Transcription
[Música] El tener un entendimiento maduro de su propósito sirvió para animar a David. Él no precisaba conocer todos los detalles, siempre y cuando pudiera entender la naturaleza de Dios. Como dice el Salmo 119, versículo 75: "Bien conozco, oh Jehová, que tus juicios son justos, y que conforme a tu fidelidad me aflige."
Esto nos lleva nuevamente a la verdad básica sobre el cual se funda la escuela de la aflicción de Dios. En el versículo 65 veíamos: "Bien has hecho con tu siervo, oh Jehová, conforme a tu palabra." Además, en el versículo 68 vimos: "Bueno eres tú, y bienhechor." Si estamos convencidos de que Dios es bueno, no tenemos alternativa más que aceptar lo que él hace para nosotros es bueno, aún si no lo entendemos por completo.
Hay muchos creyentes que están enojados con Dios, pero no quieren reconocerlo. Se revelan en contra de su aflicción, de su preocupación, de su angustia, de su dolor. No quieren ver a Dios en medio de su aflicción. Muchos no se atreven a desechar su máscara de piedad y continúan teniendo oraciones, o continúan teniendo actividades. Y peor aún, algunos tienen un buen vocabulario cristiano. Muchos no se atreven a reconocerlo. ¿Te atreves tú? Se lamen sus heridas y claman contra la injusticia y lo terrible de su causa. No quieren ver que cuando rechazan las obras de Dios, también están rechazando su naturaleza. Por eso es que se sienten víctimas. Por eso es que quieren que que otros también pasen lo mismo.
Que tú observes un hecho significativo en este versículo: el que aflige es el mismo que consuela. David sabe que lo que Dios ha hecho es justo. Conoce, oh Jehová, que tus juicios son justos, y sabe que es el Dios que le ama quien le ha afligido. Y conforme a tu fidelidad me aflige.
Dios usa la familia como un modelo de esta verdad. Por ejemplo, el padre de familia que ama al hijo con todo su ser es el mismo padre que algunas veces tiene que optar por una posición dura para corregir e instruir a ese hijo. El mismo padre que administra el castigo es quien mejor puede administrar el consuelo y el amor inmediatamente después. Tal como un niño halla seguridad en la consistencia de la naturaleza de sus padres, nosotros hallamos seguridad en la naturaleza invariable de Dios.
Cuando Dios reprendía amargamente a Israel por sus fornicaciones, Dios clamó: "Yo os he amado, dice Jehová." Lo encontramos en Malaquías 1:2. Ellos no podían comprender el amor de Dios en medio de la tribulación que vivían. Y dijisteis: ¿En qué nos amaste? Dios les recordó: "Porque yo Jehová no cambio."
Su manera de responder ante la aflicción es un indicador seguro de su madurez o falta de ella. Usted puede lloriquear, quejarse como un niño pequeño, o puede hallar refugio en la naturaleza invariable de un Dios que le ama. Puede confiar en que el propósito de Dios se verá cumplido en toda cosa que te suceda. Su propósito, repito, su propósito para ti se verá cumplido si cooperas con él, si le amas y confías en su verdad.
Esto me lleva a recordar Romanos 8:28: "Y sabemos que a los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados." La clave en sí está en nuestro propósito: que sea igual a su propósito. Te lo voy a repetir: la la clave es que nuestro propósito sea igual al propósito de Dios.
Mira Eclesiastés 12:13 nos define con claridad el propósito que Dios tiene para con el hombre: "El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Jehová y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre." Recuérdate que guardar es cumple sus mandamientos. Qué maravilloso versículo. No podemos saltarnos de escrituras en escrituras y tratar de andar buscando, aparentemente, si nosotros no confiamos en que ya Dios nos ha mostrado el propósito para nuestra vida. Pero muchas veces no creemos en ese propósito, lo ignoramos y no dejamos y no vivimos para él.
El verdadero propósito tiene que ver con él y con los demás. Romanos 12:1 dice: "que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional." Y es nuestra fuente de equilibrio y fortaleza en un mundo inestable. Que tu convicción sea que el propósito de Dios te ayude a refugiarte, que te sientas amada, amado, cuidado, cuidada por el Rey de Reyes.
Oremos. Padre santo, buenos días. Agradecemos la vida y la enseñanza que refresca nuestro corazón. Gracias por recordarnos que tu amor es inamovible a pesar de nuestras acciones. Tu amor es constante. Ayúdanos, padre bendito, a reforzar a creer en ese propósito divino que se una, que se alíe con nuestros propósitos. Permite, padre, por favor, que caminemos sintiendo tu consuelo, pero que también podamos consolar a otros. Gracias, Señor. Lo oramos en el nombre de Jesús. Amén.
[Música]