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[Música] [Aplausos] [Música] [Aplausos]
Hay dos maneras de ver la vida cristiana, la vida espiritual. Y es pensar, bueno, porque voy a la iglesia o porque creo en algo, automáticamente por el pasado queda olvidado. Si bien técnicamente para Dios es así, el problema es que nosotros seguimos lidiando con el pasado. Y de allí que cada domingo, por lo menos durante los últimos, Dios nos viene hablando de sanar esas heridas.
El domingo pasado yo les decía una frase que acuñó mi mamá: que ninguna herida tapada cura bien. Aunque no le ponga una curita, un apósito, ninguna curita tapada finalmente se va a sanar, porque empieza a ponerse pútrida, porque se empieza a infectar. Y esto también va para todos los órdenes de la vida. Creo que cuando uno se reconcilia con sus heridas, con sus laceraciones, con lo que ha pasado, tiene oportunidad de sanar.
Lo cierto es que cada adulto, cada ser humano que transita la vida adulta, a la adultez no deja de ser otra cosa que el niño que lo precedió. Es algo que no podemos olvidar y es algo que me interesa mucho recalcar, porque tiene que ver con nuestra sanidad interior, con nuestra autoestima sana. Que la única manera que uno puede hacer para amar a Dios, sanarse, para de ese modo amar al prójimo y amar a Dios. Y no es imposible.
Usted siempre la edad adulta está enraizada en la niñez, en cosas que nos pasaron, las buenas, las malas, los buenos recuerdos, no tan buenos. En las disfunciones adultas han sido modeladas, han sido influenciadas por los tutores, por la por la presencia o por la ausencia de nuestros padres. Fuimos modelados de alguna forma. Yo mantengo esta opinión porque no dejo de ser el niño que fui en un cuerpo de adulto. O sea, soy un niño que creció como la mayoría de los que estamos acá. Y la ausencia, la presencia paternal determina de alguna forma nuestra manera de pararnos en la vida.
Lo que hacemos a confirmados por sociólogos, por psicólogos, que cualquier cosa que uno haga en la edad adulta como un patrón, de una manera repetitiva, tiene que ver con la raíz de la niñez. Y no ser. Mientras que escribía este este mensaje, yo pensaba, ¿a qué habrá pensado? ¿Qué recuerdos obsesivos de la niñez ahora han aumentado Adolfo Hitler, por ejemplo? Sin ánimo de justificarlo, nunca se justificaría un genocida, pero me pregunto si alguna vez, cuando niño, hubo algo, un punto de inflexión, un quiebre, que después devino en el adulto que todos conocimos. Quizá no.
Pero digo, ¿qué recuerdos de la niñez tendría? ¿Qué crianza? Y así como pienso, pienso también, ¿qué afectó la vida de Martin Luther King, de Abraham Lincoln, por mencionar figuras épicas de la Unión Americana? ¿Qué habrá delimitado, programado la vida de Mahatma Gandhi? ¿Qué habrá hecho que Nelson Mandela fuera quien es, luchando con él, aparte y luchando con tantas cosas que estaban enquistadas en él? Y el mundo nunca va a ser igual, nunca será tal como lo conocíamos después de Mandela. Pero este Mandela alguna vez fue niño.
Y si uno investiga arqueológicamente en sus biografías, descubre que eran niños algunos que sufrieron, otros que se criaron sin padres. Algunos capitalizaron el dolor, usaron el dolor para bendecir a otros. Otros salieron a la vida enojados, heridos, víctimas también, pero a herir a otros para cobrarse de alguna manera lo que suponen que la vida les debe. Lo cierto es que yo creo más que nunca que la presencia de un padre, de un tutor, de una tía, de una abuela que nos haya criado, puede originar en nuestras mentes la presencia o la ausencia, un pensamiento recurrente, un pensamiento obsesivo.
Si un padre nos abandonó, si una mamá se fue de la casa, hay un momento que el niño piensa: "A lo mejor sí hice algo para que esto ocurriera". Yo nunca voy a olvidar que estábamos en una consejería y la me dice: "Bueno, mi esposo nos abandonó". Resulta que era un mujeriego, borracho, un día lo descubro con otras mujeres, etcétera. Las cosas que me cuenta que el matrimonio estaba irremediablemente roto. Y dicen que él intentaba ser buen padre. A mí no me sirve eso. Si no puede ser un buen esposo, así que decidimos que debemos de vivir separados.
Y el niño estaba aparentemente como jugando con un celular. Y luego el niño me dice: "Yo podría hablar con usted". Así que le pido a la dama que me deje a solas unos minutos con él. Y el niño me dice: "Mire, yo no sé qué cuento mi mamá porque no prestaba atención, pero la culpa de que papá se fue mía porque siempre me decía que acomodara los cajones y él me decía: 'Un día no me vas a encontrar más'. Así que un día agarro y se fue". ¿Tiene que ver con mi desorden? O sea, que el chiquito se había hecho cargo de lo que había ocurrido en el matrimonio de sus padres, cuando era simplemente una víctima pasiva.
Y lo digo, suficiente estrés tiene un niño con la vida de infante como para que encima tenga que cargar con la culpa de algo que él no pidió, que él no generó. Ahora, ustedes dirán: "Bueno, este niño tarde o temprano se va a dar cuenta que su padre no se fue necesariamente porque no acomodaba los cajones". Si algunos sí, otros crecen, pero se vuelven gente más pequeña. O sea, se vuelven adultos, pero su manera de razonar sigue siendo infantil. Claro, ese niño cuando sea grande, lo más probable no es que diga: "Se fue porque yo no acomodaba los cajones", pero en el subconsciente, lo más probable es que quede una mancha de culpa. "Si yo algo tuve que ver".
Porque también alguna vez hablé con una mujer de cuarenta y tantos que me dijo: "Sabes, yo creo que si yo no hubiese nacido, mis papás seguirían juntos". Porque mi mamá me confesó que fue el embarazo el que hizo que ellos se pelearan. Y esta dama cargaba con una culpa de haber nacido, lo cual es una crueldad absoluta. Y es a esos procesamientos mentales que uno mantiene de adulto, de esa manera infantil de pensar, es la que hace que nunca podamos sanar la estima.
