Transcription
El Señor esté con ustedes.
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo.
[Música]
En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y se lo llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos y su rostro resplandecía como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.
[Música]
Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.
[Música]
Pero Entonces tomó la palabra y dijo a Jesús: "Señor, qué bien se está aquí. Si quieres, hay tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías."
Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía: "Este es mi Hijo el Amado, mi predilecto. Escuchadlo."
Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y tocándolos, les dijo: "Levantaos, no temáis." Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: "No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos."
Palabra del Señor.
[Música]
Queridos hermanos, vamos a explicar el pasaje de la transfiguración con cuatro preguntas. No se preocupen, yo voy a dar las respuestas y voy a conectar todo ello con la Santa Misa.
La primera pregunta es: ¿Qué es la transfiguración? Si vamos al diccionario, la palabra transfiguración significa que la misma persona muestra otra figura. No es otra persona, es la misma que muestra otra figura. Por ejemplo, las mujeres van al salón de belleza y cómo vuelven: transfiguradas. Jesús se transfiguró, es decir, mostró otra figura, mostró visiblemente la gloria de ser el Hijo de Dios, tan Dios como el Padre. La transfiguración es la única vez en la vida terrena de Jesús donde él muestra visiblemente que es el Hijo de Dios con poder, que es Dios lleno de gloria. Nos dice el evangelio que en la montaña Santa, el Tabor, el rostro de Jesús brilló, sus vestidos se volvieron blancos y Pedro, ¿qué dice? "Qué bien se está."
Queridos hermanos, para nosotros la Misa es como un tabor. ¿Ustedes en la Misa cómo se sienten? ¿Bien o mal? No hay nada más bonito que vivir la Misa. Es nuestro tabor, es el mayor encuentro que podemos tener con Cristo resucitado. La transfiguración fue un anticipo de la resurrección de Cristo. A mí me da mucha pena cuando celebro misas de difuntos o misas de matrimonio, porque la mayor cantidad de las personas que participan en esas misas no participan, valga la redundancia. Están ahí, no saben cuándo sentarse, cuándo levantarse. En la consagración no se ponen de rodillas. Están más perdidas que tiburón en el Titicaca. ¡Qué pena! Ustedes sí participan de la Misa. Vivamos cada Misa como un tabor y, como Pedro, tenemos que decirle a Jesús: "Señor, qué bonito que es estar en la Santa Misa. Qué bien se está aquí."
Segunda pregunta: ¿Qué implica la presencia de Moisés y Elías en la transfiguración? Hemos escuchado en el evangelio: Jesús se transfiguró, mostró visiblemente la gloria de ser el Hijo de Dios, de ser Dios. ¿Y quiénes aparecen al lado de Jesús? Moisés y Elías. ¿Qué implica la presencia de Moisés? ¿Qué implica la presencia de Elías? Moisés representa la Ley. Elías representa a los profetas. Hermanos, ¿cuántos libros tiene el Antiguo Testamento? Cuarenta y seis. ¿Y el Antiguo Testamento a quién anuncia? A Cristo. En la Santa Misa proclamamos la palabra de Dios. Los domingos del tiempo ordinario, la primera lectura es, pregunto, ¿del Antiguo Testamento o del Nuevo Testamento? Del Antiguo Testamento. Y no está por gusto que leamos textos del Antiguo Testamento, porque los textos del Antiguo Testamento, ¿a quién anuncian? A Cristo. Por eso hay que estar atentos cuando se proclama la palabra de Dios, porque toda la Escritura anuncia a Cristo y toda la Escritura nos lleva a Cristo.
Moisés representa la Ley, y Cristo es nuestra Ley. Elías representa a los profetas, y ¿quién es el profeta definitivo? Jesucristo. Cristo es el profeta con mayúsculas. Más aún, es la misma Verdad, es Dios con nosotros. Queridos hermanos, estemos atentos cuando se proclama la palabra de Dios en la Santa Misa. La palabra de Dios es luz para que vivamos correctamente, para que vivamos en la santa Ley de Dios, para que vivamos el Decálogo. Y la palabra de Dios nos anima a ser profetas. Tenemos que ser profetas, decir la verdad y denunciar lo que está mal. Ayer, en la Misa, en la homilía, decía lo siguiente, lo voy a volver a repetir. Ayer decía que aquí en Lima, en el aeropuerto...
[Música]
...se han colocado baños con identidades de género y nadie ha reclamado. ¿Qué es eso de baños con identidad de género? Es lo siguiente: yo, siendo varón, puedo decir: "Me siento mujer" y ¿a qué baño? Al de mujer. Y si es un violador, un violador puede decir: "Me siento mujer", entra a un baño de mujeres donde hay niñas, donde hay damas. ¿Quién ha reclamado? Hermanos, tenemos que ser profetas, decir la verdad. La palabra de Dios que se proclama en la Misa es un impulso para vivir nuestra misión profética. Por eso, ¡qué importante es estar a la escucha de la palabra de Dios! Toda la palabra de Dios me lleva a Cristo y me anima a reflejar a Cristo, a decir siempre la verdad.
Tercera pregunta: A ver, si responden correctamente esta pregunta, ¿quién se revela en la transfiguración? ¿Solo Jesús? ¿Solo el Padre? ¿La Trinidad? En la transfiguración se revela la Trinidad. Nosotros creemos que hay un solo Dios y tres personas divinas. El Hijo se transfigura, mostró visiblemente la gloria de ser Dios. El Padre habla: ¿qué dice el Padre? "Este es mi Hijo amado, el predilecto, escuchadle." ¿Y el Espíritu Santo dónde está? Se ha escondido, está bajo la forma de la nube que lo cubre todo. El pasaje de la transfiguración es una revelación de la Trinidad: el Hijo se transfigura, el Padre habla y el Espíritu Santo lo cubre todo con la forma de la nube.
