Transcription
¿Alguna vez te ha pasado que intentas repetir frases positivas, te visualizas eh logrando algo, pero aún así nada cambia?
Dices, "Soy suficiente, soy capaz, todo va a salir bien." Pero por dentro sientes un nudo en el estómago, una voz que te dice lo contrario y claro, te frustras porque si la mente crea tu realidad, ¿por qué no está funcionando?
Y seguramente empiezas a pensar, eso no funciona. Todo esto de la mente, las afirmaciones, las visualizaciones, la reprogramación mental, esto es puro humo, pero no es que no funcione. Lo más probable es que le falta el, digamos, el ingrediente principal, la emoción.
La verdad es esta, no basta con pensar distinto ni con visualizar. La clave está en sentir. Tus emociones son el pegamento que hace que un pensamiento se quede grabado en tu mente o no y que hace que una idea se convierte en creencia, que una visión se vuelva realidad. Sin emoción, lo que piensas se lo lleva el viento.
En el episodio anterior vimos tres técnicas para reprogramar tu mente. La visualización, las afirmaciones y la siembra diaria. Pero ni estas ni ninguna otra técnica funcionará sin la emoción. Y ahora te explicaré el por qué.
Tu mente no recuerda lo que piensas, sino recuerda lo que sientes al pensarlo. Y fíjate cómo lo comprobamos todos los días de nuestra vida sin darnos cuenta. Piensa en una cosa. ¿Qué recuerdas mejor? un día cualquiera de tu vida o ese momento en que reíste hasta llorar o cuando sentiste miedo de verdad. Lo que quedó grabado no fue lo el pensamiento, fue la emoción. De hecho, lo más probable es que no vas a recordar, no podrás recordar lo que pensaste en ese momento, pero sí lo que sentiste.
Y lo mismo ocurre con tus creencias. Las que más te condicionan son solo frases, son frases cargadas de emoción. Y la neurociencia lo confirma. En tu cerebro hay dos estructuras clave en todo esto. Por un lado está la amígdala y por otro el hipocampo.
El hipocampo es como digamos es como la biblioteca de tu memoria. organiza lo que vives, lo etiqueta y lo guarda. Y la amígdala, en cambio, es la alarma emocional. Su función es detectar la relevancia emocional de lo que vives. Es la que se activa cuando algo te impacta, cuando tienes miedo, alegría, cuando sientes gratitud o cualquier emoción intensa.
Cuando la emoción aparece, sea miedo, gratitud, sorpresa, lo que sea, la amígdala envía una señal al hipocampo. Esto es importante, guárdalo bien. Por eso somos capaces de recordar algo que a lo mejor ha pasado hace muchísimo tiempo, incluso en nuestra infancia, pero no podemos recordar lo que desayunamos hace tres semanas. La diferencia está en la emoción.
Por ejemplo, si cuando eras niño o niña te equivocabas en en algo y y un profesor eh se reía de ti delante de tus amigos, te decía cosas feas que te entristecían o lo que sea, lo que sentiste fue vergüenza, miedo, rechazo. Y esa emoción reforzó una creencia. no soy bueno para esto o no soy buena para esto o hablar en público es peligroso.
En cambio, si tuviste una experiencia donde alguien confió en ti, te apoyó y lograste hacer algo que creías imposible, la emoción que sentiste, pues la alegría, la gratitud, el orgullo, reforzó otra creencia. Sí, puedo, soy capaz.
Lo ves, la emoción no es un adorno, es el ingrediente que determina si una idea se convierte en parte de tu identidad o no, o si simplemente se olvida. La buena noticia es que esa misma fuerza que hace que, por ejemplo, un trauma se quede grabado, también puede usarse de manera consciente para fijar creencias positivas o creencias que queremos fijar. Podemos elegir las creencias que queremos fijar. Si logras conectar una nueva creencia con una emoción positiva, tu cerebro empieza a aceptarla como real.
Y ahora vamos con lo práctico. ¿Cómo unir los pensamientos por un lado y las emociones por otro de forma consciente? El error que cometen muchas personas es repetir afirmaciones con frialdad, como los robots, como unas máquinas. Pero el secreto está en sentirlo. No necesitas fingir una emoción enorme. Basta con conectar con una pequeña chispa de entusiasmo, de curiosidad o de calma. Esto ya cambia química, tu química cerebral.
El truco está en activar una emoción y después unirle el pensamiento. Porque muchas veces hacemos justo al revés. Pensamos que primero me imagino en una playa y luego siento la gratitud o el orgullo o la tranquilidad o la calma, lo que sea. Y no, es al revés. Y esa es la fórmula que realmente transforma y que funciona de verdad.
Así que primero elige la emoción que quieres sentir antes de la frase. En lugar de empezar con una afirmación, empieza con una emoción. Por ejemplo, respira profundo y conecta con gratitud, con calma o curiosidad antes de repetir nada. No es lo mismo decir, soy capaz, yo puedo. Desde la ansiedad que decirlo desde la serenidad y la calma.