Entonces, un día el apóstol Pablo le escribe a la iglesia de Corinto. Le dicen: "Corintios 13:11. Cuando era niño, hablaba, pensaba y entendía como niño. Más cuando fue hombre", dice el apóstol Pablo, "dejó lo que era de niño". El haz especial y le pone un especial interés casi quirúrgico a las tres palabras. Dice: "Y no piensa". Hablaba, pensaba y entendía como un niño. Lo cual está diciendo que cuando afrontó la vida de adulto, cuando es el crossover, cuando cruzó a la vida de adulto, dejó de hablar, de entender y de pensar como un niño.
Yo hablaba cuando era chico. Mi madre me escuchaba muy atentamente cuando yo hablaba, lo cual era un lujo en nuestros tiempos. Acuérdense que yo nací en el siglo pasado, con eso los millennials, yo no soy milenio, viste, hacen señal de aquel tiempo. Y había algo maravilloso que hizo especial a la vieja, es que ella me prestaba atención. Y eso honraba lo que mi opinión, esa sea verdad. Te cito: "Contame". Y eso hacía que honrara mi opinión. Yo tenía alguien que me escuchara, porque provenimos algunos de una generación donde los niños no podíamos hablar. "No hable, que están hablando los adultos", decía la vieja, como diciendo, "tu opinión no importa, está hablando los adultos, vaya para afuera".
Yo entendí que mi opinión no valía para mi papá, no valía. Pero mi mamá, de tanto en tanto, enriquecía mi autoestima, porque necesitaba, mediante "te cito", contarme y me hacía creer que mis ideas eran importantes. Como le dije, mamá tenía sexto grado de la escuela primaria, pero no por eso dejó de ser autoridad. Tanto si tenía toda una biblioteca en casa que nos puso a disposición, y estaba Charles Dickens, Mark Twain, Emilio Salgari, y ellas ya leían todo con voracidad, ficción, ensayos, todo, libros de química. Y el alumno que había en casa, no había iPad, no había conexión satelital. Entonces leíamos con voracidad, con desorden. Y ella decía siempre: "Ahora quiero que me relatés un propio cuento, contale un cuento mientras que yo lavo o plancho". Y entonces mi capacidad narrativa empezó a desarrollarse.
"Suecia", había una vez un niño muy pobre, que el padre no le compraba nada, pero la madre le compra una bicicleta. Yo para ver si se sentía aludido a la vieja, la ficción. Pero mi mamá era el mejor, el mejor público para contar un chiste, por ejemplo. Entonces se les llama a contar un chiste en toda la oratoria dialéctica, siempre pongo una humorada, porque siempre siento que mamá se sigue riendo. Mi mamá no importaba la narrativa, él sabe que era un chiste, ya sé de spam su rabia de la risa que a mí me gustaba. Entonces, cuando no tenía chiste, los inventaba. Y es aunque el chiste era pavo, 8, es tonto, hacía que se reía. La cosa que yo sentía que cuando hablaba, mi opinión era valorada.
Jesús se pasó hablando 7 días sin parar, se metió en el tiempo y hablaba con los maestros de la ley. Tenía unos 12 años y dice la Biblia que los eruditos no podían creer su respuesta en lo que él hablaba. Así que creo que eso sana la estima de un niño cuando puede hablar. Y Pablo dice: "Yo hablaba como niño". Pero lamentablemente, muchos de nosotros no fuimos escuchados cuando hablábamos. No importaba tanto nuestra opinión. Y eso no es lo importante, sino lo más grave, sino que algunos han perdido la la capacidad de comunicación.
Entonces, cuando uno se hace adulto, ya no habla. Y empieza un poco a aquel padre que tampoco hablaba. Pero algunos perdieron la capacidad de comunicarse. Yo digo siempre que las mujeres celebran su feminidad, la celebran porque se cambian los maquillajes, se ponen esto. Y los hombres, a veces no celebramos nuestra masculinidad. Son aburridos, creemos que eructar y tomar cerveza nos puede hacer machos. Sin embargo, no es solo eructar. Es decir, bueno, yo tengo que crecer intelectualmente, espiritualmente.
Lo cierto es que en algún momento perdemos la capacidad de comunicarnos porque nos dijeron que "Cásate de la boca, que esté quieto, no hable". Y esto se nos va metiendo en nuestro corazón y un día perdemos la capacidad de decir lo que nos pasa. Se nos graban frases: "Los machos no lloran", "No lloren". Entonces nos marcan la manera en que hablamos o no hablamos. Cuando eran niños, cuando éramos niños, yo estoy seguro que si mamá no hubiese sido mi primer público, de uno, yo te aseguro que no estaría hablándoles a ustedes de esta mañana o esta tarde. Estoy convencido, no hubiese desarrollado mi capacidad narrativa. Y aunque no era un orador a los 8, 9 años, no sentía que alguien le interesa lo que yo podía decir. No me sentía que no tenía voz, que no podía comentarle a nadie.
El apóstol Pablo sí diciendo: "No solo hablaba como niño, sino que pensaba como niño". Y esa también es una declaración poderosa, porque para lo que un niño puede ser normal, para un adulto puede resultar que si sigue pensando como un niño, algo fatal. Es que el hombre que crece o la mujer que crece y sigue siendo un niño, lo único que cambia es el precio de sus juguetes, pero tiene juguetes más caros. No tienen que decirme que sí, ni me hagan así con la cabeza como pasó en el primer servicio. Pero díganme, mujeres, si a veces no miran a su marido y dicen: "Pero este no creció". Cuando se pone caprichoso y no una vez, sino cuando tiene un patrón de capricho. Debajo te lo mando para que vive. Y también pasa con las mujeres. Tampoco le quedó grande la yegua, va. Podemos la del agua también.
Las mujeres también. Hay mujeres que aunque se visten con tacos altos y usan rímel y maquilladores y bolsos caros, siguen ocultando una niña caprichosa donde cree que el marido, el esposo, le tiene que dar o el novio, todo lo que papá me daba. Y hay personas que son así, no crecen nunca, piensan como niño a pesar de que tienen un cuerpo adulto. Y cuando sienten que son niños y que se merecen que le pasen las cosas, empiezan a veces las adicciones, el querer llenar ese hueco de alguna manera. Alrededor social, el que toma alcohol en demasía y se emborracha, hay que serlo entre 3 o 4, porque en una en una fiesta de gala se emborracha lo mismo que el pordiosero que toma tequila o cualquier bebida fuerte envuelto en una en una bolsa de papel. Lo que cambia es el precio del juguete, pero los dos son adictos, los dos están necesitados. El uno con el otro, uno paga más caro su juguete, pero al final ambos fracasan en el escape de no afrontar la vida adulta.
