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Encuentran Algo Incomprensible en el Gran Colisionador de Hadrones ( CERN )

Astronomiaweb20:24

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[Música] Saludos, internautas. Un grupo de investigadores en el CERN ha encontrado una partícula subatómica muy extraña que desafía las leyes físicas del universo. Se ha bautizado como partícula X. Este hallazgo es revolucionario.

Esta partícula exhibe comportamientos que contradicen los modelos estándar, abriendo nuevas posibilidades para entender fenómenos cósmicos aún sin explicación, como el origen de la energía oscura que expande el universo o la composición de la materia oscura. Mi nombre es Juanjo Muñoz y estás viendo Astronomía Web. Este descubrimiento es tan importante que, si los científicos obtienen más datos de estas partículas, se podría estar ante un hito científico sin precedentes. Si las investigaciones en curso validan su comportamiento anómalo, este descubrimiento no solo desafiaría el modelo estándar, que es la base de la física moderna, sino que también nos abriría las puertas a una nueva comprensión del cosmos. La gran incógnita ahora es ¿qué nos desvelará esta partícula sobre los misterios más profundos del universo, desde su posible conexión con el Big Bang hasta su rol en la evolución cósmica? Las implicaciones podrían ser revolucionarias. En este vídeo exploramos las claves de un avance que podría redefinir la física tal y como la conocemos. [Música]

Hoy vas a descubrir cómo, en las profundidades de un gigantesco complejo científico, un breve destello de energía desencadenó uno de los hallazgos más prometedores del siglo. Lo que comenzó como un simple registro en un detector podría marcar el inicio de una revolución en nuestro entendimiento del universo. El CERN es uno de los centros de investigación más grandes del mundo. Más que un laboratorio, el CERN, organización europea para la investigación nuclear, es un símbolo de cooperación científica global, surgido en 1954 como un faro de esperanza en la Europa de la posguerra. Hoy es el epicentro de la exploración de lo infinitamente pequeño. Entre las montañas de Suiza y Francia se extiende este coloso de la ciencia, donde la ingeniería puntera y la colaboración internacional se unen para descifrar los enigmas fundamentales de la existencia. La joya de esta instalación es el gran colisionador de adrones LHC, una proeza tecnológica sin igual. Este anillo de 27 km, enterrado bajo tierra, funciona como una máquina del tiempo subatómica. Acelera partículas hasta el 99,99% de la velocidad de la luz, recreando las condiciones que existieron una fracción de segundo después del Big Bang. En su interior, protones chocan con una energía colosal, abriendo ventanas a dimensiones desconocidas de la realidad.

Como muchos de vosotros sabréis, el LHC ya hizo historia en el 2012 con el hallazgo del bosón de Higgs, la partícula divina que explica por qué la materia tiene masa. Pero esto fue solo el principio. Hoy, experimentos como Atlas y CMS, auténticos gigantes tecnológicos, escrutan cada colisión en busca de anomalías que podrían derribar los pilares del modelo estándar, desde partículas simétricas hasta rastros de materia oscura. Y cada dato acerca a la humanidad a comprender los misterios que constituyen el 95% del universo, un desconocido. ¿Qué secretos esperan tras el próximo destello?

Resulta que cada nueva colisión en el gran colisionador de adrones es potencialmente la llave a un territorio inexplorado de la física. En física cuántica, el vacío no está realmente vacío, sino que es un estado lleno de actividad oculta: fluctuaciones cuánticas, hay partículas virtuales y campos energéticos que aparecen y desaparecen constantemente. Cuando el LHC hace chocar protones a velocidades cercanas a la de la luz, libera energías comparables a las del universo primitivo. Estas colisiones pueden perturbar el vacío cuántico, generando estados exóticos de materia o incluso partículas nunca antes observadas. Así, los científicos deben analizar millones de interacciones por segundo y dar respuestas a la verdadera naturaleza de la energía oscura, la existencia de dimensiones adicionales y hasta nuevos estados de la materia que desafían todas las leyes conocidas. ¿Te imaginas una partícula casi invisible, como el neutrino, que puede ser clave para entender el universo?

