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Señor, tengo dudas. He rezado cada noche durante toda mi vida y las cosas solamente peor. No tengo una confesión, solo preguntas. Estoy empezando a dudar, ¿estoy perdiendo la fe? ¿O será que tal vez nunca la tuve? ¿Dónde está Dios? Y si el vacío es todo lo que hay. ¿Y si lo que me enseñaron fue solo una forma bonita de explicar la incertidumbre? ¿Cómo lo sabré?
La religión es un conjunto de sistemas socioculturales que pueden incluir conductas, prácticas designadas, moral, creencias, visiones del mundo, textos, lugares sagrados, profecías y organizaciones que generalmente relacionan a la humanidad con elementos sobrenaturales, trascendentales y espirituales. Como se podrán imaginar, no existe una definición única para las religiones y dentro de una misma religión existen miles de interpretaciones sobre las creencias, prácticas, filosofía que la conforman. El concepto de religión, en su sentido más amplio que abarca sistemas de creencias, rituales, normas morales y prácticas espirituales, está presente en prácticamente todas las culturas humanas conocidas. Aunque las creencias religiosas y la espiritualidad son fenómenos parcialmente independientes, como lo resaltan las personas que dicen ser espirituales pero no religiosas, en adelante buscaremos englobar ambos fenómenos sin diferenciar mucho entre ellos.
Pareciera que sin importar la cultura o la geografía, el ser humano tiene una tendencia a creer en fuerzas mayores, entes místicos, ya sea a través de dioses, espíritus, ancestros o principios trascendentales, creando un mundo espiritual algo más allá de la simple mortalidad humana. Pero si está en todas partes y en todas las culturas, ¿de dónde viene esa tendencia a creer que existe un mundo más allá del mundo físico? ¿Por qué los humanos antiguos crearon las religiones? ¿De dónde viene la espiritualidad? La universalidad de estas creencias místicas sugiere que no son un fenómeno puramente cultural, sino que responde a tendencias cognitivas, emocionales y sociales de la naturaleza humana. Y existen varias teorías científicas que buscan dar explicación a este fenómeno.
Desde un punto de vista neurológico, se han identificado distintas estructuras que están asociadas a experiencias espirituales. Por ejemplo, se midió la actividad cerebral de monjas carmelitas mientras se encontraban subjetivamente en un estado de unión con Dios. Este estado se asoció con importantes puntos de activación en la corteza órbito frontal medial derecha. Los lóbulos parietales inferior y superior derechos, el núcleo caudado derecho, la corteza prefrontal media izquierda, la corteza singulada anterior izquierda, el óvulo paretal inferior izquierdo, la ínsula izquierda, el núcleo caudado izquierdo y el tronco encefálico izquierdo. Se observaron también otros puntos de activación en la corteza visual extraestriada. Estos resultados sugieren que las experiencias místicas están mediadas por diversas regiones y sistemas cerebrales. Curiosamente, las monjas franciscanas activan áreas del cerebro ligeramente distintas, aunque la diferencia podría deberse al tipo de meditación o rezo evaluado durante el experimento. En un análisis similar se analizó la actividad neuronal de monjes budistas en estado meditativo, quienes presentaron cambios en distintas áreas cerebrales. Algunas de estas áreas están relacionadas con la integración sensorial y nos dan una percepción de nuestro cuerpo en el espacio. Podríamos decir la percepción del yo. Se ha observado que durante la meditación o experiencias místicas disminuye la actividad cerebral en estas zonas, lo cual se asocia con la pérdida del sentido del yo y la sensación de fusión con el universo o una divinidad, una sensación de unión con el todo. La palabra utilizada para estudiar este fenómeno es trascender y se le puede llamar también la autotrascendencia. Estas respuestas neurológicas sugieren que las experiencias espirituales tienen un componente fisiológico y no son meramente una construcción cultural.
Esto ha llevado algunos diseños experimentales interesantes. Por ejemplo, en este estudio se evaluó el cambio en las experiencias de trascendencia de 88 pacientes antes y después de la extracción de tumores cerebrales. Estos tumores se encontraban en distintas áreas del cerebro y los investigadores con la información previa sobre las áreas del cerebro relacionadas con la trascendencia postularon que el daño quirúrgico selectivo a los lóbulos frontales disminuiría la autotrascendencia, mientras que el daño temporopariental la aumentaría. Sus resultados indicaron que la eliminación de posteriores del cerebro indujo un aumento específico, significativo y confiable de la autotrascendencia. Y este efecto se intensifica si la persona se identificaba como muy religiosa desde un inicio. Además, se demostró que el efecto ocurría al operar en esa área específica y no como resultado de intervenciones en otras áreas. Las personas a las que le hicieron esta operación en particular se sentían mucho más unidas con el todo.