Por eso Pablo decía: "Yo hablaba como un niño, como un niño". Y lo tercero, lo que más me llama la atención, que yo comprendía como niño. Hay una versión que se juzgaba como niño, porque el comprender es como en la comprensión es el proceso digestivo de la mente. Cuando uno lo que al principio pensaba, ahora lo transforma en una conclusión. Uno comprende como niños y de adultos, nuestra comprensión sigue siendo elemental e infantil. Uno llega a conclusiones inmaduras. Es como esta dama que me decía que si yo no hubiese nacido, mis papás seguirían juntos. A lo mejor, ¿quién te medio se ve en la cabeza? Como con 40 años, con casi medio siglo de vida, vas a cargar con unas presas y la comprensión infantil navegando en la mente adulta.
En un adulto lastimado es peligroso, porque no vas por la vida como arrastrando cargas que no nos pertenecen. Hay muchos niños que crecieron en hogares destrozados y en algún momento de su vida llegaron a la conclusión de que por su culpa pasó lo que pasó. Con su culpa fue el hogar disfuncional. Y esos conceptos infantiles los replicamos después en nuestras relaciones adultas. "Yo sabía que me iba a divorciar porque mis padres también se divorciaron". Como si el patrón viaje para genéticamente en la sangre, como si los errores de los padres necesariamente tienen que repetirse en los hijos. Y esas percepciones y esas conclusiones producen una vida de inseguridad. Uno no se puede parar bien en la vida porque siente que va a repetir lo que le pasó a los padres.
Otros arrastramos heridas infringidas, a veces por verborragia, por palabras infringidas por otros niños en nuestro tiempo. Navegaba en el bullying. ¿Alguien alguien se acuerda de esto? ¿Sí o no? Cuando tu papá te iba a defender de un bullying, vamos a hablar con la maestra, te cambió de colegio. Y me parecía algo ahora hecho. Pero me dice mi hijo: "Me decía mi papá, el tema que yo era día, no era que los padres iban a ser un escándalo, volvieron bullying a mi hijo". Navegamos en el bullying. Y ustedes saben las frases crueles de los niños: al gordo se le dice gordo, el petiso, petit, solo rejón, orejón. A mí me decía "muerto", "cadáver", "zombie", al día que me levantaba ojeroso. Y yo era el de este "muerto de con llamas" de la película mexicana y la última de Pixar. Tengo que la vieja de Coco. Yo estaba del otro lado. Era "mesí", que Coco no estaba. Gracias a Dios. Dios fue afortunado conmigo, fue bueno, porque si me hubiesen dicho "Coco", me dicen de todos los sobrenombres que ustedes dicen que sobrepusiste. Pero me gustó.
Errores, porque uno después en la vida se para conforme esas palabras que te marcan. Claro, insisto, uno llega a la iglesia y te dice: "No olvidarse de todo, eres nueva criatura, un especial tesoro en las manos de Dios". Sí, pero uno no deja de tener enraizado en la niñez frases, epítetos, adjetivos y estos avatares de la vida, esos infortunios que en algún momento no nos redireccionaron. Ni hablar de un abuso. Ni hablar cuando un ser querido, cuando un pariente querido entre comillas te robó lo más preciado que tenías, que no era necesariamente la virginidad, sino la inocencia. A partir de así, como dijimos hace unas semanas, quedas atascado entre dos pisos, porque la niña a la que molestan o le invaden su sexualidad, luego se siente una vieja con otras niñas, pero a la vez una niña entre las mujeres grandes. Y queda toda su vida sintiendo que algo generó más cuando le dicen que se case para que ni siquiera pueda formar parte de una estadística. Y van por la vida dolidas y llevando esa mentalidad de adulto, esta mentalidad, perdón, infantil a la vida de adulto, que es lo peor. Así que les cuesta a mucha gente relacionarse con Dios. ¿Cómo puedes hablarle a Dios a una persona que tiene heridas infringidas? Hasta nuestra sexualidad puede cambiar o queda afectada por cierto este incidente.
No podemos desconocer esto. Pero como el tema de este mensaje no es para que nos quedemos todos en masa, porque está mirando de ciudad ahí cuando nos matamos. Jajaja. La pregunta es, ¿la patología? ¿Cuál es la terapia de terapias? ¿Cómo reconstruimos la vida? Ojalá tuviéramos una máquina del tiempo. Yo digo siempre, daría lo que sea por ver adelante cuando tenía ocho años. Le diría: "Flaco, todo va a salir bien. Algunos de estos son se van a hacer fila para escucharte alguna vez". Yo diría: "Toda esta alegría, inspirar, vas a cambiar, vas a hablar". Yo le habría resuelto la vida al niño que fui. Pero la vida no me da esa chance. Es una película de ciencia ficción donde puedo resolver la vida.
Debí haber confiado en Dios. Debí haber escuchado más cuando me decían: "Basta el día con su afán". Dios tiene pensamientos de bien y no de mal para futuro. Pero como todos me llena de ansiedad y pensé que no tenía lo que hacía falta para salir adelante, para pelear la vida, podía haber jurado que iba a quedar en la lona. Hoy podría ver a este niño que fui y decirle: "Todo va a salir campeón, todo va a ser bien, mamá va a sanar el cáncer, tu papá va a dejar el alcohol". Daría lo que sea por darle esperanza a ese flaco orejón, coco. Pero no puedo.
