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Entrar en el tiempo de Dios

fraynelson1:12:13

Transcription

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Nos unimos a las palabras, pero sobre todo al corazón de Jesús.

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en tentación, y líbranos del mal.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Mis hermanos, dirigimos nuestra atención al capítulo número 11 del evangelio según San Juan. Queremos dejarnos sorprender por este texto. El Señor tiene algo para nosotros hoy, y esa bendición queremos recibirla con el corazón abierto y lleno de gratitud y amor hacia Él.

¿Qué nos trae ese capítulo? Leamos. Empecemos por lo más elemental. Hemos hecho oración, hemos cantado. Vi que algunos danzaban para Cristo, vi que decían salten. Algunos hicieron lo posible, lograron elevarse un poco. Hemos orado, hemos alabado al Señor, hemos pedido su Espíritu. Él está con nosotros. Con ese espíritu de fe nos acercamos a la palabra. Acuérdese lo que nos advierte San Pablo: no nos acerquemos a la palabra como otra palabra más. Es palabra del Señor, es palabra de Dios.

Había un hombre enfermo llamado Lázaro, que era de Betania, el pueblo de María y de su hermana Marta. Esta María era la misma que ungió al Señor con perfume y le secó los pies con sus cabellos. Su hermano Lázaro era el enfermo. Las dos hermanas mandaron a decir a Jesús: "Señor, el que tú amas está enfermo".

Al oírlo, Jesús dijo: "Esta enfermedad no terminará en muerte, sino que es para gloria de Dios, y el Hijo del Hombre será glorificado por ella". Jesús quería mucho a Marta, a su hermana y a Lázaro. Sin embargo, cuando se enteró de que Lázaro estaba enfermo, permaneció aún dos días más en el lugar donde se encontraba.

Solo después dijo a sus discípulos: "Volvamos de nuevo a Judea". Le replicaron: "Maestro, hace poco querían apedrearte los judíos, ¿y tú quieres volver allá?". Jesús les contestó: "No hay jornada mientras no se han cumplido las doce horas. El que camina de día no tropezará, porque ve la luz de este mundo. Pero el que camina de noche tropezará; ese es un hombre que no tiene en sí mismo la luz".

Después les dijo: "Nuestro amigo Lázaro se ha dormido, y voy a despertarlo". Los discípulos le dijeron: "Señor, si duerme, recuperará la salud". En realidad, Jesús quería decirles que Lázaro estaba muerto, pero los discípulos entendieron que se trataba del sueño natural.

Entonces Jesús les dijo claramente: "Lázaro ha muerto, pero yo me alegro por ustedes de no haber estado allá, pues así ustedes creerán. Vamos a verlo". Entonces Tomás, apodado "el Mellizo", dijo a los otros discípulos: "Vayamos también nosotros a morir con él".

Palabra del Señor.

Luego vamos a continuar la lectura, pero la hemos dividido en esas dos partes. ¿Qué es lo que nos encontramos? Vamos a situarnos poco a poco, a entrar en el texto. Entrar en el texto. La mejor manera de que el texto entre en ti es que tú entres en el texto. Escriba esa frase que le conviene: "La mejor manera de que el texto entre en ti, en tu corazón, en tu mente, en tu vida, es que tú primero entres en el texto". Y eso es lo que vamos a empezar a hacer nosotros: entrar en el texto.

¿Qué es, pues? Vamos a situarnos en lo que estaba sucediendo. ¿Qué es lo que encontramos? Encontramos tres hermanos: Lázaro, Marta y María. Viven en Betania. Son amigos de Jesús. Todos esos datos nos ha dado el texto. Pero, ¿qué más nos dice el texto? Lázaro está enfermo. Viene una petición, por supuesto, de las hermanas de Lázaro, una petición a Jesús, una petición entrañable: "El que tú amas está enfermo". Se ve que ellas hicieron su mejor esfuerzo por conmover a Jesús para que viniera pronto. Sin embargo, Jesús no se puso en camino, se quedó donde estaba. Y mientras Jesús se quedó donde estaba, Lázaro murió.

