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Cómo comunicar siempre con eficacia: Ángel Lafuente at TEDxCanarias

TEDx Talks23:35

Transcription

Buenas tardes a todos, amigas y amigos. Muchísimas gracias a quienes se han acordado de mí. No puedo mencionar incluso a un amigo que reside en Las Palmas, que me enlazó con ese grupo genial que son concesionarios de 3 Canarias. Y muchas gracias a todas vosotras y a todos los otros que sé que sois un público seleccionado. Aquí no entra cualquiera.

Bien, yo necesitaría quizás 18 meses, por lo menos 18 horas, para explicaros una historia única y que merece la pena ser contada. Pero no cuento más que con 18 minutos, de manera que me voy a ceñir estrictamente a ellos, a ser posible. Y he pedido que ya él me avise cuando falten 5 minutos.

Miren, mi historia arranca hace mucho tiempo, cuando yo tenía 10 años y comencé a estudiar el bachillerato en un colegio de jesuitas. Y por tener buena voz, me sacaban al medio a presentar actos, a recitar poesías. Yo me veía morir, amigos, me veía morir. He sido el hombre más acomplejado, más tímido, más enfermizamente aterrorizado por el miedo escénico. Y de ahí, amigos, he pasado al placer escénico. Mi nerviosismo es tratar desde que llegué aquí a las 3, era que estaba deseando que por fin Antonio me diera paso para comenzar a hablar y quedarme. Créanme, no porque si acierto en mi exposición ustedes digan que bien, Ángel, lo has hecho adecuadamente. No, es el placer de la libertad, señor. Es que ustedes quizás no tengan ni pajolera idea de lo que es.

Y te voy a hacer una pregunta. Conteste en silencio ahora mismo: usted es capaz de subir ahora mismo aquí, donde yo estoy situado, ahora mismo, sin sujetarse a mesas, ni sillas, ni ustedes, ni utilizar bolígrafos para girar entre las manos, ni meter manos en bolsillos buscando algo que rascar por allá abajo. Eso es ser capaz de salir aquí sin que le falte el aire, sin que le tiemblen las piernas, sin sentir sudores fríos, sin que se maree. ¿Es capaz de subir ahora mismo aquí, hablar un minuto del reloj, solamente un minuto del reloj?

Si su respuesta es: "Ángel, yo no soy capaz", le voy a dar a ustedes una muy mala noticia, y es trascendental. Usted, perdóname, amigo. Usted, perdóname, amiga. Usted no es libre. Usted no es libre. Usted será libre de derecho porque lo dice la Carta del 49 en Ginebra, de Naciones Unidas, o la Constitución de su estado de nacimiento, pero usted no es libre. Realmente no es libre. Y no es capaz de dirigir la palabra a 100 personas.

Miren, para cuatro cochinos días que vamos a vivir en este mundo, no podemos bajar la mirada ante nadie, el alma ante nadie, el corazón ante nadie. Entre otras grandes razones, porque nadie es nadie superior a nadie. Por cierto, por cierto, y nadie es inferior a nadie. Nadie es inferior a nadie. Mirada horizontal, no vertical, ni ascendente, ni descendente. Porque, ¿les voy a tener yo miedo a ustedes? ¿Quiénes son ustedes en comparación conmigo? ¿En qué, en esencia, en dignidad de persona, me ganan? Y lo diría igual, amigos y amigas, si esta sala estuviera llena de presidentes de gobiernos, y de emperadores, y de papas, y de gente culta, y de gente que me diera incluso 80.000 millones de vueltas en técnicas de dominio de la palabra. ¿Quiénes son ustedes? Lo diría con mayor pasión. No llamen ustedes a nadie maestro, ni señor. Y se lo dice alguien que ha sido un miserable esclavo de la timidez y de los miedos escénicos.

Por cierto, que no son naturales. Que son inoculados por una educación bien intencionada pero absolutamente castrante. Miedos escénicos que son perfectamente superables, en contra de lo que dicen en América, en Francia, en Inglaterra, y aquí. Y el miedo escénico, de ninguna manera, es conveniente, como les están diciendo a ustedes en escuelas de negocios y en universidades. El miedo escénico lo hemos recibido por una educación desequilibrada. Y esto tiene una trascendencia enorme, amigos.