Entonces, ¿cómo reconstruyo ahora? ¿Cómo reconstruye tu la vida? Dios no lo deja librado al azar. Y Lucas 1:17 dice: "Y haré volver el corazón de los padres a los hijos y de los rebeldes a la prudencia de los justos". Entonces, quiero que vean lo que humildemente creo. Dios me dijo que te diga respecto a la terapia. Yo tengo hijos, como algunos aquí. Cualquiera de mis hijos lleva mi sangre y se para en mis huesos. Este hijo es mi boleto para la próxima generación, es mi chance, mi segunda chance y oportunidad de lograr algunas cosas. Cuando digo de hablar algunas cosas, no es proyectarme vicariamente en él. O sea, como yo no pude ser abogado, lo voy a hacer que él sea abogado, porque los hijos son cartas en blanco para escribir, no son cartas en blanco para escribir que uno lo hace imagen y semejanza. Los hijos son libros para decodificar. A veces uno quiere escribir lo de Silva Salas y vas a estudiar todas esas relato porque yo no pude estudiar y vas a terminar la carrera. Y a veces le damos una carga que el hijo no quiere saber nada. El hijo del padre es actor y el hijo no quiere ser actor. Entonces, no son cartas para escribir, si no son libros para para decodificar.
Pero cuando yo digo que los hijos son una segunda chance, en la oportunidad de lograr lo que no pude tener cuando yo era chico, sanar a mi hijo, a mi hija, me termina sanando a mí. Amarlo e sanarme yo. Puedo ver a mi hijo simplemente como una extensión, como un producto de simplemente una copulación. Damas, dijo, hay gente que tiene hijos y que tengan hijos no los hace hombres, porque un par de testículos también los tienen los animales y no por eso son hombres. Tener hijos es saber que uno puede proyectar en ellos, transmitir, impartir principios, cosas que les van a dejar grabada para siempre. Es darle lo necesario para que alcance su estrella y pararlo sobre los hombres. Y lo bueno, vas a empezar de acá, no de acá donde empecé yo. No es que vamos a decirle a los hijos: "Vas a pasar la misma pobreza que yo para que aprendan". En lo posible, tratamos de evitarle que pase o que tenga que transitar las millas que nosotros recorrimos. Un buen hijo recorre una milla menos que el padre, una vuelta menos para dar en las olimpíadas de la vida. Eso es lo maravilloso. Que cuando yo lo sano, él me estoy sanando. Es lo que hago todo lo necesario para que se sienta bien. Él es arcilla moldeable en las manos de un alfarero que es su papá o su mamá.
En la Biblia, la paternidad divina se ve cuando Dios habla de su hijo. Lo dice: "Este es mi hijo en el cual tengo complacencia". Cuando recibe el bautismo del Espíritu Santo. No hay cosa más linda para un hijo que el padre de gasto y orgulloso. Así tu padre no tenga estudios académicos, no hay ninguna frase que supere a lo que te diga tu papá. Es la aprobación paternal que hace que el chico flaco corra más que el resto de la clase. En la aprobación materna viene de su hijo, que hace que uno soporte los ruidos extraños de la noche o se aguante los mosquitos en un campamento de verano. Bien hecho. Cuando uno actúa, uno busca entre la multitud el rostro conocido de que nosotros amamos. Y si ese rostro falta, uno se siente mal. Mi papá nunca fue a ver. Él siempre estaba ocupado. Y yo de tanto en tanto actuaba de soldado, hacía junto a los procesos y decía: "Empanada calentita, las empanadas haciendo el pib". Y su mirada siempre a ver si mi papá y mi mamá venían para que me dijeran: "Negro candombero, nadie te supera". Nunca estuvieron. Pero eso necesitaba, necesité esa aprobación. Yo creo que la estima hasta del Señor. Esto está, no lo necesitaba entre mal, ante. Pero digo, usted no se, usted no se afianzó cuando el país de este es mi hijo amado. Creo que eso es lo que uno necesita como hijo. Y uno llega a ser padre, dice: "Nunca me dijeron nada". No te voy a decir que digas amén, pero muchos no nos dijeron nada. Nos robaron nuestros héroes. A muchos nos robaron nuestros padres, o el alcohol, o que se murió, o que se divorciaron. Pero la necesidad de los hijos no cambian. Es doloroso admirar a quien no está. Muchos de ustedes crecieron haciendo deporte con las gradas vacías, sabiendo que no te iban a ver. Otros colorearon sus obras de arte con crayolas, sabiendo que no iba a poder pegarlo en la nevera y regalárselo a nadie porque no le iban a dar importancia. Y uno insiste por un tiempo, hasta que un día te cansas de avanzar solo la melodía de la niñez. Y entonces tira las caras o las han costado, pinchas la pelota. Y algunos compran un arma o se llenan de de aparatos tecnológicos, de estables, de cosas que los conectan con gente que está fuera del hogar. Pero el vacío lo vamos a llenar de alguna forma. Buscamos llenar ese vacío, porque la imagen de un padre para un niño es el testimonio viviente de lo que puede traer el tiempo, sí o sí. La imagen de un padre es el testimonio de a dónde nosotros vamos. De una mamá, el papá es la primera definición de masculinidad que uno tiene. Mamá es la primera definición de feminidad. Y la ausencia de ambos o de uno hace que busquemos llenar el vacío de alguna forma. Y si la iglesia no lo llena, lo genera la pornografía. Y la pornografía no lo hace, lo llenará las drogas y los carteles o lo que sea. Ustedes irán, ¿tan así? Porque uno tiene la necesidad de buscar aprobación. Hay muchas estrellas de Hollywood que necesitan creer que un Oscar sobre la chimenea les va a cambiar la vida. Y un día colocan el Oscar sobre la chimenea, llegan a lo más alto que puede llegar cualquier ciudadano, que es la meca de Hollywood. Y no sé qué hay en la cima que los asusta tanto, pero terminan quitándose la vida en una bañera de lujo. Y nos preguntamos, ¿no será que estos niños siguen necesitando lo mismo que nosotros? Nada más que la vida adulta en los juguetes caros hacen que puedan reemplazar esa ausencia, ese dolor.
A mi humilde criterio, yo creo que la ausencia de un padre, la orfandad, se soporta más cuando el papá está bajo tierra. El peor sentimiento de orfandad cuando tu papá duerme en el otro cuarto y te sientes solo, cuando no sientes hogar, cuando te sientes un corazón sin techo. Eso es lo más duro.
Jesús, deben recordar la historia que llega presuntamente tarde a ver a un amigo que está muy enfermo, llamado Lázaro. Cuatro días tarde, según sus hermanas Marta y María, y le dicen: "Si hubieses estado aquí, nuestro hermano no habría muerto". Y Jesús lloró. Es uno de los pocos episodios, dicen que Jesús lloró. "Estos", te dijeron los judíos, "miren cómo llamaba al amigo". Aún así, no obstante, Jesús hizo quitar la piedra y entonces le dijo: "Lázaro, ven fuera". Y resucitó al amigo.
