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En la Biblia hay dos mujeres que llevan el nombre de Elizabeth. La primera fue esposa del primer sacerdote y sumo sacerdote de los israelitas, y fue madre de cuatro varones: Nadab, Abiú, Eleazar e Itamar. Lo puedes leer en Éxodo capítulo 6, verso 23. Siendo ya mayores de edad, desempeñaron la función también de sacerdotes, aunque los dos mayores, Nadab y Abiú, se hicieron intencionalmente rebeldes a Dios. De esta mujer y esposa de un hombre que consagró su vida a Dios, no tenemos más información. Te estamos hablando de esta Elizabeth que fue la mujer de Aarón.
Sin embargo, hay una segunda Elizabeth, como 1500 años después de la primera, esposa también de un sacerdote llamado Zacarías, madre del último profeta del Antiguo Testamento, Juan el Bautista. De esta segunda Elizabeth, basado en el texto de Lucas capítulo 1, verso 2 en adelante, podemos observar a una mujer como a otras muchísimas mujeres de las historias bíblicas. Esta mujer supo ser la ayuda idónea para su marido Zacarías, quien tenía la responsabilidad del oficio sacerdotal en el templo de la ciudad de Jerusalén.
Si escuchas la programación de "Amigos en Radio Solidaria", todos los miércoles presentamos el espacio "En tus manos, mujer", un espacio presentado por Estíbaliz Andino, Ma Berrueta y Cristina Antón, donde hablan sobre mujeres de la Biblia. La primera mujer que mencionaron hace una semana fue Eva. Hicieron dos partes. Una de las partes se tituló "Eva, ayuda idónea". En esta reflexión sobre Elizabeth, queremos también hacer esa mención: Elizabeth, ejemplo de mujer, ejemplo de ayuda idónea.
La historia bíblica de Elizabeth al lado de su esposo, el sacerdote Zacarías, es una historia para aprender a ser la esposa que funciona como la ayuda idónea de un hombre consagrado a Dios. Sin embargo, también se puede aprender a ser la ayuda idónea de ese hombre terrible que no quiere nada con Dios, pero que usted tiene que ayudarle a encaminarle para que le entregue su vida a Jesús. Les hablaremos en unos minutos porque Pedro dejó unos versículos muy interesantes sobre la mujer y ese esposo inconverso.
En este mensaje, que especialmente va dirigido a todas las que son esposas de hombres cristianos, les queremos compartir que una esposa que desea ser ayuda idónea para el ministerio de su esposo debe manifestar características que son el resultado de su comunión con el evangelio de Jesús. Esto también vale a la inversa, y características que son el resultado de la comunión con el evangelio de Jesús debe manifestar una esposa o un esposo que desea ser la ayuda idónea para el ministerio de su esposa o de su esposo.
Estamos hablando de Elizabeth como esposa de Zacarías, hombre consagrado al sacerdocio. Este mensaje nos va a ayudar a entender qué características debe manifestar esa esposa cristiana para no perjudicar ni ser indiferente con su esposo con respecto a su ministerio, sino para ser ayuda idónea, que es lo que él o ella necesita.
La primera característica que resulta de la comunión con el evangelio de Jesús, la cual una esposa cristiana debe manifestar hacia ese esposo o esposo hacia su esposa, es temor a Dios. Este es el primer punto. Es una de las primeras descripciones que tenemos de Elizabeth en conjunto con su esposo. Lucas capítulo 1, verso 6: "ambos eran justos delante de Dios". Y esta descripción es clara porque nos revela que el objetivo principal en la vida de este matrimonio, en la vida de Elizabeth y Zacarías, era no era quedar bien delante de las personas a quienes Zacarías tenía que servir como sacerdote, sino que su objetivo principal era hacer el bien delante de Dios.
Esta justicia es solamente una palabra que resume la gran conciencia que ambos tenían acerca de la importancia de hacer delante de Dios todas las cosas buenas. Pero esto de hacerlo justo delante de Dios no se refiere únicamente al momento de presentarse en la casa de Dios, en donde antes se manifestaba y se representaba la presencia de Dios, sino que se refiere a la decisión de hacer siempre el bien en cualquier lugar donde se encontrasen: en la iglesia, en su matrimonio, en su trabajo, en sus relaciones. Dios está presente en todas partes, por lo tanto, uno siempre tiene que estar delante de Dios haciendo lo que es justo y agradable a Él. Esto es lo que también se llama temor de Dios, no temor de Dios, temor a Dios. Lo cual no solamente fue una responsabilidad de Zacarías, sino también de su esposa Elizabeth.
