📱

Get Our Mobile App

Take your business learning on the go!

Download on the App StoreGet it on Google Play

Perseverancia que salva. Lecturas del Domingo 16 de Noviembre

Fidel Oñoro34:00

Transcription

Estamos ya en la etapa final de este año litúrgico. El domingo 33 del tiempo ordinario nos invita a leer en el capítulo 21 del Evangelio según San Lucas el llamado discurso escatológico, la última gran enseñanza de Jesús antes de su pasión, muerte y resurrección.

Esta página anuncia, atención, la destrucción del templo de Jerusalén, que tendrá lugar 40 años después, pero también tiene en vista la tragedia de la pasión del Señor a los pocos días. Y en el horizonte se entreve el fin del mundo que no se sabe cuándo será. Son tres aspectos distintos, tres historias que en este domingo están integradas y todo ello para proclamar el cumplimiento de la historia en la renovación del universo como realización del proyecto de Dios.

Tengamos presente los dos registros de lectura. En cuanto hace anuncios realistas de situaciones dolorosas, Jesús también está educando a sus discípulos para que vivan en medio del mundo con discernimiento, con confianza y con fortaleza interior, manteniendo firme la valentía del testimonio. Te invito para que hagamos juntos ahora el camino que las lecturas de este domingo nos proponen hasta llegar a la cumbre que está en el evangelio.

La primera lectura está tomada del profeta Malaquías en el capítulo 3, versículos 19 y 20. Se nos propone un anuncio escatológico que está al final de esta profecía de Malaquías, profecía, por cierto, con la que prácticamente se cierra el Antiguo Testamento en su edición canónica Alejandrina. Malaquías viene de melej, que significa mensajero, quiere decir mi mensajero. Es un profeta que cierra la colección de los 12 profetas menores con un último gran mensaje. ¿Cuál es?

Cuando Malaquías pronuncia su profecía, nos hallamos quizás en torno al año 450 antes de Cristo. En un contexto de desánimo general, entre la gente se sentía un aire de pérdida de la fe, incluso los sacerdotes que venían al templo de Jerusalén para una liturgia, quién sabe cómo. Y en este contexto la gente se planteaba la cuestión, ¿por qué hay tanta injusticia? Y ahí, ¿qué hace Dios? Se olvidó de nosotros. Y entonces el profeta Malaquías eleva la voz para anunciar un día de la venida del Señor, un día que llegará como una gran hoguera, que será parecido a un calor infernal que achicharra todo. Es una imagen de incandescencia en la figura de un horno en el que los impíos aparecen quemados como la paja en este fuego del Señor, como el rastro inútil que queda después de una cosecha.

Dice el profeta Malaquías, "He aquí que llega el día, he aquí que llega el día ardiente como un horno, en el que todos los orgullosos y malhechores serán como paja. Los consumirá el día que está llegando, dice el Señor del universo." Y está la destrucción que agrega que no les quedará ni raíz ni rama. Una existencia que estaba destinada a la vida como una planta resulta seca, inútil, quemada.

Entre tanto, aquellos que se distinguen por el temor del Señor tendrán una experiencia diferente. Para ellos será todo lo contrario. El día, este día que viene, surgirá atención como un sol de justicia, como dice el versículo 20. Pero a ustedes, los que temen mi nombre, los iluminará un sol de justicia y hallarán salud. a su sombra. Atención con la imagen del sol. Es una imagen ambivalente. El mismo sol puede ser una fuente benévola de calor o al contrario un destructor horno que quema. Esta imagen del sol es sugestiva. Entonces, sabemos que el sol ilumina pero también quema. Es beneficioso para la salud, pero también es peligroso. Según el caso, puede hacer daño o sanar.

Pues bien, aquellos que acogen el sol de justicia en esta profecía de Malaquías son llamados en hebreo los jaredim. Jaredim es un término técnico que todavía se utiliza hoy en Israel para referirse a aquellos a los que los periodistas occidentales llaman los ultraortodoxos. Haredim significa literalmente los que tiemblan. Son los que sentido técnico, los que tienen temor de Dios. Es calificativo que se utiliza hoy está tomada de aquí del profeta Malaquías. Y el sentido es este: temor de mi nombre, surgirá con rayos benéficos el sol de justicia con la salud en sus rayos. Bueno, eh el texto en hebreo literalmente dice, "En sus alas, en sus rayos, en sus alas." Las traducciones dicen de la liturgia en su sombra.