Entonces, idea de un héroe. Mi humilde idea de un héroe es alguien tan tierno, lo suficientemente tierno como para llorar en el funeral de un amigo, pero lo suficientemente fuerte para resucitar lo que está muerto. Fue tierno para respetar la debilidad y el dolor de las hermanas de Lázaro, Marta y María, sus amigas en común. Pero después asumió la responsabilidad y dijo: "Bueno, a resucitar lo que está muerto, no a quedarnos a llorar". No sepultó el trauma. Y dice: "Jesús lloró". Y a partir de ahí, se murió triste. No dijo: "Bueno, ya lloré, ahora voy a resucitar a mi amigo". Esto en todos los órdenes de la vida es igual. No se puede llorar todo el tiempo.
Yo tenía una tía que vivía llorando. Hermosa la tía, porque parecía una actriz. Pero llegaba y si lo único bueno que traía pasteles o torta para comer. Pero siempre pensaba: "Además de hacer pasteles, que alguien encierra a esta mujer, porque dejaba mala onda en la casa". Y nos a veces me encontraron arenillas en los pulmones y me encontraron tierra en el corazón. Y tengo también pie de pasta en la vesícula. "Trabajan, atletismo, cásate con un albañil y que construya". ¿Qué quiere que haga? Y hablaba de enfermedad. Y no sabe la más vil que mal que está, que mejorada. Y rossi, esa mujer que tiene cáncer, tiene cáncer y disfrutaba. Era una morosidad hablar de enfermedad. El secreto y hacerse los análisis, porque no decía: "Análisis de análisis más el análisis y te encontraron algo". Estado es un trofeo que tenía que traer la peor decepción para la tía. Y desastre los análisis, estaba todo bien. "¿Qué te dijo? Estaba todo bien". Pero no le creí. Me dijo que era benigno el tumor, es maligno. Yo sé que es maligno. Disfrutaba. Y hay gente que disfruta la autoconmiseración, entrenarse, tenerse lástima.
Yo creo que hay un tiempo para esperar, porque en los 20, las 28 temporadas de Salomón dice: "Tiempo de reír, tiempo de llorar, tiempo de plantar, tiempo de cosechar". El tiempo llorando. Jesús oró por su amigo, lo cual muestra de que él, de que él tenía su costado anímico que le dolía. Pero después ordenó que levantara su amigo, que corran en jugo las lágrimas y asumió la responsabilidad. Y conozco quedar mejorando. Entonces, si uno quiere resucitar una relación, pero tiene que primero dejar de llorar. Y tiene que hacer que esta relación se restaure. Si tiene que meterte en el sepulcro de las drogas para rescatar a tu hijo, tienes una sola chance para hacer eso. Si tiene en un momento que levantar a la cuneta, en la cuneta de la calle, a tu padre ebrio, tienes una segunda chance de hacerlo. Entonces, sí.
Pero mi padre no, no, no, no estuvo como el mío. No, no, no, no estuvo allí. Estuvo abandónico. Y si es doloroso acercarte a la mirada fría, a veces impersonal de una mirada indiferente de un padre que a lo mejor nunca sentiste que nunca te quiso. Pero es una sensación de sanarse uno mismo. Uno da porque le gusta dar, ni siquiera porque el otro se lo merece. Lo hago porque me gusta amar. Entonces, no importa qué pasó en la vida que te separó del ser querido. Cuando uno termina de llorar, sería que comenzar a levantar. Como hablamos las semanas pasadas, no tiene que abandonar la cama del hospital para alguien que está más grave. No puede quedarse en la cama. Se necesitan camas. Hay gente que pasa peores cosas que las que estás pasando. Uno tiene que este bueno, voy a resucitar la tragedia de María era pensar que era demasiado tarde, porque a veces la situación apesta. De hecho, que le dijeron: "Jesús, mi hermano y él, hace cuatro días que está envuelto ahí y él está pútrido". Y si cuando está resucitando algo no va a tener buen olor. Uno a veces tiene que amar por encima de la peste.
Me escuchen esto. Si tienes aliento y diversos, quiero que tengas que aprendas esto por tu salud mental, emocional y espiritual. Nos vamos a decepcionar. La gente decepciona porque porque nuestro decepcionado no se puede vivir diciendo: "Yo amo el que no me decepciona". Que puede tener un amigo que diga: "A mí nunca me decepcionó". Te va a tocar que la estrella de la mañana quieres hablar y el amigo dice: "No puedo hablar, estoy con mi mujer". Te va a tocar que necesitas que tu amiga viaje, dice: "No puedo ahora, no tengo dinero". Que si yo te de eso a decepciones más profundas. No hay gente que busca iglesia donde busca un pastor que no me decepcione. Yo te digo, está fregado conmigo, porque yo te voy a decepcionar. Hay cosas que no te van a gustar.
En vez de buscar amigos, pastores, iglesias que no nos decepcionen, tenemos que convertirnos en personas que nos decepcionamos. Tú dices: "Voy a la iglesia esa y nadie me saludó". Hay gente que no viene. Podéis universia muy grande y nadie te saluda. Y bueno, ahora párate como como el Papa Francisco y saluda. Capaz que cambian la atmósfera. Uno tiene que decir: "Voy a aportar en vez de quejarse que no nos conozcan por todo aquello a lo que nos oponemos, sino por lo que proponemos". Porque el pecado de omisión, de omitir, es peor que el de comisión, el de cometer. Cuando uno admite dar, cuando uno omite amar, no me van a herir. Y si amar duele, si uno quiere resucitar una relación muerta, va a doler. Vale la pena de resurrección. No podemos permitir que las heridas superen nuestra decepción, porque vamos a morir solos, amargados, intransigentes, inflexibles.
Uno tiene que decir: "Bueno, ¿quién tiene padres perfectos?". Si alguien tiene un papá perfecto, venite ahora por el Alzheimer, porque no te acordás. ¿Quién dice mi papá un prócer? ¿Mi mamá? ¿Qué papel perfecto? ¿Quién tuvo? No fueron perfectos, porque tú no eres perfecto como padre. ¿Quién tiene hijos perfectos? Hay un momento que tenemos cinco dedos en cada mano. No es perfección, este normal. Después los hijos van creciendo, uno los cría como puede y no hay hijos perfectos.