Hay esposas que tienen el privilegio de tener un esposo que verdaderamente está demostrando decisión, convicción por vivir agradando a Dios, pero la esposa a lo mejor no vive con temor a Dios. Es probable que le acompañe a la iglesia, a lo mejor es posible que haga actos de piedad, pero después su vida es solamente una vida llena de acciones que no demuestran temor de Dios, sino todo lo contrario.
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Esto no es ser ayuda idónea para un esposo que, guiándose bajo los principios de Dios, se esfuerza por vivir para agradar y glorificar a Dios en todo. Usted, como esposa, para ser la ayuda idónea que él necesita, debe estar totalmente decidida a que ambos vivan con temor a Dios, a hacer delante de Dios todo lo que es justo. Buena su mirada. Este vivir con temor a Dios solamente lo puede usted tener si está dispuesta a conocer, a entender, a aceptar, a poner en práctica el evangelio. Y este es el primer punto de los cinco que vamos a analizar en este día sobre Elizabeth, sobre este matrimonio, sobre el ser ayuda idónea: temor a Dios.
La segunda característica es la conducta cuidadosa. Se habla poco de Elizabeth, pero deja varios versículos interesantes. Lucas capítulo 1: "andaban irreprensibles en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor". Esto es tener una conducta cuidadosa. Esto de andar irreprensibles es una forma de referirse a la conducta que uno deja ver ante la gente que nos está mirando. Y al respecto de esta conducta, si tú lees este pasaje, por ejemplo, en la Nueva Traducción Viviente, la frase es totalmente diferente a la Reina Valera 1960: "eran cuidadosos en obedecer todos los mandamientos y las ordenanzas del Señor". Lucas capítulo 1, verso 6.
Y esta aplicación o esta descripción de los dos, de este matrimonio, la vamos a enfatizar en Elizabeth, que es la protagonista de este espacio. Es notorio que ella, sin ser sacerdote, no dijo a su esposo Zacarías: "eso de andar irreprensible o de ser cuidadosos en obedecer es cosa tuya, no mía, yo no soy la sacerdotisa, el sacerdote eres tú". La cuestión de su conducta personal la consideró como un deber que también a ella le correspondía. Esto es interesante. El evangelio de Jesús enseña tanto a hombres cristianos como a mujeres cristianas que la conducta cuidadosa de una esposa es un asunto importante para que pueda ser la ayuda idónea de su marido. Y al revés también.
Pedro dice que hasta el inconverso espera ver la conducta cuidadosa de su esposa. Por eso, a las mujeres cristianas que tienen un esposo, Pedro las exhorta diciendo: "Mujeres, estad sujetas a vuestros maridos, para que también los que no creen a la palabra sean ganados sin palabra, sólo por la conducta de vuestras esposas, considerando vuestra conducta casta y respetuosa". Yo puedo entender que a través de la conducta de una mujer sobre su esposo converso, este puede recapacitar, puede convertirse, no usando la mujer palabras, sino su testimonio, su conducta. Sin embargo, y con más razón, si su esposo es un cristiano que ha decidido no solamente confesarse creyente, sino que también ha decidido comprometerse y dedicarse a servir de alguna manera al Señor, usted debe ser ayuda idónea para él, siendo cuidadosa con su conducta.
Esta es la segunda característica. Puedes leerlo: Lucas capítulo 1, verso 6: "andaban irreprensibles en todos los mandamientos y en las ordenanzas del Señor". Es decir, que la segunda característica es la conducta cuidadosa de ambos. La conducta cuidadosa de Elizabeth.
La tercera característica: el servicio. ¿Cómo servían los dos? ¿Cómo servía Elizabeth? Lo hacía con alegría.
