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8 Hábitos Japoneses Para Vivir Una Vida Increíble

Adrià Solà Pastor16:41

Transcription

Dime, si me equivoco, te has preguntado alguna vez cuál es el sentido de la vida? Cuál es el significado de todo esto que nos rodea? Yo, personalmente, he pecado muchas veces de caer en ese error de perseguir este tipo de reflexiones, muchas veces sabiendo que podría acabar perdiéndome en ellas, pero con una curiosidad insaciable. Como amante de la filosofía, pues evidentemente no podemos dejar de cometer ese pequeño pecado de caer en este tipo de reflexiones, porque básicamente queremos empujarnos a ir un paso más allá. Buscar un significado más profundo a todo esto, al mero hecho de ir sumando días a nuestra existencia de forma repetida. Queremos siempre buscar la razón de todo. Y después de mucha reflexión y de perderme muchas veces en este pozo sin salida, me he dado cuenta que en este tipo de reflexiones lo importante no es conseguir una respuesta absoluta, sino cambiar la perspectiva con la que miramos la vida. Y aquí es donde entra Japón, donde el bienestar, el desarrollo personal y la filosofía están perfectamente entrelazadas con la vida cotidiana.

Japón no es simplemente ese lugar de grandes avances tecnológicos y de estilo minimalista y lujoso; para nada. Es un faro, un faro que nos ilumina a occidente para que lo veamos de lejos y que nos inspire cambio, a pensar de forma distinta. Desde Okinawa, hogar de la mayor concentración de centenarios del mundo, hasta los bulliciosos barrios de Tokio, hay un hilo conductor que va más allá de lo material y, sobre todo, es una guía para la sociedad de occidente, una sociedad que ha sido construida sobre la hiperproducción. Ha logrado hacer un balance perfecto entre longevidad, belleza y propósito, logrando así construir una sociedad muy particular. Pero evidentemente yo tampoco soy partidario de idealizar y copiar un país, pero sí de investigar, indagar cuáles son, son esas distintas perspectivas que tienen principios filosóficos y culturales que, si aprendiéramos un poco de ellos, podríamos vivir mejor, producir mejor, trabajar mejor, buscando ese balance perfecto que ellos tienen. Es por eso que he encontrado súper interesante estudiar la cultura japonesa y traeros este vídeo en el que vamos a tratar ocho hábitos, ocho conceptos filosóficos que os permitirán vivir una increíble vida. Pasamos con el primero, que es *ichariba chode*.

En Okinawa, una localidad rural situada en el norte de la isla del archipiélago, se encuentra la zona con el mayor índice de longevidad del mundo. Precisamente en el pueblo Ojini, una aldea donde los ancianos parecen vivir de forma intensa, próspera y feliz hasta el final de sus días, no dejaba de sorprenderme que este oasis de vida casi eterna se encontrara justamente en Okinawa, donde se perdieron 200.000 vidas inocentes al final de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, antes de guardar rencor, rabia ante sus invasores, esas naciones, personas que perpetraron ataques a personas inocentes, los okinawenses son muy conocidos por utilizar una expresión local superfamosa que dice así: *ichariba chode*. Trata a todos como si fueran tus hermanos, aunque sea la primera vez que los conoces. Y es que uno de los secretos de las zonas azules, como por ejemplo Okinawa, es el gran sentimiento de pertenecer a una comunidad que todos ellos defienden, sobre todo utilizando conceptos como el *yui amuru*, que es el trabajo en equipo, ayudarse los unos con los otros. Eso hace que la filosofía de vida, el estilo de vida en Okinawa sea perfecto, un balance ideal entre ejercicio suave, comida ligera, pertenecer a una comunidad, ayudarse los unos con los otros y encontrar y perseguir cada uno de ellos su propio *ikigai*, que ya veremos de qué se trata más adelante en el vídeo. Pasamos al segundo concepto, que es *genki*.

