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¡Lo que NO TE CONTARON del "rescate" del PILOTO en Irán!

Cosas Militares19:44

Transcription

Madrugada del 3 de abril, un F15E Strike Eagle estadounidense rasga el cielo de Eran. El piloto parece tranquilo, confiado en que su rastro es invisible para el enemigo, pero se equivoca. Un destello rompe la oscuridad y un impacto seco sacude a todo el F15. Se trata probablemente de un misil de medio alcance guiado al calor. Sin embargo, en este caso, el fuselaje del F15 aguanta unos segundos más. El tiempo justo para que los dos tripulantes comprendan que no van a poder salir de Irán en ese avión.

El piloto decide virar al sur, al corredor entre Isfaján y los montes Zagros. Busca un terreno sin árboles ni casas para evitar caer sobre ellas y matarse cuando salten paracaídas, pero a su vez busca quedar cerca de las montañas para tener un lugar en el que esconderse. Así, a las afueras de Isfam, primero el oficial de armas se despide y salta. El piloto se aleja un poco más al este para sembrar la confusión y entonces tira de la anilla y salta. El Strike Eagle continúa solo como un fantasma hasta estrellarse en el desierto. Los americanos han caído en el corazón de Irán. La carrera contra reloj ha comenzado y sí, lo que vino después fue un rescate de película, pero también hay que decirlo, un rescate que estuvo muy cerca de terminar en un auténtico desastre.

Pero antes de empezar, una idea rápida. En combate, la diferencia entre vivir o no suele estar en la preparación previa y en el mundo digital pasa exactamente lo mismo. La mayoría de las cuentas sufren ciberataques que no son especialmente sofisticados, sino que se deben a contraseñas débiles o que usamos repetidamente en muchos dispositivos. De ahí que yo use Protonpass. Protonpass no es solo un mero gestor, que lo cifra todo, ojo, contraseñas, nombres, notas y hasta tus metadatos, sino que es que además genera claves únicas [música] automáticamente, facilitándote guardar todos esos nombres y contraseñas de manera sencilla. Además, con el plan de pago tendrás alertas de filtraciones y alias de correos ilimitados. Es decir, que cuando hay un ciberataque y aparezca ahí tu nombre, tu cuenta, tu contraseña, te avisarán. Por tanto, te dejo el enlace en la descripción ahí abajo. Puedes empezar usándolo de manera totalmente gratuita, pero si buscas esa protección adicional, la versión premium es la que marca la diferencia. Así que haz clic ya en el enlace que te dejo en la descripción y fijado arriba en los comentarios.

En las próximas horas, Estados Unidos desplegó un enjambre de cazas, fuerzas especiales, helicópteros de élite y más de 300 soldados de la élite de sus fuerzas armadas. Se trata posiblemente de la operación de búsqueda y rescate en combate más espectacular de las últimas décadas, quizás [música] de la historia. Se arriesgó todo en esta operación, sobre todo en la segunda, en la de rescate del oficial de armas. Pero si salió todo bien, no fue solo por una cuestión de milagro, que algo de suerte hubo, sino que fue gracias a que todo estaba muy bien preparado. ¿Quieres saber por tanto, ¿qué llevaban esos pilotos en el chaleco cuando se eyectaron para no ser detectados? ¿Cómo lograron evadir a las fuerzas iraníes durante días y, sobre todo, ¿cuánto se jugó Trump al autorizar una incursión de esta magnitud? Pues todo esto tiene una respuesta. Así que hoy vamos a analizar la arquitectura operativa de lo que fueron 50 horas dramáticas. Vamos a ver cómo esa política estadounidense del no dejar un hombre atrás, en este caso, quizás llegó demasiado lejos, aunque al final salió bien. Así que yo soy Yago Rodríguez. Bienvenidos a todos los que formáis parte de esta comunidad interesada en asuntos militares en español. Y ahora, comencemos.