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Podemos observar en los pocos versículos que nos ofrece Lucas que ni ella ni su esposo eran selectivos para obedecer solamente lo que les convenía, sino que enfáticamente dice Lucas que el andar irreprensible, tanto de Zacarías como también de Elizabeth, su esposa, eran todos los mandamientos y en todas las ordenanzas del Señor. Y esto nos ayuda a entender la profunda pasión con la que primeramente su esposo se dedicaba a servir a Dios, no solamente como sacerdote en el templo, sino en todos los aspectos prácticos de la vida. Un hombre así necesita una esposa que sea su ayuda idónea y que no le orille a hacer su servicio a Dios solamente a medias, ni que le orille a dejar el ministerio que Dios tiene para él, sino que le ayuda a mantenerse sirviendo a Dios sin queja alguna y así de esa manera pueda andar en todos los mandamientos y en todas las ordenanzas del Señor.
Un hombre así, de comprometido en servir a Dios, incluso si no está bien y totalmente comprometido en servir a Dios, requiere una persona que, como ayuda idónea, siga su proyecto de vida de servir a Dios. Y en el caso de Elizabeth, leemos que su obediencia, su servicio y todo lo que hacía no era cuestión solo del marido, sino de ambos. Versículo 6, Lucas capítulo 1. Hay detalles acerca de Elizabeth y también acerca de otras mujeres que podemos encontrar en la Palabra de Dios que pasaron por la experiencia de la esterilidad, pero aún así no vivieron amargadas ni deprimidas. No podían tener hijos, pero no se resignaron, no se enfadaron con Dios, sino que cada día buscaban su presencia. El caso de Ana, por ejemplo, madre de Samuel, lo hemos hablado en este espacio de personajes bíblicos, y ahora estamos hablando de Elizabeth.
¿Qué enseñanza nos da Elizabeth en esta mañana de esposa idónea, de ayuda idónea? En todos los mandamientos, en todas las ordenanzas del Señor. Todo esposo que tiene una esposa que comparte con él la decisión de servir a Dios, se siente mucho más entusiasmado, más alegre y se vuelve altamente efectivo en lo que hace. "Servid a Jehová con alegría", dice el salmista en el capítulo 100, verso 2. La manera de servir a Dios no debe ser de mala gana, solamente porque su esposa ha aceptado de Dios una responsabilidad, sino que debe ser un servicio que se lleva a cabo con toda la alegría, todos los días, en todos los ministerios.
También es deber de una mujer temerosa de Dios servir con alegría en cualquiera de su estado: soltera, en noviazgo, casada. Si está casada, debe ser la ayuda idónea que su esposo necesita, sirviendo a Dios con alegría juntamente con él. Y si él no está dedicado a servir a Dios, sea usted su ayuda idónea para encaminarle al servicio a Dios. Esta es la tercera característica que nos deja Elizabeth: su servicio. Sirvió ella y su esposo Zacarías a Dios con alegría.
Cuarta característica: la humildad. Cuando Lucas describe la procedencia familiar de Elizabeth, menciona que era de las hijas de Aarón (versículo 5). En realidad, no provenía de una familia de poco o ningún prestigio, sino de una de las familias notorias, distinguidas en toda Palestina desde hace 1500 años. Había sido desempeñado por esta familia, por la familia de Aarón. Si bien ella no podía ser sacerdote o sacerdotisa, tenía tan solo por eso mucha causa y motivo para equivocadamente sentirse importante, pero no sucedió con ella, no sucedió así con Elizabeth. Se puede notar su humildad en diversas ocasiones.
Si tú lees los versículos más adelante, puedes leer que por intervención de Dios, ella había podido concebir y ya llevaba cinco meses de embarazo cuando fue visitada desde Nazaret de Galilea, nada menos que por su prima María, una muchacha mucho menor que ella en edad, quien también llevaba como dos meses de un embarazo extraordinario. Nace Jesús y Elizabeth era ya una anciana, era una señora de edad avanzada, dice el versículo 7. Pero sus palabras a María dejan ver su humildad: "¿Por qué se me concede esto a mí?" (Lucas capítulo 1, verso 43). Ella ve como un privilegio que haya sido visitada por una menor que ella, que privilegiadamente llevaba dos meses de embarazo de quien sería el Salvador de los pecadores. Ella no toma ninguna ventaja por su edad para imponerse como la persona más importante, ni porque Dios mismo le haya querido favorecer con un hijo. Su pregunta fue: "¿Por qué se me ha concedido esto a mí?". Esto evidencia humildad.