Lo más asombroso de la investigación en física de partículas es que sus hallazgos no solo revolucionan nuestro conocimiento de lo infinitamente pequeño, sino que también transforman nuestra comprensión del cosmos. Hay partículas elementales más pequeñas que los átomos, y algunas de ellas se llaman quarks, neutrinos y electrones, que son los ladrillos básicos de todo lo que existe, desde las galaxias más lejanas hasta cada célula de nuestro cuerpo, desde el origen del universo y del tiempo hasta su posible final. Los descubrimientos en el CERN no solo buscan encontrar nuevas partículas más allá del modelo estándar, sino conseguir una conexión entre las leyes físicas con lo que observamos directamente a escala cosmológica. Y por eso el CERN representa el laboratorio tecnológico más grande que actualmente puede dar respuesta a los grandes enigmas del cosmos y el modelo estándar.

Seguro que muchas veces te has preguntado en qué consiste el modelo estándar en que nos basamos. Describe todas las partículas conocidas, como quarks, fotones y el famoso bosón de Higgs. Explica tres fuerzas fundamentales: el electromagnetismo, la fuerza nuclear fuerte y la débil, que son las fuerzas que hacen interactuar a las partículas que las unen. Sin este modelo, muchos misterios resueltos, como los átomos o la luz, serían imposibles. Y aunque hemos tenido grandes éxitos con este modelo, aún tiene lagunas importantes. No incluye la gravedad, esa deformación del tejido del espacio que hace que los objetos se caigan y la Tierra orbite al sol. Pues bien, para el modelo estándar es como si no existiera. La relatividad general de Einstein sigue siendo incompatible con la física cuántica y tampoco explica la materia oscura, esa materia invisible que rodea las galaxias que no podemos ver, pero que sabemos que existe porque actúa como un pegamento que mantiene unida la materia, y la energía oscura es justo lo opuesto. Sabemos que es la responsable de la expansión del universo. Y todo esto que no podemos ver forma parte del 95% del universo.

Imagina que alguien te sirve una taza de café negro delante de ti. Ves el café, pero no el azúcar. Sin embargo, notas ese ligero dulzor al probarlo y sabes que está ahí. Sabes que el azúcar está ahí por sus efectos, aunque nunca la veas. Y hasta podría ser un tipo de endulzante totalmente nuevo que no conocíamos. Y aunque en este caso podríamos detectarla en un microscopio, nos falta ese microscopio subatómico con propiedades especiales para detectar esa materia oscura. Es más, si hiciéramos caso al modelo estándar, ni la gravedad, ni la materia oscura, ni la energía oscura deberían existir. ¿Te puedes imaginar lo que estamos en este sentido? Así que la gran pregunta es ¿qué partículas son las responsables de la materia y la energía oscura? El CERN busca respuestas donde el modelo estándar se queda corto. Existen partículas simétricas que podrían ser la materia oscura. Hay dimensiones ocultas que modifiquen nuestra comprensión del espacio-tiempo. Hay muchas cosas que no entendemos.

Según las reglas del modelo estándar, el Big Bang debió crear materia y antimateria en cantidades idénticas. De haber sido así, ambas se habrían aniquilado mutuamente, dejando solo radiación en un universo vacío. Sin embargo, aquí estamos rodeados de materia, mientras que la antimateria parece haberse desvanecido casi por completo. Aunque el modelo incluye mecanismos que podrían explicar parcialmente esta asimetría, ninguno justifica la brumadora predominancia de materia que vemos. Y aquí viene lo interesante. Si el modelo estándar no puede explicar todo esto, es que hay algo más allá de la física, algo que sugiere que falta algo fundamental en nuestra comprensión de las leyes universales. Hay partículas exóticas que podrían explicar la gravedad, el principio del universo y todo lo que no entendemos.