¿Se han parado ustedes a pensar, como yo, por qué razón desde pequeñitos recibimos aquella consigna de "niño, ver, oír y callar"? Los niños a callar. ¿Y conocen ustedes esa caterva de refranes estúpidos que hemos recibido también desde nuestra infancia? "El que tiene boca se equivoca", "En boca cerrada no entran moscas", "No entran gusanos", "Cuando te mueres, la mejor palabra es la nunca dicha". Fíjese usted, el nombre, el dueño de su silencio y esclavo de sus palabras. Mentira, mentira. Yo soy dueño de mis silencios y dueño de mis palabras.

Todo eso, amigos, que figura, según me dicen los que saben, en todos los refraneros de todas las culturas, son mensajes del poder desde hace muchos siglos para cerrar el pico al pueblo. ¿Porque no se enseña las técnicas de oratoria en primero de básica en España, por ejemplo? ¿Porque se ha parado ustedes a pensarlo? Oiga, son cinco audiencias las que se han celebrado ya con ministros y ministras de educación de los dos grandes partidos españoles. Me he reunido con un montón de consejeros, con muchísimos rectores. Todos me dan la razón. Nunca veremos esta asignatura porque el poder intuye que si dotamos del dominio de palabra al pueblo, este pueblo se va a convertir en un conjunto de hombres y de mujeres de libre pensamiento y de libre palabra. Y eso les aterra instintivamente a todos los poderes. Les aterra. A todos los padres nos aterra. Al suyo también, al que usted tiene, igual que ellos, sobre su pareja, sus hijos, sus amigos, sus subordinados o sus superiores. Nos aterra mucho el libre pensamiento de los otros porque nos genera una crisis personal. Si usted piensa de determinada manera en política, en economía o en creencias religiosas, y alguien le lleva la contraria, a usted le hace tambalear. Pero hemos sido educados en la burguesía de las seguridades. Queremos ser amos, seguro. Está muy bien. Queremos el dinerito, seguro. Está muy bien. Queremos la salud, segura. Está muy bien. Y queremos hasta la vida, segura. Tiene gracia. Hay un seguro que se llama "vida". ¡Qué cachondeo, verdad! Qué eufemismo. Sea un seguro de vida. Los pagos los disfrutan otros. Contenido me muero. Llámeme seguro de post-entierro, pero no me vaya mucho de seguro de vida, ¿verdad?

Amigos, de lo que se trata, como ha dicho Antonio, es de comunicar. Aunque lo que yo enseño, y el título de esta charla es "Cómo hablar siempre con eficacia". Hablar con eficacia es comunicar. ¿Y qué es comunicar? Comunicar es lograr que las ideas que hay en mi cerebro o en mi mente pasen al suyo, y los sentimientos que hay en mi corazón pasen al suyo. Lo he logrado. Me he comunicado, amigos. Aunque haya hablado con torpeza, con escasez de vocabulario y con nula sintaxis. Sin embargo, si he hablado con mucho verbalismo y academicismo, y no he logrado esa transferencia de ideas y de sentimientos, lo único que he generado es incrementar más un ruido sobreabundante que existe sobre el mundo. Por lo tanto, la finalidad es comunicar.

La culpa de la ignorancia del pueblo la tiene el sistema y el método de aprendizaje. ¿Saben cuál es? Muy sencillo: "trabajar, trabajar y trabajar". Es falso aquello de que "el orador nace, no se hace". Eso lo hace. Y usted, hasta esta tarde, hágame el favor de borrar esa atrocidad de su disco duro. El comunicador se hace. Créame ustedes, amigos, amigas, sea usted quien sea, culto, menos culto, poco culto, incluso analfabeto, todo el mundo puede aprender facilísima mente a ser un magnífico comunicador.

Hecho este un vistazo a su vida personal, a su vida social, a su vida profesional. Piense que usted ha llegado, como yo, al placer escénico. ¿Verdad que todo cambia? Quien domina la palabra, ventaja a los demás. Quizás en esta sala haya alguna persona en paro o que esté infrautilizada en su trabajo, de acuerdo con sus capacidades. Pongamos que dos chavales, dos chavales de la misma edad, la misma preparación, los mismos idiomas, los mismos Erasmus, van a competir por un puesto de trabajo. Uno domina la comunicación verbal, el otro no la domina. ¿Quién se lleva el gato al agua?

Vivimos en un país, yo diría que en todos los países, en un país donde casi nadie domina la palabra. Los políticos hablan de pena. Los clérigos hablan que aburren. ¡María Santísima, que baje de los cielos! Y soy católico, no soy todo curas. Los profesores hablan francamente mal. Y muchos profesionales de radio y televisión hablan muy mal. Si los que más hablamos lo hacemos torpemente, ¿cómo queremos que hable el pueblo? Es lamentable, amigos. Lo vemos en cualquier lugar, en cualquier punto.

