Transcription
Del Evangelio según San Juan.
Como se acercaba la Pascua judía, Jesús subió a Jerusalén. Encontró en el recinto del templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, a los que cambiaban dinero sentados. Se hizo un látigo de cuerdas y expulsó a todos del templo, ovejas y bueyes. Esparció las monedas de los que cambiaban dinero y volcó las mesas. A los que vendían palomas les dijo, "Saquen eso de aquí y no conviertan la casa de mi padre en casa de mercado."
Los discípulos se acordaron que está escrito, "El celo por tu casa me devora." Los judíos le dijeron, "¿Qué signos nos muestras para actuar de ese modo?" Jesús les contestó, "Destruyan este santuario y en tres días lo reconstruiré." Los judíos dijeron, "4 años ha llevado la construcción de este santuario y tú lo vas a levantar en tres días." Pero él se refería al santuario de su cuerpo. Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos recordaron que había dicho eso y creyeron en la escritura y en las palabras de Jesús.
Palabra del Señor.
La liturgia de hoy nos invita a celebrar un acontecimiento, una situación que parece bastante desconcertante para nuestra mentalidad y no es fácil precisamente por eso hacer una reflexión. Empecemos por un dato. La iglesia de San Juan de Letrán. Hoy se celebra la consagración, la dedicación de la basílica San Juan de Letrán, la catedral de Roma, la Iglesia Católica Romana. Y nosotros estamos como iglesia entonces conmemorando la dedicación de la catedral de Roma. La dedicación de una iglesia es una especie de, entre comillas, de un bautismo de la iglesia, de una iglesia, de un templo. Es decir, se hace una celebración, una ceremonia en la cual una un edificio va a ser como bautizado, consagrado a una determinada advocación. San Juan de Letrán, San Pedro y San Pablo, la Sagrada Familia, etcétera. Y entonces, como comunidad nos alegra que esta iglesia, este edificio ahora esté dedicado, bautizado. Y entonces conmemoramos periódicamente esta dedicación. La liturgia lo considera lo suficientemente importante como para que en toda la iglesia mundial, porque coincide con domingo, si no no es así, pero coincide con domingo, es más importante que celebrar el domingo, celebrar hoy la dedicación de la basílica de San Juan de Letrán.
Como digo, la dedicación de una iglesia, que es una celebración que en general no se ve más, es una es una celebración casi anacrónica, resulta eh llamativa. Yo quiero recordar un ejemplo concreto y además aprovechar para pensar. Lo hemos podido ver, por ejemplo, por televisión en tiempos del Papa Benito XVI, cuando consagró, dedicó la Basílica de la Sagrada Familia de Barcelona. Y entonces pudimos ver al Papa, cardenales, arzobispos, obispos, curas, todos alrededor del altar en el momento de la dedicación en el cual se pone aceite sobre el altar, etcétera, etcétera, y se hace toda una celebración. Y después de eso iba a empezar la Santa Misa. Y entonces para empezar la Santa Misa, subieron cuatro monjitas con trapos a limpiar el aceite que estaba sobre el altar para después poder poner el mantel sobre el cual se iba a celebrar la Eucaristía. En lo personal me resultó ciertamente chocante todos los varones alrededor del altar y las mujeres para limpiar. El altar es para los varones, las mujeres para la limpieza. Pero además lo que consagraba la basílica era el aceite, pero que después se lo iba a limpiar para poder celebrar la Eucaristía. Resultaba extraño. Resultaba extraño.
Y acá viene entonces la invitación a pensar lo que consagra un edificio, un altar. No es la celebración de la Eucaristía más que un ritual. Veamos el evangelio de hoy. Porque en el evangelio de hoy nos encontramos con que Jesús dialoga o discute con el grupo de judíos que lo confrontan. Jesús acaba de hacer algo muy interesante, no es el caso comentarlo previamente, pero es la expulsión de los vendedores, lo cual es es interesante porque hay una pequeña diferencia entre Juan y los evangelios sinópticos. Es uno de los pocos textos que están en los cuatro. Pero acá Jesús va a decir, va a contrastar casa de mi padre, casa de mercado. Sobre todo habiendo tantos que idolatran el mercado, es bueno tener presente precisamente que para Jesús el mercado es un ídolo. Es todo lo contrario de lo de Dios. Pero dejemos de lado esto.