Pero, ¿por qué nuestro cerebro desarrollaría la capacidad de crear experiencias espirituales? ¿Para qué o qué? ¿Cómo nos ayudaría eso a sobrevivir? La capacidad del cerebro humano para generar experiencias espirituales, ya sea usando rituales, sustancias, privación sensorial o espontáneamente, probablemente no es un rasgo adaptativo, sino una consecuencia que emergió de múltiples adaptaciones evolutivas que al combinarse abren la posibilidad de este tipo de experiencias. Bajo este razonamiento, las experiencias espirituales surgen subproductos de otras funciones cognitivas complejas que aparecieron dentro de nuestro desarrollo evolutivo, biológico y social. Por ejemplo, el procesamiento simbólico y de lenguaje, la autoconciencia, la teoría de la mente, la capacidad de crear escenarios imaginarios en nuestra cabeza y de relatarlos a otros. Estas capacidades se desarrollaron en el córtex prefrontal, el sistema límbico, el lóvulo paretal y el lóvulo temporal. áreas que nos permiten la creación de narrativas internas complejas que pueden sentirse como trascendentales o espirituales. Es similar a decir que el humano no evolucionó para andar en bicicleta, pero sí desarrolló las extremidades, el balance y la fuerza para pedalear y mantenerse en una bicicleta. Esas habilidades no se crearon pensando en que algún día iban a existir las bicicletas, se crearon para sobrevivir, permitirnos caminar o correr. Solo pues que ahora que ya inventamos las bicicletas les podemos dar ese uso también. Nuestros cerebros no desarrollaron la capacidad de producir experiencias espirituales pensando en, ¿sabes qué? Hoy amanecí con ganas de malviajar ese animal. No, simplemente surgió como un subproducto del resto de nuestras funciones cognitivas que se desarrollaron para permitirnos sobrevivir en el entorno.
Ahora, si las experiencias espirituales tienen un componente fisiológico, podemos crearlas en el laboratorio. Como seguramente ustedes habrán escuchado, existen distintas drogas que pueden inducir estados alterados de conciencia relacionados a experiencias espirituales y a una mayor conexión con Dios. Entre esas sustancias se encuentran la silocibina, el LCD, la yahuasca, el peyote e incluso otras drogas como el éxtasis, la marihuana, la quetamina. Hasta sapo se pone a chupar la raza para conectarse con Dios. Todas estas sustancias parecen volver a la persona más sensible, aumentar la conciencia espiritual y generar la disolución del ego relacionada a la trascendencia. Aunque los efectos de cada una de estas sustancias son diferentes y la experiencia individual de las personas varía al consumirlas, estas experiencias espirituales que suceden al consumir drogas se han evaluado en laboratorio y muestran también cambios de actividad en zonas relacionadas con la percepción del yo.
Entre los estudios que buscan replicar la sensación de cercanía a Dios en el laboratorio, mi favorito es el del casco de Dios diseñado por el psicólogo Michael Persinger. El casco de Dios originalmente se llamaba casco Coren y su propósito era analizar la hipótesis de la hemisfericidad vectorial de las sensaciones del yo. Esa hipótesis plantea que los hemisferios izquierdo y derecho contribuyen de diferentes formas a nuestra sensación del yo, de nuestro sentido humano. De acuerdo a la hipótesis, el hemisferio izquierdo suele ser más dominante, está relacionado con el lenguaje, la lógica, ser racional y además está relacionado con nuestro diálogo interno. Por otro lado, el hemisferio derecho estaría relacionado con las emociones, la intuición y la experiencia del yo. En algunas corrientes filosóficas, esta distinción se le suele identificar como el sujeto de la experiencia y el observador, como si dentro de nosotros existiera un ente que es el que está viviendo y nos describe todo con nuestra voz interna y un ente que está escuchando. Podríamos relacionar esos dos entes a la función del hemisferio izquierdo, hablando de forma dominante, y del hemisferio derecho, pues experimentando las cosas de forma más emocional. El trabajo de ambos hemisferios es bien importante. Ambos crean nuestro sentido del yo y esa sensación de conciencia que vivimos. Trabajan juntos y se están comunicando constantemente. Sin embargo, cuando se perturba la comunicación entre ambos, cosas curiosas comienzan a pasar. Cuando se altera la comunicación entre los sentidos izquierdo y derecho del yo, el yo, habitualmente subordinado del hemisferio derecho, se entromete en la conciencia del yo dominante del hemisferio izquierdo, causando lo que Persinger denomina intrusiones interhemisféricas. Ese tipo de intrusiones se pueden sentir como la presencia de un ser ajeno dentro de nosotros. Ojo, todo esto es una hipótesis que se ha explorado en varios estudios. Pero sigue existiendo mucho debate sobre su validez y si realmente refleja la realidad de nuestra función cerebral.