Hermanos, en cada Santa Misa nos unimos a la Santísima Trinidad. Todo en la Misa se realiza siempre en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Y en la Santa Misa nos unimos todos a Cristo con la fuerza del Espíritu Santo, y Jesús nos lleva al Padre. Vamos al Padre por el Hijo con la fuerza del Espíritu Santo. La Misa es obra de la Trinidad, la Misa es lo máximo.
Y la última pregunta, con esto ya concluimos la explicación de la transfiguración: ¿Qué pasó luego de la transfiguración? ¿A dónde se fue Jesús? A Jerusalén. ¿Y Jesús para qué se fue a Jerusalén? ¿Por qué no se fue a Nazaret? Porque Jesús va a ir al Calvario a morir por nosotros. Jesús va del Tabor al Calvario. En el Tabor, el rostro de Jesús brilló. En el Calvario, el rostro de Jesús tiene una corona de espinas y está chorreando sangre. En el Tabor, el vestido de Jesús se volvió blanco. En el Calvario, Jesús está desnudo en la cruz. En el Tabor, Pedro dice: "Qué bien se está aquí." En el Calvario, Pedro no está. En el Tabor, el Padre dice: "Este es mi Hijo amado, mi predilecto, escuchadlo." En el Calvario, el Padre está mudo y Jesús dice: "Elí, Elí, ¿lemá sabactaní? Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?"
El Tabor fue muy breve. ¿Cuánto tiempo estuvo Jesús en la cruz en el Calvario? Tres horas. Aquí tenemos la cuarta enseñanza para nosotros: la Misa es el Tabor. No hay nada más bonito que estar en la Misa, que adorar al Señor, que alabar al Señor, que pedirle al Señor lo que necesitamos, que darle gracias al Señor. Termina la Misa, termina el Tabor. Salimos del templo y vamos a tener... piensa tu esposo, tu esposa, el Calvario. No soy pesimista. La vida no es fácil. Jesús bajó del Tabor y se fue al Calvario. Vive bien la Misa y cuando termine la Misa, vas a salir lleno de Cristo para estar de pie en el Calvario. Y todos tenemos calvarios. Es más, el verdadero discípulo de Cristo tiene que llevar muchas cruces, tiene que ir en contra de la corriente, porque tiene que estar siempre firme en su fe y no aceptar lo que dice la mayoría.
Queridos hermanos, vivamos bien la Misa en nuestro Tabor y cuando termine la Misa, llenos de Cristo, daremos testimonio de Él en nuestra casa, en nuestro trabajo, en la universidad, en el instituto, en la calle, con nuestros amigos, etcétera, etcétera, porque hemos vivido bien la Misa. Vamos a pedirle hoy a la Santísima Virgen María que nos ayude a todos nosotros a vivir correctamente la Santa Misa. Para nosotros la Misa es el Tabor y, como Pedro, cada vez que estamos en la Santa Misa, le decimos a Jesús: "Señor, qué bien que se está aquí." Que así sea.
Hermanos, he lanzado cuatro preguntas y he conectado esas preguntas y sus respuestas con la Misa. Que es la transfiguración, es la única vez en la vida terrena de Jesús donde él mostró visiblemente la gloria de ser el Hijo de Dios, de ser el mismo Dios. Y por eso Pedro, al contemplar a Jesús transfigurado, dice: "Qué bien se está aquí." El aviso: tenemos el mayor encuentro con Cristo resucitado. La Misa es lo máximo, es nuestro tabor.
Número dos: ¿Qué implica la presencia de Moisés y Elías? Moisés representa la Ley, Elías a los profetas. Cristo es nuestra Ley, Cristo es el profeta definitivo, más aún, Cristo es la misma Verdad. Cuando estamos en Misa, escuchamos la palabra de Dios. La palabra de Dios nos anima a vivir en la santa Ley de Dios. La palabra de Dios nos anima a ser profetas, a decir la verdad sin dorar la píldora, porque Cristo es la Verdad.
Número tres: ¿Quién se revela en la transfiguración? La Santísima Trinidad. El Padre habla: ¿qué dice el Padre? "Este es mi Hijo amado, mi predilecto, escuchad." El Hijo se transfigura y el Espíritu Santo aparece bajo la forma de la nube. En cada Santa Misa nos unimos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Vamos al Padre por el Hijo con la fuerza del Espíritu Santo.
Cuarta pregunta: ¿A dónde se fue Jesús luego de la transfiguración? Al Calvario. Nuestra Misa, la Misa que vivimos todos los domingos, algunos vienen a Misa todos los días, es nuestro tabor, pero luego viene el Calvario, la vida ordinaria. Todos tenemos que llevar cruces, pero si vivimos bien la Misa, si nos llenamos de Cristo, llevaremos las cruces de cada día con alegría y además seremos Cristo para los demás. Se tiene que notar que hemos estado en Misa, se tiene que notar que para nosotros la Misa es el tabor. Así estaremos de pie en el Calvario.
Vamos a pedir a la Virgen, nuestra Madre, que nos ayude a vivir bien la Santa Misa. La Misa es para nosotros nuestro tabor y, como Pedro, le decimos a Jesús Eucaristía: "Qué bien se está aquí, Señor, contigo."
Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Jesús, en ti confío. Jesús, en ti confío. Jesús, en ti confío.
Dulce Corazón de María, la salvación del alma mía.
San José, ruega por nosotros. Santa, ruega por nosotros.