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[Música] Hola, mi nombre es Carolina. Bienvenidos a su podcast con sentido de ciencia, ciencia simplificada, el podcast número uno de ciencia en México. Gracias a ustedes que me escuchan a través de todas las plataformas de audio y si me acompañan a través de YouTube, muchísimas gracias por estar aquí.
El día de hoy vamos a empezar con un TikTok. Entonces, veamos qué es lo que tiene que decir esta muchacha. Escuchémosla.
Okay, vamos a hacer un puente colgante con cadenas, sin nada de red para que los niños pisen y tengan un espacio bien pequeñito y se les vaya al pie. Un hueco expuesto para que si un niño pierde el balance se caiga. Vamos a poner unas repisas super innecesarias para que los niños se quieran subir y corran peligro de caerse. Vamos a hacer un sube y baja con unos resortes superpotentes para que los niños que no tienen fuerza en su espalda se peguen directo en la cara aquí. Y esto muy duro, muy duro para que se peguen y se rompa la nariz. Piedras, piedras para que se las lancen entre ellos. Vamos a poner un tubo inclinado giratorio y que los niños se suban y pierdan el control hasta que caigan en las piedras. Vamos a hacer un resbaladero en la montaña donde le pegue directo el sol, pero así directo para que los niños lo toquen y se quemen.
Ay, no, no puedo. Me da mucha risa este video, ¿eh? No hate para esta persona. Claro que no. La verdad es que ahí va a estar el user. Váyanla y síganla. No sé qué contenido hace, pero se llama como mamá, no sé qué. Entonces, seguramente hace contenido para mamás. Eh, sí, gran persona, no sé, supongo.
Pero al momento en que les estoy grabando este video, este TikTok tiene 14 millones de views y por lo menos 1.3 millones de likes. Y eso nos dice que el sentimiento que tiene esta muchacha es un sentimiento bastante compartido. O sea, las personas de verdad van a donde juegan los chamacos y dicen, "¿Por qué hay navajas? ¿Por qué le están dando cuchillos a mi hijo para que juegue?"
Y el día de hoy yo voy a defender la tesis de sí, hay que darle cuchillos a los bebés para que jueguen. Sí, que que sepan cómo es el mundo desde chiquitos, que se protejan. Sí, amigos, vamos a estar platicando de los beneficios del juego de riesgo en los niños.
Pero para adentrarnos en este tema y recordar muchas de estas pues anécdotas bellas de la infancia, díganme, por favor, ¿qué cicatriz tienen de la infancia? Yo les puedo decir, miren, yo tengo una aquí. Ah, mira, justo sí se nota. Bueno, no sé si la corrección de color va a permitir que se note, pero aquí tengo un ojito más caído, porque aquí quién sabe qué madrazo me habría dado, pero ahí luego nos la quitamos. Tengo una ahí y tengo otra acá. Tengo varias, tengo varias. Tengo una aquí en la cabeza. Nadie sabe. Por eso ya no estaba tan chamaca. Fíjense. ¿Ustedes cuántas tienen de la infancia?
De eso vamos a platicar el día de hoy, de la infancia salvaje, del comer tierra, del dejarnos bañar. Para la gente de Obregón, para la gente que es de Obregón como yo, ustedes, yo no sé si se acuerdan, justo estaba platicando eso con mis papás, eh, con mi papá en particular, yo no sé si se acuerden, antes de que metieran el pavimento hidráulico en la Guerrero, ahí en Obregón, pues corría el agua, o sea, llovía en Obregón una vez al año, literalmente, y corría así, pero el río de agua chocolatosa y mis papás me dejaban bañarme ahí y para mí era la maravilla, o sea, que me dejaran estar así en el agua con caca. Se los prometo que el sueño en la tierra fabuloso, que lloviera en Obregón y que se inundara la Guerrero y estar así viendo el río de agua pasar el mejor día de mi vida.
De ahí, mis amigos, de ahí viene mi microbiota. Sí, mira, diversidad ahí, imagínense la cantidad de agua que no habré tragado ahí. Comparto microbiota con todo Obregón, eso sí se los puedo asegurar fácilmente. Mi microbiota desde ese momento dijo, "Morra, y saben qué, casi nunca me enfermo muy raramente." O sea, si algo tengo yo, de verdad, o sea, y esto no lo digo por por presumir, pero sí tengo una salud envidiable a la fecha, a la fecha. Yo digo que de pronto nomás me voy a infartar y me voy a morir. E sí, o sea, de verdad de que va a ser como le caiga un rayo. Pero antes de eso, miren, todos mis años de vida me los concedieron de extremada salud gracias al baño en aguas negras ahí en la Guerrero. Si eres de Obregón, Sonora, la gente que que ubica.
Lo que vamos a platicar el día de hoy sale de un artículo que se publicó en Nature que se titula ¿Por qué los niños necesitan tomar más riesgos? La ciencia revela los beneficios del juego salvaje y libre. Si ustedes lo quieren ir leyendo a la par mía, pueden encontrarlo con el título en inglés, Why Kids Need to Take More Risks. Science Reveals the Benefits of Wild and Free Play. Si le entendieron a mi inglés, pues ahí encuentran el artículo. Es de la revista Nature y es bien interesante porque justamente este artículo reúne a varios investigadores que han dedicado pues buen cacho de de su vida a investigar los efectos que tiene pues el el riesgo, el riesgo controlado en el desarrollo de los niños y adolescentes.