Ahora, el grupo de los impíos es calificado de arrogante y malhechor. En cambio, el grupo de los justos, los jardedim, como aquellos que brillan en la luz del Señor. ¿Con qué grupo nos identificamos nosotros? ¿Con el de los arrogantes o con el de los humildes? ¿De cuál categoría somos? El Señor nos encuentra como paja que solo merece ser quemada por inútil o como un buen grano que crece y que resplandece en los rayos del sol de la luz del Señor. Y digo, según esto, ya vamos entendiendo, según esto, deberíamos tenerle miedo al día del Señor. El profeta dice, "He aquí que llega el día." Tarea del profeta es estimular la esperanza de su pueblo. No el sembrar miedos, sino el fortalecer y animar. El reinado de justicia del Dios justo se aproxima imparable. El día del Señor está cerca. La historia no es un perpetuo recomenzar, sino un progresar en la dirección del proyecto de Dios. Para la Biblia este es un artículo de fe.

La tradición cristiana ha llamado a Jesús el sol de justicia. Se celebra el nacimiento de Jesús de su desde que se creó la fiesta, eh, en la fiesta pagana romana del nacimiento del sol. Porque era un reconocimiento de que Jesús es el sol de justicia. Estamos esperando el sol de justicia. En los últimos domingos, los textos de Lucas nos han venido hablando de justicia. Lo tendremos en el oído seguramente. El sol de justicia es Jesús y es benévolo con los que tienen temor de Dios. Ellos experimentan en él una hoguera de amor que eleva o de otra manera será una hoguera que quema, que destruye. Es consolador escuchar la promesa del Señor. Como dice la traducción tomada para la liturgia, a ustedes los iluminará un sol de justicia y hallarán salud a su sombra.

El salmo responsorial está tomado del salmo 98 97 en la liturgia. El Señor llega para regir los pueblos con rectitud. Repetimos en el salmo. Casualmente este es el mismo salmo que recitamos todos los años en la Eucaristía de la solemnidad de la Navidad. En esta ocasión oramos con los versículos 5 al 9 que corresponden a la segunda de las dos partes que tiene este salmo 98. Esta comienza con una gran convocatoria para una alabanza inmensa que envuelve a toda la tierra, que involucra a todas las criaturas, al mar y las riquezas que contiene, al continente y a cuantos lo habitan, a los ríos con sus brazos ramificados como un delta que parece manos aplaudiendo. Mientras que los secos de los valles y las montañas crean sonidos profundos y prolongados. Todos, todos se disponen ante el Señor como una gran masa sonora que resuena orquestalmente, pero es desde el templo del Señor que se expande esta gran explosión de alabanza con la música vibrante de los instrumentos de cuerda y de viento y con los coros. Canten al Señor con el quinor la lira. con el quinor y al son de la música, con trompetas y al sonido del chofar el cuerno. Aclamen ante el Rey y Señor.

Miren bien, esta armonía instrumental y coral es signo del cumplimiento del proyecto de Dios, que es la armonía entre todos los habitantes de la tierra, de lo humano con los con los elementos de la naturaleza. y de todos juntos con Dios. En esta apoteósica sinfonía es interesante la referencia que el orante hace a los mugidos del mar. Israel conocía y temía los peligros del mar, que les recordaba el caos primordial, los abismos de la muerte, un espacio intimidante de combate, como también lo es el continente donde se libran guerras sin misericordia y conflictos de todo tipo. ¿Y cuál es el motivo principal para toda esta aclamación? Porque el Señor viene a juzgar la tierra. Así lo proclama la comunidad orante. Es de esta realidad que se ve venir, que se eleva la alabanza, el cántico nuevo. Por lo tanto, se vislumbra la llegada de una nueva manera de estar en el mundo, bien diferente a la que se conocía hasta entonces. Es la realización del gran sueño de armonía universal, de reconciliación, que hace de los antiguos espacios de destrucción y de muerte jardines donde crece la vida. La comunidad orante en el templo tiene en vista el horizonte histórico del día del Señor en el que intervendrá Dios como rey y juez justo cuando toda la creación renovada grite de alegría, porque por fin ha llegado el reinado de Dios. El Señor que llega para regir la tierra regirá el orbe con justicia y los pueblos con rectitud.