El apóstol Pablo enseñó a los Filipenses: "Nada hagáis por contienda o vanagloria; antes bien con humildad, estimando a cada uno a cada uno de los demás como superiores a él mismo" (Filipenses 2:3). Pero esto no es un complejo de inferioridad, sino simplemente no sentirse superior a los demás. Esto significa que una esposa no debe sentirse superior a su esposo, y desde luego que el esposo tampoco debe sentirse superior a su esposa. El mismo apóstol escribió a los Colosenses: "Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia" (Colosenses 3:12).
Aquí Pablo comunica la humildad, que es una de las muchas virtudes de las que debe estar vestido tanto un hijo como una hija de Dios. La humildad es el resultado de someter la vida al evangelio del reino de Dios y es un deber de todo cristiano. La humildad de una esposa, con mucha más razón si es una esposa cristiana, es una característica que le sirve de mucho para poder ser la ayuda idónea de su marido. Pero una esposa que no es humilde ante los demás no es una gran ayuda para su esposo, pues su actitud orgullosa, vanagloriosa, que es conocida por las demás personas, puede afectar la credibilidad, el buen testimonio de su marido. Así que, hermanas y hermanos, seamos ayuda idónea para nuestros respectivos esposos, esposas, poniendo en práctica la humildad. Y Elizabeth da una lección de humildad.
Es la cuarta característica. Y la última característica de Elizabeth y también de su esposo Zacarías era su fe. No era una fe muerta, era una fe real, era una fe viva. Cuando Zacarías recibió del ángel Gabriel (versículo 11) el aviso de que él y Elizabeth, su esposa, iba a dar a luz un hijo (versículo 13 en adelante), inmediatamente expresó palabras que solo demuestran su incredulidad, falta de fe. Fíjate el argumento que presentó Zacarías a Gabriel: "¿En qué conoceré esto? Porque yo soy viejo, y mi mujer de edad avanzada" (Lucas capítulo 1, verso 18). Es decir, que para solucionar esa incredulidad quería una prueba. Pero el ángel le dice que su presencia como ángel es suficiente prueba de que en verdad Elizabeth podría concebir un hijo.
Pero como él quería una prueba adicional diferente, el hombre tuvo que recibir la prueba siendo hecho mudo por determinación divina. Esta es la pregunta que hemos dejado en una pequeña encuesta en la sección de comunidad en el canal de YouTube de Radio Solidaria. Hemos hecho una encuesta para ver si la audiencia, los suscriptores, los que ven los videos, sabían de qué personaje íbamos a hablar: "Mujer estéril de edad avanzada que no podía tener hijos". Esa fue la pregunta. Y hay muchas mujeres en la Biblia, ¿verdad? Luego, la segunda pista que dimos es que su esposo se quedó mudo por no creer en la palabra. La respuesta es sencilla: Elizabeth. Zacarías se quedó mudo.
Pero lo curioso de Zacarías, y de esto hemos hablado, es que cuando pudo hablar, lo que salió de su boca fueron palabras de bendición a Dios. Las primeras palabras que dijo Zacarías: "palabras de bendición a Dios". ¿Salen de tu boca palabras de bendición o palabras de maldición? Elizabeth se quedó embarazada y dio a luz a Juan el Bautista. Elizabeth tenía fe, fe real. Su esposo fue incrédulo. Que al final la incredulidad es un problema en nuestra vida.
Hace unos días hemos tenido una reunión de jóvenes, de esto hemos hablado, y Salvador Orts, que era el que nos compartía la palabra, dijo que no había milagros, de hecho, lo dice la palabra, en Nazaret por la incredulidad de las personas. Y es verdad, no hay milagros en nuestra vida, no hay bendición de parte de nuestra vida de parte de Dios, no hay milagros en la iglesia por la incredulidad. Si yo no creo en Dios, si yo no tengo una relación personal con Dios, no voy a esperar milagros. Si tú quieres un milagro en tu vida, tienes que tener una relación personal con Cristo.
"Así ha hecho conmigo el Señor en los días en que se dignó quitar mi afrenta entre los hombres" (Lucas capítulo 1:25). Estas palabras de Elizabeth son más claras en otras versiones, como la Nueva Versión Internacional: "Esto decía ella: Es obra del Señor que ahora en mostrar ha mostrado su bondad a quitarme la vergüenza que yo tenía ante los demás". La versión Dios Habla Hoy dice: "El Señor me ha hecho esta hora para que la gente ya no me desprecie". Lucas capítulo 1, verso 25. La versión o la traducción en Lenguaje Actual dice: "Dios ha hecho esto conmigo para que la gente ya no me desprecie". Son algunas versiones, algunas traducciones de las palabras de Elizabeth.