Y como siempre tenemos que empezar por la definición. ¿Qué es esto de juego arriesgado? Pues resulta que de acuerdo a la investigadora Helen Sandsetter de Noruega, el juego arriesgado es un juego emocionante y estimulante que implica incertidumbre y un riesgo, ya sea real o percibido, de sufrir lesiones físicas o perderse. Y nos dice esta señora, hay una distinción muy importante. Hay que subrayar que riesgo no es lo mismo que peligro. Peligro es algo que el niño no está preparado para percibir o afrontar. Por ejemplo, es peligroso que un niño pues trate de meter los deditos a un contacto de electricidad y el niño pues no necesariamente sabe que eso es peligroso, que no lo debe de hacer. Tiene que haber un adulto que le indique que eso es un peligro. O sea, los niños no siempre están equipados para notar y afrontar todos los peligros.
Pero, por ejemplo, para un niño de un año que todavía no ha caminado, tomar ese primer paso pues es algo riesgoso. El niño no sabe si se va a ir de frente, si se va a ir para atrás, si se va a caer de lado, qué es lo que va a suceder. El niño está tomando un riesgo al momento de tratar de ponerse de pie y dar ese primer paso. Claramente este es un riesgo que es adecuado para su edad y que además de todo es necesario para su desarrollo como ser humano. Para que llegue a ser una personita completa, pues necesita asumir ese primer riesgo de pues me voy a parar aunque me vaya de frente. Y también es cierto que aunque levantarse y dar ese primer paso es un riesgo que el niño debe asumir, pues es cierto que también se puede caer y se te puede descalabrar. O sea, es riesgoso, pero necesario. Eso es algo también importante para que vayamos desarrollando pues la persona que vamos a ser, necesitamos ir tomando estos riesgos.
Es importante entonces también entender que el riesgo va cambiando con la edad, lo que es riesgoso para un niño de un año, como dar el primer paso, pues no va a ser riesgoso para un niño de 3 años que ya camina más libremente. Y les platicaba que esta definición la propone Helen Sáneter por primera vez por ahí en los 90s y viene de una historia bastante interesante porque resulta que en 1996 en Noruega, que es el país de esta señora, empezaron a pasar regulaciones y normativas para tratar de hacer que el área de juegos de los niños fuera más segura. Esta regulación, por ejemplo, les exigía a las personas que se encargaban de estas áreas de juegos que hubiera barandales, que no hubiera puntas en las esquinas, que estuvieran todas las esquinas redondeadas y además que agregaran equipo que pudiera minimizar el riesgo de una lesión. Y eso puede ser pues que te pongan ahí un acolchonadito en vez de que esté, ya saben, el tubo ahí de metal para que te des en toda tu chompa y que al final del día sea mucho más seguro para los niños.
Entonces, nuestra querida Helen empieza a notar eso, empieza a ver como los parques se van transformando en estos espacios pues muchísimo más seguros. Y a ella le llama bastante la atención porque resulta que Helen se dedicaba a investigar de qué forma le afectaba a los adolescentes el asumir ciertos riesgos controlados. Ella en sus investigaciones había notado que cuando los adolescentes tenían acceso a riesgos que eran más controlados y positivos, por ejemplo, el dedicarte a deportes extremos, a escalar montañas, a cantar en público. Cuando los adolescentes tenían acceso a estos tipos de riesgos, tenían menor probabilidad de buscar riesgos negativos o peligrosos, por ejemplo, el vandalizar o el robarse cosas de las tiendas. Para los adolescentes que tenían oportunidad de realizar estas actividades, que tenían ya cierto riesgo involucrado, pues ya les estaba generando el experimentar sensaciones fuertes, que es algo que muchos adolescentes pues buscan, o sea, quieren sentir esa emoción, la adrenalina. Entonces, el hecho de que ya realizaran un deporte, una actividad extrema que les diera acceso a esa adrenalina, los hacía menos propensos a buscar esas actividades, esa adrenalina, pues en otros actos que pues más negativos, como el robar de una tienda.
Entonces ella se empezó a preguntar si para los adolescentes es algo positivo el tener acceso a estas actividades que tienen cierto grado de riesgo, ¿qué estará sucediendo con los niños? Y dijo, "Zapatero a tus zapatos." Investigadora, se puso a investigar y comenzó a estudiar la búsqueda de riesgos y de sensaciones emocionantes en niños de entre 3 y 5 años. Y en ese momento, pues, todavía no había una definición como tal establecida para el fenómeno que ella estaba tratando de observar, que es el jugar con ciertos riesgos involucrados. Entonces dice, "Pues si no hay, me la invento." Y ella acuña esta definición de juego arriesgado que es la que revisamos hace un momento, que al día de hoy, pues con algunas variaciones sigue siendo retomada por muchos investigadores y desde los 90s, cuando Helen empieza con su investigación, pues al día de hoy tenemos muchísima evidencia de cuáles son los efectos del juego con riesgo en los niños.
Y lo que se ha encontrado es que las oportunidades para el juego arriesgado son cruciales para un desarrollo físico, mental y emocional saludable. Los niños necesitan estas oportunidades de juego arriesgado, que es básicamente todo lo que nos mostró la muchacha en el TikTok del inicio. Eso que ella decía. Sí, vamos a ponerles este escalón aquí con una cadena para que si no ponen bien el pie se caigan. Eso que ella decía. Vamos a ponerles aquí estos estantes que estén bien altos para que los niños se traten de trepar y se caigan. Todas esas cosas son necesarias para el desarrollo de los niños. Los niños necesitan estas oportunidades para desarrollar su conciencia espacial, la coordinación, la tolerancia a la incertidumbre y su autoconfianza. En muchas investigaciones se ha encontrado que los niños conocen mejor sus propias capacidades de lo que los adultos creen.