Cuando mi madre partió a la eternidad, [Música] yo aprendí que los muertos no hablan, no pueden escuchar. Recuerdo que tenía un millón de interrogantes sin resolver en mi corazón. Y seré, a pesar de que ya tenía muchos años de vida, lloré por las preguntas que quería hacerle. Lloré por los bisnietos que ella nunca iba a poder ver. Lloré por mi padre, que estaría que no se volviera a casar, no por una decisión de mi padre, porque sino nadie aguanta a mi padre como mi mamá. Y a pesar de los defectos de mi madre, yo lloré por sus intentos de proveer, de amarme, de protegerme, porque fue la primera persona que me escuchó. Y yo recuerdo que ella me aplicaba la ley, la ley fría. Ella era mi freezer. Y cuando yo no pude terminar en la escuela secundaria, mamá dijo: "Sabes lo que me duele, me duele esto, desgraciado, el desgraciado que me había caído de la gracia de ella. Me duele que nunca hasta colgar un diploma en la pared y vas a dejar romperte los dedos como tu padre para trabajar tres días sin hablarme". Porque la vieja era sincera, putin, frío, optimización, no te habla más. Entonces, tres días sin hablarme la vieja. Esto dice: "Algún día voy a colgar un diploma".
Pero claro, no había cursos de internet, no se había inventado el internet. Y la vida, la providencia divina hizo que me dieran llaves de la ciudad, reconocimiento, doctorado, gente siempre inconsciente que anda dando estas cosas. Entonces, cuando bailas empieza a colgar en la pared y me dice: "Toda una oficina dedicada, voy a pegar la vieja". Y le había mostrado los cartelitos. La vengo para que aprenda al cine. Triste, pero grande. Querías eso. Sí, porque tengo una forma. Yo quería decirle: "Miralo, Dios, la vida me permitió tener lo que no me pudo dar académicamente, una escuela o un colegio". No, pero me di cuenta que cuando quise hacer eso, mi mamá ya empezó a ver que se me empecé a ver que su senilidad avanzaba, que de variaba, que preguntaba, preguntaba cosas venidas de la nada, que el Alzheimer empezó a cobrarse su víctima y sus cerebros ya no era el mismo. Y una mujer que leyó tanto y hacía crucigramas y parecía tener respuestas de todo, ya no escuchaba, ya no podía hablar. Así que un día recuerdo que supe que se fue. Aunque estaba en la otra punta del mundo, que estaba en Argentina, era una hora silenciosa y quieta de la madrugada, de marea baja. Ellos supe que ella se estaba yendo porque sentí como que se acercó a la cama y me dijo: "De antes", como cuando me llamaba para ir al colegio, pero esta vez era para despedirse. Así que le dije que entre nosotros no había cuentas pendientes, que le agradecía que ella fue la primera que me escuchó, que de alguna forma le agradecía que eso me paró ante un gentío en mi vida adulta. Y una vez que no teníamos cuentas pendientes entre los dos, la vejez y desde ese buen viaje. Y ya a la media mañana, cuando alguien por las redes sociales me daba el pésame, yo estuve antes 23 horas antes que ella se había ido, había partido a la eternidad. Mi mamá perdió todo lo que pudo y cuando la pelea era desigual, entera se fue, decidió no pelear más. Ahí es cuando entendí que ya no puedo hablar más con mamá hasta que me la encuentre en la eternidad.
El gran ausente es mi padre, o lo fue. Quien sigue vivo. Por eso digo que el peor sentimiento de orfandad no es cuando dice: "Yo lo vi partir porque ya estaba mal o bien, se fue como la brisa que tocó tu cara esta mañana, se fue". El tema es cuando está vivo. Yo siempre fui envidioso, y no voy a decir santamente envidiosa, envidioso de estos equipos de padre e hijo, de esos padres que se revuelcan en la alfombra con sus hijos, le hacen cosquillas en la panza, porque no lo tenía. Uy, ciudad o cualquier cosa, porque mi padre jugara conmigo. Y cuando yo veo un padre mal o bien sexagenario, septuagenario, que tiene sus orejas grandota, porque vieron que cuando lo vamos creciendo las orejas no crecen como los cojones. [Música] Una escucha menos, pero la oreja se va agrandando. Y otra parte que no te voy a contar, porque también se van agrandando. No sé para qué. Y él me miran, ganan decirle: "Me importa, él es bendecido que lo tienes, porque el verdadero docente no es el que murió, sino que no importa cuán deteriorada pueda estar la relación con tu padre o con tu hijo". Yo creo que si uno encuentra la manera de resucitar eso, uno también deja de llorar. Unos están a sí mismo. Yo, por lo menos, tengo recuerdos con mi padre. Pero hay algunos que jugaron toda la vida en los campos de fútbol de la vida y nunca vieron entre las gradas el rostro que le gustaría. Yo he estado ante un gentío en un estadio. Te confieso, yo una vez le dije a mi papá: "Papá, esto va a sonar muy argentino, muy petulante, pero te lo voy a contar como pasó, porque era la manera que mi papá entendiera, aunque ustedes lo tomen como falta de humildad". Le dije: "Papá, voy a hacer un evento, un show en River Plate, en el Monumental, el estadio más grande de Buenos Aires, el eje y como media hora de acá". Estoy ciego. Voy a ir ahí, que está parado. Papá, River, los realistas y otros tienen peor todavía. En mi libro, y yo voy a estar ahí, la gente va a llenar el estadio para escucharme hablar y no van a sacar fotos. Si primera foto me se dijo: "Peters, uno puede escuchar el rugido de la multitud, pero uno extraña un rostro".
