Transcription
Vamos a comenzar esta unidad explorando cómo los consumidores realizan decisiones. Para explicar la conducta del consumidor, nos basamos en un modelo económico de elección racional. Racional en el sentido de que el consumidor va a realizar sus elecciones de manera que lo van a conducir a la mayor satisfacción posible, dadas sus preferencias, sus ingresos y los precios de los bienes y servicios disponibles para él.
De manera que un consumidor va a enfrentar un problema de optimización. Optimización de su satisfacción. Debe tener que elegir la combinación de bienes preferida de entre todas las que pueda comprar, dada su renta y el precio de los bienes y más.
Imaginemos un consumidor navegando por los sitios web de sus negocios favoritos, tratando de decidir cómo gastar su presupuesto en ropa. Si tu consumidor tuviera un presupuesto ilimitado, su decisión sería fácil: compraría lo más posible de todo lo que quisieran. Dado que él y un presupuesto limitado quería en ese caso, y aquí aparece el conflicto entre posibilidades y deseos. Hay cosas que aún le gustaría tener, pero no puede pagar. Y también hay cosas que uno sí podría pagar, pero no nos interesa.
Podemos ver el problema del óptimo del consumidor como el rompecabezas de la figura. El consumidor tiene qué alcanzar con sus ingresos lo que desea comprar. Y sus ingresos implica para el consumidor una restricción de presupuesto. Y sus gustos, si se pueden ordenar de mejor a peor, implican una relación de preferencia dentro de un conjunto de elección. Las relaciones de preferencias se pueden transformar en una función de utilidad de manera de representar las matemáticamente.
Como adoptan los consumidores sus decisiones de consumo, tenemos que tener en cuenta dos aspectos. Uno es las preferencias o el gusto por un bien, que dependen de la utilidad. El min no hago x. La utilidad, la utilidad es el bienestar o la satisfacción que la persona recibe de consumir bienes y servicios. Y el segundo aspecto es la restricción presupuestaria, que nos mostrará las combinaciones máximas de bienes o servicios que el consumidor puede comprar, dados los precios de los bienes y su ingreso.
Vamos a comenzar a desarrollar el primer aspecto mencionado: las preferencias del consumidor. Ahora, ¿cómo podemos describir las preferencias del consumidor de una manera coherente? Una buena manera de comenzar y pensar en las preferencias como un acto de comparación de cestas o canastas de consumo. Una canasta de bienes o una cesta de consumo en el mercado es una lista que especifica las cantidades de uno o más bienes.
Un individuo en la realidad se enfrenta con numerosos bienes entre los cuales elegir. Nosotros vamos a utilizar un modelo sencillo de solo dos bienes: el bien x. Asimismo, vamos a poder representar las opciones del consumidor en un gráfico de dos dimensiones. Cada canasta de consumo contiene x unidades de bien x e y unidades del bien.
La figura, también llamada espacio de bienes, muestran el gráfico de dos variables en la en el cual en el eje horizontal se grafican las cantidades consumidas del bien x por periodo de tiempo y en el eje vertical las cantidades del bien y consumidas por periodo de tiempo. De manera que el punto indica una canasta con una combinación de x unidades del bien x y xi a unidades del bien. Si en cambio, una canasta como la B nos está indicando una combinación de x de unidades de bien x consumida por periodo de tiempo y y b unidades del bien ser consumidos por periodo de tiempo.
Si se le pide a un consumidor que compare diferentes carácter de consumo, podemos describir sus preferencias entre los bienes. En el caso de la tabla propuesta, serían las preferencias para el café y el jugo de naranjas. Lo que se pretende es buscar una forma de poner un número a cada canasta de manera que si una canasta es mejor que otra, le corresponda un número mayor. Y el instrumento que lo permite es la llamada función de utilidad.
¿Cómo leemos esta tabla? Esta tabla nos presenta cuatro canastas de consumo. La canasta A está compuesta por 15 tazas de café al mes, 10 vasos de jugo de naranja al mes. La canasta denominada B implica una combinación de 30 tazas de café por mes y 20 jugos de naranja al mes. La canasta C son 20 tazas de café, la canasta D con 20 vasos de jugo al mes, la canasta E de 10 tazas de café y 25 al mes.
Para ello, necesitamos la forma de la función de utilidad. Veamos un ejemplo. Si la función de utilidad de María en el consumo de los bienes x y xi fuese que la utilidad que depende de los dos bienes es igual a x + 2 * y. La función de utilidad asigna un número real a cada canasta de bienes. Basándonos en la tabla de las cuatro canastas de la previa, vemos que la canasta formada por 15 unidades de bien x y 10 unidades de bien y generaría una utilidad de 35. Se lo que estamos haciendo a reemplazar en la ecuación de la función de utilidad x 15 + 2 * y, ya que es 10, y es una igual a 35. De manera tal que la utilidad de esa canasta se mide por 35.