Además de eso, en diferentes estudios, algunos de ellos de Sandsetter, el juego arriesgado se ha asociado con mayor resiliencia, capacidad para resolver problemas y habilidades sociales como la cooperación, la negociación y la empatía. Por ejemplo, hicieron un estudio en Bélgica donde agarraron niños de cuatro y de 6 años y a estos niños les dijeron, "Niños, los vamos a dejar jugar salvajemente, libremente, este juego de riesgo 2 horas a la semana de este juego salvaje, atrevido, arriesgado que se le está permitiendo a los niños durante 3 meses." Y al mismo tiempo se tuvo un grupo control al cual pues niño, no te vayas a mover porque qué tal que te raspas la rodilla. Pues a esos niños pues se les dejó pues con sus juegos habituales, ¿no? Lo más cuidado posible. Y se encontró que después de 3 meses las habilidades para evaluar riesgos del grupo de niños que había tenido acceso a estos juegos más salvajes mejoraron en comparación con los niños del grupo control. Los niños aprenden a navegar mejor su medio ambiente y en esa etapa del crecimiento, pues también funciona bastante bien el golpe a visa, o sea, van midiéndole el agua a los camotes, tienen esa oportunidad de conocerse a sí mismos y cuando se arriesgan y lo logran, generan mucha más autoconfianza, o sea, no solamente se vuelven mejores para socializar, también mejora su relación con ellos mismos.
De entrada, imagínense que están todos los beneficios físicos. Hoy no nos estamos metiendo con la capacidad física de los niños, no, no. Que es bien importante que un niño se pueda colgar, que un niño pueda coordinar, que un niño tenga buen balance. Es algo que tiene que desarrollar y tiene que fortalecer su cuerpo. O sea, sí es cierto que la primera vez que te subes al pasamanos, posiblemente te vas a caer y ahí vas a aprender varias cosas. Vas a aprender que sí, que te puedes caer y que vas a caer en tus dos pies. Y si no caes en tus dos pies, vas a caer en tus dos nalgas y que no pasa nada. Ahorita vamos a regresar ese tema del no pasa nada. También vas aprendiendo y vas fortaleciendo tu cuerpo cuando sigues intentando subirte al pasamanos. No nos estamos metiendo en el aspecto físico el día de hoy, pero sí es bien importante señalarlo. O sea, los niños sedentarios, que cada vez tenemos no niños más sedentarios, sino una sociedad más sedentaria. Los niños son sedentarios porque los padres nos hemos vuelto sedentarios, porque todos nos hemos vuelto sedentarios, porque qué flojera llevarlo al parque. Allá no hay internet y aquí estamos bien a gusto viendo el TikTok.
Pero ahí incluso papás sobreprotectores podrán decir, "¿Qué tal que meto a mi morrito en una bola de cristal y que ahí se ejercite? Que ahí que no salga de la burbuja jamás." Bueno, el niño físicamente sí va a estar muy saludable, pero este juego arriesgado tiene muchos más beneficios. Y ahí, por ejemplo, entra el siguiente beneficio, que es uno de los beneficios que a mí más me voló la cabeza y que dije, "Claro que sí. O sea, eso no nomás es bueno para los niños, es bueno para nosotros también, para nuestro cerebro."
Pues resulta que existe un investigador que se apellida DOT y él encontró que el juego arriesgado al aire libre tenía bastantes pues beneficios para los niños, o sea, no solamente el estar encerrados, sino el soltarlos y que ya sabes, vete al monte niño, no tienes casa, salte. Que encontró que el juego arriesgado al aire libre estaba relacionado con niveles más bajos de estrés y ansiedad en los niños. Y DOT dijo, pues, ¿por qué será eso? ¿Por qué será que los morritos que están jugando al aire libre pues andan menos ansiosos, menos estresados? Y planteó una hipótesis. La hipótesis de DOT nos dice que el juego arriesgado reduce el riesgo de ansiedad en los niños al enseñarles sobre la activación fisiológica, la adrenalina y la taquicardia que acompañan a la ansiedad y a la excitación. Esta hipótesis plantea que cuando los niños tienen la oportunidad de experimentar el ciclo, que es un desafío, la ansiedad de enfrentarlo y el lograr afrontarlo les permite aprender a controlar la ansiedad y a comprender que el estrés fisiológico no es el fin del mundo y no dura para siempre. De acuerdo a DOT, los niños que pueden experimentar repetidamente este ciclo de desafío, ansiedad y afrontamiento, aprenden a manejar la ansiedad y a comprender que el estrés fisiológico no es el fin del mundo y no dura para siempre.
Y esto se me hizo a mí de verdad superinteresante y superimportante claramente para el desarrollo de los niños, pero también para uno mismo. O sea, la importancia que tiene el vivir estas situaciones de riesgo moderado, de riesgo controlado, donde experimentamos esos niveles de ansiedad, donde nos arriesgamos y entender que podemos experimentar todas estas sensaciones fisiológicas como es la taquicardia, como es el sentir nuestro corazón que se nos va a salir, que nos empiezan a sudar las manos, que tenemos todas esas estas sensaciones porque sí es cierto que estamos tomando un riesgo, pero que al final del día no es el fin del mundo y que además es una sensación temporal. O sea, imagínense ustedes a un humanito nuevo, recién sacado de agencia, o sea, lo acabo de sacar de la caja de Amazon de donde me llegó este. Imagínense que toda la vida a este personito lo hemos tenido adentro de una burbuja que siempre que voltea pues está papá viéndolo, está mamá checándolo del otro lado, que si se sube a un lugar siempre hay alguien ahí para cacharlo, que si no hay alguien ahí para cacharlo, pues se ve claramente que está un colchoncito ahí tranquilito. Es una persona que nunca ha experimentado riesgo, que nunca ha dicho, "Oy, qué miedo si me caigo." Que nunca ha sentido la adrenalina que viene con tomar esas actitudes pues arriesgadas, porque al final del día para un niño subirse a una de estas torres pues sí, el niño es como un tercio de lo que mide la torre y a veces menos. Si nunca has sentido esa emoción, si nunca has sentido la taquicardia, si nunca te han sudado las manos, el día que lo experimentas por primera vez, sientes que se te va a acabar el mundo, o sea, te vas a infartar. ¿Por qué? Pues porque nunca has generado esa resiliencia para entender que lo que tienes que hacer en estas situaciones muchas veces es afrontarlo, es dar el siguiente paso para bajarte de la torre, es aventarte por el resbaladero y que abajo del resbaladero pues no pasa nada si te caes, te caes, te caíste y no pasó nada. Que es lo mismo que le hacen a los niños, ¿no? Es como, "Ah, ya sana, sana colita de rana, si no sana hoy pasará mañana." Es saludable para los niños entender que si se golpean pues no pasa nada.