La actitud de Cristo nos puede parecer extraña. Porque si es su amigo, esto se dice de muy pocas personas en la Biblia, ¿por qué no va inmediatamente? ¿Por qué no arregla el problema? Esa es una pregunta que nos surge. Y luego, cuando ya muere, que fue la última parte que le repito, luego continuamos la lectura, pero cuando ya muere, dice las palabras de Cristo que son bastante misteriosas: "Yo me alegro de no haber estado allí, pues así ustedes creerán. Vamos a verlo".

"Me alegro de no haber estado allí", dice uno. ¡Qué manera tan extraña de ser amigo! Ese amigo está con un poco extraño, porque la idea que uno tiene de amigo es distinta. El amigo acude pronto, el amigo me ayuda a resolver mi situación, y el amigo, pues, se supone que no me va a fallar. Entonces, esos son los primeros elementos que encontramos: una amistad y un comportamiento extraño de nuestro Señor Jesucristo.

Entonces, vamos a buscar niveles de explicación. Lo que estamos haciendo ahora es lo que comúnmente se llama exégesis. Exégesis, que es tratar de entender el texto. Estamos tratando de entender el texto. Eso se llama exégesis. Nos acercamos al texto para entenderlo. Es nuestra manera de entrar en el texto, y así queremos que el texto también entre en nosotros. Entonces, estamos buscando una explicación: ¿por qué ese comportamiento extraño de Cristo? Y hay distintos niveles de explicación.

Por ejemplo, un primer nivel de explicación: ¿era un lugar peligroso para Jesús? Esa puede ser una explicación. Por lo menos, es la primera explicación que a uno se le ocurre. Hay que saber que la ciudad de Betania estaba muy cerca de Jerusalén. Se puede caminar de Jerusalén a Betania, y todos sabemos que Jerusalén, pues, era capital de Judea, entonces es la región de Judea. Y fíjate, uno de los versículos que aparece ahí, cuando Jesús dice: "Vamos allá", entonces le responden ellos: "Pero si hace poco los judíos querían apedrearte", dice el versículo 8: "Maestro, hace poco querían apedrearte, y tú quieres volver allá".

Entonces, una primera explicación sería esa: primera explicación, ¿por qué no fue Jesús inmediatamente? Porque estaba en peligro, porque allá lo querían matar. Pero esa explicación no nos satisface. Algo conocemos de Jesucristo y sabemos que esas no son las razones de Él. Debe haber otro motivo. Entonces, tenemos que llegar a otro nivel de explicación.

Primera explicación: ¿porque estaba en peligro su vida? No es, no es. Segunda explicación: ¿tal vez no era tan amigo? Esa sería otra pregunta que nos hacemos. ¿Será que no era tan amigo? El resto del texto nos va a dar la respuesta, por supuesto que sí. Eran muy amigos, y nos lo dice aquí. Dice versículo 5: "Jesús quería mucho a Marta, a su hermano, a su hermana y a Lázaro". Entonces, la explicación no es porque estuviera en peligro su vida, porque ese no es el tipo de cosas que detienen a Cristo. Cristo no se detiene por eso.

Entonces, ¿por qué no fue? ¿Por qué no eran tan amigos? No es cierto, porque también ha dicho en el versículo 5 que los amaba mucho. Entonces, ahora esto sí está muy misterioso. Ahora sí está muy misterioso. Si de verdad eran tan amigos, y si el problema no es que lo estuvieran deteniendo, ¿qué fue lo que sucedió? ¿Qué fue lo que sucedió? Claramente, ¿qué es lo que vamos a encontrar en el pasaje? Jesucristo sí les va a dar una respuesta en su necesidad, pero les va a dar una respuesta en su tiempo.