2 horas. Ese es el tiempo que tienes para sacar a un piloto derribado de territorio enemigo. Después de esa ventana de probabilidad, el éxito del rescate cae al 25% de posibilidades, según el Rant. Pero esto no es una métrica así casual sacada de un artículo científico, no. Es una métrica sacada de la experiencia en combate real de Estados Unidos. Atentos. En la guerra de Vietnam, los norteamericanos solían enviar apenas un puñado de helicópteros para rescatar a sus caídos, pero pronto descubrieron que un piloto derribado era el mejor cebo del mundo. Los norvietnamitas los dejaban vivos en el suelo para atraer a los helicópteros de rescate y emboscarlos, lo que naturalmente acabó en desastre en múltiples ocasiones. Misiones donde morían hasta 10 hombres solo para salvar a uno. Ese es el motivo de que en las décadas siguientes los estadounidenses lo que hicieron fue institucionalizar su doctrina de búsqueda y rescate en combate o como se conoce por sus siglas en inglés CSAR. Se trata de una coreografía de cinco pasos: reportar, localizar, apoyar, recuperar y reintegrar. Ejecutada a su vez por una fuerza de tareas que debe tener al menos tres capas. Primero, el Sandy que vuela en círculos suprimiendo al enemigo y coordinando todo. Un rol que hoy tiende a ocupar el A10 Thunderball y en menor medida los drones MQ9 Reaper. Los helicópteros HH60W por su parte son los responsables de extraer al piloto y los PJ, los para jumpers, son paramédicos de combate de élite que bajan a buscar al piloto. Todos estos tres elementos están diseñados para ser un rayo, entrar, sacar y desaparecer antes de que la zona se convierta en un herbidero de enemigos. Puede que en las guerras de Irak o Afganistán esas dos horas fueran básicamente un trámite, pero cuando hablamos de Irán hablamos de otra liga, una liga en la que hay sistemas antiaéreos de largo alcance, sistemas de medio alcance efectivos y, por supuesto, MANPADS, misiles antiaéreos portátiles por todas partes.

Así que ahora volvamos al desierto persa a la mañana del 3 de abril. En Isfah se activa una operación para recuperar al piloto, el último que ha saltado del F15. Una operación CSAR en toda regla con para jumpers en helicópteros HH60W escoltados por cazas F35 y A10 a baja cota. De hecho, hay vídeos como este que muestran al A10 Thunderbolt en su rol de Sandy, volando en círculos y soltando ráfagas de su cañón de 30 mm. Su objetivo en este caso es puramente psicológico. Busca congelar la voluntad de cualquier milicia, policía o civil iraní que intente llegar al piloto antes que los norteamericanos, ganando unos minutos preciosos. En menos de 3 [música] horas, el primero de los dos caídos estaba fuera, pero el precio fue alto. El fuego antiaéreo iraní derribó al menos un A10 y dañó a otro, además de alcanzar a dos helicópteros. La operación, de hecho, para recuperar al oficial de armas quedó abortada antes de empezar. Entonces, se lanza una segunda operación CSAR para sacar al oficial de armas, pero los daños sufridos por las aeronaves lo que llevan es a abortar esa operación. Así que tienes al piloto estadounidense en medio de Isfaná solo. El plazo de 2 horas se había cumplido y ahora un nuevo reloj mucho más apremiante empezaba a martillar los pasillos de Washington.

Pues vamos al momento en el que el oficial de armas toca el suelo. La eyección ya de por sí constituye un trauma físico. El asiento cohete te lanza con una fuerza de 12 a 16 Gs, suficiente para comprimir tus vértebras y dejarte la espalda destrozada como si hubieras tenido que tirar de un camión. De hecho, se cree que no hubo señal de contacto por parte del oficial de armas durante las primeras horas. Hay quien dice que [música] sufrió una fuerte conmoción cerebral y no es para menos. Mientras tanto, la televisión estatal iraní ofrecía recompensas de hasta $60,000 por su captura. Sin embargo, al recuperar la conciencia, el piloto aplica el protocolo, se desprende del paracaídas, lo entierra, pues ese faro blanco es lo primero que buscarán los equipos de búsqueda y se aleja al menos 1 km del punto de impacto buscando una cota elevada para poder encender sus comunicaciones. A las 12 pm del viernes, de hecho, se enciende su radio y transmite su posición.

Pero volvemos al principio, es decir, lo que estaba haciendo este hombre no era improvisado, sino que era el fruto de uno de los programas de entrenamiento para pilotos más duros y exigentes del mundo. Me refiero al SERE, Supervivencia, Evasión, Resistencia y Escape. Pilotos y soldados de élite estadounidenses aprenden a sobrevivir en cualquier entorno del planeta, desde la tundra ártica hasta la selva tropical, con simulacros de interrogatorio y técnicas de escape en condiciones de aislamiento total. ¿Y qué implica esto en la práctica? Bueno, pues lo que implica es que todo piloto de caza estadounidense, antes de despegar en su misión, ya lleva consigo las herramientas necesarias para posibilitar su futuro rescate. Por ejemplo, su chaleco AIRSAVE, que tiene 12 bolsillos con todo lo necesario, un espejo de señales visible a 150 km de distancia, torniquetes de aplicación rápida, pastillas potabilizadoras y una llave de esposas universal por si consiguen apresarle y esposarle. Y por supuesto la herramienta clave, una radio PRC-152 que transmite en frecuencias cifradas y usa balizas de corta duración para reducir el tiempo de emisión y la probable detección del piloto por equipos de guerra electrónica. Y pensad en lo que implica todo esto. Es decir, el tipo está escondido, está magullado, está herido, ha caminado uno, se cree que luego hasta 10 km y cada vez que enciende la radio tiene apenas una ventana de segundos para comunicarse si no quiere que la guerra electrónica enemiga detecte su posición.

