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LAS CONEJITAS QUE NO SABÍAN RESPETAR / Cuento infantil que nos enseña el valor del respeto y amistad

Aika cuenta cuentos 5:12

Transcription

[Música] Las conejitas que no sabían respetar.

Había una vez un conejo que se llamaba Serapio. Él vivía en lo más alto de una montaña con sus nietas, Serafina y Séfora. Serapio era un conejo bueno y muy respetuoso con todos los animales de la montaña, y por ello lo apreciaban mucho, mucho. Pero sus nietas eran diferentes. No sabían lo que era el respeto a los demás.

Serapio siempre pedía disculpas por lo que ellas hacían. Cada vez que ellas salían a pasear, Serafina se burlaba.

[Música]

"Pero mira qué fea es esa oveja."

[Música]

"¡Y mira la nariz del toro!"

[Música]

"Sí, sí, mira qué feos son."

[Música]

Respondía Séfora, delante de los otros animalitos.

"Sí, sí, mira qué feos son."

Así se la pasaban molestando a los demás todos los días.

[Música]

Un día, cansado el abuelo de la mala conducta de sus nietas, que por más que les enseñaba no se corregían, se le ocurrió algo para hacerlas entender. Y les dijo:

"Ojo, vamos a practicar un juego en el que cada una tendrá un cuaderno. En él escribirán la palabra 'disculpas' cada vez que le falten el respeto a alguien. Ganará la que escriba menos de esa palabra."

"Sí, sí, yo quiero jugar. ¡Sí, quiero! ¡Juguemos!", oyeron al mismo tiempo.

Cuando Séfora le faltaba el respeto a alguien, Serafina le recordaba el juego y hacía que escribieran en su cuaderno la palabra "disculpas", porque así Séfora tendría más palabras y perdería el juego. De igual forma, Séfora le recordaba a Serafina cuando le faltaba el respeto a alguien.

Pasaron los días y, hartas de escribir, las dos se pusieron a conversar.

"Vaya, vaya, ¿no sería mejor que ya no le faltemos el respeto a la gente? Así ya no sería necesario pedir disculpas."

"Oh, claro. ¡Qué buena idea!"

Llegó el momento en que Serapio tuvo que felicitar a ambas, porque ya no tenía quejas de los vecinos. Les pidió a las conejitas que borraran poco a poco todo lo escrito, hasta que sus cuadernos quedaran como nuevos. Las conejitas se sintieron muy tristes, porque vieron que era imposible que las hojas del cuaderno quedaran como antes. Se lo contaron al abuelo y él les dijo:

"Del mismo modo queda el corazón de una persona a la que le faltamos el respeto. Queda marcado y, por más que pidamos disculpas, las huellas no se borran por completo. Por eso debemos respetar a los demás, así como nos gustaría que nos respeten a nosotros."

"Caramba, ¡qué buena idea! Ya no faltaremos el respeto a ninguna persona, porque no queremos que su corazón quede manchado."

Y colorín colorado, que este cuento se ha acabado, mis angelitos. Y recuerden: no debemos faltar al respeto a las personas ni a los animalitos. Suscribirse a mi canal y darle un súper like.