Transcription
Buenas noches, bienvenidos al criminalista nocturno.
[Música] [Aplausos] [Música] [Música] [Música]
El 24 de enero de 2022, una mujer de 43 años denunció ante la policía haber sido ultrajada por un hombre del que, afortunadamente, logró escapar. En su testimonio, relató que una persona la había citado a través de las redes sociales para ofrecerle un puesto de trabajo, pero al presentarse en el lugar, pronto descubrió que se trataba de una trampa. Pues el sujeto abusó de ella íntimamente y, además, la extorsionó para sacarle dinero. Gracias a su declaración, la policía pudo detener al sospechoso y descubrirían a uno de los peores criminales del país, quien había cometido una serie de crímenes atroces que llevaban tiempo atormentando a los vecinos en la ciudad del Alto, ubicada a unos 20 kilómetros al oeste de la capital boliviana, La Paz. El mundo entero conoció la identidad oculta detrás de perfiles falsos. Su nombre, Richard Choque Flores, un joven de 33 años que se cree obtuvo más de 70 víctimas. Sin embargo, luego de su detención, comenzó a salir a la luz una verdad aún más perturbadora, una verdad que involucró a muchos más cómplices que ayudaron a la acción de Richard. Un escándalo mediático que replica en todo el país y que ha tenido alcance internacional, además de haber despertado la furia de la comunidad boliviana.
[Música]
El criminalista nocturno. Richard Choque Flores nació el 9 de noviembre de 1988 en la ciudad del Alto, ubicada en la provincia Pedro Domingo Murillo, dentro del departamento de La Paz, Bolivia. En la casa de la calle Rafael Pavón, vivía junto a su padre, un oficial de policía, su madre, que ejercía como profesora, y su hermana. De pequeño, tuvo una infancia normal. Era muy común verlo ir y venir a todos lados junto a su madre. Para los vecinos, era llamativo que ninguno saludara o, incluso, si lo hacían, era de mal agrado. Sobre todo, su madre se mostraba como una persona antipática a la que prefirieron no dirigirle más la palabra. Cuando tenía apenas cuatro años, su padre fue asesinado mientras trabajaba. La familia perdió a un importante miembro y eso se hizo notar. El trauma que el fallecimiento de su padre representó en Richard comenzó a manifestarse en actitudes extrañas que su madre no podía controlar. Richard era un niño que casi no tenía amigos. Algunos fines de semana, visitaba a uno de sus primos por parte de su padre. El joven se llamaba Fidel y tenía unos años menos que él. Cuando Richard compartía tiempo con Fidel, todo parecía marchar con normalidad. Durante su adolescencia, se inscribió en el Colegio Militar, pero allí solo duró un breve período. Nunca se supo la razón por la que decidió abandonarlo. De regreso a su casa familiar, donde compartía el techo con su madre y su hermana, puertas para adentro, Richard comenzó a demostrar ciertos rasgos extraños de su personalidad. Sin embargo, esto aún no había alertado a nadie ajeno a su núcleo, no al menos hasta que su primo Fidel le contó que también quería estudiar en el Colegio Militar. Esta noticia resultó ser una oportunidad para Richard, quien tenía una corta experiencia en el tema, para ayudarlo a ingresar. El joven le prometió a su tía y a su primo que se ocuparía de darle el entrenamiento físico previo para que Fidel ingresara sin dificultades y que, además, se haría cargo de los trámites necesarios para eso. Su tía le entregó la suma de 5000 dólares para cubrir los gastos y la matrícula del colegio.
El 19 de mayo de 2011, Fidel se despidió de su madre y dejó su casa con gran ilusión por perseguir su sueño. Se encontró con su primo Richard en El Alto para ir juntos a Cochabamba, donde se encontraba el colegio. Ese fue el último día que Fidel y su madre tuvieron una conversación. Richard ocupó su lugar al teléfono y, ante la insistencia de su tía que pedía hablar con su hijo, el joven le decía que Fidel estaba estudiando paracaidismo en Haití y se encontraba bien. Además, aprovechaba esas oportunidades para pedirle que le enviara dinero y datos de computación para que Fidel pudiera continuar con sus estudios. Toda la situación era muy sospechosa, pero las alarmas se encendieron cuando el rostro de Richard Choque Flores llegó a los medios nacionales de la mano de un terrible crimen que lo acusaba como autor del asesinato de un joven de 20 años.