Pero bueno, dicho esto, volvamos a nuestro oficial, a nuestro coronel, que acababa de hacer contacto con su centro de mando. Antes de responder, el ejército debía verificar que no se trataba de una trampa y le lanzaron una pregunta personal extraída de un formulario que el piloto había rellenado, por ejemplo, el nombre de su primera mascota. Con la identidad confirmada, la orden era simple: "Sube y escóndete." El oficial caminó así hasta 10 km, ascendió a una cota a 2100 m y se metió dentro de una grieta de roca viva. Mientras tanto, entre las sombras, la CIA activaba su red de colaboradores locales en Isfah con el fin de sembrar pistas falsas y desviar a las patrullas que estaban a minutos de encontrarlo. O eso creemos, porque evidentemente no sabemos a ciencia cierta qué hizo la CIA. Irán, por su parte, desplegó drones con sensores infrarrojos para buscar una firma de calor humana. Pero lo cierto es que la montaña es el mejor traje térmico que existe. Las rocas retienen el calor de día y confunden a los sensores. Así que el oficial de armas lo hizo bien. Es decir, a pesar del tiempo perdido, gracias a esto había una posibilidad de salir de allí con vida.

Pero para que eso ocurriera, alguien debía tomar una decisión muy, muy difícil en Washington. Perdón, he dicho Washington, no, más bien en Mar-a-Lago, Florida. Claro, un rehén de ese nivel en aquel momento no solo era un mero rehén, era munición para la propaganda del régimen y era una baza en la negociación con Estados Unidos. Es decir, que el asunto era peliagudo, pero también imagínate que lo han capturado y le han hecho radiar la posición para que se envíe un equipo de rescate y emboscar al equipo de rescate. O simplemente imagina que la misión sale mal, es que estás al lado de Isfaján, que es un gran centro militar, por tanto, el riesgo para rescatar a un solo tipo es enorme, pero también es verdad que el riesgo estratégico de no rescatarlo es también alto. Llegado a ese punto, la operación CSAR estaba descartada. Había demasiadas fuerzas convencionales en alerta. La única solución era ir más allá, activar una operación NOAR, es decir, una recuperación no convencional asistida con decenas de cazas, cientos de fuerzas especiales y la aviación moviéndose sobre el terreno. Pero una operación de este tipo ya no es una operación táctica de rescatar a un piloto que se hace casi automáticamente, no. Es una operación de índole estratégica que va a movilizar básicamente a un paquete de fuerzas especiales similar al que capturó a Maduro, es decir, una fuerza que normalmente se usaría para atacar un objetivo muy estratégico y eso que implica que necesita autorización del alto mando político por su carácter estratégico. Por tanto, si falla la operación vas a tener no solo un piloto derribado, sino muchos pilotos derribados, muchos posibles rehenes, muchos muertos e imágenes de aeronaves destruidas. Si te sale bien, evidentemente es histórico. Trump estampó su firma y en la madrugada del domingo 5 de abril se empezó la operación.

La primera tarea sería blindar el cielo. La Fuerza Aérea de Estados Unidos desplegó una zona de exclusión aérea de casi 900 km. En el anillo exterior, los F35 suprimían los sistemas de misiles de largo alcance. En el interior, los A10 arrasaban sobre el terreno destruyendo cualquier vehículo que se moviera. A su vez, los bombarderos arrojaron bombas de precisión que cayeron en distintas carreteras, creando cráteres como los que veis en la imagen, para evitar que ningún vehículo pudiera pasar en las siguientes horas. Todo este paraguas aéreo tenía un único propósito, comprar tiempo y espacio para montar una suerte de base improvisada en medio del desierto, un punto avanzado. A menos de 50 km de la posición del oficial de armas, una columna de aviones MC130H con Batalón tocó tierra en una pista agrícola. De sus compuertas descendieron fuerzas especiales y sorpresa, varios helicópteros Little Bird MH6 que se montaron en 15 minutos. No es casual que sus pilotos los llamen los Ferraris con rotores, una suerte de murciélago negro diseñado para el silencio y la noche. En su versión de ataque, el AH6 es una picadora de carne con miniguns de 7,62 mm, cohetes Hydra y hasta misiles de precisión Hellfire. En la versión de transporte, sin embargo, el MH6 lleva a los operadores en una especie de bancos externos expuestos a vientos de hasta 150 nudos. Los pilotos de esta máquina, los Knight Stalkers del 160th SOAR, son la élite absoluta del mundo en su materia. Los mismos que entraron en Mogadiscio en la operación Black Hawk Down o los mismos que capturaron a Maduro.