El casco de Corán buscaba crear perturbaciones en la comunicación entre ambos hemisferios y analizar la experiencia de las personas. El casco se diseñó utilizando un casco de motocicleta al que se le colocaron unos solenoides que generaban distintos campos magnéticos aplicados cerca del área de los lóbulos temporales. Aunque el objetivo era probar la hipótesis de comunicación entre hemisferios, las personas que participaron en el experimento comenzaron a reportar experiencias religiosas, místicas y espirituales. Algunos de ellos presenciaron visiones de Dios, mientras que otros señalaron una presencia divina en la habitación. Dichas experiencias espirituales se presentaron en hasta 80% de los participantes, lo que le ganó el nombre el casco de Dios. Como se podrán imaginar cuando se presentaron estos resultados en los 90s, la gente se quería ir para atrás. Un casco que al parecer te conecta con Dios. Imagínate la cantidad de cascos que tendría tu tía en la sala. Esto generó mucha controversia e intentos de replicar el efecto. Incluso muchos escépticos probaron el casco. En el caso más famoso, Michael Percinger invitó a Richard Dawkins a su laboratorio para que probara el casco. Richard Dawkins, un el ateo más ateo de este mundo, el de hueso colorado, no experimentó absolutamente nada. Seguramente porque Diosito le aplicó la ley del hielo por ateo. ¿O sería acaso algo más?
Del experimento inicial del casco de Dios se desprendieron varios experimentos interesantes, principalmente porque no se podía replicar las sensaciones divinas que habían reportado los sujetos del experimento original, menos si se aumentaba la rigurosidad del estudio. Eventualmente se preguntaron, "¿Y si todo esto es efecto placebo?" Y eso nos lleva a este bonito estudio titulado Sumergirse en experiencias extraordinarias inducidas experimentalmente, efectos de la estimulación cerebral placebo en la detección de la agencia, donde probaron qué tan sencillo era manipular a las personas para experimentar una sensación extraordinaria utilizando un casco de Dios. A las personas se les convencía de que se quería probar la diferencia entre sus experiencias con el casco apagado versus el casco encendido. Solamente que había un tema y es que el casco jamás se conectaba a la corriente, siempre estaba apagado. Se les convencía de que ahora sí lo iban a encender y eso pues le generaba a las personas pues más experiencias extraordinarias, aunque el casco no estuviera conectado.
Encontró que la estimulación cerebral placebo, en particular la creencia de que un dispositivo como el casco de Dios estimula el cerebro es altamente eficaz para inducir experiencias extraordinarias. Esto se demostró claramente en el diseño intrasujetos del estudio principal, donde los participantes reportaron experiencias extraordinarias, significativamente más frecuentes y variadas con el casco puesto, cuando se les dijo que este casco los estaba estimulando en comparación que con el casco quitado. Existen otros puntos interesantes del estudio. Por ejemplo, se evalua la capacidad de absorción de una persona, que habla de la tendencia de una persona a sumergirse profundamente en experiencias internas o externas. Esta característica se relacionó con la frecuencia y la intensidad al momento de experimentar sensaciones extranormales. Por otro lado, en este estudio, las creencias paranormales de las personas no influyeron en su incidencia a tener esas experiencias, cosa que se ha reportado con mayor frecuencia en otros estudios. Generalmente entre más creencias paranormales tienen las personas, más susceptibles suelen ser a experiencias extranormales. Por ejemplo, en este experimento se utilizó un casco de Dios falso y se encontró que las personas con creencias en lo paranormal tendían a experimentar más experiencias extraordinarias que las personas escépticas. En este estudio en particular se enfocó en las creencias de lo paranormal, entre las que se encuentran percepciones extrasensoriales, experiencias anómalas de la mente y metafísicas como la presencia de fantasmas. En una encuesta se encontró que todas las personas entrevistadas habían vivido por lo menos una experiencia extranormal. Sin embargo, solamente el 38% consideraba la experiencia como un suceso paranormal. Lo que señala que el vivir experiencias extranormales y el atribuirlas a un origen paranormal son dos procesos separados. A todos nos pasan cosas raras, pero no todos pensamos que esas cosas raras son fantasmas o espíritus. Este fenómeno es algo bien interesante a observar.