Y voy a entrar en algo que apenas podría desarrollar. Únicamente se lo indico aquí. Todo el mundo dice que habla de diálogo. Aquí todo el mundo dice que dialoga. Aquí, en el diálogo a nivel hasta mí, me hacen diálogo a nadie, ni en parejas, ni padres con hijos, ni superiores por subordinados. La clase política, y la defiendo, y me gustaría ser político, pero me echarían de todos los partidos porque soy excesivamente librepensador. Pues no hay ningún diálogo. Vemos a periodistas, e incluso eminentes, hablando tres o cuatro a la vez en una tertulia. Tres o cuatro políticos. Vemos a dos amigos que dicen que están dialogando y están hablando los dos. ¿Por qué no se dialoga, amigos? Porque dialogar es algo que no se ha enseñado. Dialogar no es conversar. Dialogar no es charlar. Dialogar no es negociar. Dialogar es que, partiendo yo de mis principios, de mis criterios firmes, porque hay que vivir con criterios firmes, en escuchar al otro, absolutamente distante y distinto de mí, de mis ideas, escucharle sin prejuicios, de forma tal, de forma tal que si tras madura y ponderada reflexión, tras días de auténtico entendimiento de razones, yo llego a percibir que el otro tiene más razón que yo, es de cruzar la calle y cambiar de acera.

¿Hay alguien dispuesto? Ya los poderes se han encargado de decir que al que cambia de criterios es un chaquetero. Mentira, amigos, mentira. Chaquetero es aquel que cambia de posición para lucrarse, para beneficiarse. Lo propio del hombre es una actitud de búsqueda. Alguien describió hace 2000 años: "Después veremos cara a cara, ahora vemos como en un espejo". ¿Verdad? Y los espejos, en aquella época, eran metales bruñidos, no los espejos de hoy que reflejan tan estupendamente la verdad. Por eso Fray Luis de León decía: "Quiero morir para ver dónde se sustentan las columnas del mundo". Y Teresa de Cepeda y Ahumada decía: "Mi muerte escondida, que no te sienta venir, porque el placer de vivir no me vuelva a dar la vida".

Estoy hablando, evidentemente, de que en este mundo estamos en un grave riesgo. Riesgo intelectual también, amigos. Y eso es incómodo. Aquí nadie puede estar seguro de nada, porque nada es del todo seguro. Y el que está seguro de algo, el que cree que ha llegado en algo a la verdad última y definitiva, es un talibán, es un fundamentalista. Intelectualmente ha muerto y apesta a cadáver putrefacto. Perdónenme que les diga, amigos, todos ustedes y toda España, casi casi seguro, y yo también a lo mejor, somos unos talibanes y unos fundamentalistas.

Hace poco conocí una frase de un hombre genial. Al criticar, no lo hemos sacado todo el partido posible. Ayer leí, en mi hotel aquí en Santa Cruz, este le dice una breve biografía. Revilla, más bien Pedro Laín Entralgo, el gran médico, el gran humorista. Quédense con esa frase, amigos. Es terrible, casi suicida. Decir "toda la verdad es la penúltima verdad".

Señor, lo mío se titula "Cómo hablar siempre con ejemplo, con eficacia". Y al hablar con eficacia es comunicar, es transferir ideas, es transferir sentimientos. Y viene ese subtítulo que ha incorporado hace un año y medio, dos: "La otra carrera necesaria". Que mi ser, y amigos del sistema, que salimos incluso de las universidades con nuestro título de licenciados en derecho, en arquitectura, en filosofía, en medicina... Óigame, y la otra carrera: el dominio de la palabra. Por medio de la cual yo, sea compartido a mis años, ya mi esfuerzo de capacitación, y por tanto, no me empobrece la falta de dominio de la palabra. No se empobrece, amigos. Y empobrece al colectivo al que nos dirigimos, a los que no les podemos aportar toda la riqueza nuestra.

Amigas y amigos, como son un público selecto, extraordinariamente preferido por ese grupo maravilloso que nos está brindando una tarde muy provechosa y muy aleccionadora, ayuden a este pobre currante, a este gana-pan enamorado de su chica, la palabra hablada. Ayúdenme a denunciar al sistema. Ayúdenme. Difundan esas ideas. Saquen los colores a los poderes docentes. Y tengo que hacer que decir algo. Quizás en cada una de ellas hay una excepción a la regla. No porque me contraten a mí, podrían contratar a otros. Aquí hay una especial sensibilidad. Yo he dado cursos en las universidades de Las Palmas, la Universidad de La Laguna, prácticamente nadie. He estado y este año 2011 yo lo comencé, pasado Reyes, impartiendo un curso a catedráticos de la Universidad de La Laguna. Y al final de julio, como desde hace 20 años, sin ninguna interrupción, impartir en mi curso en la penúltima semana de julio. Limitarían en la última. Pero, por favor, sé que aquí no se puede vender. Y no trato de vender. Lo que trato de hacer con ustedes es inquietarles.