El 20 de noviembre de 2013, luego del mediodía, una joven llamada Blanca Rubí Limache se dirigió, como todos los días desde hacía dos años, a la Universidad Pública de El Alto, donde estudiaba derecho. Pero ese día, Blanca no regresó a su casa. Nadie tenía la más mínima pista de su paradero, hasta que al día siguiente, su madre, Nancy, recibió el peor mensaje que podía esperar. Desde el teléfono celular de Blanca, un comunicado le decía que tenían secuestrada a su hija y que para recuperarla debía pagar 20 mil dólares de rescate. Además, el remitente le advertía que de recurrir a la policía, terminaría con la vida de la joven. Nancy estaba desesperada, pues era imposible para ella reunir esa suma de dinero sin dejarse llevar por la angustia de perder a su hija y mucho menos dispuesta a darse por vencida. Pidió ayuda a la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen y se comenzó con la intensa búsqueda de la joven. Las autoridades descubrieron que Blanca había sido contactada por un hombre a través de la red social Facebook. El sujeto, llamado Mauricio Terán, quien decía ser instructor del Colegio Militar, la había convencido de encontrarse para ofrecerle ayuda para ingresar a estudiar allí. El operativo de búsqueda se extendió durante unos nueve días, hasta que las autoridades, en complicidad con Nancy, llevaron a cabo su plan. Le informaron al secuestrador que dejarían el dinero para salvar a Blanca en un escondite en la vía. Cuando el hombre se hizo presente en el punto donde creía que se encontraban los 20 mil dólares, la policía lo detuvo. Con el sujeto encarcelado, fueron capaces de descubrir que había falsificado su verdadera identidad. El criminal era Richard Choque Flores, de 25 años. Los investigadores, sin perder más el tiempo, allanaron la casa donde vivía el joven. Una vez allí, las esperanzas de encontrar con vida a Blanca se disiparon cuando llegaron al patio que había en el fondo. El 29 de noviembre, el cuerpo de la joven fue hallado enterrado en una fosa dentro de una bolsa de yute azul. También en la casa fueron encontradas varias identificaciones de otras mujeres e incluso ropa interior. Por estos hallazgos y el asesinato de Blanca, Richard Choque fue enviado a prisión mientras esperaba el juicio que dictaminaría su condena. La necropsia de Blanca determinó que la joven había fallecido por asfixia, además de haber sido golpeada en la cabeza con un objeto, provocándole un traumatismo de cráneo. Peor aún, había sido abusada íntimamente por su agresor antes de ser asesinada. Tras este atroz crimen, Richard Choque fue condenado en el año 2015 a la pena máxima de cadena perpetua, lo que quería decir que debía pasar 30 años en prisión sin la opción de pedir libertad condicional o prisión domiciliaria.
Cuando su tía, la madre de Fidel, se enteró por los medios televisivos del crimen que había cometido su sobrino, las dudas y sospechas que tenía sobre la ausencia de su hijo se hicieron aún más fuertes. Comenzó a visitarlo a la cárcel implorándole que le dijera dónde se encontraba Fidel, a quien no veía desde 2011. Frente al silencio desesperante que Richard sostenía, la mujer decidió denunciarlo como sospechoso por la desaparición del joven. Pero en lugar de verse favorecida por este acto, solo logró despertar la ira de su sobrino y sus familiares cercanos, que, además de prohibirle las visitas, la hostigaron y la amenazaron con privarle de la vida a ella y a su hija, debiendo dejar la ciudad y abandonar el caso para su resguardo. Mientras tanto, Richard Choque fue enviado a la cárcel de Chonchocoro, donde pasaría 30 años encerrado, cosa que no sucedería con Richard.
Tras las rejas, los ciudadanos de Bolivia y, sobre todo, de la ciudad de El Alto, encontraron un poco de alivio durante algunos años, entre tanto dolor que la prematura pérdida de Blanca había dejado. Pero el 17 de mayo del año 2021, una nueva desaparición volvió a conmocionar al pueblo. Se trataba de la adolescente de 17 años, Luz y Maya. La joven partió de su casa ese día y ya nadie supo de ella. Le perdieron el rastro hasta que al día siguiente, su madre recibió un mensaje en el que le exigía un monto de 70 mil dólares para devolver a Luz con vida a su casa, de lo contrario, al no efectuarse el pago, sería asesinada. Acompañando el horroroso mensaje, la familia de la muchacha recibió una serie de fotos explícitas, graficando lo que haría con ella si no hacían el depósito. Sin embargo, era imposible para la familia reunir ese dinero.