Entonces, la explicación va a ir por ese lado. Tercer nivel de explicación. No se me pierda. Primer nivel de explicación: ¿porque estaba en peligro su vida? No convence, porque ese no es Cristo. Cristo no pone ese tipo de prioridades. Él es demasiado valiente. Su manera como ha hablado a las autoridades, él no es así. Segundo nivel de explicaciones: que en realidad no eran tan amigos, tenía otras prioridades. No es cierto, porque el versículo quinto dice: "los amaba mucho".

Entonces, tenemos que profundizar todavía más. Y en ese tercer nivel, ya encontramos algo diferente. Parece que el tiempo de Dios es distinto de nuestro tiempo. Parece que por ahí va la cosa. El tiempo de Dios. Es decir, la gran enseñanza que nos va a dejar este pasaje de Lázaro se llama "El tiempo de Dios", y ese es el título que le vamos a dar a estas predicaciones, que ustedes las pueden, desde luego, mirar después. Por eso lo estamos grabando, para que usted pueda luego mirarlas cómodamente, volver sobre ellas.

Entonces, la tercera explicación se llama "El tiempo de Dios". La explicación verdadera y sincera, ¿cuál es? Que el tiempo de Dios no es como el tiempo nuestro. Acuérdese que ya hay un pasaje muy famoso en el profeta Isaías que dice eso: "Mis planes no son vuestros planes, mis caminos no son vuestros caminos, así como se levanta el cielo sobre la tierra, se levantan mis planes sobre vuestros planes y mis caminos sobre vuestros caminos". Ahí no se menciona el tiempo, pero uno supone que si los planes de Dios son distintos, muy seguramente sus tiempos también son distintos. Son tiempos distintos.

Entonces, ¿cuál es la gran catequesis que nos va a dar este capítulo? Esto que estamos haciendo se llama exégesis. Exégesis, y se centrará en el texto. Uno entra al texto como respetuoso, humilde y creyente. Si uno entra con arrogancia, no va a ver nada. Con arrogancia no se ve nada, porque la Biblia dice: "El Señor resiste a los soberbios". Con arrogancia no. Uno llega con humildad, uno llega con fe, uno llega con amor, y uno va entrando en el texto. Y ¿qué hace lo que estamos haciendo nosotros? Preguntas. Y con esas preguntas, uno va buscando: ¿qué me quiere decir el Señor? ¿Qué nos quiere decir con este texto?

Entonces, la gran enseñanza que va a ser la gran enseñanza se llama "El tiempo de Dios". El tiempo de Dios. Entonces, vamos a aprender cuál es la gran diferencia entre el tiempo nuestro y el tiempo de Dios. El tiempo nuestro tiene unos criterios, el tiempo de Dios tiene otros criterios. Y le digo una cosa: si nosotros hoy sacamos esta lección, nos va a servir toda la vida. Toda la vida.

¿Cuál es el criterio que suele tener uno con su tiempo? El criterio que tenemos los seres humanos. El tiempo humano sabe cómo funciona. Funciona con la ley de la necesidad y el deseo. Donde más se nota eso es en los niños. Pregúntele al niño: ¿para cuándo quiere el regalo? Para cuando ya. ¿Y cuándo quiere que se le quite el dolor? Ya. ¿Y cuándo quiere que le compren esa falda que le pareció preciosa y está de moda? Cuando, cuando hay que comprarla. El tiempo del ser humano está marcado por la necesidad y el gusto. Escriba usted esta. Yo creo que es de las más bulliciosas. Usted la felicita. Hay muchos otros que están tomando apuntes. El tiempo humano está marcado por la necesidad y el gusto. El gusto. Por eso las personas que se enamoran, las personas que se aman, cuando quieren encontrarse, quieren encontrarse ya. Ya. Es que ya quisiera estar donde tú estás. Tú deberías estar aquí. Bueno, todas esas cosas maravillosas que se dicen. ¡Qué peligroso que le digan: "Te amo mucho, pero tómate tu tiempo, cuando puedas vienes, si no puedes, no pasa nada"! Uno dice: "Hay muy poco amor".