Este puede que sea uno de los conceptos que me impactó más. *Genki*. Tenéis que saber que en Japón, para preguntar cómo estás, lo que decimos es *genki desu ka*, que quiere decir: "¿Cómo está tu energía?" *Gen* remite a la fuente, el origen, y *ki* a la energía vital que todos poseemos. Estar *genki* significa entonces estar bien, pues la energía se encuentra equilibrada. Cuando una persona se encuentra mal, no se siente bien, es porque su *ki* o *chi*, su energía vital, su energía interior está dañada. Entonces, ¿qué es lo que tiene que hacer? Tiene que restaurarla. Y eso nos invita precisamente a: número uno, vigilar muy bien nuestra energía. Es algo con lo que yo sintonizo mucho, percibo mucho, intuyo mucho, tanto en los espacios como con las personas, como dentro de mí, en mí mismo. Estar en sintonía con nuestra energía, pero solo hacemos, no solo cuidando nuestro cuerpo, nuestro espacio material, también nuestra mente y nuestro espíritu. No solo lo que comemos, sino también con quién nos rodeamos y a qué espacios o qué espacios frecuentamos. Porque no solo somos seres internos, sino también externos. Tenemos una vida externa, pero también interna, y debemos cuidar todos estos puntos, factores que van a determinar nuestro *chi* o *ki*, nuestra salud, nuestra energía vital. Si nosotros sentimos que nos sentimos mal, que es perfectamente posible, muchas veces a mí me ocurre, siento como que mi energía está perturbada y necesita ser restaurada. Mira todos estos distintos factores, haz una auditoría y pregúntate: "¿Cuál de estos factores está fallando?" Y toma acción y cámbialo. Pasamos al siguiente, que es *omotenashi*.

En Japón, curiosamente, no se deja propina; es una falta de respeto y no te lo aceptarán, por mucho que nosotros dejemos propina como señal de agradecimiento y de generosidad, ellos no lo aceptan. Y detrás de esta pequeña tradición, de este pequeño hábito, se oculta el *omotenashi*. *Omotenashi* es literalmente la traducción de qué, de hospitalidad japonesa; una hospitalidad japonesa que ellos mismos han definido basándose en tres pilares: número uno, la armonía; número dos, la servitud; número tres, la calidad, intentando dar sin buscar nada a cambio, simplemente buscando el placer, la pasión, el amor en el dar, de la máxima calidad posible, con armonía, con pasión, con dedicación, con atención al detalle, sin buscar nada a cambio, simplemente repito, enamorarse de la excelencia por el puro placer de enamorarse de la excelencia de las cosas de calidad. ¿Cómo sería nuestra vida si cada acción, desde lo más cotidiano hasta lo más importante, estuviera impregnada de este espíritu? Yo soy muy partidario de esta filosofía, el de perseguir la excelencia, no la perfección, un ideal inalcanzable, sino la excelencia en todo, porque ya que tenemos que hacer algo, ¿por qué no hacerlo de la mejor forma posible? Desde lo más pequeño hasta lo más importante, desde tratar a un invitado, a ir a un restaurante, a entrar a un lugar y decir buenos días, a cómo das la mano a alguien, a cómo te vistes, cómo te presentas, cómo escribes esa disertación, cómo envías ese mensaje, cómo llamas por teléfono, cómo doblas la ropa, cómo te atas los zapatos… todo que tenga unos estándares de excelencia muy elevados, porque tal y como haces algo, lo haces todo. Imaginaros lo mucho que evolucionarían, no solo a nivel individual y resultados, sino a nivel de sociedad, si nosotros siguiéramos esa filosofía de vida. Pasamos al siguiente, que es *hara hachibu*.