Ya vimos que nuestro cerebro tiene la capacidad fisiológica de generar experiencias espirituales. Dichas experiencias pueden ser estimuladas con drogas, intervenciones quirúrgicas, epilepsia, incluso hasta dispositivos, hasta un casco. Cabe mencionar que a lo largo de la historia tampoco nos ha faltado creatividad a los seres humanos y ocurrencias en los métodos que nos ayudan a alcanzar estos estados alterados de conciencia, a conectarnos con el mundo espiritual. Por ejemplo, el uso de ayuno, danzas, meditación, oración, respiración, drogas, estrés. Ahora sí que miren, la raza se metió hasta el dedo con tal de ver a Dios. Nuestro cerebro nos puede crear muchas experiencias, pero ¿por qué adjudicaríamos dichas experiencias a entes paranormales, a espíritus, a lo divino? ¿De dónde viene la idea de lo místico? Aquí nuevamente existen diferentes teorías que tratan de explicarlo y ahorita les voy a contar mi favorita, pero para entender esta teoría, primero les tengo que mostrar un video y necesito que lo vean con toda su atención. Y si quieren participar como sujetos de estudio en este experimento, lo pueden pausar y describir en los comentarios lo que ustedes están observando, interpretando, lo que ustedes ven. Díganme qué fue lo que observaron.
Es posible que ustedes hayan visto un triángulo ser agresivo, dos figuras más pequeñas, casi como indefensas, correr y esconderse. Tal vez el triángulo grande es el padre o la madre, el esposo enojado, un novio que está agresivo, el círculo podría ser infiel, el triángulo pequeño podría ser un niño que vino a invitarlo a jugar, toda una historia, una telenovela completa. Y si lo interpretaron así, no estarían solos. De hecho, cuando se realizó por primera vez este experimento en 1944, de las 34 personas a las que se les mostró el video y se les pidió solamente que lo describieran, solamente una persona lo describió en términos geométricos, hablando de un triángulo grande entrando en un rectángulo, mientras que el resto de las personas interpretaban la escena como salida de una novela. Las figuras geométricas tienen personalidades, motivaciones, problemas y emociones. Incluso se les asigna género a estas figuras. Es casi como si fueran humanas. A este fenómeno se le llama antropomorfización, que es la acción de atribuir características, comportamientos o cualidades humanas a entidades no humanas como animales, objetos o incluso conceptos abstractos. Todos lo hacemos todo el tiempo de forma totalmente inconsciente. Seguro a la mayoría le ocurrió mientras veía la película. Es tan generalizado este fenómeno que su ausencia podría ser signo de autismo o incluso de daño neurológico. La capacidad de poder inferir los estados mentales de otras personas es una habilidad básica para lograr socializar de forma efectiva. Esto lo desarrollamos a una edad tan temprana como desde los 2 años.