La cesta C, por ejemplo, está formada por 20 tazas de café y 20 vasos de jugo de naranja al mes. De manera tal que reemplazando esos valores en la función de utilidad, aportaría una utilidad mayor. En concreto, nos da 60. Y la función de utilidad representa así las preferencias del consumidor, comparando distintas canastas de cosas. En este caso, lo que hacemos es asignar a cada canasta de bienes un número de manera tal que la canasta así es preferida implica que la utilidad de esa canasta es mayor a la utilidad de la canasta. Tal como nos dieron los números, 60 nos indica la utilidad de la canasta C y es superior a 35, el número real que nos dio la utilidad de la canasta A.
Ahora bien, si nosotros reemplazamos con los números de la tabla a canastas y las de lugar igual valores de utilidad, de manera tal que la utilidad hasta 6 es igual a la utilidad de la canasta D. En ese caso, decimos que esas dos canastas son indiferentes y se simbolizan por el signo de la tilde.
El modelo pretende representar las preferencias una función de utilidad, pero para que una relación de preferencias pueda ser representada mediante una función de utilidad, se debe asumir cierto supuesto en el comportamiento, también denominado axioma. La relación debe ser completa, reflexiva, transitiva y continua.
Axioma 1: Las preferencias son completas. Este axioma nos dice que para cualquier par de canastas de consumo A y B, un consumidor puede hacer una de las tres siguientes comparaciones: la canasta A es preferida a B, la canasta B es preferida a la canasta A, o la canasta A es indiferente a B. Es decir, el consumidor clasifica la canasta de acuerdo a sus gustos.
Axioma 2: Las preferencias son reflexivas. Esto significa que todo elemento del conjunto de elección es comparable a sí mismo. Si el consumidor se le presentan dos canastas de consumo idéntica, es decir, que A es igual a B, entonces la canasta A es indiferente a B. Esto simplemente significa que si A y B son la misma canasta de consumo, el consumidor debe hacer un ranking idéntico para ambas.
Axioma 3: Las preferencias son transitivas. Además de esperar que los individuos puedan formular sus preferencias claras, es completamente podríamos también esperar que las preferencias no sean contradictorias en sí mismas. Recordemos que lo que estamos buscando es describir las preferencias del consumidor de una manera coherente. En otras palabras, suponemos que las preferencias son transitivas, lo cual si la canasta A es preferible a B y la canasta B es preferible a la canasta C, entonces la canasta A es también preferible a C.
Axioma 4: Las preferencias son continuas. La continuidad implica que las preferencias del consumidor cambian en forma suave y no de saltos. Sus opciones de consumo podrían así representarse mediante una función, que es la que denominamos de utilidad, por el bienestar o de preferencias, porque refleja la satisfacción que le proporcionan las distintas combinaciones de bienes. En este caso, cuando se consumen los bienes, la función de utilidad se simboliza un función de x y de y.
De esta manera, si se cumplen los supuestos del 1 al 4, las preferencias se pueden representar mediante una función de utilidad. Por ejemplo, si la función de utilidad de José en el consumo de los dos bienes x (pancho) y y (hamburguesa) es una función descripta por la ecuación x elevado a la potencia 0,5 * y elevado a la potencia 0,5. Y su función de utilidad describe o representan las preferencias de José por las cantidades consumidas de esos dos bienes por periodo de tiempo. Y la función de utilidad asigna un número real a cada combinación o canasta de bienes.
¿Cómo medimos la utilidad? Hay dos enfoques de la utilidad. Veamos la tabla. La primera columna implica la combinación de dos bienes x y y, lo que llamamos canastas. La segunda y la tercera columna indican las cantidades consumidas por periodo de tiempo que vienen x y bien y. Rápidamente, si nosotros reemplazamos las cantidades de cada uno de los bienes por canasta en la función de utilidad, por ejemplo, x elevado a las 0,5 * y elevado a las 0,5, vamos a obtener un número real asignado por la función de utilidad. En el caso de la canasta A, ese número nos va a dar 1. En el caso del B, 2,6. Y en el caso de la C, 6. Y en el caso de la D, 20.
El enfoque llamado enfoque cardinal y desarrollado por los marginalistas. En este caso, la utilidad es medible y comparable cardinalmente, o sea, que la utilidad transmite información cuantitativa. El valor cardinal de la utilidad que se denomina un útil por periodo. De manera tal que según la función de utilidad que trabajamos en este ejemplo, la canasta A da una utilidad de 1 útil, la canasta B de 2,6 útiles, la canasta C de 6 útiles y la canasta D de 20 útiles.
La otra manera de medir la utilidad es mediante el enfoque ordinal o moderno, siguiendo a el economista Hicks. En este caso, la utilidad es medible pero comparable finalmente, o sea, la utilidad solo nos da información cualitativa. Eso está indicado en la última columna de la tabla. En lo que hace el consumidor es darle un ranking a cada una en su preferencia.