Podemos ver aquí un eco de la profecía de Malaquías proclamada en la primera lectura. He aquí que llega el día ardiente como un horno, dijo el profeta, y en el cual para los jaredim, para los temerosos del Señor, será positivo, porque los iluminará como un sol de justicia y hallarán salud a su sombra. Por eso, para los humildes que esperan con impaciencia la venida del Señor, no es un día de terror, sino de fiesta. Entendemos ahora por qué este salmo invita a aclamar con mayor intensidad al Señor. Aclamen al Rey y Señor. El verbo aclamar en español traducido así en español en realidad se queda corto. En hebreo es más fuerte. Es un verbo que connota dar un grito como un fuerte estallido. De hecho, su forma sustantival, Terúaj era antiguamente el grito de victoria en el campo de batalla después de una victoria. Se trata de un himno de alegría y de victoria. Y al cumplirse el tiempo de la llegada, no será solo Israel quien lo cante, sino la creación entera unida en gran armonía. Es lo que también decimos en la Navidad. El Señor viene, está viniendo y vendrá al final de los tiempos, viene para hacer justicia. Lo que cuenta es que estemos de parte suya. que lo recibamos bien. Entendemos mejor ahora por qué Jesús nos enseña a orar diciendo, "Venga a nosotros tu reino."

La segunda lectura está tomada de la segunda carta del apóstol San Pablo a los tesalonicenses. La segunda carta de Pablo a las comunidades que están en Tesalónica, capital de la Macedonia. fue motivada por la falsa predicación de alguno que había engañado a la gente diciéndoles que el fin era inminente. Y algunos incautos, seducidos por este discurso, dejaron sus trabajos y se pusieron a esperar de brazos cruzados la venida del Señor. Bueno, era lógico. Si todo estaba por acabarse, entonces mejor suspender las actividades. ¿Para qué trabajar? Y Pablo reprende a las comunidades porque han dejado de trabajar, porque han interrumpido su compromiso social y civil. Y peor todavía les dice, miren lo que les dice, "Nos hemos enterado de que algunos de ustedes viven de manera desordenada, sin trabajar, antes bien metiéndose en todo." Pablo los llama atactos en griego, olgazanes y se vale de una forma verbal del de perergasomay para decirles entrometidos, metiches, algo que es muy propio de la gente desocupada.

Previa a esta reprensión, Pablo pronuncia una enseñanza en positivo de la cual vale la pena tomar nota. Pablo dice, "Les he dado buen ejemplo." Ya saben ustedes cómo tienen que imitar nuestro ejemplo. No vivimos entre ustedes sin trabajar otra vez el término atacteo, ser ocioso. Esta vez en forma verbal. No comimos de balde el pan de nadie, sino que con cansancio y fatiga, día y noche trabajamos a fin de no ser una carga para ninguno de ustedes. Pablo subraya esto de cuidado con la gente que es vividora, cuidado, se aprovecha de los demás para pasarla bien. Y Pablo dice, "Mira, aprendan de mí." Subraya el verbo imitar. Mime de donde viene el falamos mimesis, imitación. Dos veces aparece aquí este término. Y entonces pone en el en el centro del discurso el famoso aferismo bien conocido, el que no trabaje que no coma. Una frase que, por cierto, Pablo no se inventó, no se la inventó. Era una frase corriente en los ambientes rabínicos. Miren, es muy sabio esto de no convertirse en carga para los demás. Pablo, aún después de haber conocido a Cristo, siguió trabajando en lo que sabía hacer, fabricar tiendas para poder sostenerse. No vivía de donaciones ni de ofrendas. Y esta fue una decisión que seguramente, claro, él tuvo que haber ponderado e hizo de este estilo de vida una forma de educación con su propio testimonio para las comunidades cristianas recién nacidas. La vida cristiana se aprende por imitación, mimesis, de aquellos que van delante en el camino de la fe. Las mejores enseñanzas, no lo olvidemos, son las que entran por los ojos. La palabra convence, pero el ejemplo arrastra, decían nuestros abuelos, ¿no es verdad? Y esto es lo que Pablo le dice a las comunidades. Hagan lo mismo que yo. Sigan haciendo bien lo que hacían antes en la espera de la venida del Señor. No huyan a una realidad de ensueño. Vivan bien su situación actual en la continua espera del sol de justicia. Y cuando esta amanezca, a este amanezca el sol, verán el beneficio. Es así. trabajando con tenacidad y con serio compromiso con la sociedad en la que vivimos y también dentro de nuestra comunidad de fe y de amor en la que caminamos. Es así como se espera la venida del Señor.