Antropomorfizar el mundo que nos rodea es una de las características cognitivas más distintivas del ser humano. Desde tiempos antiguos atribuimos cualidades humanas como intenciones, emociones o voluntad a objetos, animales, montañas, rocas, incluso fenómenos naturales como huracanes, tormentas, inundaciones, sequías. Esta propensión está profundamente relacionada con lo que la psicología evolutiva denomina el detector hiperactivo de agencia, un mecanismo mental que favorece la detección de agentes, incluso en ausencia de evidencia clara. Y aquí un agente es cualquier ser o entidad que actúa con intención, es decir, que parece que tiene pensamientos, deseos o metas propias. Por ejemplo, un animal que te persigue, una persona que se está acercando a ti o hasta un objeto que parece tener una intención, como una piedra que se puso en tu camino para que te resbalaras, para que te cayeras, o el ego que pisaste, que estaba ahí solamente para hacerte daño. El cerebro humano está diseñado para detectar este tipo de agentes rápidamente, porque reconocer una intención, por ejemplo, si algo te quiere atacar, si algo te quiere hacer daño, puede ser la diferencia entre la vida y la muerte. Desde una perspectiva evolutiva, este sesgo cognitivo tiene sus ventajas. Es más seguro asumir que un ruido en la selva proviene de un depredador invisible que ignorarlo y correr el riesgo de morir. Los seres humanos somos supersticiosos por naturaleza. Los humanos que asumen que hay algo en la oscuridad tienen mayor probabilidad de salvarse, de ser comidos o atacados y pasar sus genes a la siguiente generación que seguirá sus patrones de comportamiento. Sin embargo, como se pueden imaginar, este mecanismo genera falsos positivos, espera que en las sombras existan amenazas y también interpreta fenómenos naturales como tormentas y eclipses como el resultado de acción de seres invisibles con voluntad e intenciones, igual que nosotros. De esta forma, la combinación de la tendencia a antropomorfizar más un sistema de detección de agencia hiperactivo sentó las bases cognitivas para el surgimiento de creencias místicas y religiosas al poblar el mundo de espíritus, dioses y fuerzas sobrenaturales que actúan con voluntad propia y que pueden influir en la vida humana. Esto unado a toda la maquinaria que se encuentra en nuestro cerebro con la capacidad de crear experiencias consideradas espirituales.
Esto que acabamos de platicar es conocido como la ciencia cognitiva de la religión y trata de explicar de qué forma los humanos desarrollamos creencias en lo sobrenatural. No trata de explicar el contenido de las religiones en sí. Una vez que los humanos comenzaron a tener creencias en lo sobrenatural, existen otras teorías que buscan explicar cómo se moldearon dichas creencias para crear sistemas más organizados a los que eventualmente se les llamaría religiones. Por ejemplo, existe un enfoque que aboga por la selección grupal, afirmando que las comunidades religiosas con códigos morales tenían una ventaja de supervivencia sobre las comunidades no religiosas. Se ha encontrado que las comunidades que comparten creencias religiosas tienden a ser más cooperativas entre sí. Los grupos humanos que practican sacrificios religiosos tienden a sobrevivir mejor que los grupos seculares. Nuevamente, gracias a que dicha dinámica mejora la confianza dentro del grupo y facilita la cooperación. Adicionalmente, las religiones que concibieron lineamientos morales prosociales tuvieron mejores posibilidades de vivir. Por ejemplo, si el mandamiento es, "No mates a tu vecino, no le robes a su mujer, es más, mira, no le robes" en general, pues socialmente lo que estás promoviendo es que la gente tenga menos conflictos, que se lleven mejor.
Y aunque sabemos que los humanos llevan miles de años con prácticas espirituales o religiosas, realmente el concepto de religión es algo moderno. Algunos escolares creen que se originó entre el siglo XIV y XV a raíz del Renacimiento y el reformismo europeo. Transformaciones que por primera vez le dieron a las personas la posibilidad de diferenciar el mundo en aspectos religiosos y no religiosos. No es que no existieran las religiones antes, es que la religión estaba tan integrada al día a día que no había una diferencia. En esa época, la única vez que escuchabas la pregunta, "Oye, ¿y tú crees en Dios?" Era para invitarte una carnita asada. En pocas palabras, tener la opción de elegir entre una cosmovisión secular o una religiosa es uno de los aspectos que nos hace modernos.
Y aunque hoy las personas tenemos más libertad para elegir nuestras creencias religiosas y espirituales, así como la ausencia de las mismas, no quiere decir que las religiones se hayan vuelto obsoletas. Algunos estudios indican que aún tienen cosas que ofrecer al humano moderno. La religión nos proporciona lo que los sociólogos llaman las tres B: creencia, pertenencia y comportamiento. Bueno, estas tres B realmente aplican en inglés belief, belonging and behaviors. En español podríamos decir las tres Cs, creencias, comunidad y comportamiento. Aunque comunidad y pertenencia no son exactamente lo mismo. Ofrece creencias que responden a las preguntas difíciles de la vida. Brinda a las personas un lugar al que se sienten que pertenecen, una comunidad donde son reconocidas y les dice cómo comportarse o al menos qué principios deberían guiar su acción. Las instituciones religiosas han dedicado milenios en perfeccionar su capacidad para ofrecer estas prestaciones a las personas y estas prestaciones parecen dar frutos tangibles en la salud de las personas.