Entonces, el tiempo humano está marcado por dos palabras que son la necesidad y el gusto. Necesidad y gusto. Esas son las dos palabras. Pero le voy a contar una cosa, un poquito, poquito triste. Sabía algo, la necesidad y el gusto marcan también a los animalitos. Fíjese usted que así está, así es también el animal. Entonces, le voy a decir una frase muy dura: el tiempo humano, en el fondo, es como un tiempo animal. Porque yo quiero ya, yo quiero ya la solución de mi problema, yo quiero ya ese préstamo, yo quiero ya ese beso, yo quiero ya ese perdón, yo quiero ya ese es el dinero, yo quiero ya este trabajo. Ya. Pero es que así también son los animales.

Entonces, el tiempo humano está marcado por la necesidad y el gusto. Y el tiempo de Dios, ¿qué marca el tiempo de Dios? Que es el título que le vamos a dar a esta reflexión, es "El tiempo de Dios". ¿Qué marca el tiempo de Dios? Las cosas son distintas. Aquí nos toca, amados hermanos, aquí nos toca ser discípulos. Aquí nos toca pegarnos a Jesús con humildad y decirle: "Pues enséñame, Señor, porque desde mi punto de vista, desde lo que ha sido mi vida, yo el tiempo que conozco es el tiempo humano, y el tiempo humano es el tiempo de la necesidad y el gusto. Y tú tienes otros tiempos. Entonces, enséñame tú". Y este pasaje nos va a enseñar.

Vamos a aprender varias cosas sobre el tiempo de Dios. Y yo estoy tan feliz de compartir esto, porque este es el tipo de enseñanza que le sirve a uno toda la vida. Porque uno va a tener necesidades, búsquedas, problemas, toda la vida. O sea, que estamos, va a servir toda la vida. Vamos a aprender unas cuatro o cinco cosas, todas tomadas del texto bíblico. ¿Dónde vamos a aprender cómo es el tiempo de Dios? Porque esa expresión, yo sé que ustedes también la han oído y la han dicho seguramente. A veces usted habla con un amigo, con una amiga, y dice: "Ay, ¿será que mi hijo? Yo veo que está como tan alejado". Y entonces, tal vez la amiguita le dice a la otra amiga: "Tenga paciencia, madre, en el tiempo de Dios, ¿cierto?". A veces decimos así: "En el tiempo de Dios". Pero uno, nadie le explica cómo es el tiempo de Dios. ¿Ya a qué horas es el tiempo de Dios? Uno no sabe a qué horas es el tiempo de Dios.

Entonces, ¿qué vamos a hacer? Vamos a aprender cómo es este asunto del tiempo. Y lo vamos a aprender de dónde, de la Biblia, capítulo 11 de San Juan. Entonces, "Tiempo de Dios". Póngale cuidado. Empieza el pasaje y dice de la siguiente forma: "Había un hombre enfermo llamado Lázaro, era de Betania". Y nos están ubicando, ¿cierto?, en el tiempo y el espacio. "Está María, era la María que le ungió al Señor con perfume, le secó los pies con sus cabellos". Perfecto. Tercero: "Las dos hermanas mandaron decir a Jesús: 'Señor, el que tú amas está enfermo'".

El versículo 4 nos da la primera enseñanza sobre el tiempo de Dios. Versículo 4: "Al oírlo, Jesús dijo: 'Esta enfermedad no terminará en muerte, sino que es para gloria de Dios, y el Hijo del Hombre será glorificado por ella'". Tú te das cuenta que Jesús no pone por delante ni su afecto, porque él quería a Lázaro, ¿cierto?, como quería a Marta y a María. Él no pone por delante su afecto, afecto de su corazón, y ¡vaya corazón que es el de Cristo! Pero él no pone por delante su afecto. Segunda cosa: él no pone por delante la urgencia, la necesidad, o lo que quisieran aquellas hermanas. ¿Qué es lo que él pone por delante? Exactamente. Pero ese es, eso todavía tiene más contenido, más contenido. Mire, observen: "Al oírlo, Jesús dijo: 'Esta enfermedad no terminará en muerte, sino que es para gloria de Dios'".