Y esa es la conclusión de prácticamente todos los estudios que se han hecho sobre este tema, que los niños que viven, que conviven con este tipo de riesgos, aprenden a sobrellevarlos mejor. Por ejemplo, se realizó durante el 2020, cuando estábamos en la pandemia de COVID, se hizo una investigación, pues, donde se analizó qué le estaba sucediendo a los niños, cómo la estaban pasando los niños y lo que se encontró es que los niños que dedicaban más tiempo a juegos de aventura y riesgo presentaban menos síntomas de ansiedad y depresión que aquellos que dedicaban menos tiempo a este tipo de juegos. El estudio menciona que los niños con más oportunidades para asumir riesgos presentaban más felicidad. Y curiosamente para nosotros latinoamericanos se encontró que este patrón protector, o sea, que este patrón de que el juego arriesgado te protege de problemas de salud mental como la depresión o la ansiedad fue todavía más significativo en los niños de hogares con bajos ingresos que en aquellos de hogares con mayores ingresos. O sea, los niños con menores ingresos que tenían acceso a estos momentos de desenvolverse de forma más aventurera y arriesgada, estaban todavía más protegidos contra estos problemas de salud mental tan importantes como lo son la depresión y la ansiedad.
Y ahora viene una cuestión que es bien importante. Vamos a suponer que yo ya los convencí, que ustedes dijeron, "¿Sabes qué? Tiene razón esta muchacha, Helen Sunster. Seguramente le va a beneficiar a mi hijo jugar con cuchillos. Necesita mayor riesgo." Pues resulta que hay un punto bien importante. Tú no puedes llegar con tu morrito y decirle, "¿Sabes qué? Ayer vi el podcast de una morra y me convenció que tú lo que tienes que hacer es tomar más riesgos y salirte a la calle con una navaja y ver quién sobrevive a la noche." No, lo que dicen los investigadores es que a los padres no les corresponde animar a sus hijos a correr más riesgos. Eso no es para nada la conclusión de este episodio. Nosotros no debemos de decirle a los niños, "Arriésgate más, salte a la calle, cruza la calle sin ver." No, recordemos que estamos hablando de juego, libertad para los niños. Y el juego siempre debe estar guiado por el niño y por sus deseos. El papel de los adultos es darles un entorno que sea propicio y dejarlos ser. Si acaso, si acaso, ser porristas de los niños, hacernos a un lado, dejarlos convivir, dejarlos que ellos tomen esas decisiones, que ellos se arriesguen legítimamente. El mensaje de los autores realmente es, hay que darle autonomía a los niños, hay que darles autonomía de moverse en el entorno y existir libremente y tomar sus decisiones y tomar sus riesgos.
Nos dice Helen DOT que lo que se busca promover es el juego arriesgado, el juego libre y que deja de ser un juego en el momento en que un adulto le dice al niño lo que tiene que hacer. Muy importante, amigos, dejarlo ser. Dejarlo ser. Tú tal vez le echarás porras así a lo lejos de, eh, muy bien, sí pudiste, pero fuera de ahí, darle libertad, darle libertad a los morritos es lo que están buscando. Y hay una frase aquí que me gustó bastante, que al parecer es el lema de los defensores del juego de riesgo y lo que nos dice es que los niños deben estar tan seguros como sea necesario, no tan seguros como sea posible. Importante, o sea, la seguridad hasta donde sea necesaria, pero no hasta donde sea posible, porque sí es cierto, tal vez tú tienes la posibilidad de meter al morrito en una burbuja y eso es lo más seguro posible que puede estar el niño, pero es necesario tenerlo en una burbuja, o sea, de verdad eso es lo que más beneficios le va a traer a su desarrollo, pues posiblemente no. Posiblemente es mejor que esté seguro hasta donde sea necesario. O sea, claramente no lo vas a llevar al parque y lo vas a abandonar y le vas a decir, "Ahí te ves, pues, ahí nos vemos a las 8 de la noche." Como posiblemente nos tocó a muchos de nosotros que ya estamos en otro rango de edad y estábamos en esa edad donde pues te salías de tu casa. Te salías de tu casa y regresabas en la noche y ¿dónde andabas? Pues quién sabe, pero regresabas a la hora la que te decían que regresabas. ¿Qué pasaba desde que te saliste de tu casa hasta las 8, 9 de la noche que volvías? Pues ya no era incumbencia de tus papás, pues tus papás te dejaban ser y hacer, o sea, ya eso era una caja negra lo que sucediera contigo allí afuera.
Claramente también hay que tener criterio. Ustedes saben que este podcast es para las personas con un mínimo de dos dedos de frente. Miren, yo les ando sacando por lo menos el doble. Yo creo que puedo meter hasta un quinto ahí. O sea, es importante que tengan criterio. Claramente no van a ir a dejar al morrito en el parque y le van a decir, "Sale, ahí nos vemos a las 8 de la noche. Te cuidas." Hay que tener criterio de cómo establecemos estos espacios relativamente seguros, donde ellos puedan tomar riesgos pues dentro de sus capacidades. O sea, lo que queremos es que el niño pues sí se agarre del pasamanos, no que se lo lleven, no que lo no que se lo lleve el robachicos. Y los investigadores lo señalan, dicen, "Usa tu criterio y también utiliza tu conocimiento como padre." Me da mucha risa que hay investigaciones científicas que es como cosas que nosotros decimos, pues es obvio, ¿no? A poco no es obvio eso, pero es importante que se investigue, es importante que haya números y datos para decir, "No, pues sí es cierto."