Si usted no es capaz de subir aquí con absoluto placer escénico, usted no es libre, amigo. Debe pensárselo. Y con esta charla, lo que quiero es revolver de obscenas tripas, colocar bajo sus alas posaderas dos clavos ardiendo para que usted se levante diciendo: "Ni un día más, yo me lo tengo que buscar". Y dos líneas, simplemente. Usted tiene que llegar a entender, no aquí arriba, que tal vez la psicología que enseño, incontestable, que todo el mundo, incluso niños, pueden recibir. Usted tiene que entender aquí que usted, señor, señora, es la persona más sagrada que hay en este mundo, la de mayor valor para un sí mismo. Aunque esté hundida o en paro, o tenga problemas, no tenga rupturas de todo tipo, no tenga enfermedad. Usted, para usted, es lo más sagrado que hay en este mundo. Lo marginó de respeto. El miedo escénico es un miedo escénico, es un miedo a uno mismo, es un desprecio a uno mismo insoportable. Usted, la persona, ha de ser comprendida, de ser amada, de ser animada. Si tiene usted que quererse por encima de su pareja, por encima de sus hijos, por encima de sus nietos, si los tiene, y de sus padres. Yo soy la persona a la que más quiero en este mundo. Me quiero mucho más que a mi mujer, y la adoro, más que a mis hijos, más que a mi nieta, que chicharrera, por cierto. Y a ustedes les suena mal, ¿verdad? Pues miren, lo bonito es que cuanto más me he querido a mí mismo, más he querido a mi mujer, más he querido a mis hijos, más he querido a mi nieta. Madres, quiero a ustedes, más quiero a las galaxias, más quiero a las cucarachas y a todo viviente. Porque donde no hay amor, con amor, y habrá amor.

Y también la otra idea, señores. Este mundo es un puro teatro, donde no hay ni Papa, ni Rey, ni zapatero, ni Rivero, ni Sarkozy, ni nadie. Todos iguales. Lo que es que la historia, para unos, la casualidad, para otros, la providencia divina, nos ha ido dando diferentes papeles. También han dado un papel precioso del que me he enamorado locamente y no lo cambiaría por ningún otro. Soy profesor de técnicas de comunicación verbal, pero desde el fondo de mi alma surge aquel grito de: "Nadie más que yo, nadie menos que yo". Si no hay nadie más que yo, a nadie le tengo miedo. Y si no hay nadie menos que yo, a todo el mundo sirvo. Creo que es el justo punto para vivir, para luchar, para superar épocas tan duras como la actual de crisis, y hasta para morir.

Ahora bien, amigos, esa idea de que usted es lo que más vale en este mundo, con diferencia de cualquier otro, no es invención de antes. La fuente no tiene categoría para ello. Pero, ¿qué dice el sentido común? Es lo que está inscrito incluso en nuestros instintos de conservación. Ya lo que dicen todas las filosofías y todas las religiones. Y todas las teorías en la nuestra, judío-occidental, hay un mandato segundo que es: "Ama al prójimo como a ti mismo". Diga usted, ¿cómo a usted mismo? Creo que está claramente explicado, claramente en el texto, lo que se le ha dado muchas vueltas. Se ha dicho que si te quieres demasiado, eres un presuntuoso, eres un soberbio, eres un chulo. ¡Pra! Mentira. Pose, amigos. Qué maravilla. Cuanto más te quieres, eres más humilde, más sencillo. Si te alaban hombres, te anima a seguir en la batalla, pero tu ego no crece. Qué maravilla. Y si te critican, tienes la contundencia de recibir la crítica, aunque sea agria, con gratitud y humildemente sometes tu criterio a esa crítica, no vaya a ser que estuvieras equivocado.