El término zona azul proviene de una curiosa anécdota que me encantaría contarte. Hará unos años había unos investigadores que estaban estudiando la longevidad. ¿Por qué ciertas personas viven más que ciertas otras? Hay factores genéticos, culturales, de ambiente, de espacio, de comida; eso es lo que estudiaban estas personas. Y a medida que encontraban personas que habían vivido más de 100 años y que actualmente vivían con más de 100 años, empezaron a marcar en el mapa puntos azules. Y a medida que pasaba y pasaba y pasaba la investigación, se veían como en el mapa, en ciertas regiones del mundo, tantos puntos azules que había, se habían formado unas zonas azules en el mapa, en el globo terráqueo. Esas zonas donde había más índice de longevidad se pasaron a llamar zonas azules. Okinawa es una de las más conocidas zonas azules, como os he mencionado, y lo que permite esas zonas azules es una, una serie, una combinación extraña de distintos hábitos que, juntos, lo que permiten es que las personas puedan vivir más años, ya sea ejercicio ligero, comer de cierta forma, ciertos alimentos, el espacio, sentimiento de pertenencia a una comunidad, pasión por el trabajo… hay muchos factores y hay uno de ellos, un hábito en concreto relacionado con la comida que a mí me inspiró muchísimo, que es *hara hachibu*. Come hasta el 80% de tus posibilidades. *Hara hachibu* nos invita al autoconocimiento, a escuchar nuestro cuerpo, a entender qué es lo justo y necesario que necesita, a no perseguir el placer inmediato buscando copar con el nervio y la ansiedad del día a día, comiendo hasta llenarnos el estómago de comida simplemente porque buscamos una fuente de satisfacción inmediata. Nos invita a parar, a reflexionar qué es lo que necesita nuestro cuerpo, a darle lo que requiere, a vivir con más armonía, parsimonia y bienestar, de forma justa. La justicia es algo que en Japón se puede ver en todo: justo, justo y necesario, nada más ni nada menos, ya está maravilloso. Es un hábito que yo intento seguir, no siempre lo cumplo, os voy a ser sincero, intento seguir en cada una de mis comidas.

Pasamos al siguiente, que es *kaizen*. *Kaizen*, de la palabra *kai*, cambio, *zen*, bueno, nos indica la importancia de la mejora, del progreso constante y diario. Toyota, después de la Segunda Guerra Mundial, se encontró con una gran crisis. El fabricante de automóviles tuvo que implementar una nueva filosofía de liderazgo si quería seguir innovando, mantenerse como líder de producción de automóviles, manteniendo grandes estándares de calidad, y es allí donde implementó en su empresa la filosofía *kaizen*, que se resume en que los grandes cambios no se consiguen del día a la mañana, con cambios de golpe, sino con las pequeñas mejoras diarias. Japón, devastada por la Segunda Guerra Mundial, implementó esta filosofía en todos sus aspectos, preguntándose: "¿Qué es lo que puedo hacer hoy para ser un 1% mejor?" Y el día de mañana preguntarse exactamente lo mismo, buscando esa mejora hasta conseguir grandes estándares de excelencia y cada día autopreguntándose: "¿Qué es lo que puedo hacer hoy para mejorar más algo en concreto?", simplemente basándose en eso, en esa pequeña mejora diaria, pero constante. El poder de *kaizen* radica en su simplicidad. Pregúntate a ti mismo: "¿Dónde estaría yo si cada día de mi vida hubiera mejorado un 1%?" Fíjate cómo sería la gráfica, totalmente exponencial, porque de 1% a 1% vamos mejorando de forma exponencial. En cambio, si buscamos cambios radicales, hay subidas y bajadas y puede que no haya ese progreso inclinado. Pero si buscamos esa mejora diaria, seguro que habrá ese crecimiento exponencial, ese crecimiento constante. Pasamos al siguiente punto, que es *maini*.

*Maini* es mucho más que una palabra, es un estilo de vida, es una filosofía de vida, es arrepentimiento por desperdiciar. Yo soy un fanático de este concepto porque uno de mis mayores miedos es el del arrepentimiento, el de mirar atrás y ver que Dios me había dado unos recursos, unas habilidades, unas oportunidades que otras personas no han tenido la oportunidad de recibir, el privilegio de recibir, y que yo mire atrás y diga: "No hice lo suficiente, no trabajé lo suficiente, no aproveché de verdad hasta el último ápice de esa oportunidad, de ese recurso, lo que Dios me había dado". Es ese miedo al arrepentimiento por desperdiciar lo que se me ha regalado, y una vez tú realmente sientes ese miedo de lo que podrías llegar a ser, pero fuiste por miedo, por incompetencia, por falta de trabajo, por falta de disciplina… es aquí donde a ciertas personas como yo nos da un miedo aterrador, aterrador, y no es un reproche, es un recordatorio, el preguntarnos: "¿Estoy realmente aprovechando todo lo que se me ha dado?" Comparado con ciertas personas que viven en otros rincones del mundo que no tienen la misma realidad, no comparten la misma situación que yo tengo, no para reprochar, lo repito, sino para reflexionar: "¿Podría hacer más?" Siempre se puede hacer más, pero se puede hacer mucho más, o un poquito más. El poquito más siempre, siempre intentemos buscarlo. Pero si tú sabes que puedes hacer mucho más, aquí empieza a reflexionar sobre un cambio serio, serio. Porque lo peor que puedes vivir, sentir, experimentar es ese arrepentimiento por desperdicio de energía, tiempo, habilidad, dares, oportunidades, recursos.