Y estos señores se pusieron a investigar las expresiones faciales de los niños cuando estaban teniendo estos pues juegos eh riesgosos de forma positiva, o sea, cuando les estaban generando pues riesgos positivos, se podría decir. Y ellos señalan que la expresión facial que tiene el niño al momento de realizar la la actividad es un muy buen indicador. O sea, nos puede decir si debemos interferir o no con la actividad que está realizando el niño. Ellos hablan que cuando los niños están altamente concentrados, están observando, tienen mirada decisiva, están claramente decididos a realizar la actividad, a subirse al pasamanos, a tirarse eh del tubo de donde se tienen que tirar. Cuando los niños están concentrados y están decididos, es importante, dicen ellos, pues tomarse un momento, dejar que el niño resuelva la situación en la que se encuentra. Por el lado contrario, si ustedes están notando que el niño se queda paralizado, si la carita se le empieza a descomponer y si en vez de estar enfocado en la actividad que está tratando de realizar, empieza a voltear como desesperado para todos lados, como ya saben, dando pataleadas de ahogado, pues sí, ahí sí será tal vez de interceder, de entrar y ayudarle a resolver el problema. No necesariamente lo vas a bajar. Puede ser que le digas, "No te preocupes, sí puedes. Mira, pon un piecito aquí, pon un piecito allá." Ustedes como padres verán la mejor forma de resolverle al chamaco, pero lo que nos dicen ellos es, "Lee a tu hijo, aprende a leer las expresiones faciales de tu hijo. No siempre lo que tú consideras que es arriesgado para el niño va a ser arriesgado para el niño. No subestimes las capacidades de tu niño. Permítele a él decidir y ver sus límites y también en algunos casos pues hasta sufrir las consecuencias." O sea, de verdad que los niños pues sí se tienen que caer. De verdad que los niños pues sí se tienen que caer. Todos nos tenemos que caer, amigos. Hasta para caer hay maña. Y la tienes que aprender en la infancia cuando eres todavía así de gomita. ¿A poco no son de gomita los niños? Yo de verdad veo a los niños y digo, "Amigo, eso que te acaba de suceder a ti, me dejaría con un recibo del fisio que te paga toda la primaria. Te lo aseguro."
Y fíjense que hay algo bien curioso, porque como todo en esta vida hay todo un contexto social y cultural alrededor de cuántos riesgos dejamos que los morritos tomen. Existe, es es todo un tema. Resulta que los países escandinavos son altamente permisivos en cuanto al riesgo. O sea, ahí sí le afilan las navajas al bebé y le dicen, "Salte, ándale, a resolver el mundo allá afuera." Los escandinavos. ¿Por qué creen? Un tema altamente recurrente de este canal. ¿Por qué creen que los padres escandinavos son mucho más permisivos a que sus hijos tomen riesgos y tengan esta vida un poco más libre en cuanto al juego de riesgo? Por el acceso a la salud universal. Estos países que tienen a dónde llevar a sus chamacos si se le rompe el brazo, permiten que sus chamacos tengan este tipo de juego donde pues igual y se le rompe el brazo, pero pues no pasa nada porque tenemos acceso a un buen sistema de salud donde pues no pasa nada, o sea, en dos en media hora ya vas a tener ahí tu casquito para el brazo y seguimos. Llegamos en la noche a cenar a la casa. No se vuelve un evento mayor y catastrófico en la vida de los padres y los niños.
Y bien curiosamente mencionan aquí, los padres noruegos más estrictos están al mismo nivel que los padres canadienses más permisivos. Imagínense eso. O sea, el papá noruego que más reglas te pone y que más te tiene encerrado en tu casa está al mismo nivel que el papá canadiense que más te deja salir y hacer cosas y decidir por ti mismo. ¿Dónde creen ustedes? A mí de verdad esto me intriga mucho. ¿Dónde creen ustedes que esté México en esta escala? ¿Ustedes qué creen? ¿Ustedes qué percepción tienen? ¿Creen que seamos más permisivos? O sea, si México será más permisivo que los canadienses o tal vez somos menos permisivos. O sea, hay todo un contexto social alrededor de estas cosas que es bien interesante, amigos. Los determinantes sociales de la salud jamás pueden ser ignorados. El hecho de que tengas acceso a salud universal te hace ser un papá más libre de preocupaciones y eso hace que le des más libertad a tus hijos y eso hace que los niños salgan y jueguen de forma más libre y al mismo tiempo eso le reduce los niveles de ansiedad, de depresión, los hace más, les ayuda a que tengan mejor coordinación, a que sociabilicen mejor, a que tengan mayor autodeterminación, todas estas cosas que vimos. Y de dónde se desprende? Pues de que el chamaco tenga acceso a salud universal, que tengas ese seguro detrás que te permite tomar todas esas libertades. Los determinantes sociales de la salud, amigos, siempre bien importante.