Entonces, ¿qué es lo primero que hace Jesús? Lo primero que hace Jesús es mirar el acontecimiento desde la perspectiva de Dios. Es decir, lo vamos a plantear de un modo muy concreto. Lo vamos a plantear de este modo, de esta manera: Jesús parece que hiciera esta pregunta: ¿Para qué está sucediendo esto? ¿Cuál es el fruto de esto? Se lo digo más sencillo, tal vez: ¿Qué quiere Dios con esto? Esa es la primera pregunta. La primera pregunta no es: ¿cuánto está sufriendo mi amiguita Marta? ¿Cuánto está sufriendo María? La debe estar pasando muy mal. La primera pregunta no es: ¿cuánto me duele a mí que mi amigo está en esa? Es la primera pregunta: ¿Para qué está sucediendo esto? O todavía más fácil: ¿Qué quiere Dios con esto?

Entonces, yo les hago una pregunta: ¿Queremos aprender a vivir en el tiempo de Dios? ¿Sí o no? Queremos. Entonces, aprendamos la lección. Y la lección, ¿cuál es? Cualquier cosa que usted le suceda, lo primero que tiene que preguntar es: ¿Qué quiere Dios con esto? Y por eso Jesús, que llevaba esa pregunta al ritmo del palpitar de su corazón, que parece que se le hacía todo el tiempo: "¿Qué quiere mi papá con esto?". Recuerdo que la relación que tiene Jesús con el Padre: "Mi papá, ¿qué quiere mi papá con esto? ¿Qué quiere mi Padre? ¿Por qué quiere esto? ¿Qué va a sacar de aquí?".

Mire, cuando uno empieza a tomar esa perspectiva, ya las cosas se ven muy distintas. Porque cuando usted se concentra en lo que usted está sintiendo, cuando usted se concentra en lo que su amiguito del alma, su amiguita del alma, está sufriendo, usted inmediatamente queda prisionero en el tiempo del hombre. Usted es prisionero en el tiempo humano. Usted es prisionero. En el tiempo de Dios, usted es libre. Solo el tiempo de Dios libera. Solo el tiempo de Dios libera.

¿Por qué sabemos eso? Porque en el tiempo humano, la intensidad de la necesidad o la intensidad del placer te atrapa. Te atrapa. Acuérdese lo que les pasaba a los israelitas en el desierto. ¿Cuántas veces protestaron? ¡Qué cosa tan terrible! Creo que ahí puede estar un poco el origen de los protestantes. De ahí protestaban. Era una cosa terrible. "Y ahora, ¿qué vamos a comer? ¿Y dónde hay agua?". Lea usted, lea usted, por ejemplo, el libro de los Números, capítulo 10. Todo el libro de los Números es bueno para esto que estamos diciendo. Números, capítulo 10. Ahí se encuentra usted a los israelitas protestando, porque si tenían comida, pero ya estaban cansados de esa comida. Como el niño que llega a la casa y dice: "Mamá, ¿hoy qué hay?". "Tenemos acelga con espinaca". "Bien, niña". Dicen: "Hay otras cosas, no hay hamburguesa, no hay salchicha, la pizza". "Lo que hay es torta de acelga y sopa de espinaca". Y el niño no quiere comer. Es así eran los israelitas.

Entonces, en Números, capítulo 10, usted se encuentra que ellos pidieron una comida a su gusto. Ahí fue donde nació la pizza. Bueno, no fue exactamente la pizza, pero ahí fue donde ellos pidieron carne. Estaban cansados del régimen vegetariano del maná, aunque la Biblia misma dice que el maná era tan delicioso que a cada persona les sabía como lo quería sentir, saciaba todo deleite el maná. Pero a pesar de eso, ellos se echaban de menos carne, algo que yo pueda hincarle el diente, carne.