Ahora, usted dice: "Bueno, yo también, a mí me pasó". Un día dice David, el rey David, a Jonatán: "Mañana es luna nueva y serás echado de menos porque tu asiento estará vacío". Primera de Samuel 20:18. Esto yo pienso que si no puedes llenar el asiento vacío de la vida, tiene que hacerlo, aunque tengas que desintoxicar a tu papá para que te escuche un rato. Daría lo que sea por cinco minutos con la vieja, pero no con Alzheimer, porque los últimos años me decía: "Fui a la escuela, mamá, abrígate, fue a la escuela". Se ve que cuando yo no le colgué el diploma, dijo: "Este lo meto en la escuela y lo dejó encerrado ahí". Los días cinco minutos para contarles que la vida me trató bien, que Dios es fiel, que sus libros ayudaron, que tenía razón, que será autoridad, aquel que la neurogénesis nunca se detiene, que uno siempre puede aprender, pero no termina de aprender cuando cuelga un diploma en la pared. Que uno puede, uno va por la vida como un aprendiz. Uno puede sumar inteligencia, sumar intelecto. Yo quisiera decirles tantas cosas. Supongo que esas pláticas las tendré que tener en el cielo, pero no daría cualquier cosa por por charlar eso aquí. Pero a veces siento que no puedo y mi papá tampoco, porque está internado. Y porque cuando voy, él quiere hablarme de que el otro hermano que no me visita. Y tu hermano no me visita. Hace poco fui, tu hermano no me visita. Y los nietos, papá, papá, estoy acá. Yo sí, estoy. Pero tu hermano es un desgraciado. No sé quién lo habrá parido. Y usted lo parieron. Y digo, para qué estoy acá. Toda madre. Y tu cuñada, lo que papá. Pues yo sabía que es lo sanaba, me estaba esperando yo. Entonces, si tu padre está vivo, encuéntralo. Y si tu padre ha muerto, su padre para tus hijos. Siempre se puede enmendar. De madre para tus hijos, dale lo que te hizo falta. Y dale en lo que te hizo falta. A veces uno se va mirando al espejo y se va convirtiendo en ese hombre que no quiere ser, o esa mujer que no quiere ser. Hay mujeres que hoy cada vez me parezco más tan mismo antes y sufren, pero no solo porque heredaste las sentaderas, sino porque te vas pareciendo en el carácter. Y a veces no me encuentro repitiendo frases de mi papá que me hiela la sangre. Y entonces, en vez de me parezco a mi papá, al que decidió retenerlo bueno, la cultura de trabajo, los valores, pero los logros los voy a cambiar. Ustedes lo mejor. Hay gente, visita, no tengo mi papá.
Bueno, no tengo mi mamá, pero tienes hijo. Si no tienes padre, puedes ser padre, convertirte en todo lo que deseas tener, darle a tus hijos lo que perdiste, liberarte de soñar por los divorcios, por los abusos, y abrir los brazos a tus hijos. Y cuando hablo de tu hijo, es tu hijo. Este mensaje yo le llamé "Aún eres mi hijo", porque el hijo, pues, puede estar muriéndose, decidir haber cambiado de sexo, ser presidente de la república, sigue siendo tu hijo, es tu hijo y lo va a ser. A veces la avería de pesas, pero ahora que estás ahora sexual, ahora que cambió de sexualidad, no es primero que cambie tu hijo, si no abraza, no se sana, no cambia el dolor lo que puede traer, que es mucho más que su elección sexual o lo que ha hecho con la vida o el test padre que ha hecho, porque puede ser que tu hijo sea despadro, o por esto no lo heredó de los indígenas. Eso no vino cuando el hijo pródigo se levantó de comer entre los cerdos y se voy a volver a mi papá. A mí me sorprende que en la historia de Jesús, su papá nunca elige, "te lo advertí". El viejo estaba allí, artrítico, entrecerrando los ojos, mirando que hacia abajo. No había un solo día que el viejo no veía a ver si un día el hijo que dilapidó la fortuna va a volver. Y la historia dice que cuando el hijo viene maloliente, mugriento, de estar apestando cerdos, un hato de cerdos, a él no le hizo falta muleta ni andador, saltó la reja y se fue corriendo a abrazar al hijo. Dijo: "Tonto, eres mi hijo", y lo abrazó. No necesitó nada. Hay tiempo que es momento, temporada de abrir los brazos, hombre. Hay momento que hay que abrir las ganas, mujer. Hay que dar la bienvenida a pesar de la falla, de los errores, que el amor sea más fuerte que las heridas que te separaron. Eso es lo que he hecho grande esta congregación. El amor sea más fuerte. Si te digo, cuando este aconsejo a alguien y me dice: "No sabe lo que acabo de hacer", yo lo digo, "Pero esta vez que Dios te ama". "No, no, pero te voy a contar lo que hice". "Porque, pero no te ahora me contás". "Pero estás comprendiendo lo que te digo, Dios te ama". Y de pronto su mirada cambia, porque a veces pensamos que estamos más cerca de Dios y vamos más a la iglesia, si vamos a la comunión, si vamos a la misa, y Dios te sigue amando de su hijo siempre. Porque lo sé, porque soy padre, quiero lo mejor para mis hijos, pero si alguno de ellos fallara en la vida, en su moral, en sus principios, no sería el primero en estar a su lado. Soy así, hasta con mis amigos. A veces me dicen: "¿Cómo te sacás foto con ese político? ¿Correcto? Porque mi amigo. ¿Qué tengo la culpa que se hizo político y corrupto en México?". Y los amigos están en las buenas, en las malas. Y yo hoy, y aunque me consta que que ahorcó la suegra, con felicitarlos, yo voy ahí.