Cuando hablo de elegir la emoción antes que la frase, quiero darte tres claves muy sencillas que pueden marcar una gran diferencia.
La primera emoción que puedes elegir es la gratitud. Cada vez que agradeces algo, por pequeño que sea, tu cerebro registra esa emoción positiva. Y si justo después repites una creencia nueva, la probabilidad de que se fije aumenta muchísimo. No es lo mismo decir, confío en mí, confío en mí, confío en mí de manera mecánica, como si fuera un robot, que decirlo después de reconocer algo concreto que que logré hoy, aunque sea algo pequeñito, ahí la frase cobra otra energía porque ya está sostenida por la emoción.
La segunda emoción con la que puedes conectar es la curiosidad. Muchas veces queremos creer en algo, pero todavía no nos sale. Lo sentimos falso. No creemos realmente en lo que decimos o en lo que intentamos visualizar. Y en vez de forzarte a sentir entusiasmo, que puede sonar falso, activa la curiosidad. Por ejemplo, prueba con abrir una pequeña rendija. Pregúntate, ¿y si eso fuera posible, ¿cómo sería esa actitud curiosa? ya es suficiente para empezar a abrir un nuevo camino en tu mente.
Y la tercera emoción es la calma, porque cuando estamos agitados o agitadas con miedo o con ansiedad, el cerebro no aprende. No aprende. Necesita calma para integrarlo nuevo. Por eso la respiración, la meditación breve o simplemente una pausa antes de repetir tus afirmaciones o hacer una visualización funcionan también. No es complicarse la vida, es crear el terreno fértil para que la nueva idea puede pueda echar raíces.
Pero volvamos a lo nuestro, a los pasos que tenemos que dar. Ya hemos dicho el primero, elegir primero la emoción, luego la frase.
Segundo, usa recuerdos como trampolín. Si quieres sentir confianza, recuerda un momento en el que lograste algo difícil. No importa lo pequeño que sea, no importa si fue aprobar un examen, a resolver un problema, aprender algo nuevo, aprender a conducir, no sé, aprender un idioma, da igual, puede ser cualquier cosa. Revive esta emoción y úsala como pegamento para tu nueva creencia.
Y tercero, visualiza con sensaciones, no solo con imágenes. No basta con ver una película mental. Pregúntate, ¿qué sentiría si ya lo tendría? ¿Cómo caminaría? ¿Qué tono tendría mi voz? Esa emoción es la señal que tu cerebro necesita para crear creerlo.
Ahora quiero proponerte un ejercicio que puedas hacer hoy mismo. Piensa en una creencia que quieras sembrar. Por ejemplo, soy capaz de aprender cosas nuevas. Antes de repetirla, haz este mini ritual. Primero, respira profundo y recuerda un momento en el que de verdad lograste algo. Deja que esa sensación, esa emoción se expanda en tu pecho, en tu cuerpo, en tu respiración, en tu rostro. Y ahora sí, repite esta afirmación y hazlo cada día durante una semana. Ya verás que el resultado te va a sorprender y va a ser increíble.
Parece simple, pero es muy poderoso, porque no solo estás repitiendo palabras vacías, estás anclando emoción en tu cerebro y esto es lo que funciona, no las palabras, las emociones.
Y como ya os he dicho antes, en realidad hacemos este proceso todos los días, pero en negativo. Cuando alguien dice, "Soy un desastre", y lo dice con frustración, lo está sembrando con emoción. Cuando decimos nunca voy a poder y lo decimos con tristeza, estamos reforzando la limitación. Lo hacemos de forma automática, eh, casi sin pensar y por eso las creencias negativas se quedan tan rápido.
Este es el truco. La propuesta es darle la vuelta. usar conscientemente ese mismo mecanismo para sembrar lo que de verdad queremos, lo que elegimos sembrar.
Cuando unes pensamiento y emoción, entras en un círculo virtuoso. El pensamiento despierta la emoción, la emoción refuerza el pensamiento. Juntos se convierten en una creencia y lo mejor es que esa creencia empieza a traer experiencias que la confirman y vuelta a empezar. Es el famoso ciclo de la realidad. Lo que sientes y crees tiendes a vivirlo.
La emoción es el pegamento de tus creencias. Puede sostenerlas durante años o ayudarte a disolverlas cuando ya no te sirven. Y justo de eso vamos a hablar en el próximo episodio, de nuestra memoria emocional, que hace que repitamos lo conocido una y otra vez. Una y otra vez. incluso cuando nos gusta o sabemos que hay que hacer algo distinto para tener resultados distintos, pero aún así volvemos a repetir lo mismo. Y sobre todo vamos a hablar cómo empezar a salir de este piloto automático y de verdad cambiar algo, algo que queremos cambiar, porque no puedes elegir un camino distinto si siempre tomas la misma salida en la autopista.
Gracias por acompañarme.