Entonces, ¿qué pasa? Que la necesidad atrapa. La necesidad atrapa. Cuando una persona sufre una necesidad, muchas veces queda atrapada por la necesidad. Hemos conocido tantas historias así. La persona que necesita dinero y todo el día piensa en dinero. La persona que se siente sola, ¿cuándo llegará ese príncipe azul? Y entonces, en su soledad, la persona queda atrapada. No piensa en otra cosa. La necesidad atrapa, porque la necesidad se adueña de tu cabeza, se adueña de tu pensamiento. El placer te atrapa. Se nota especialmente en las adicciones.

En cambio, la gran pregunta de Cristo. Este es el primer punto sobre catequesis del tiempo de Dios. ¿Qué es lo primero que pregunta Cristo? Me gusta esa formulación: "¿Qué quiere Dios con esto?". Cualquier cosa que me suceda, la más hermosa, la más deleitable, la más conflictiva, la más dolorosa. Y ¿qué quiere Dios con esto? Así entra uno en el tiempo de Dios. O sea, ¿cuál es la puerta para el tiempo de Dios? ¿Se puede entrar en el tiempo de Dios? Sí. Amén. Aleluya. Uno sí puede entrar en el tiempo de Dios. Pero ¿qué se necesita? Seguir el camino de Cristo. ¿Y cómo se entra en el camino de Cristo? Por una pregunta, la cual es: ¿Qué quiere Dios con esto?

Segundo, esa pregunta, ¿qué quiere Dios con esto?, es como un poquito entrar en una caverna, porque obviamente lo que Dios quiere, uno no lo conoce, muchas veces no lo entiende, no lo ha descubierto. Nuestros ojos son tan miopes, nuestra mirada es tan imperfecta, que uno no se da cuenta, uno no entiende. Entonces, se necesita una lámpara. Y aquí viene el segundo punto para entrar en el tiempo de Dios. Se necesita una lámpara. ¿Cuál es la lámpara? Ya ustedes le habían dicho, no. En este caso, es más preciso que decir la palabra. Y la dijeron: "La gloria de Dios". La gloria de Dios.

Entonces, ¿qué es lo primero que yo tengo que hacer? Una pregunta: ¿Qué quiere Dios con esto? ¿Y qué es lo segundo que tengo que hacer? Tengo que hacer una proclamación de la gloria de Dios. Proclamación de la gloria de Dios. Quiero buscar la gloria de Dios. Esa va a ser mi lámpara. ¿Cómo se glorifica a Dios más en esto? Dos juntos.

Entonces, me sucede algo. No pensé que me fuera a fallar ese amigo. ¡Qué embarrada! ¡Qué cosa tan terrible! Yo, hombre, le tenía esa confianza. Ese amigo, esa amiga. Yo creo que muchos de los que estamos aquí hemos pasado por esas experiencias de decepción. Una amiga, hombre, entrañable. Pero, ¿cómo me fue a hacer esto? No, no lo hubiera esperado de cualquier persona menos de ella. ¿Cómo me fue a hacer eso? ¿Cómo me fue a hacer eso?

Entonces, ahí me puede pasar que yo quedo atrapado en mi necesidad o en mi gusto. Mi necesidad puede ser necesidad de revancha, mi necesidad puede ser necesidad de desquite o de justicia. Yo puedo quedar atrapado ahí, y entonces la vida se me vuelve amarga, porque pasé por una decepción. Pero Cristo me está enseñando, nos está enseñando a todos, un camino diferente. Es como empezar por preguntar: ¿Qué quiere Dios con esto? ¿Qué quiere Dios con esto que me ha pasado? ¿Cómo me fueron a fallar? Así que, ¿qué quiere Dios con esto? Posiblemente me está enseñando Jeremías 17: "Ay de aquel que pone su confianza en el hombre. Ay de aquel". Dios me está enseñando algo: que algo se puede confiar en el ser humano, pero la verdadera confianza no es para el ser humano, es para Dios. Por dar un ejemplo solamente.

