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El Señor esté con ustedes. Y con tu espíritu.
Lectura del santo evangelio según San Mateo. A ti, Señor.
En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaú, un centurión se le acercó rogándole, "Señor, tengo en casa a mi criado que está en cama paralítico y sufre mucho." Jesús le contestó, "Voy yo a curarlo." Pero el centurión le respondió, "Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para que mi criado quede sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes y le digo a uno, ve y va. Al otro, "Ven y viene. A mi criado, hace esto y lo hace."
Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían, "Les aseguro que en Israel no he encontrado a nadie con tanta fe. Les digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos."
Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
Este tiempo de Adviento es un tiempo donde la palabra de Dios va a incidir mucho en la virtud de la esperanza. Hemos escuchado en la primera lectura un pasaje de Isaías, que es el profeta del Adviento. Isaías inyecta esperanza al pueblo de Israel. Vendrá aquel que traerá la paz. Ya nadie se va a preparar para la guerra, porque el Mesías traerá paz. La esperanza, queridos hermanos, nos lanza un futuro maravilloso. Estamos esperando la venida gloriosa de Jesús, el príncipe de la paz. Pero no hay esperanza si no hay fe. Muchas veces en la Biblia la fe y la esperanza aparecen como palabras que se intercambian. Creo en Dios, por eso espero en Dios. Espero en Dios porque creo en Dios. Benedicto 16 nos dejó una encíclica muy bonita. En la esperanza somos salvados. Y ahí decía, "La fe y la esperanza muchas veces en la Biblia incluso aparecen como palabras sinónimas. Está claro que la virtud más bonita es la caridad, pero si no hay fe, no hay caridad. Si no hay fe, no hay esperanza. Hoy en el evangelio nos encontramos con un hombre de fe y porque tenía fe tenía esperanza. Esperaba la sanación de su criado. ¿De quién estoy hablando? Del centurión. Fíjense que Jesús elogió la fe del centurión. No he encontrado en ningún israelita tanta fe como este hombre. De hecho, sus palabras han pasado la liturgia. El centurión le dice a Jesús, "Señor, no es necesario que vayas a mi casa. Basta que digas una palabra y mi criado sanará."
Es bueno, queridos hermanos, examinarnos sobre cómo está nuestra fe. La fe tiene varias dimensiones. Voy a señalar cuatro que son importantes para tener una fe viva como la del centurión. La fe tiene una dimensión doctrinal. Hace unas semanas una señora me decía, "Padre, recién me he dado cuenta que la reencarnación es una doctrina que no es católica, que no es cristiana." Yo creía en la reencarnación, padre. Hermanos, la ignorancia hace daño. Hay que cuidar esa dimensión, la dimensión doctrinal. Nosotros creemos en unas verdades. Hay un contenido de la fe. Por eso la iglesia nos pide conocer el catecismo. Un sacerdote que basurea el catecismo hace daño a sus feligres. Hay que conocer el catecismo. Está claro que la Biblia es el libro por excelencia de un católico. Pero no vamos a comprender la Biblia si primero no conocemos nuestro catecismo. Por eso, hermanos, tenemos que preocuparnos por nuestra formación doctrinal. lee tu catecismo, tu catecismo básico, y estás cuidando tu fe, porque la fe tiene una dimensión doctrinal que no es la única.
La fe también tiene una dimensión espiritual. No solamente hay que conocer el catecismo, hay que rezar, hay que frecuentar los sacramentos, hay que meditar la palabra de Dios. La palabra de Dios cuando se medita hace que tengamos una fe viva, pero no basta la dimensión doctrinal y la dimensión espiritual. Está la dimensión caritativa. ¿Cuál es la virtud más bonita? La caridad. Y fíjense, la misma escritura remarca la importancia de la dimensión caritativa. Hay dos citas bíblicas que me gusta siempre compartir. Gálatas 5:6. ¿Qué he dicho? Gálatas 5:6. San Pablo dice, "La fe actúa por la caridad." ¿Cómo actúa la fe? por car por la caridad. No basta conocer el catecismo, no basta que reces, no basta que frecuentes los sacramentos, no basta que medite la palabra de Dios. Hay que practicar las obras de misericordia. Y la otra cita ustedes la conocen muy bien. Santiago 2:17. Una fe sin obras, ¿cómo está? Muerta. Santiago 2:17. Una fe sin obras, ¿cómo está? Muerta. Por eso, hermanos, hay que practicar las obras de misericordia y así la fe va a estar viva. La fe tiene una dimensión caritativa.
Pero no basta hablar de la dimensión doctrinal, espiritual y caritativa. Está la dimensión apostólica. La fe hay que transmitirla. Es más, un termómetro de cómo está mi fe es si yo hablo de Jesús a los demás, porque de la abundancia del corazón habla la boca. Si yo veo una persona que tiene la pasión por evangelizar, digo, ese es un creyente de verdad. está transmitiendo su fe sin hacer cosas raras, como decimos en el Perú, sin hacer alaraca, de forma natural, sin figuretismos. Un creyente auténtico transmite su fe, no solamente hablando de Jesús con su propia vida. Hoy le pedimos a la Virgen que nos ayude a examinarnos para detectar qué aspectos de nuestra vida de fe deben mejorar, porque siempre se puede mejorar. Hemos señalado cuatro dimensiones. ¿En qué dimensión estamos fallando? Que la Virgen Santísima cuide nuestra fe, porque cuidando nuestra fe seremos personas de esperanza y sobre todo que practican la caridad. Que así sea. Amén.
Queridos hermanos, estamos en el tiempo de Adviento. La palabra de Dios nos va a inyectar esperanza. Isaías anuncia un tiempo donde ya nadie se va a preparar para la guerra porque vendrá el Mesías, el príncipe de la paz. Jesús es el príncipe de la paz y estamos esperando su venida gloriosa. Pero no nos debemos olvidar que la base de todas las virtudes teologales, ¿cuál es? La fe. La fe es la base. Si no hay fe, no hay esperanza. Si no hay fe, no hay caridad. He hablado de cuatro dimensiones para que juntos hagamos examen de conciencia. ¿Cómo está nuestra fe? ¿Es una fe como la del centurión? ¿Una fe viva? ¿Una fe sólida? ¿Hay una dimensión doctrinal? Católico ignorante, seguro, protestante. Hay que conocer el catecismo, por supuesto que hay que leer la Biblia y conocer lo básico de la Biblia, pero primero hay que conocer el catecismo, hay que conocer lo que creemos, las verdades de fe. Hay una dimensión espiritual. Hay que rezar todos los días, frecuentar los sacramentos, sobre todo la confesión y, por supuesto, lo máximo la Eucaristía. Hay que meditar la palabra de Dios, tener una gran devoción a la Virgen, pero no basta lo doctrinal y espiritual, hay una dimensión caritativa. La fe se expresa con obras. Gálatas 5:6, la fe actúa por la caridad. Santiago 2:17, una fe sin obras, ¿cómo está? Muerta. Pero además la fe hay que contagiarla, hay que transmitirla. Hay una dimensión apostólica. Yo tengo que hablar de Jesús a los demás. Tengo que evangelizar. Que la Virgen cuide nuestra fe. Que la Virgen nos ayude a tener una fe viva, una fe sólida, como la fe del centurión.
Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Sagrado Corazón de Jesús, en vos contigo. Dulce Corazón de María, sea la salvación del alma. San José, ruega por nosotros.
El Señor esté con ustedes. Espíritu.
La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre. Pueden ir en paz. Demos gracias a Dios.