Y llegamos al evangelio. El evangelio está tomado de Lucas en el capítulo 21, versículo 5 al 19. El pasaje que leemos en Lucas 21 corresponde a la primera parte del discurso escatológico de Jesús. Los tres evangelios que llamamos sinópticos, Mateo, Marcos y Lucas, tienen todos ellos en la etapa previa al relato de la pasión del Señor una página similar. Eso sí, cada uno con sus variantes. Se trata de un texto de lenguaje apocalíptico, pero cuyo contenido es escatológico. Es importante el lugar en el que está ubicado este discurso dentro del evangelio. El discurso escatológico es como el parteaguas entre el relato de la vida pública de Jesús que ya termina y el relato de la pasión, muerte y resurrección que comienza. Y esta observación nos proporciona la primera y fundamental clave de lectura. Quiere decir que Jesús no se encamina a la muerte con los ojos cerrados, sino sabiendo lo que implica, sabiendo que no es el final. Atravesando la noche oscura, emerge la luz de la vida, la resurrección pascual. Y esta mirada tiene implicaciones para la lectura de las convulsiones cósmicas y las las catástrofes de la historia y en particular en particular para la actitud que se espera que asuman sus discípulos ante ellas, ante las alusiones a la destrucción de todo lo que vemos y que hace parte de nuestro mundo, se acerca lo que llamamos el fin del mundo. Pero a la base está una alusión aún más profunda. Lo he dicho desde el inicio, a la muerte de Jesús, el drama pascual de su muerte y resurrección.

Jesús en el fondo le está diciendo a los discípulos que hagan lo mismo que él hizo frente al drama de la cruz. Que no se asusten, que no tengan miedo ante las dificultades que tendrán que enfrentar, que no se dejen engañar por aquellos que dicen saber cuándo y cómo se acabará el mundo, que resistan en la profesión de su fe y en el compromiso con el hacer el bien. Esta es la clave de lectura más importante de esta página de Lucas que leemos en este domingo. Pero ahora pongamos atención a algunos detalles del texto. Señalo tres.

Primero, el tema de la destrucción del templo de Jerusalén. El punto de partida es la observación de las bellas piedras del templo de Jerusalén. Estaba muy bonito, eh, una buena inversión que hizo Herodes el grande. Y Jesús se pronuncia situado dentro del mismo recinto del templo, como algunos le hablaban. Algunos, ¿quiénes? Algunos le hablaban del templo que estaba adornado con bellas piedras y ofrendas botivas. Y entonces Jesús pronuncia enseguida la profecía. De esto que ven, vendrán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruido. Jesús se refiere al asedio y a la destrucción de la ciudad santa de Jerusalén y en particular de este recinto del templo, cosa que finalmente ocurrió en el año 70 después de Cristo bajo la dirección del general romano Tito Flavio, comandante de tres legiones romanas, la décima llamada Fretensis, la quinta llamada macedónica y la duodécima llamada fulminata, tres legiones para una ciudad. Se fue brutal este anuncio con la temporalidad imprecisa de vendrán días, dice Jesús. Deja una laguna de información que suscita la pregunta sobre el cuándo y el cómo, cuándo ocurrirán estas cosas y cuál será la señal de que están a punto de suceder. Era típico de los textos de la apocalíptica judía prever el calendario de estas dolorosas mutaciones históricas, pero Jesús se niega a hacerlo y entonces pasa a la segunda parte en la que direcciona la preocupación de sus discípulos más bien hacia el adoptar una actitud de vigilancia.

Por eso sigue enseguida en el versículo 8. Miren, quiere decir, abran los ojos, aprendan a leer los signos, interpreten la historia que están viviendo. Y viene entonces ahora la segunda parte, cómo afrontar los acontecimientos mundiales que se relacionan con el fin del mundo. Jesús señala tres tres tres señales premonitorias del fin. Una, la aparición de falsos mesías. Dos, los conflictos mundiales que toman forma de guerras y tercero, los desastres de la naturaleza. En cuanto a lo primero, la aparición de falsos profetas eh consistía en apropiarse de algunas personas atrevidas apropiarse la autoridad de Jesús. El Señor mandó decir, se presentaban dando mensajes, hablando en nombre del Señor para predecir un fin inminente. Un lector atento de este evangelio de Lucas sabe que aquí el tiempo, el cairó, había sido ya conectado desde el capítulo 4, versículo 13, con la pasión de Cristo. Por lo tanto, estos falsos predicadores están distorsionando el sentido que Jesús le ha dado al tiempo. Y frente a estos falsos profetas, la instrucción es clara. No se dejen engañar. No lo sigan. Y hay gente todavía que lo sigue. Como también ante el signo que sigue, el de las guerras, la enseñanza de Jesús es firme. El fin no es inmediato. Miren, Dios no está en el origen de las catástrofes. Estas son responsabilidad humana, o mejor irresponsabilidad. Y existen también los accidentes de la naturaleza. Dios más bien es el que domina el curso de la historia y lo tiene en sus manos. La tiene en sus manos para conducirla a una finalidad positiva.