Y entre más nos metemos en el contexto social, el tema se vuelve también cada vez más interesante. Por ejemplo, Estados Unidos es como el lugar número uno en seguridad en niños. O sea, ahí sí le ponen colchón al colchón donde se va a aventar el morrito. ¿Por qué? Pues porque es una sociedad altamente litigante. Al gringo le encantan dos cosas. Disparar. No es cierto. El gringo le fascina demandar. Le fascinan las demandas, todo lo que, o sea, si se resbala en un Walmart, dice, "Ya la hice. Aquí está mi jubilación. Me resbalé en el Walmart. Yes. Que yes." Entonces, al estar en un ambiente altamente litigante, las personas que se encargan de estos lugares de juegos para niños, ya sea ya saben, así como los juegos del McDonald's o las montañas rusas, cualquier juego donde se pueda subir un morrito, tienen que asegurar hasta el último detalle para que al niño, mira, que ni se le raspe la rodilla. O sea, no vaya a ser el tubo le esté muy duro para que lo agarre el niño y le duela la manita. No, no, no, no. Aquí no se puede permitir todo eso. Y eso que está generando está creando una burbuja donde los niños no tienen acceso a estos juegos de riesgo de riesgo controlado y moderado, como ya lo platicamos, que tiene muchísimos beneficios para la salud. O sea, son cosas que no tienen nada que ver. Que la sociedad sea altamente litigante y que tengas niños que no están desarrollando su capacidad de coordinación y de evaluar riesgos. Pareciera que son temas que no se tocan. Sin embargo, están siendo afectados. Nuevamente, amigos, determinantes sociales de la salud. Los seres humanos no existimos en el éter. Vivimos regidos por leyes, por normas, por políticas. Y estas leyes, normas y políticas tienen impacto en nuestra salud. El hecho de que Estados Unidos viva en una sociedad altamente litigante, pues limita la capacidad de sus niños de tener este juego que es riesgoso, que ya vimos que tiene, miren, para todo les está sirviendo a los morritos, altamente importante para su desarrollo.
Y otra de las formas en que la cultura permea en el desarrollo de los niños, que me llamó muchísimo la atención, es con los las áreas de juego alemana. Búsquenlo, búsquenlo en internet, busquen German Playground, búsquenlo en serio, porque esos señores son totalmente lo contrario. Si los gringos son el Ronald McDonald's, no quiere que tu niño se raspe la rodilla, los alemanes son, niño, necesitamos que aprendas a sobrevivir en una trinchera. De verdad, los parques de juego alemanes son conocidos, son famosos por ser los niños van a la guerra, o sea, de verdad, los niños es como pues quién sabe si regrese tu niño, pero se la está pasando de 10. Y este acercamiento de los alemanes a los espacios en los que se le permite a los niños jugar, que para muchas personas, o yo creo que en México incluso serían considerados riesgosos, o sea, no estamos acostumbrados a que haya tanto metal en en los juegos. Y fíjense que ahí yo sí creo que los papás mexicanos se les haría de pollo. Yo creo que dirían, "No, mij hijito, no, no te vayas a jugar para allá."
Resulta que la relación que tienen los alemanes con estos lugares de juegos viene de la destrucción causada después de la Segunda Guerra Mundial. Mm, imagínense eso. De verdad que me voló la cabeza enterarme de esto. Pues resulta que después de la Segunda Guerra Mundial, pues Alemania estaba en ruinas. Habían bombardeado prácticamente todas las ciudades. Eh, había muchos problemas que resolver, había hambrunas, había incertidumbre política, había muchísimos problemas y pues no había tiempo para fijarse en dónde estarían jugando los chamacos. Entonces, los niños empezaron a jugar entre los escombros porque pues era todo lo que tenían a su alrededor. Solamente había escombros, dónde más iban a jugar. Los niños jugaban trepando ruinas, construían fuertes con los restos de los edificios que habían sido bombardeados e incluso improvisaban sus propias trincheras. Y esto no era algo nuevo. Ya en 1943, el arquitecto Carl Theodor Sorensen propuso la idea de un parque infantil de chatarra. Scramelgan Platz propuso la idea de un parque infantil de chatarra. Scarameyedg Platz en danés. Este era un espacio donde los niños iban a poder construir, destruir y experimentar de forma libre, pero con seguridad. O sea, sí tenían maderas, tenían clavos, tenían cositas ahí de las cuales cuidarse, pero pues al final del día pues estaban en un lugar seguro, o sea, no se lo iba a llevar, no se los iba a llevar un un robachicos. El primer parque infantil de este tipo abrió sus puertas en Copenhague en 1943. Y este concepto se extendió por Europa devastada por la guerra, especialmente en Alemania y el Reino Unido, donde se vio como una vía saludable para canalizar la energía y el trauma de los niños. ¿Cómo la ven? La Segunda Guerra Mundial regalándonos los parques de chatarra. Claro que sí.
Y antes de cerrar me gustaría retomar dos puntos de lo que platicamos el día de hoy. Primero, eh algo que menciona la muchacha en su video cuando habla cuando está en el subibaja, dice, "Hay que poner un sube y baja que tenga los resortes bien duros para que los niños sin fuerza se vayan de frente." Fíjense que ese comentario esta muchacha señala un tema que a mí se me hace bien importante, superrelevante, que no les he traído a la mesa porque al momento creo que todavía no tenemos suficiente información, o sea, no existen estudios vastos que nos hablen de qué es lo que está sucediendo, qué tan grande es el problema. Hace falta más investigación para yo poderles armar un episodio que me parezca mucho más completo para hablar sobre ese tema y para entender si realmente es algo de lo que debemos preocuparnos o no, porque hay muchas cosas sucediendo en el mundo y hay veces que tenemos que saber si, o sea, si nos tenemos que preocupar o no, está pasando algo o no está pasando nada.
Fíjense que yo trato de seguir a muchos maestros, trato de estar enterada de qué están diciendo los maestros, qué está sucediendo en los salones de clase, qué están viendo ellos, porque ellos son los que están viviendo en el presente las cosas de las que nosotros nos vamos a enterar en el futuro. O sea, ellos están viendo ciertas tendencias, o sea, si los niños, por ejemplo, hoy en día están batallando más para concentrarse, para leer, o sea, ellos lo están viendo hoy. Nosotros nos vamos a enterarnos dentro de 2 años cuando les diga, "Ah, en 2025 se corrió un experimento con 1000 niños y encontraron AC." O sea, esos experimentos pues toman tiempo. Entonces, para mí el escuchar a los maestros hablar de lo que está sucediendo en el aula es como un termómetro. O sea, es un termómetro. Muchas de esas cosas son anecdóticas nuevamente. No, no, no lo podemos tomar tan a pecho como un estudio con una n con ciertos controles, pues no. Pero si funcionan como un, pues por lo menos a mí me sirven como un termostato, o sea, te van diciendo qué está sucediendo ahí. Y te digo, te lo dicen hoy, ellos te están hablando de lo que están viviendo en el presente.