Pasamos al siguiente concepto, que es *ikigai*. Este famoso concepto, popularizado en el libro *Ikigai*, también proviene de la región de Okinawa. Los longevos utilizan este concepto para vivir con pasión y devoción por su día a día, con felicidad, con propósito. La buena noticia es que cada uno de nosotros tiene un *ikigai*, simplemente debemos hacer un ejercicio de introspección para encontrarlo. ¿Y cómo lo podemos hacer?, te preguntarás, con el diagrama que nos presentan de los tres círculos: número uno, lo que amas o te apasiona. En este círculo se encuentra lo que amas, lo que te apasiona, lo que haciéndolo de forma repetida simplemente pierdes la noción del tiempo. Número dos, lo que eres bueno haciendo: talentos, fortalezas y habilidades. Yo creo firmemente que cada uno de nosotros es bueno en algo en particular, de forma orgánica, de forma natural, y si nosotros nos centramos en esa habilidad, fortaleza, capacidad de hacer algo muy bien y potenciamos eso, nosotros obtendremos grandes resultados que nos permitirán tener más confianza en nuestro valor en sociedad y así nos permitirán potenciar más esa habilidad y se va a generar ese ciclo del progreso constante. Número tres, lo que el mundo necesita. Es intentar pensar no de forma egoísta, lo que me gusta o lo que soy bueno, sino también combinar esas dos cosas, lo que me apasiona y lo que soy bueno para servir al mundo, para resolver un problema. Y ahí es donde se encuentra el punto crítico, el punto de balance, el punto de armonía ideal. Es eso lo que llamamos *ikigai*. Reflexiona para encontrar el tuyo, te puedo asegurar que vale la pena.

Pasamos al siguiente concepto, que es *kansha*. La famosa práctica del agradecimiento. Practicar el agradecimiento de que estamos aquí presentes, vivos ahora, en este instante, valorar todas las cosas positivas que tenemos. Por ejemplo, en mi caso, poder estar grabando este vídeo, dirigirme a una preciosa comunidad que está comprometida y determinada a progresar, a mejorar, a ser *kaizen*, a implementar el *kaizen* cada día, ser un poco mejor… para mí esto es un absoluto placer y este momento es uno de mis más felices momentos y tengo puro agradecimiento y devoción por tener esta gran suerte de cumplir con mi *ikigai*, que es amar el enseñar y el aprender y el comunicar, ser bueno también en transmitir ideas y servir al mundo generando este tipo de vídeos. Y agradezco profundamente el poder tener esta oportunidad y lo hago cada mañana con mis plegarias, mis rezos a Dios. Es uno de mis momentos más favoritos del día. Me imagino como yo tengo cada día esa cita con Dios, la que simplemente agradezco, agradezco por todo lo que tengo, agradezco por todo lo que me da, agradezco por todo lo que me regala, hasta el más mínimo detalle, hasta el más mínimo momento que me genera esa sonrisa, ese bienestar, incluso los momentos malos de los que podemos aprender y mejorar. Siempre hay algo, sea cual sea la situación, de la que sentirse agradecido. Practiquemos eso. Muchísimas gracias por estar conmigo en este vídeo. Ya estáis viendo que vamos tocando distintas culturas, me encanta, me encanta y me apasiona pues investigar sobre distintos puntos de vista. Si te ha gustado, sobre todo, no te olvides de dar like, no sabes el gran impacto que tiene en mi trabajo, en el de mi equipo, todo lo que hacemos día tras día para intentar aportar el mejor contenido posible en esta plataforma. Déjame un comentario con cualquier reflexión que te haya surgido o también con tu concepto favorito y no olvides de suscribirte y compartir este canal a tres personas a las que quieres ver progresar. Me gustaría enviarte un beso, un cálido abrazo y nos vemos en el próximo vídeo. Adiós.