Las personas que practican de forma activa una religión reportan ser más felices que las personas que no practican religión. Y curiosamente este efecto se observa mucho más en Latinoamérica. México de hecho se encuentra hasta arriba de este efecto, donde la religión nos hace mucho más felices como mexicanos. Y no estamos solos. Nos acompañan otros países de Latinoamérica como Colombia y Ecuador en los primeros lugares. Se ha encontrado que las personas que asisten a reuniones religiosas semanales o que practican la oración meditación a diario en su juventud reportaron una mayor satisfacción de vida y positividad alrededor de sus 20 años. Y que además eran menos propensas a tener posteriormente síntomas de depresión, a consumir tabaco, a consumir drogas ilícitas o a tener alguna infección de transmisión sexual en comparación con las personas criadas con hábitos espirituales menos regulares. No solamente eso, asistir a congregaciones religiosas de forma regular disminuye de forma significativa el riesgo de depresión y de morir de una muerte por desesperanza. Entre las que se encuentran el suicidio, la sobredosis por drogas o el alcoholismo. Este efecto es todavía más significativo para las mujeres, ya que el estudio encontró que las mujeres que asistían a los servicios religiosos por lo menos una vez por semana tenían un riesgo 68% menor a una muerte de este tipo en comparación con las mujeres que no asisten a estos servicios religiosos. Eh, se les está antojando irse a misa, ¿no? Ya sintieron que les jalan las patas. Esto también incluye que las personas activamente religiosas tienen menos riesgo de morir de cáncer, enfermedades cardiovasculares e incluso muerte por cualquier causa. Las mujeres que atienden servicios religiosos una vez a la semana tienen un 33% menos de probabilidad de morir de forma prematura. Amigos, ¿nos iremos a misa? ¿Será que el santísimo los está salvando? Bueno, el autor del estudio menciona que las personas que practicaban de forma activa una religión contaban con mayores redes de apoyo social, comportamientos más saludables y un mayor optimismo ante el futuro. ¿O será acaso que están rezando mucho?
Pues algunos científicos dijeron, "Pongámoslo a prueba." Amigos, se puede armar una metodología experimental de absolutamente todo en este mundo. No hay preguntas que no se puedan preguntar. En este estudio analizaron si rezar afectaba la recuperación de pacientes que habían recibido cirugía de bypass cardíaco. Estos pacientes se separaron en tres grupos de aproximadamente unas 600 personas cada uno. En algunos casos se les dijo a los pacientes que iban a rezar por ellos y en otros no. Y finalmente se rezó por dos de los grupos y por uno pues nadie rezó. Los rezos comenzaron un día antes de la operación y se mantuvieron hasta 14 días después. A los 30 días de la operación se evaluó el resultado y se encontró que no había diferencia entre los grupos. Incluso las personas por las que se rezó les fue ligeramente peor que al Grupo Control, pero no de forma significativa. Ah, pero no os preocupéis porque sí existen otros estudios donde rezar ha dado resultados positivos. Bueno, también hay otros estudios donde rezar ha dado resultados negativos. Es casi como si no hubiera un orden de causa y efecto real. Bueno, les recomiendo leer este artículo de revisión que analiza si rezar mejor a la salud de las personas. En particular, váyanse a la sección de discusión donde este artículo nos invita a un ensayo de pensamiento para que nos cuestionemos sobre cuál será la farmacocinética de Dios y la farmacodinámica de la oración. También nos invita a preguntarnos cuál es la forma correcta de diseñar un estudio clínico doble, ciego y aleatorizado donde se incluya la intervención divina. De verdad que es una joyita. Les invito a que lo lean. El link va a estar por acá abajo.