Sigo a mucha gente, gente. Sigo a mucha gente. Luego me escriben y me dicen como, "Oye, ya viste que estás siguiendo este antibaxer." Y es como, "Sí, sigo a mucha gente loca. Me gusta escuchar qué está sucediendo en diferentes sitios, en las diferentes cabezas, burbujas del internet. Entonces, trato de estar al tanto de diferentes burbujas." Y un comentario que se repite de forma frecuente con los maestros es que ellos están viendo que los niños les están llegando cada vez más débiles, más débiles, o sea, como si no tuvieran suficiente fuerza en abdomen, o sea, en su core para mantener como una buena postura. O sea, como que son niños que cada vez vienen un poquito más, pues, no sé, suavecitos, delicaditos, como más encorbaditos y que además son niños que rápidamente se les cansan las manos, o sea, que no tienen la fuerza en la en la mano para estar haciendo todos los ejercicios que ellos le piden, que nuevamente, o sea, si eres un maestro que tienes 10, 15 años dando clases, pues me imagino que son las mismas exigencias, ¿no? O sea, antes los niños escribían durante 2 horas seguidas y ahorita estás viendo niños que a los 40 minutos pues ya se les está cansando la manita.
Entonces, este es un tema que yo un par de veces eh me he puesto a analizar, o sea, me he puesto a ver qué hay, qué se ha publicado al respecto y sí existen pocas pocas publicaciones que han analizado si realmente los niños se están volviendo más débiles. Nuevamente, esta parte de la fuerza en los niños es superimportante. Lo platicamos en el episodio de Coco Melón. El desarrollo físico para los niños va de la mano de su desarrollo neurológico y de su desarrollo como persona. Es bien importante el hecho de que tú como niño tengas fuerza suficiente en el abdomen para mantenerte erguido. Te libera los brazos, te permite respirar correctamente, te permite tomar otros movimientos que son más finos. Entonces, es bien importante la fuerza para los niños. Y a mí me llamaba mucho la atención que justamente lo menciona esta muchacha, o sea, que si el niño no está lo suficientemente fuerte, pues se va a caer. Nuevamente al niño le toca analizar ese riesgo y desarrollar fuerza es bien importante para los niños. Está en una etapa crítica de su desarrollo, entonces es bien importante que lo desarrollen. Y aquí pues nuevamente me llama mucho la atención que esta muchacha menciona a esos niños que pues tal vez no tengan la fuerza suficiente. Y yo lo que le diría es que los niños necesitan jugar esos juegos para fortalecer su cuerpo, porque los niños lo que necesitan no es ponerse a hacer abdominales, es subirse a ese subibaja, subirse y amarrar el abdomen y agarrarse con fuerza, porque así es como desarrollan ellos la fuerza. Necesitan colgarse porque así es como desarrollan la fuerza de agarre. Necesitan subirse a las cosas, necesitan utilizar su cuerpo. Y si no los dejamos utilizar su cuerpo, porque estamos muy espantados de que el lugar donde juegan, porque estamos muy espantados de que el chamaco se nos pueda caer, vamos a tener niños que no están desarrollando la fuerza que necesitan, que no desarrollan la coordinación que necesitan y de la mano van todos los impactos psicológicos. Niños que no tienen autoconfianza, niños que no aprenden a lidiar con la ansiedad, con el estrés, con el estar excitados y sentir estas emociones fuertes que conllevan esos juegos de.
Riesgo, que ellos saben que sí, que realmente ese tubo sí está duro, sí me puedo dar en la madre, pero pues lo voy a intentar aún así porque no porque un adulto me lo esté diciendo, porque soy un niño libre de tomar el riesgo.
Y el segundo punto, ahora sí para cerrar, tiene que ver con tropicalizar esta información para nosotros. Sí, amigos, el ego siempre que nos beneficia a nosotros. Los morritos, ¿qué? Los niños, hombre, que a ver, morrito, sácate, tú no pagas impuestos. ¿Cómo hacemos que todo se trate de nosotros?
Yo les quisiera dejar una reflexión antes de irme y es que nos sentemos a analizar qué tan seguido nosotros nos exponemos a este tipo de juego arriesgado. ¿Qué tan seguido? Y vamos a abrir un poco la definición porque no necesariamente vamos a estar jugando porque ya somos grandes, somos adultos en esta casa. ¿Qué tan seguido nos enfrentamos a situaciones de riesgo manejable? ¿Qué tan seguido nos enfrentamos a estas situaciones que nos generen taquicardia, que nos enseñen que el hecho de estar pasando por este momento de estrés no es necesariamente negativo, que es algo que tenemos que afrontar y que podemos resolver?
¿Qué tan seguido nos exponemos a cosas nuevas? ¿Nos aventuramos? ¿Nos arriesgamos? Y esto va desde actividades tan sencillas como hablar en público, ser principiantes en una clase, en una nueva actividad, estar en un medio ambiente pues que rete a nuestro cuerpo, que le exija a nuestro cuerpo, pero que también pues nos lleve a cierto punto de excitación, ciertas emociones fuertes. ¿Qué tan seguido se exponen a emociones fuertes que no necesariamente sean negativas? O sea, ya sabes que no que no sea que estés estresado o ansioso porque te hablaron los de recursos humanos o porque tu jefe, que es un bastardo, te está regañando. O sea, ¿qué tan seguido sientes tu corazón así de verdad palpitar por una actividad que tú estás decidiendo libremente hacer y que te genera esa clase de de adrenalina, de emociones fuertes, que te genera ese esa excitación y esa taquicardia que sí viene acompañada de estrés, de ansiedad, pero es parte de lo que te toca afrontar, que es parte de ese ciclo de afrontar y de estar del otro lado y decir, ¿sabes qué? Pues no pasó nada, no me morí. Fue una situación que me dio ansiedad, pero que la logré resolver.