Este mismo caso se repitió meses más adelante, precisamente el 27 de agosto de 2021, cuando Iris Mailín, de 15 años, no volvió a su hogar. Al igual que con Luz, el secuestrador pedía 80 mil dólares para devolverla sana y salva. Simultáneamente, la policía no paraba de recibir denuncias de mujeres que habían sido víctimas de abuso por parte de un hombre que engañaba a través de las redes sociales prometiéndoles trabajo. Sin embargo, el monstruo insaciable que las esperaba en el lugar tenía planeado un destino muy diferente para ellas. Hasta que finalmente, a principios del 2022, una de las víctimas logró denunciarlo.
El 24 de enero, las autoridades policiales detuvieron en flagranti, en un hotel, a uno de los más peligrosos abusadores de Bolivia. Se trataba, y más ni menos, que de Richard Choque Flores. ¿Cómo podía ser que el delincuente que debía estar cumpliendo su condena en la cárcel se encontraba en libertad y cometiendo crímenes nuevamente? Las investigaciones que siguieron a este caso dejaron en evidencia la falla y corrupción del sistema judicial, que debía velar por la seguridad de las víctimas y que, por consecuencia, desencadenó la ira del pueblo.
La segunda detención de Richard Choque Flores trajo consigo una polémica en la que funcionarios de la justicia y profesionales de la salud se vieron involucrados y perjudicados por actuar en complicidad con el criminal en cuestión. Con la nueva investigación, se logró descubrir que el 24 de diciembre de 2019, cuando Choque llevaba apenas seis años encarcelado por el crimen de la joven Blanca Rubí Limache, había sido puesto en libertad condicional por orden de un juez. Aunque su sentencia dictaminaba que no tenía derecho a indulto, sus abogados descubrieron la manera de revertir esta situación. Lejos de haber sido una estrategia legal, optaron por el camino de la corrupción. Alegaron sin escrúpulos que Richard Choque Flores padecía de enfermedades que comprometían su vida dentro del penal y que, por ese motivo, era mejor resguardarlo en un lugar donde estuviera a salvo. El médico Freddy Taimi otorgó un certificado falso al acusado, diagnosticando enfermedades como hepatomegalia, hepatosis, gastritis crónica, úlcera péptica, diabetes, alergia y asma bronquial. Por ese motivo, recomendó una excarcelación para un tratamiento dietético y médico especial para evitar un cáncer gástrico. Tres días más tarde, próximos a la Navidad, el juez Rafael Alcón respondió al pedido de los abogados de Richard Choque, quienes, además de presentar el certificado, le dieron 3.500 dólares y una botella de whisky en calidad de soborno para que considerara la liberación del asesino. Así fue que el 24 de diciembre de 2019, Richard Flores obtuvo libertad condicional durante 18 meses. Regresó a la casa que compartía con su madre y su hermana en El Alto y se las ingenió nuevamente para reincidir en los crímenes con los que encontraba gran satisfacción. Desde allí, fue capaz de sumar al menos 77 víctimas entre abusos íntimos y asesinatos.
La manera en que lo hizo dejó en evidencia la fragilidad de las fuerzas de seguridad. En cuanto estuvo de vuelta en su lugar de comodidad, Richard Choque Flores dio rienda suelta a su modus operandi para captar nuevas víctimas. Si bien por momentos modificaba las escenas o la identidad con la que se presentaba, en todos los casos respondía a una misma vía que lo ponía en contacto con sus presas. Creaba perfiles falsos en la red social Facebook, en los que se hacía pasar como efectivo de la policía o como una mujer llamada Aide Mitzi. En algunas oportunidades, publicaba anuncios en los que ofrecía oportunidades de trabajo. Para esas ocasiones, utilizaba el perfil de Aide, despertando de esa manera la confianza entre otras mujeres, aprovechándose de la vulnerabilidad económica de esas chicas. Publicó una oferta como dama de compañía que decía: "Amigas que quieran ingresos diarios en sus ratos libres, buenos ingresos. Escriban al privado. Ojo, se paga por hora, diario o semanal. Escríbeme". En un grupo donde las personas buscaban empleo en la ciudad de La Paz, otras de sus víctimas fueron convocadas por la supuesta Aide para hacer trabajos de mensajería, pero cuando llegaban al lugar donde habían sido citadas para retirar el paquete que debían transportar, se encontraban con Choque, que les tenía preparada una trampa. De la misma manera actuaba con su perfil de policía, plantando supuestas sustancias en habitaciones de alojamiento donde se hospedaban mujeres, donde luego se presentaba uniformado, haciéndoles creer que era efectivo de las fuerzas contra el crimen. En todos los casos, Richard Choque drogaba y ordenaba a sus víctimas grabar un video dirigido a sus familiares pidiendo que depositaran un determinado monto de dinero. Si no cumplían con el pedido, las obligaba a mantener relaciones íntimas con él y las amenazaba con enviarlas a la cárcel por posesión de sustancias ilícitas.