El caso es que las personas religiosas parecen tener mejor salud y los beneficios a la salud emanan de las tres prestaciones que presentan las religiones: creencias, comunidad y comportamiento. Los gringos con afiliación religiosa reportan con mayor frecuencia sentimientos de gratitud en un 23%, mayor paz espiritual en un 27% y un profundo sentido de conexión con la humanidad en un 15% con mayor frecuencia en comparación con las personas no afiliadas a ninguna religión. Las religiones pueden inspirar a las personas creencias de amor, de paz, de gratitud, las cuales son buenas para la salud mental de las personas. Les da explicaciones sobre un mundo que es inmenso y que el ser humano no lo termina de entender y sobre todas las cosas les da un propósito, un lugar en el mundo. Explicaciones y propósitos que ningún otro humano les podría dar, explicaciones y propósitos divinos. Esas creencias que proveen las religiones se pueden transformar en sentimientos de gratitud, de satisfacción y seguridad, lo cual objetivamente es algo bueno para la salud de las personas y te disminuye el estrés y los efectos negativos de la ansiedad en el cuerpo.
A lo largo de la existencia humana, las personas se han enfrentado a numerosos problemas que les afligen: desafíos económicos, sociales, culturales y psicológicos que afectan tu vida. Para algunas personas, la orientación religiosa les brinda cierto sentido de control o un orden en el mundo, reduciendo la incertidumbre y ansiedad de enfrentar un universo en caos. Los seres humanos somos seres sociales y las personas con afiliación religiosa cuentan con una comunidad de facto, una comunidad con la que interactúan de forma regular y en persona. Dos aspectos importantes para la formación de lazos estrechos y el sentimiento de pertenencia. En el mejor de los casos, las comunidades religiosas se integran por personas dispuestas a apoyarse entre sí, lo que podría ayudarles a afrontar problemas en la vida, como quedarte sin trabajo, quedarte sin hogar, empezar desde cero. Aunque el simple hecho de no sentirse solo en este mundo inmenso ya cuenta como un gran apoyo.
Las religiones suelen tener un set de reglas establecidas, lineamientos de lo que está bien y lo que está mal. Estas reglas, aunque en ocasiones pueden ser arbitrarias, también incluyen algunos comportamientos saludables. Por ejemplo, el rechazar los vicios como las drogas, el alcohol. El no fumar o drogarte es objetivamente algo bueno para tu salud, independientemente de si lo haces porque te lo dijo un señor en el cielo o por decisión personal. Curiosamente, la interpretación de "Mi cuerpo es el templo de Dios" impacta las decisiones de salud que toman las personas. Aunque muchas personas ven los vicios como el alcohol y fumar como pecado que destruye su templo, no tienen la misma visión del sedentarismo y una mala alimentación, aunque esas actividades pues también tienen repercusiones en el templo del Señor. Las personas que siguen las reglas establecidas por su religión se benefician de los comportamientos saludables que algunas de ellas imponen, además del sentimiento de que la vida tiene una guía que seguir, lo cual te genera confort acciones. Sentir que tu vida tiene propósito y la vida sentido. Tener una comunidad a tu lado con la que socializas y seguir ciertos comportamientos saludables parece estar relacionado con que las personas religiosas presenten mejor salud que a las personas no religiosas.
Ahora, aunque este video es una solicitud formal para que me elijan como nuevo papa y les he estado hablando maravillas de pertenecer a una religión, yo no soy una persona creyente. No practico ni creo en ninguna religión, ni espiritualidad, ni esoterismo, nada de ningún tipo. Y eso no tiene nada que ver con que haya estudiado ciencia. De hecho, muchos académicos tienen creencias espirituales. Aproximadamente el 40% de los científicos gringos creen en Dios y casi el 40% cree en la inmortalidad humana. Recuerden que cada quien tiene su interpretación de lo que es la divinidad. Yo, por mi parte practico ni tengo ningún tipo de creencia. No creo en absolutamente nada. Sin embargo, como buena latina, fui criada católica. Aquí donde me ven, recibí bautismo, primera comunión y confirmación. Amigos, yo estoy lista para casarme. Todos ellos sin jamás haber creído en Dios ni en ninguna fuerza suprema. Otro día, si quieren, les cuento más la historia sobre mi camino espiritual.