En este contexto, los recientes hallazgos en el CERN adquieren especial relevancia. Durante experimentos con el LHC, los detectores Atlas y CMS registraron señales inesperadas, unas partículas efímeras con propiedades que desafían las predicciones establecidas. Estas partículas X, llamadas así por su naturaleza desconocida, se cree que podrían ser las reliquias del universo primitivo, cuando la materia existía como un plasma de quarks y gluones. Y, ¿cómo comprenderéis? Su detección es un desafío técnico monumental entre billones de colisiones rutinarias. Lo intrigante es que estas partículas mostraban masas no asociadas a partículas conocidas, con interacciones que violan las reglas establecidas por las fuerzas fundamentales y con unos tiempos de desintegración efímeros, aunque suficientes como para que las detectemos. Algunos pensarán que será un error en los datos o una fluctuación de energía anómala, pero no, es el resultado de muchos años de avances en física de partículas gracias al ingenio humano y un desarrollo tecnológico sin precedentes. Hoy día los científicos del CERN se encuentran en la frontera de lo desconocido, explorando territorios que podrían redefinir nuestro entendimiento del cosmos. Pues bien, la partícula X nos dice que definitivamente hay algo más allá del modelo estándar.

Lo extraordinario de estas investigaciones es que sus repercusiones van mucho más allá del mundo subatómico. Comprender la naturaleza de estas señales anómalas podría proporcionar claves sobre los primeros momentos del universo, cuando las leyes físicas actuales dejaban de ser válidas, y entenderíamos por qué el universo es realmente así, por qué existimos y por qué se expande el universo cada vez más rápido. Históricamente, el descubrimiento de nuevas partículas siempre nos ha hecho avanzar en nuestra comprensión del cosmos. A modo de ejemplo, los neutrinos, con una masa muy ligera, predichos teóricamente en los años 30 y detectados experimentalmente décadas después, son un ejemplo perfecto de estas escurridizas partículas que resultaron ser esenciales para entender los procesos astrofísicos, como las reacciones nucleares en las estrellas que dieron vida a planetas como la Tierra.

Así que la partícula X podría dar respuesta al problema de la materia oscura, que constituye aproximadamente el 27% del contenido energético del universo y cuya presencia se infiere por efectos gravitacionales. Sin esa materia oscura, las estrellas de las galaxias saldrían disparadas en todas direcciones. No hay suficiente masa para retenerlas, pero la materia oscura sigue siendo indetectable directamente. El problema es que no emite luz de ningún tipo. Si la partícula X tiene una masa pequeña y una interacción muy débil con la materia visible, sería un buen candidato a materia oscura. Algunas teorías proponen que la materia oscura podría estar formada por WIMPs, que son partículas masivas de interacción débil, y que los científicos llevan décadas buscando y cuya naturaleza coincidiría con las propiedades de las anomalías detectadas.

Pero la partícula X no solo podría estar detrás de la materia oscura, sino que sería la responsable de la expansión acelerada del cosmos. Allí donde parece que no hay nada, siempre hay partículas que aparecen y desaparecen. Algunos físicos sugieren que la energía oscura podría estar relacionada con las fluctuaciones del vacío. Es decir, que el vacío cuántico estaría en interacción con partículas exóticas y eso provocaría un efecto de expansión acelerada. Y aquí es donde entra en juego la partícula X. Si esta partícula pudiera excitar el vacío cuántico o cambiar las propiedades del espacio-tiempo, como la densidad, eso explicaría por qué el universo se expande cada vez más rápido en lugar de desacelerarse, como sería lo esperado. Esto es muy interesante porque, si la partícula X es un intermediario que equilibra las propiedades del vacío cuántico, estaríamos ante las puertas de una nueva física que conecta la física de partículas con la cosmología. Y eso no es nada descabellado.

Recordad la predicción del bosón de Higgs. Al principio era puramente teórico y su detección confirmó cómo adquiere masa a las partículas, y esto nos acercó mucho más a la estructura básica del cosmos. De forma similar, la partícula X podría unir la física de partículas con el macrocosmos y explicar mucho mejor los secretos de la materia. Y ahora me diréis: "Entonces, lancémonos a estudiar la partícula X y problema resuelto". Esto ya lo están haciendo los científicos, muy concentrados por volver a medir la partícula X. Pero ojo, no es tan sencillo. Estas partículas son de vida tan corta que recuerda mucho a los neutrinos. Interactúa tan débilmente con la materia que se escapa de nuestros instrumentos. Esto representa un reto, ya que recordemos que el CERN gasta más de 800,000 MW h de electricidad al año y ahora representa uno de los esfuerzos tecnológicos más importantes de la última década, solo comparable al bosón de Higgs.