Cuando los investigadores descubrieron su modus operandi y ante las numerosas coincidencias con el caso de Blanca Rubí Limache, le asociaron de inmediato con las desapariciones de las menores en el año 2021, Iris y Luz. Sin tiempo que perder, las investigaciones del caso desviaron su prioridad en esa dirección. Las autoridades se enfrentaron a Richard Choque para que confesara la verdad. Sino puso resistencia, el delincuente afirmó que él mismo las había privado de la libertad y asesinado. Enseguida, las fuerzas de seguridad se hicieron presentes en el domicilio de la calle Rafael Pavón, donde se dio inicio a la búsqueda que obtuvo como resultado el descubrimiento de los cuerpos de ambas. Pero para sorpresa de todos, encontraron algo más. Enterrado en el patio de su casa estaba, desde hacía 11 años, su primo Fidel Lecon Choque, quien estaba desaparecido desde 2011 y que también corrió con la mala suerte de caer en sus garras. Tal y como lo sospechaba su tía y como también lo indicaban las más de 70 denuncias en su contra, Richard Choque Flores era uno de los criminales más peligrosos de la historia boliviana.
Las pericias psicológicas y psiquiátricas determinaron que Choque tenía una personalidad típica de un psicópata antisocial, carente de empatía y culpa, ausencia de remordimiento y un alto grado de reincidencia en los crímenes. Características que habían sido determinadas en su primera detención y el juez Alcón no tuvo en cuenta al liberarlo en el año 2019. Pero esta vez, las consecuencias para él fueron otras. Richard Flores fue enviado nuevamente a prisión, sentenciado por los casos de abuso, tráfico, extorsión y asesinato a la pena máxima que otorga el Código Penal boliviano: 30 años. Una condena que despertó la ira contenida de un pueblo en alza, que decidió levantarse para exigir la justicia que sus víctimas merecían. A medida que la investigación avanzaba y más verdades iban saliendo a la luz, más se encendía la llama del pueblo enfurecido. Cuando se supo que la madre y la hermana de Choque habían sido cómplices por encubrimiento de los crímenes de Richard, los disturbios no tardaron en aparecer. Los vecinos se dirigieron a la vivienda donde aún se encontraban las mujeres y dejaron claros los mensajes de rechazo hacia su familia, pintando grafitis en las paredes y llegando incluso a incendiar parte de la casa. Además, el 31 de enero, tan solo una semana después de haber sido detenido, una marcha masiva se hizo presente en las calles bolivianas, partiendo desde la casa del criminal Choque hasta el Tribunal Departamental de Justicia. Fue liderada por mujeres que se proclamaron en contra de la violencia machista y la corrupción judicial. Allí, miles caminaron al grito de: "Si no lo hubieran dejado salir, nunca habría pasado esto". Asimismo, una de las consignas por las que decidieron reunirse y reclamar fue que "no hay justicia para los pobres", haciendo alusión a los sobornos que cobran los funcionarios. Estas manifestaciones se replicaron en varias ciudades del país, exigiendo una reforma judicial que regule y garantice el cumplimiento de las condenas.
Richard Choque Flores se encuentra actualmente pagando su condena, al igual que lo hacen sus cómplices, bajo la atenta mirada de un pueblo que no olvida. Una vez más, estimado público, agradezco su compañía. Gracias por brindar un espacio de su tiempo para conocer un caso más de este canal. Si aún no estás suscrito, te hago la cordial invitación a que lo hagas y formes parte de esta gran comunidad. Esto es El Criminalista Nocturno. Hasta la próxima emisión. Buenas noches.