El tema es que cada vez hay más personas como yo en el mundo, a excepción de Estados Unidos, donde recientemente la gente joven otra vez se está volviendo religiosa, pero la tendencia normal era que las nuevas generaciones eran menos religiosas que las generaciones anteriores. Estas personas que por lo que he leído se les llama nones, ya sea ateos, agnósticos, no creyentes, no practicantes, en general, como le quieran decir, estas personas tienen el reto de encontrarle sentido al universo y propósito a su vida, de formar comunidades cercanas y profundas a las que vean de forma regular y decidir sus hábitos saludables por la única razón de que pues podría ser bueno para su salud, no porque serán juzgados o porque se los manda un ser supremo. Estas acciones, aunque suenan muy bonitas, son complejas y requieren esfuerzo activo del individuo. Además que dependen también de la suerte de tus circunstancias. Muchas personas noes reportan mayor insatisfacción en la vida, aislamiento social y pesimismo por el futuro. Sin embargo, un tercio de estas personas no creyentes sí logran encontrar satisfacción en la vida. Encuentran su propósito y forman grupos sociales cercanos con sus familiares, amigos, compañeros. Crean comunidades unidas, disfrutan de la naturaleza y de actividades mundanas de la vida. Yo me considero parte de ese grupo no creyente y feliz, satisfecho con la vida. Miren, de esa gente que se la pasa suave. De hecho, en el video de las 12 creencias les explico un poco más al respecto de cómo veo yo la vida. Muchos están comprometidos cívicamente, encuentran alegría en la naturaleza y pasan tiempo con sus amigos y familiares. Pero en conjunto los datos muestran que a las personas sin religión les va peor que a quienes sí la practican. Estadísticamente las personas noes tienen peores resultados de salud, no porque Diosito no las quiera, sino porque las religiones tienen ciertas prestaciones que deben ser reemplazadas de forma satisfactoria para cada persona.
Aunque se estima que existen más de 10,000 religiones en todo el mundo, gran parte de la población se identifica dentro de las primeras cuatro: el cristianismo, islamismo, hinduismo y budismo. Aproximadamente un 77% de las personas se encuentran dentro de una de esas cuatro religiones. Otro 5% se identifica como ateo, agnóstico y el restante 8% está distribuido como entre el popurri de las otras religiones. Cabe mencionar que estos porcentajes han variado mucho en los últimos años con algunos estimados colocando a los no creyentes en un 10% de la población y un creciente margen en las creencias new age o la espiritualidad sin religión. La necesidad humana de reemplazar estos aspectos que llenaban las religiones ha llevado al crecimiento de distintas tribus urbanas. De pronto, los youtubers se han convertido en líderes de culto, las celebridades en ídolos, el consumismo en un propósito de vida, las redes sociales se convirtieron en los nuevos consejeros y guías de vida. En 2015, investigadores de Harvard realizaron un estudio en Estados Unidos donde se analizó a dónde acudían los gringos para expresar su espiritualidad. Entre las respuestas se encontró yoga, Crossfit, Soul Cycle, Clubes.
Para mí, la verdad es que no existe una respuesta incorrecta. Al final, parte de la secularidad es que cada quien defina su vida y encuentre sus propias respuestas. En mi caso, no encuentro más profundidad en el dictamen de un libro de hace 2000 años que en una clase de crossfit. Si la persona encuentra plenitud, satisfacción y paz, bien por ellos. Las creencias espirituales pueden ayudar a las personas a encontrar el sentido de la vida y también pueden influir en sus sentimientos, comportamientos y salud mental. Lo que sí les puedo decir es que yo no sé nada de la divinidad ni del mundo espiritual. Yo soy solo un primate sentado en una gran roca con circuitos cerebrales a los que poco les importa la realidad, que están listos para convertir las sombras en espectros, que me dicen que debo correr después de apagar la luz, que crean esa sensación de ser observada en un cuarto oscuro solo porque alguno de mis antepasados le ayudó a sobrevivir y ahora todos sus descendientes lo tenemos que vivir por siempre.
Espero les haya gustado el video de hoy. Quiero agradecer a mis Patreons por ser los seres más divinos de este mundo que me permiten dedicar semanas a investigar esta información y por si eso no me quitara suficiente tiempo, ahora coser mis vestuarios y pintar mis escenografías. Muchísimas gracias patreons. Muchas gracias por acompañarme hoy y recuerden que si se suscriben al canal voy a ir en cuerpo y espíritu a darles un abrazo personalmente a su casa. M.