Ahora bien, amigos, la idea de que usted es lo más sagrado que hay en este mundo y que este mundo es un puro teatro, esas ideas aquí no sirven para nada. ¿Quién puede negarlo? ¿Quién no conoce aquello de Calderón de la Barca? "Vivimos el mundo tan singular que el vivir solo es soñar, y el hombre que vive, sueña lo que es hasta despertar". Decía Calderón: "Sueña el rey que es rey, abierto en esa idea, mandando, rigiendo y gobernando. Sueña rico en su riqueza que más cuidado le ofrece. Sueña el pobre en su pobreza. Sueña el que medra, limpieza. Soy el que afana y pretende. Y en el mundo, en conclusión, todo sueña lo que son, aunque ninguno lo entiende". Y preguntaba con gran elegancia Calderón de la Barca: "¿Qué es la vida? Un frenesí". Se contestaba: "Cada vez la vida, una ilusión, una sombra, una ficción". Una ficción, puro teatro, amigos, puro teatro.

Yo aconsejo a mi gente que baje a los sepulcros de los grandes de este mundo. Quizás en el Monasterio del Escorial, a ese panteón de reyes, esa escalera india, esos sarcófagos imponentes. Carlos V, Felipe II. Dicen que no se ponía el sol en su imperio. Polvo, miseria. Nada, nada. Ante quién voy a bajar yo mi cabeza, mi alma y mi corazón. Ante nadie, amigos, ante nadie.

Pero esas ideas hay que bajarlas al corazón. Les propongo, por favor, para que se lleven un recado, que es lo que pretendo siempre que hablo, para que se lleven un mensaje bien grabado. Les propongo que construyamos en el aire el triángulo del poder en libertad personal y el dominio de la palabra. Yo les haré una pregunta: "¿De qué se trata a la hora de tomar la palabra?". Y ustedes, haciendo así con el brazo, dirán fuertemente: "De comunicar". Preguntaré después: "¿Quién tiene la culpa de la ignorancia del pueblo?". Y moviendo el otro brazo, ustedes dirán: "El sistema". Y preguntaré: "¿Y cuál es el método de aprendizaje?". Realizarán este gesto: "Yo me lo curro, yo lo consigo. Yo no me lo curro, yo no lo consigo, porque el orador nace, se hace a base de trabajo". Tomando de pie, por favor, háganme caso. Seguro que les surge dentro del alma aquel espectro del sentido del ridículo, que es como un globo inmenso con unos dientes negros, unos cuernos y un rabo rojo. Pero si pincha, se desvanece. Le digo: cuanto más cuestión sea hacerlo, cuanto más le cueste usted hacer este movimiento, más lo necesita.

Vamos con él. Muchísimas gracias de nuevo a Tés Canarias. Gracias a ustedes, amigos. Y ya me están haciendo la señal de que me he pasado el tiempo, casi seguramente. Pero permítanme colocar esta guinda a la gran tarta. Y saqué el partido. Lo vamos a decir tres veces y vayan ser con este mensaje. Dicen de vuelta: "¿Qué pretendemos cuando hablamos?". No me ha gustado. Ha sido flojo. Mucho más fuerte. "¡Tenía que venir aquí inmediatamente el alcalde de Santa Cruz! ¿Qué pasa ahí arriba?". Ha saludado. "¿De qué se trata cuando tomamos la palabra?". "¿Quién tiene la culpa de la ignorancia del pueblo?". "¿Cuál es el método de aprendizaje?". "¡Yo me lo curro, yo lo consigo! ¡Yo no me lo curro, yo no lo consigo!". Repetimos del vencer más. Los dones del más, para que se grabe. ¿Qué hemos de hacer cuando tomamos la palabra? La única preocupación. No vaya usted cargado de vender, de enseñar, de predicar, de conseguir el voto. No. Cuando usted toma la palabra, solo comunicar. Solo transferir ideas. Luego vendrá la segunda pregunta: ¿Comunicar para qué? Comunicar para enamorar, comunicar para vender, comunicar para enseñar, comunicar para conseguir votos. Pero lo primero, descárguese. Solo pretenda comunicar. Que sus ideas y sentimientos pasen a los otros. Ese es el mensaje que pretendemos cuando tomamos la palabra. "¿Quién tiene la culpa de la miserable ignorancia del pueblo?". "¿Cuál es el método de aprendizaje?". "¡Yo me lo curro, yo lo consigo! ¡Yo no me lo curro, yo no lo consigo!". Y la última: "¿Qué pretende mostrar?". "Lo tomamos la palabra". "¿Quién tiene la culpa de la alcohol china y miserable ignorancia del pueblo?". "¿Cuál es el método de aprendizaje?". "¡Yo me lo curro, yo lo consigo! ¡Yo no me lo curro, yo no lo consigo!". Gracias a todos. Gracias.