Entonces, el primer paso siempre es preguntarme: ¿Qué es lo que Dios quiere con esto? Y lo segundo es hacer un propósito expreso: Quiero buscar la gloria de Dios en esto. Lo que te dé más gloria a ti, Señor. Lo que te dé más gloria a ti. Eso es indispensable. Lo que te dé más gloria a ti.

Llevamos a esos dos criterios. Sigamos leyendo. Versículo 6: "Cuando se enteró de que Lázaro estaba enfermo, permaneció aún dos días más en el lugar donde se encontraba". ¿Qué aprendemos de esa espera de Cristo? Aprendemos que la precipitación, que es algo muy nuestro, por lo menos mío, la precipitación, el acelere, usualmente no aciertan con la gloria de Dios. La precipitación no es amiga de la gloria de Dios. La velocidad no es amiga de la gloria de Dios, porque la búsqueda de la gloria de Dios no es instantánea. ¿Qué es lo que le puede dar la mayor gloria a Dios? A veces lo puedo ver con mucha claridad, a veces no tanto.

Entonces, ¿cuál es la tercera recomendación para entrar en el tiempo de Dios? Evitar toda precipitación. Esto tiene tantas aplicaciones. Yo cada vez me vuelvo más amigo de un santo, San Juan Bosco, el gran apóstol de la juventud. Quien no conoce a los salesianos, quien no conoce la gran obra de Don Bosco. Y Don Bosco realmente era un gran pedagogo, un tremendo pedagogo. Vivía de lo que nos dice Don Bosco, o mejor dicho, lo que les escribe a sus hermanos del instituto religioso que él fundó, que son los que nosotros hoy conocemos como los salesianos. Fíjate lo que les enseñó para que tú veas la importancia de evitar la precipitación. Dice él: "Cuando vamos a corregir a un joven, es fácil soltar un torrente de palabras". Esa es la precipitación. "Estoy cansado, entonces saco mi torrente de palabras. Es que mire, ya, ahora sí me lleno la medida". Y entonces, es hacer torrente de palabras. Y ahora, "¡y me va a oír!".

De adición Bosco: "Cuando corregimos a los jóvenes, es fácil soltar un torrente de palabras, pero en esas palabras estamos buscando nuestro desahogo, no subiendo". Y es de lo que la luz del Espíritu Santo en Don Bosco. Entonces, ¿cuál es el peligro de la precipitación? Que en la precipitación, usted muchas veces no está buscando ni el bien del prójimo, ni la gloria de Dios, sino usted quiere es aliviar se. Usted aliviar su dolor, su incomodidad, su vergüenza, aliviar sí, corazón herido, humillado, despreciado. El tiempo de Dios no es así.

Entonces, hay que evitar la precipitación. ¿Por cuánto tiempo? A eso es difícil decirlo, pero si hay una pista, si hay una pista que la tomamos esta vez no del evangelio, sino del ejemplo de los santos, como Don Bosco. ¿Por cuánto tiempo? Respuesta: Es aquí donde es indispensable el conocimiento de uno mismo. Uno tiene que preguntarse: ¿Lo que voy a hacer, lo que voy a decir, por qué lo voy a hacer? ¿Por qué lo voy a decir? Ese es el ejemplo que nos dan Don Bosco, por una parte, y luego mi muy querida Catalina de Siena, que es la que tanto nos invita al conocimiento de uno mismo. Ese criterio es: antes de obrar, pregúntate: ¿Por qué voy a hacer lo que voy a hacer? ¿Por qué voy a decir lo que voy a decir? Y si la respuesta honesta que tú encuentras es: "Yo, porque no me dejo, no me voy a dejar". Y ahí es donde el ángel de la guarda le tiene que preguntar a uno: "Oiga, socio, ¿y la gloria de Dios?". No dijo: "Quiero buscar la gloria de Dios". ¿Dejó el paso 2? El paso 2.