Para que os hagáis una idea, el CERN recrea condiciones tan extremas como las que había en el universo primitivo y, en cada colisión de partículas, los científicos deben medir más de 1000 millones de colisiones por segundo. Esto se traduce en un montón de datos en una pantalla donde pueden existir fluctuaciones anómalas, ruido, y para calcular la gran cantidad de datos y distinguir las partículas se ayudan de mapas teóricos y de inteligencia artificial. La mayoría de los cálculos detectados corresponden a partículas predichas por el modelo estándar. Solo en este pequeño porcentaje hay eventos raros del vacío cuántico. ¿Comprenderéis el reto tan increíble que representa encontrar nuevas partículas? Y entre este tipo de eventos raros, el CERN ha descubierto nuevos tipos de partículas exóticas, como los pentaquarks y tetraquarks, que no encajan en el modelo estándar de física de partículas y que nos dice que la materia se puede organizar de formas que no creíamos posible.

Y en cuanto a eventos raros, aquí hay algo que os va a resultar curioso: científicos del CERN, con la colaboración de Alice, han logrado recrear un deseo milenario: convertir el plomo en oro. Según los resultados, las colisiones de plomo a altísimas temperaturas generan unas condiciones tan extremas que se crean partículas diminutas de oro. Es algo que sorprendería a nuestros antiguos. Aunque el plomo y el oro tienen una densidad similar, son muy distintos. El plomo contiene 82 protones y el oro 79. Los alquimistas desconocían este hecho para poder alterar la estructura molecular de estos elementos. Sin embargo, no ha sido hasta nuestra era que ha sido posible transmutarlos con reacciones nucleares. Las casi colisiones entre núcleos de plomo al 99,99% de la velocidad de la luz generan grandes campos electromagnéticos capaces de cambiar la estructura atómica. En este proceso, si un fotón golpea un núcleo de plomo, emite protones y neutrones. Al perder tres protones, se convierte en oro. Aunque su existencia dura solo una fracción de segundo, es una muestra de las capacidades que el gran colisionador de adrones puede hacer.

Los eventos más raros en el LHC implican que no solo hay un bosón de Higgs, sino al menos cinco tipos de bosones de Higgs que interactuarían con la materia de forma diferente. Así, por ejemplo, si el bosón de Higgs tiene una masa de 125 GeV, tenemos indicios de un Higgs pesado de 750 GeV. Sin embargo, desapareció tan rápido que fue imposible analizar más datos. En cada nueva colisión descubrimos más de estos eventos y es todo un desafío emocionante. Es más, si existe un segundo Higgs, significa que hay más estructura y campos de energía desconocidos y que la realidad podría ser más profunda de lo que imaginamos. Es como descubrir que tu casa tiene habitaciones secretas, y aquí es cuando la tecnología se nos queda pequeña. Aunque los detectores Atlas y CMS son increíblemente avanzados, creemos que hay mucho margen de mejora. Hay muchos proyectos que se están construyendo, como el colisionador lineal internacional, ILC de Japón, y el FCC, Colisionador Circular Futuro, que prometen ampliar aún más nuestras capacidades de exploración, permitiéndonos alcanzar energías aún mayores, eliminando falsos positivos y sondeando regiones inexploradas de la física con muchas partículas esquivas que las tecnologías actuales no pueden detectar. Muchas han sido teorizadas, como el gravitón, y que seguimos buscando. Creemos que el gravitón es responsable de la gravedad, pero la gravedad es una fuerza tan débil a escalas subatómicas que se necesitaría un detector del tamaño de Júpiter para producirlos y sensores mucho más precisos. Algo bárbaro.

Y esto nos hace preguntarnos ¿hemos entendido hasta ahora nuestro universo o solo hemos descubierto una gota de agua en el océano? Parece ser que, por mucho que avancemos, nunca podremos saberlo todo. Y cuando descubrimos algo, se abre otra puerta a lo desconocido con nuevos enigmas. Sin duda, la ciencia es fascinante porque siempre evoluciona y no deja de sorprendernos. Y esto ha sido todo. Os espero en el próximo vídeo programa con nuevos enigmas y descubrimientos. Si te gustó este vídeo, dale a like y suscríbete. Un abrazo cósmico a todos. [Música] La orilla.