Una vez listos, los Little Bird despegaron hacia los montes Zagros, localizaron al oficial en la grieta y lograron sacarlo, pero en el momento de partir las cosas se complicaron. Dos MC130H supuestamente quedaron atrapados en la arena o quizás habían sufrido daños que les impedían despegar. Lo normal es enviar antes de una operación de este tipo un equipo de reconocimiento que hace un salto desde gran altura para abrir el paracaídas a muy baja altura. Ese equipo debería ser el responsable de acceder a esa pista y comprobar el estado del suelo. Es verdad que quizá por las prisas se hizo la planificación sobre cartografía, asumiendo el riesgo de que los aviones se quedaran varados. Puede ser, aunque también puede ser que sencillamente esos aviones sufrieron muchos daños por el fuego antiaéreo y tuvieron que abandonarlos. También sabemos que en los enfrentamientos las fuerzas especiales al menos se toparon y eliminaron a tres miembros de la Guardia Islámica. Con los iraníes pisándoles los talones y la necesidad de evacuar al personal, se activó el plan B. El 427th Special Operations Squadron, acostumbrado a trabajar con la CIA, envía al invitado inesperado, un C295W. Un diseño español ensamblado en Sevilla, recientemente comprado a precio de oro por las fuerzas especiales de Estados Unidos, que lo aprecian mucho por su capacidad para aterrizar en suelos blandos y pistas [música] cortas. El avión, creemos, aterrizó, recogió al personal y despegó [música] en tiempo récord, lo suficiente para no ser eliminados por los Pasdarán. Sin embargo, eso obligó a demoler distintos tipos de equipos. En total, al menos dos MC130H y al menos dos helicópteros Little Bird que quedaron destruidos en la pista agrícola. Y así, casi 48 horas después del derribo, el oficial de armas, contra todo pronóstico, había salido de Irán, puede que no muy sano, pero sí a salvo.

Bueno, es evidente que en Hollywood habrá una carrera por hacer esta película, pero en cosas militares lo que realmente nos preguntamos es, ¿merece la pena arriesgar a tanta gente para rescatar a un piloto? Seamos claros, Trump arriesgó la vida de más de 300 hombres de la élite para evitar que uno solo cayera prisionero. Una decisión política, pues la propaganda de un coronel americano de rodillas ante las cámaras iraníes le parecía al presidente una línea inaceptable. Además, los estadounidenses contaron con un aliado inesperado, la propia doctrina de guerra mosaico iraní, que al descentralizar las decisiones y la información que no llega bien a los últimos mosaicos, pues lo cierto es que tardan más en reaccionar. Evidentemente, eh, que un antiaéreo en Irán le hubiera dado al avión no significaba que los de Isfahan fueran conscientes de que se le había acertado un avión norteamericano. Por tanto, podían ser rumores, no tenían la información para saber exactamente qué había pasado y dónde había pasado. Ese es el problema de descentralizarlo todo. Además, al obligar a sus baterías antiaéreas a esconderse para no ser detectadas, Irán se había quedado sorda. La información se movía a paso de tortuga y cuando llegó la orden de movilizarse para capturar al piloto era demasiado tarde. Pensad en los costes de oportunidad. La gente que se arriesgó aquel día es la misma que tendría que sacar los contenedores de uranio enriquecido, los que tendrían que dar un golpe para capturar a Moctaba Menei, el líder de Irán. Es decir, que arriesgar a todo ese personal, te hubiera privado, si hubiera salido mal la operación, de tener esa misma fuerza lista para otra gran operación de esas características. Por tanto, la verdad fue una decisión política extremadamente arriesgada, extremadamente discutible y como apuntaban algunos miembros de las fuerzas armadas de Estados Unidos, los pilotos estadounidenses no pueden esperar que se organice una operación de este tipo cada vez que les derriban. Esto es algo excepcional que salió bien gracias a la profesionalidad de las fuerzas especiales de Estados Unidos y que aún así asumió unos riesgos, a mi modo de ver, en realidad excesivos. Esto no es algo que se deba hacer normalmente, pero bueno, le salió muy bien. Así que dicho esto, espero que os haya resultado interesante esta perspectiva. No hay muchas cosas que aún desconocemos de lo sucedido, pero bueno. Espero que por lo menos aquí haya quedado un cuadro claro de cómo se rescata un piloto y de qué pasó aquel día. Dicho esto, yo me despido. Muchísimas gracias a todos, como siempre, por estar ahí y hasta otra. Así que recordad, haced clic en el enlace ahí abajo para acceder a Protonpass, tanto en su versión gratuita que os permitirá guardar de forma segura nombres y contraseñas como en la de pago, que además os permitirá tener toda una serie de ventajas, incluyendo que os avisen si hay una filtración en la que aparecen vuestros nombres, vuestro usuario, vuestra contraseña. Haz clic ya. [música]