"Así ha hecho conmigo el Señor en los días en que se dignó quitar mi afrenta entre los hombres". Como se puede observar, su fe estaba centrada en que su embarazo no fue causa por su esposo, fue obra del Señor. "El Señor me ha hecho esto ahora", "Dios ha hecho esto conmigo ahora". Una esposa con una fe real, centrada en Dios, puede ser la ayuda idónea de un hombre a quien, en determinado momento, su fe se tambalea. Y pasó con Zacarías. Su fe tambaleó. Vino el ángel y no creyó que podía tener un hijo porque su esposa era de edad avanzada y él también era anciano.
Una esposa con una fe real, con una fe sobrenatural, centrada en Dios, puede ser la ayuda idónea de un hombre a quien, en determinado momento de su vida, por la incredulidad, por las dudas, por las pruebas, por las aflicciones, su fe es sacudida y es confundida por las circunstancias. Zacarías, un hombre de quien dice Lucas que era sacerdote, que era justo, a la hora en que estaba ejerciendo su labor el sacerdote o el sacerdocio delante de Dios, se le apareció un ángel del Señor y puesto en pie a la derecha del altar del incienso. Se supone que en ese momento debió ser más espiritual y no creyó las palabras del ángel. Un hombre de Dios, justo, pero que dudó en ese momento.
Y es entendible. Nosotros también hubiéramos dudado. "Señor, sí, soy estéril, si lo llevamos intentando durante X años, ahora voy a poder tener un hijo. Tengo más de 80 años, tengo más de 70 años, más de 50, más de 40". Imaginas Zacarías, un hombre de Dios, pero que fue incrédulo, tuvo dudas en ese momento. Tú puedes ser la esposa y el esposo que, en medio de los altibajos de la fe de su esposo o de su esposa, le ayude idóneamente a superar sus dudas, su incredulidad.
Si su esposo es cristiano, sin duda que él también será para usted una bendición para ayudarle a vivir y a desarrollar una férrea fe enfocada en Dios. Usted es la persona más cercana a él. Con tu testimonio, con tu conducta, tú puedes convertir a tu esposo. Dice uno de los grandes profetas: "que se conviertan ellos a ti, más tú no te conviertas a ellos".
El objetivo de este mensaje es que cada uno de nosotros, cada una de las mujeres que nos están escuchando, de las esposas, de los esposos, se tienen que hacer la pregunta: ¿Soy la ayuda idónea para mi esposo, para mi esposa, ya que él está trabajando o no en un ministerio? ¿Verdaderamente soy temerosa de Dios? ¿Comparto esta convicción con mi esposo? ¿Soy cuidadosa, soy cuidadoso en mi conducta hacia mi esposo, mi esposa, mis hijos, hacia las personas que me conocen? ¿Sirvo alegremente a Dios juntamente con mi esposo, dispuesta a poner en práctica no solo lo que me conviene, sino todos los mandamientos, todas las ordenanzas de Dios, como Elizabeth y Zacarías?
Ante esta pregunta, mi forma de ser con mi esposo, con mi esposa, y ante la gente cristiana y no cristiana con quien trato cada día, ¿refleja la humildad que corresponde a una verdadera hija de Dios, a un verdadero hijo de Dios? ¿Manifiesta ante las circunstancias de cada día una fe real, intensa, centrada en Dios? Y con esta fe, ¿ayudo en mi matrimonio, a las demás personas, para que confíen más en Dios?
Esta es la conclusión final. Ante estas preguntas, hoy Elizabeth a todas las mujeres, a todas las esposas, da una lección, pero también a nosotros los hombres. Elizabeth nos da una lección. Le dio una lección a su esposo, a su esposo Zacarías, que le dudó, le falló la fe en esos momentos, pero aún así, cuando pudo hablar, cuando dejó de estar mudo, lo primero que salió por su boca fueron palabras de bendición. Elizabeth hoy nos habla, hoy nos da una lección. Ahora toca ponerlo en práctica.
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