Cuando Jesús hace esto, le van a preguntar, "¿Qué signo haces para que podamos entender lo que estás haciendo? ¿Qué signo nos das para hacer esto? Y Jesús les va a decir, "Destruyan este templo y en tres días lo volveré a edificar." Y acá entonces viene, para empezar, ubiquémonos sencillamente, hace 57 años que estaba este templo, que yo cuánto, eh, todavía no estaba terminado el templo en en vida de Jesús. El templo se terminó bastante después de la muerte y resurrección de Jesús. Y es más, se terminó y a los pocos años fue destruido por los romanos en la guerra judía. Pero el contraste que pone Jesús está obviamente entre este edificio, el templo, el lugar de encuentro del pueblo con Dios y Jesús. Entonces resulta extraño que la liturgia de la iglesia nos diga exactamente lo contrario. Es decir, Jesús contrasta un edificio con su cuerpo, con su persona. que se celebre un edificio, la basílica de San Juan de Letrán, resulta extraño cuando el evangelio mismo nos dice que a Jesús no hay que a Dios, perdón, no hay que encontrarlo en el templo, sino en la persona de Jesús.
Jesús nos dice bien claro, yo soy el templo. Destruyan este templo y en tres días lo vuelvo a edificar. Y ellos le dicen lo de los 47 años. Y el evangelio de Juan, con un típico paréntesis característico de la literatura de Juan, Jesús se refería a su propio cuerpo y cuando resucitó entendieron. Es decir, el cuerpo de Jesús, Jesús mismo, es el lugar de encuentro con Dios y no el edificio, por más maravilloso, importante que sea, como el edificio de la catedral de Roma o el edificio del templo de Jerusalén. El lugar de encuentro con Dios es Jesús. En lugar de para encontrarnos con Dios es Jesús. No un edificio. Es lo que dice la liturgia, es lo que dice el texto, es lo que dice el evangelio de Juan. Para encontrarnos con Dios, nos encontramos con Dios en Jesús.
Es cierto que nunca faltan los que van a entender que se encuentran con Jesús, por ejemplo, en el templo. Lo cual además no es falso si hay otras cosas antes. ¿Cómo sabemos que nos encontramos con Jesús? Jesús mismo nos dice, "Tuve hambre y me diste de comer. Tuve sed y me diste de beber. El que recibe a uno de estos pequeños, a mí me recibe. El que a ustedes escucha a mí me escucha." Es decir, el encuentro con Jesús está dado en la comunidad. Nos encontramos con Jesús en un chico que vive en la calle. Nos encontramos con Jesús en las personas que van a comer al comedor de la parroquia, de la comunidad o de la sociedad. Nos encontramos con Jesús en el hombre que está durmiendo en la puerta de un banco. Nos encontramos con Jesús en las personas que están arriba de una lancha o arriba de un tren tratando de llegar a un lugar que les asegure o por lo menos les proponga o por lo menos se ilusionen con tener un mejor destino. Nos encontramos con Jesús en las mujeres de la trata, en las mujeres que viven en la calle o en las mujeres que se dedican al trabajo sexual. Nos encontramos con Jesús en todos los lugares y particularmente en las víctimas. Ahí nos encontramos con Dios en Jesús. Encontrándonos con Jesús, nos encontramos con Dios. Y ese es el templo, el nuevo templo.
Y acá viene una pregunta que no está de más formularnos, porque los evangelios, la carta a los Hebreos y otros textos nos van a dejar claro que con Jesús hay una novedad. total que hace que sea bastante difícil de entender por los antiguos, los antiguos judíos de su tiempo. ¿Por qué ustedes no ayunan? ¿Por qué esto? Jesús es el nuevo templo. No hay más sacrificio porque la cruz de Jesús los anuló a todos. Jesús es el único. Jesús ya no quiere ayunos. Y sin embargo, nosotros seguimos hablando de sacerdotes, seguimos hablando de templo, seguimos hablando de sacrificios, seguimos hablando de ayunos y nuestra religiosidad viene dada por una serie de cumplimientos y no por un abrazarnos con Jesús en las víctimas, en los pobres, en los enfermos, en los que sufren. Este es el templo. El templo es el encuentro con Jesús y a Jesús lo encontramos donde él nos dice que lo encontramos, no donde nosotros soñamos, queremos o ilusionamos encontrarnos.
Nos encontramos con Jesús y ese es el templo, encontrarnos con Jesús, en esas mujeres discriminadas en la iglesia, encontrarnos con Jesús, en esos chicos que están drogándose en una esquina. Nos encontramos con Jesús en los jubilados que son apaleados todas las semanas. Nos encontramos con Jesús en cada lugar y momento donde hay una víctima. No en un templo, se refería al templo de su cuerpo. Lo dice el evangelio. Es el evangelio que la misma liturgia de la Iglesia hoy nos propone para evitar malentendidos. Y entonces es bueno tener siempre presente que para encontrarnos con Dios, porque para eso es un templo, para encontrarnos con Dios, los cristianos sabemos que debemos abrazar a Jesús y a Jesús lo abrazamos porque tuve hambre y me diste de comer, porque tuve sed y me diste de beber. A Jesús lo encontramos en el prójimo y en especial en las víctimas y en los que sufren. Ahí entonces estaremos celebrando la liturgia del encuentro con Dios y con Jesús.
Que todos, todas y todes tengamos un buen fin de semana.