belleza de la unidad, la armonía, cada una es diferente, única y esa singularidad de cada uno lo hace hermoso, lo hace especial. Siente que el silencio es como una vetamina en el terreno donde estás creciendo. Cuando algo ocurra, ve al silencio, ve dentro. No me pierdo en pensamientos inútiles en dar vueltas a lo mismo. Las excusas me estancan, la solución me hace florecer. Es el momento de que seas tú lo mejor de ti, con tu luz, tu belleza, tu fragancia, tu color. Nadie puede borrar eso. Dios es tu compañero y el que crea lo que es hermoso en ti. Solo he de recordarlo, sentirlo y esa flor se hace imperecedera, luminosa, verdadera.
Inspiro, sonrío. Sonrío a mi vida también, a mí mismo y al mundo. Gracias por compartir este ratito juntos en un mismo jarrón. Es bien bonito meditar juntos. Cada uno de vosotros es más hermoso que estas flores. Aún así, una flor para cada uno. Om shanti. Hasta pronto.