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Don Quijote de la Mancha, primera parte, capítulo 31.
"O, que Sancho, contame entonces cuando la viste. Dulcinea, ¿ya te preguntó por mí?"
"No me preguntó por usted. Yo le conté todo lo que estaba haciendo penitencia en pelotas en un bosque y todo eso."
"Cuando te acercaste a ella, ¿sentiste ese perfume delicado que tiene?"
"No tenía como un olor a hombre, más bien señor."
"Y escuché una cosa. ¿Es que hizo cuando le diste la carta? La rompió porque ella no sabe ni leer ni escribir y demás."
"No quería que nadie se enterara de su intimidad. Dijo que le bastó con lo que yo le conté acerca de usted y dijo además que tenía ganas de verlo."
"Y cuando te despidió, ¿qué joya de regalo? Porque en las historias de caballería, cuando la princesa despide al mensajero, le regala una joya."
"Pero de qué joya me habla, maestro pan y queso. Más regalo."
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"Hoy, buena cosa, Sancho. Tengo el corazón dividido porque por un lado quiero ir a ver a Dulcinea, pero por otro lado tengo este compromiso que adquirí con la princesa Micomicona."
"Jefe, se lo pido por favor. ¿Cuántas veces lo tengo que decir? No puede dejar pasar esta oportunidad. Usted vaya, mate ese gigante, luego se casa con la princesa y después veremos."
"Por Dios."
En eso, el barbero Maese Nicolás le pide al grupo que frenen porque tenía sed y quería tomar agua en una fuente. Cuando justo pasa por ellos un muchachito que lo reconoce a Don Quijote.
"¡Hola, señor! ¿No me reconoce? Soy Andrés, aquel muchachito al que otro señor azotaba contra un árbol y usted pasó y me desató. ¿Recuerda?"
"Reconozco públicamente por mi servicio. Lo que pasó fue que una vez yo estaba andando con mi caballo y vi que este muchacho, un señor, le estaba dando azotes. Lo tenía atado a un árbol y lo azotaba. Luego me enteré. Cristo, este señor era el empleado de este muchachito, que no solo no le quería pagar, sino que además le estaba dando azotes. Pero que si esto es una locura. Entonces yo le dije a ese señor que lo desatara este muchacho y que le pagara además el juicio de campo."
"Sí, sí, todo eso es verdad. Pero yo le voy a pedir un favor a usted. No me ayude nunca más porque gracias a su intervención, no solo este tipo no me pagó, sino que después, con usted se fue, le agarró más bronca y me siguió pegando aún más. Me dejó molido."
"Claro, el problema fue haber confiado en la palabra de tu jefe. Para escuchar a mi ese hijo de su madre."
"Don Quijote, recuerda que tiene un compromiso. Tiene que matar un gigante."
"Ojo, de verdad. Bueno, escucha una cosa, Andreccito. A la vuelta lo resuelvo."
"Sin amor. La verdad es que yo no le creo. Pero bueno, más que venganza, lo que necesito llegar a Sevilla. Además, me estoy muriendo de hambre. Nadie tiene algo para darme para comer."
Sancho sacó pan y queso de sus alforjas y le dio a Andrés.
"Aquí tenés pan y queso. Por favor, toma. Lo que a todos nos alcanza, alguna parte de tu desgracia."
"Así. ¿Y qué parte alcanzamos? Esa parte de pan y esa parte de queso."
Y el muchacho tomó la donación y, viendo que nadie más le iba a dar nada, se fue. Pero antes lo maldijo al Quijote.
"Señor caballero andante, les pido un solo favor. Si usted me vuelve a ver a mí en problemas, no se meta porque estoy seguro que la desgracia va a ser mayor si usted interviene. Dios lo maldiga a usted y a todos los caballeros andantes del mundo."
"Y vamos a levantado al Quijote para castigarle más."
Él se puso a correr, de modo que ninguno se atrevió a seguirle. Quedó corrí ximo Don Quijote del cuento de Andrés, y fue menester que los demás tuviesen mucha cuenta con no reírse por no acabar de correr del todo.
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