Tercera parte de la enseñanza. ¿Cómo vive un discípulo del Señor esta travesía histórica? Pues bien, después de las tres primeras señales, Jesús se detiene en una realidad dolorosa que golpea a sus seguidores. La persecución. la persecución por causa de su fe. Pero antes de todas estas cosas, dice el versículo 12, les echará mano, los perseguirán por causa de mi nombre. Atención con el antes de que pasen estas cosas. Con lo cual Jesús está posponiendo las señales anunciadas y también con la frase por causa de mi nombre, lo cual indica una participación de los discípulos en la pasión de Cristo. Así como Jesús, también ellos serán entregados, también ellos serán llevados a tribunales, también ellos serán matados. Es el anuncio de la pasión de los discípulos. ¿Y cómo la vivirán? Jesús introduce aquí una enseñanza decisiva. Estos escenarios de pruebas son también de testimonio, un término clave en la obra lucana. La misión de los discípulos será la de dar testimonio, insiste Lucas. Este escenario de prueba y de testimonio no solamente será externo como ante reyes y gobernadores, sino también incluso dentro de la propia familia. Y en este camino de pasión, Jesús no nos deja solos.

Atención con tres enseñanzas de Jesús. Una, les promete a sus discípulos el don de una sabiduría que nadie les podrá contradecir y que les permitirá dar testimonio en medio de un mundo conflictivo. Versículos 13 al 15. Pues sí, discípulos odiados. ¿Por qué? porque contradicen la lógica del mundo, porque no le siguen la corriente, el juego a otras ideologías, porque desenmascaran el engaño del el engaño del dinero y del poder, el engaño del mundo que empuja iniciativas de muerte mientras de boca dice que ama la vida. En esos dos mundos, el discípulo sabe qué mundo escoge y por eso los perseguirán. Sí, pero dice Jesús, "Tómenlo como una buena ocasión para dar testimonio del evangelio. Hablarán de su fe con la sabiduría del Señor ante aquellos jueces que los interrogarán en el tribunal."

Luego en los versículos 16 al 18, segunda enseñanza, Jesús les infunde confianza. Precisamente en la persecución serán entregados incluso por padres y hermanos, parientes y amigos, y matarán algunos de ustedes, y todos los odiarán por causa de mi nombre. Pero ni un cabello de su casa, de su cabeza perecerá. Qué bello. Un Dios que custodia cada fragmento de mi ser. Para él no es insignificante nada de lo que pertenece a su amado.

Tercera enseñanza. Jesús exhorta la perseverancia. Con su perseverancia salvarán sus vidas. Versículo 19. En síntesis, sabiduría en el testimonio, confianza en medio del sufrimiento y perseverancia en el camino.

Terminemos. Toda esta enseñanza nos prepara para afrontar las dificultades de la vida con la clara conciencia de que esto o aquello no es el final. El final no es la caída de Jerusalén, tampoco es la muerte de Jesús, ni siquiera el fin del mundo. Lo último y definitivo es una salvación que brota de la resurrección de Cristo, en la que se realiza definitivamente la venida del reino. Este es el destino hacia el cual el Señor guía a la humanidad y al mundo entero. Retengamos la exhortación final. que es el sello de la enseñanza. Con su perseverancia salvarán sus vidas. En el fondo, toda esta enseñanza resulta ser sobre lo que aquí en esta frase eh en griego se llama la hipomoné. Hipomoné en griego que se traduce como perseverancia. Pero en griego esta virtud indica la capacidad de, escuchen, de resistir bajo presión, ejercer una santa resistencia. La perseverancia, mejor en griego hipomoné, es un saber vivir bajo presión sin dejarse derrumbar, más bien avanzar sosteniendo en alto las banderas, la opción por Cristo. Quiere decir, a pesar de que haya fuerzas que te aplasten, resiste, sé valiente en medio de la pasión. Permanece fiel al Señor, síguelo hasta el final y con esta firmeza constante salvarás tu vida. Esta palabra final sobre la salvación quiere decir que el proyecto de Dios se realiza al final. Nos queda una tarea. Sé fuerte, resiste, no tires la toalla. Seguir adelante con perseverancia quiere decir que un discípulo del Señor no evade, no claudica, no renuncia ni se resigna, sino que se hace presente en medio del mundo y de sus llagas, fiero de su identidad. y se ocupa de la sanación de este mundo herido, maltratado. Está cerca de las cruces que se encaminan hacia la resurrección. Toda situación difícil puede convertirse en ocasión para hacer el bien. Y es en esta dinámica que un discípulo comparte la Pascua de su Señor, que es ahí donde su vida es salvada. Todo acto perseverante en el tiempo se aproxima al absoluto de Dios. Feliz domingo.