📱

Get Our Mobile App

Take your business learning on the go!

Download on the App StoreGet it on Google Play

Ana Bernal: "Se trata de quién tiene voz, quién decide y quién tiene plena autonomía en la relación"

Diario Público4:12

Transcription

No mirar, no hablar y dejarse cuidar es el tratamiento de princesa, la moda que desde Estados Unidos está en las redes sociales. Todo empezó con un vídeo en TikTok de una mujer, Kundit Joel, que alcanzó los 5 millones de visualizaciones.

Incluso semanas después fue retirado por el mensaje social que trasladaba debido a la presión social, pero luego lo han vuelto a activar. Si buscamos qué es el tratamiento de princesa en internet, la inteligencia artificial nos dice que se refiere a la forma en que una mujer es tratada en una relación con un cuidado especial, atención y respeto. Visto así parece que nos saltan las alarmas, pero ¿qué es ese cuidado especial?

Pues según se narra en ese vídeo y en otros la cosa cambia bastante. Como ejemplo, Kurni relata cómo debe comportarse una mujer si un día de lluvia acude con su pareja a un restaurante. Si no hay aparcamiento en la puerta, él debe aparcar en segunda fila, llevar a ella dentro del establecimiento y luego salir a buscar una plaza para el coche. Mientras ella permanecerá en espera y en silencio. Hasta que no llegue su pareja, no podrá retirarse al abrigo, que se lo entregará a él para que este se lo dé al guardarropa. Luego siempre será él quien pregunte por su mesa reservada.

Cuando se sientan y si el camarero pregunta qué va a tomar, ella deberá guardar silencio. Devolverá una mirada al esposo, al marido, a la pareja y esperará a que este pida por ella, porque él sabe lo que hay que ordenar para la cena, textual. Según ella y quien se suma a este movimiento, el esposo es el que debe lidiar en todo momento con lo que suceda, porque es él el que te saca de casa para tratarte como una princesa. Eso pasa, reconoce, porque él sea masculino y responda ante toda la logística. En su vídeo recuerda que la mujer no puede llevar la acción y que no hay que hablar, salvo que él te hable de forma directa, porque tampoco tienes que rellenar los silencios que se produzcan en la conversación, ni tampoco dice, "Hay que reír a carcajadas". Tú, como mujer, solo espera a que él haga, diga u ordene. Curnie defiende que ella no se siente oprimida por esta situación, sino que se siente especial, como una auténtica princesa. Inciso, la verdad creo que hasta Cenicienta o pocas jontas tenían más iniciativa. Pero vuelvo a su vida. Kurn reivindica en el vídeo este trato porque, se literal, eh, femenina es ser suave y tranquila.

Para justificarlo, manifiesta que las mujeres más elegantes y encantadoras no llaman la atención ni mantienen contacto visual. Por supuesto, toda esta tendencia se enmarca en el movimiento también de las "trads" y en esas influencers que se reparten por toda la red con la reivindicación de que las mujeres vuelvan a casa. El vídeo provocó apoyos, pero también muchas críticas que denuncian que esto no es nada romántico ni un juego, sino que es un modelo infantil, casi de dependencia en relaciones que son de adultos.

Luego ha surgido un reto viral entre parejas en TikTok donde ellas preguntan a ellos si determinadas acciones como comprar flores, pagar las cenas o dejar de seguir a todas las mujeres que ellos sigan en Instagram es lo mínimo que se puede pedir en una relación o si eso ya equivale a un trato de princesa. Esto se parece también un poco a aquel reto en TikTok de la prueba del bote, donde una mujer después de abrir un bote de mermelada vuelve a cerrarlo para entregarlo a su marido y que él lo abra y así él se sienta útil. En los comentarios las mujeres sostienen que es la forma de mantener una relación duradera porque desactiva la parte masculina de la mujer que dice poder hacer todo y que margina a los hombres.

En fin, podemos pensar que estar en TikTok es muy moderno, pero contiene mensajes que no se los escuché defender nunca ni a mi abuela. Recuerdan más a las mujeres de la antigua Grecia o Roma que debían guardar silencio y tener un tutor que hablara por ellas y decidiese por ellas. No se trata de quién abre la puerta o pide la cena, se trata de quién tiene voz, quién decide y quién tiene plena autonomía en la relación. Si romantizamos la obediencia, normalizamos la desigualdad. Y esa historia ya la vivimos, y no deberíamos volver a repetirla.