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Porque mi amigo, y puede divorciarse, le puede ir mal. Yo no busco amigos perfectos, porque yo no puedo pedir lo que no ofrezco. Sin que desde mi amigo me tiene que querer como soy, con mis argentinismos, con mis errores, con mi intensidad, con mi síndrome. Tiene que amar como yo soy. Me molesta cuando bien se cambia para que te hace tipo que cambiar. Si no son la Madre Teresa, vos tampoco. Nadie orina agua bendita acá. Entonces, si no le damos agua bendita, una nota de este disc, perfecciona el otro. Cuando ve al hijo que ven embarrado y lo ve que viene volando y lo abraza, y quiero que vuelva a casa, no le pregunta nada. Siempre me dije: "¿Por qué? ¿Por qué no?". No le dijo: "Te lo advertí". "¿Por qué no le dijo? Yo te vi". "¿Por qué un techo te lo dije?". Se merecía que hubiese dicho una madre. El hijo viene de ese: "Mami, dame todo lo que me corresponde y me quiero vivir solo. No quiero que me atiendan y me controlen. Vivir solo". Las canciones son lo más andadas. "Vamos a volver. No te necesito". Y un huevo sabes hacerte. Y se baja y la madre lo aspira, porque lo ama. Sabe que el hijo la va a necesitar al otro. Y me se vuelve más. Te quedas callada. Al azar las utilizas. Calcuta se queda callada. No mira. "Ahora que te ganaste, quiero que hablemos. Te lo dije". Es como un placer que les sale de acá, hasta que no lo vomité, ella no va a estar bien. No estoy dejando exento a los a los varones, pero digo, las mujeres son porque tuve más son así. "Te lo dije", porque aparte es un profeta. "Te vas a caer, te vas a quedar, te vas a caer, te vas a romper la cabeza". Y como me voy a reír. Y claro, Walter Mercado reencarnar. En la parábola del hijo pródigo, el padre no se regala. Él te lo advertí, bailo abraza. Que sabía el padre del hijo para decirle: "Te lo dije". Que sabía que lo que esta vida, que yo no sé en la historia, yo no sé. Bueno, me costó dilucidar lo, pero quiero saberlo. Creo que a pesar del cabezo mugriento y del olor putrefacto, el muchacho se le colgó del cuello, porque sabía que cuando tocaba a su hijo, se estaba tocando a sí mismo. Este viejo no tendría seguramente un padre vivo, y estoy seguro que le quería dar al hijo lo que él no tuvo. Y estoy seguro que le habrá recordado los propios errores que él cometió cuando joven, y su padre, capaz que no le perdonó y nunca lo recibió. Y en lugar de que ese patrón genético viajara en la familia, y él le hiciera a su hijo lo que le hicieron a él, un día decidió revertir la maldición y lo abrazó. Y el hijo de este papá, abuelo, mal ahora de mi hijo, no sabe lo que me mande. "Aún eres mi hijo". Fiesta un cordero, preparen algo, un asado argentino y vino de Mendoza, Argentina, porque en la Biblia cada vez que habla de vino, habla de vino argentino. Sepan los de los regalos de parte del corazón y preparen, porque mi hijo ha vuelto, se había perdido, pero sigue siendo. No es tan fácil. Así que mi querido, yo quizás no sé si tienes papá vivo o no, o si eres padre de algo. Estoy seguro, eres hijo. Lo que puede no tener es un hogar, puede que se hace un corazón sin techo que navega a los 40, a los 50, a los 60.
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Quiero decirte, bienvenido a casa. Aún eres mi hijo. Aún eres hijo de Dios. Aún puedes sentarte a la mesa. No saben cómo me cambió a mí la la vida cuando empecé a ver a Dios así. Porque la religión me ponía un montón de condiciones. Bueno, si vas a hacerte cristiano, tienes que dejar esto, adoptar esto, cambiar esto, cambiar lo otro. Y un día alguien me dijo: "No, no, no, a ver si nos entendemos. Dios te ama porque les dijo: Dios te ama. Lo que sea, después por amor vas a cambiar, por amor vas a enmendar, por amor vas a querer honrar el amor que te dan. Pero la felicidad no surge como resultado de una condición eclesiástica o de una denominación. El amor y la fidelidad surge a partir del amor. Con uno se siente amado. Y a lo mejor hace tiempo que extrañas el abrazo del padre, del viejo, que el abrazo del que te dice: "Bien, campeón, bien hecho, muchacho, bien hecho, pequeña". Y si tuviste la fortuna que fue un buen papá, lo recuerdas y te hace falta. Yo se nos hace falta. Pero uno puede enmendar. Uno puede llorar en la puerta de la tumba de lo que nos pasó, de lo que pudo haber sido, de la vida que podemos haber tenido. Ya está, ya está. Lo que pasó, pasó. Viviste como digo siempre, cómo pudiste. Cada uno hizo lo que pudo. ¿Quién es buen padre? Haga. ¿Quién dice? Yo soy excelente padre. Nadie. Cuando aprendemos a ser padres, somos abuelos en aprender a vivir. Se nos va la vida. Desde a Joan Manuel Serrat, y yo lo creo. Uno hace camino, caminante, al andar. Las cosas que uno tiene que enmendar como padre, qué importa. En esta historia de espacio, eres hijo. Trata de inventar, porque tus padres, y los tienes, se irán como la brisa de la mañana. Si tienes hijos, Dios te da una chance de ese con este amigo. Por lo menos yo intento torpemente ser el padre que no tuve. Tanto que mis hijos se encuentran en mí alguien en quien pueda confiar. Y tal vez algún día ellos hablan de que no lo fui, pero nunca dirán que no lo intenté. Nunca dirán que no pude. No puse cada átomo de mi ser, cada fuero más íntimo de mi, en tratar de enmendar. Yo no voy a llorar por la vida, por las cosas que me faltaron, por las tablas que no tuve, por en internet que jamás soñé tener. Yo voy a celebrar que estoy vivo y a tratar de enmendar, de inspirar, de ayudar, de amar. No permitir que mis heridas interfieran en el camino del amor. Mi querido, la vida puede que te haya tratado mal. Yo lo sé. Yo desconfío del que no cojea, porque si has vivido lo suficiente, tienes cicatrices. Y esas cicatrices de alguna forma hacen al hombre o a la mujer que eres. Lo cierto es que un día llegas y decir, tienes que decidir si vivir mirando hacia el pasado, conducir un automóvil mirando por el espejo retrovisor, seguramente vas a estrellarte. Es decir, de tanto en tanto voy a mirar y enmendar. Tus padres no te hablaron, habla con los tuyos. No te amaron, da amor. No te dieron, rompes egoísmo, dando, porque eso es lo que tú eres. Y si la vida te da esa chance de cambiar, vaya, eres afortunado. Eres rico, porque rico no es el que más tiene, sino el que menos necesita. Y si tú puedes andar por la vida dando, bendiciendo, enmendando, aunque tengas que hacerlo como con mi viejo. "Viejo, escúchame, estoy acá". "Dijo, estoy acá". Es que la vida tiene una chance. Un aplauso maravilloso al exterior de señores. Y yo solo.
[Música]
[Aplausos]
[Música]
[Aplausos]
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