Y estas actividades, pues bueno, es un abanico de actividades, ¿no? Puede ser hablar en público, puede ser ser principiante en algo nuevo, que te vea la gente fallar, que te vea la gente hacer el ridículo, avergonzarte de alguna forma. Ya sabes, esta gente que no sé, que se van y se visten de payaso, hacen mil cosas. Hay 1000 actividades que como adultos nos puede generar también esta sensación de, ay, híjole, qué arriesgado. O sea, hablar en público pues no, no es que sea un riesgo como tal, pero a poco no te sudan las manos, a poco no te pone nervioso. Que te expongas a este tipo de situaciones y que las resuelvas es algo positivo para ti. Así como es positivo para los niños, así como para los niños les genera un mayor sentido de autonomía, de autoconfianza, a ti también te lo va a generar. Lo que es positivo para los niños en su desarrollo muchas veces, la gran mayoría de las veces, sigue siendo positivo para nosotros en todas las etapas de nuestra vida.
También hay que correr riesgos, amigos. No hay que encerrarnos nosotros mismos en una burbuja de cristal donde todo lo que queremos es confort, ¿no? El estar incómodos, el sentirnos ansiosos. Eso, fíjense que también es muy bueno para nosotros. Nos da mayor seguridad, nos hace sentir pequeñas victorias, victorias que es bien importante tener. Y a veces una victoria puede ser escalar, ir a una pared a escalar y encontrarte a tu peor enemiga, la B5 y decir, "Voy a escalar, voy a escalar esa pared y la primera vez no voy a poder y la segunda vez puede ser que tampoco, pero mientras lo estás haciendo, te estás retando psicológicamente y también físicamente. Si vas a yoga, pues me voy a parar de cabeza. Si te gusta la bicicleta, pues me aviento de una montaña o me voy más rápido. Hay ciertos riesgos que podemos hacer en ambientes controlados, riesgos que son completamente controlados. Somos adultos, amigos. Tengamos criterio también. No me vengan a decir que se van a ir a aventar mañana una fosa de tiburones. Tampoco. Recuerden que los dos dedos de frente también muy importantes. Expongámonos a este tipo de actividades porque nosotros así como los niños también nos beneficiamos del juego arriesgado.
Espero que les haya gustado el episodio de hoy. Yo me la pasé de 10. A mí me encanta hablar de todos estos temas de desarrollo, de cómo la cultura nos impacta, de cómo las políticas tienen que ver con cómo creamos a nuestros niños. Resulta que si tienes acceso a salud eres un padre mucho más relajado y tranquilo. ¿Quién lo hubiera dicho? Seis dedos de frente se ocupan para decir que el acceso a la salud te vuelve mucho más tranquilo. Y de verdad, pónganse a hacer una reflexión de cuándo fue la última vez que tuvieron así la taquicardia, porque iban a hacer algo nuevo porque se iban a aventar. O sea, tampoco es de que voy a apostar mi casa tampoco. Por favor, cambia. Tu familia sufre, deja las aplicaciones de apuestas porque sí es algo que pasa con la edad, como que te vas haciendo más concha y empiezas a tomar menos riesgos.
Porque yo hacía mucha bicicleta de montaña, antes de la pandemia hacía bici de montaña. Me encanta. Me encantaba la bici de montaña, eh, principalmente cross country, o sea, no no downhill, pero ay, no sé, qué padre. Y después de la pandemia empecé a aprender a escalar en roca en montaña y me encantaba también me encantaba. Y no saben, ahí el estrés deja tú de caerse porque caerse como quiera estaba amarrada. Nuevamente son riesgos controlados, pero no saben el estrés con el que vivía de meter la mano en alguna rendija y que saliera una araña. O sea, yo ahí sí decía, "Me mato." O sea, me mato. Me voy a me voy a aventar de un clavado de esta montaña porque no hay forma. Sí, me encantaba hacer eso y fíjense que sí sentía eso, o sea, la todo es que sientes la adrenalina, sientes el reto de lo que vas a hacer, te pones ansioso, te da ñañaras en el estómago, se te revuelve el estómago a punto de subirte y cuando ya vas subiendo y de pronto llegas arriba y dices, "Ah, estoy del otro lado." y te da un bienestar y te sientes tan bien y se siente tan lindo estar haber logrado todo eso después de que la pasaste mal, porque sí, hay un tipo de felicidad que se logra cuando la pasas poquito mal, cuando de verdad te tuviste que esforzar, cuando de verdad no sabías si lo ibas a lograr o no lo ibas a lograr. Y eso es lo que beneficia tanto a los niños y a los adultos.
Recuerden que una que está sentada aquí no tiene chamacos ni los va a juzgar por cómo ustedes estén criando a sus chamacos. Eso sé entre ustedes y su chamaco. Ustedes críenlo como puedan, como la vida les permita. Es bien fácil hablar cuando uno no tiene chamacos. Ustedes críenlos como puedan, como mejor puedan. Al final del día lo que queremos es hacer el mejor trabajo posible por estos niños. Espero que no se sientan juzgados cuando hablo de estos temas que pues tienen que ver como cómo somos con papás. Mi misión siempre es que se vayan de aquí con información extra y jamás sintiéndose juzgados. Y recuerden que si se suscriben al canal, voy a ir personalmente a sus casas a darles un abrazo.
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