Vamos, que usted dijo que buscar la gloria de Dios. ¿Dónde quedó la gloria de Dios? Entonces, déjese evitar la precipitación y preguntarse: ¿Por qué voy a hacer lo que voy a hacer? Después de que pasaron esos dos días, es decir, al tercer día. Bien sabemos que en la Biblia la expresión "tercer día" es muy importante, y eso tiene toda una, toda una línea de sabiduría que no la vamos a profundizar ahora, solo después. Dijo a sus discípulos: "Volvamos de nuevo a Judea". Ahí, donde le dijeron: "Te van a apedrear". No sé qué. Pero él no le dio importancia a eso. Dijo: "No hay jornada mientras no se han cumplido las doce horas". Es la traducción que estoy leyendo aquí. Otras traducciones dicen otras cosas, pero la idea en el fondo es la misma en todas las traducciones. Las traducciones o la idea central es que hay un tiempo, hay un tiempo y hay un trabajo que hacer. Hay un tiempo y hay un trabajo por hacer.

"El que camina de día no tropezará, porque ve la luz de este mundo. Pero el que camina de noche tropezará; ese es un hombre que no tiene en sí mismo la luz", dice esa traducción. Bueno, siendo así las cosas, a ver, acerquémonos a alguna otra traducción, a ver qué pudiéramos encontrar. Le damos alguna. Esta que estoy leyendo aquí, en la Latinoamericana, que no necesariamente es la que más me gusta. A ver, usted, por ejemplo, que tiene ahí, hágame el favor, le damos esa traducción. Acérqueme aquí la Biblia, por favor. Presten una de esas Biblias y la leemos. Son gracias. Solo la Biblia. Gracias. Esta Biblia, sí, porque aquí tiene un papelito, creo que es un examen de conciencia. Se lo dejamos quieto. Juan 11:9. ¿Cuál es? Esta es, no la Biblia. Para el pueblo de Dios, la Biblia para problemas. Creo que es como la misma que tengo yo aquí. Vamos a ver.

Entre en el versículo 9. Dice: "Jesús contestó: 'No tiene doce horas el día. Si uno anda de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo'". Entonces, definitivamente, gracias. Definitivamente, Jesús lo que nos está diciendo es que hay un tiempo para caminar y es el tiempo de la claridad. Esa es el sentido. Todavía podríamos olvidar otras traducciones, pero no nos detengamos más en este versículo 9. Hay un tiempo para caminar y es el tiempo de la claridad. El tiempo de la oscuridad no es tiempo para caminar. Eso es lo que nos está diciendo.

¿Cómo aplicamos eso a nuestra reflexión que llevamos del tiempo de Dios? Sabe que tiene una aplicación muy sencilla y muy bonita: en la duda, no tome decisiones. San Ignacio de Loyola lo decía de una manera muy bonita: "El tiempo de tribulación no es tiempo de decisión". Si usted está en turbación, si usted está turbado, si usted está confundido, si usted está inseguro, ese no es el tiempo para avanzar. ¿Cuál es el tiempo para avanzar? El tiempo de la luz, el tiempo de la claridad.

Entonces, ¿cuál es la quinta recomendación? La quinta recomendación es: avanzar siempre con una conciencia clara y despierta. No avance en la inseguridad. No avance en la duda. No avance en la duda. Si usted tiene duda, seguramente no debe hacerlo. Eso vale para tantas cosas. ¿Será que debo yo firmar esto? Dicen que es para evitarle unos impuestos a la empresa, pero a mí me parece que usted está como tramposo. Pero bueno, voy a firmar. En la duda, no. En la duda, no. ¿Será que esta caricia está bien? ¿No está mal? Con el novio, con la novia. ¿Será que esto está bien? Lo que está mal. No avances en la duda. Aclara primero la duda y luego, si avanzas. Ese es el sentido de Juan 11:9. Se avanza solo en la luz, solo se avanza en la claridad, en la claridad y en la luz solamente. Ahí sí. Si usted tiene duda, es mejor que no avance. Eso es lo que nos dice. Eso nos está diciendo. Si usted intenta avanzar en medio de la duda, es como el que intenta caminar en las tinieblas. ¿Qué le va a pasar? Tropieza y cae.

Ya llevamos cinco recomendaciones. Avance con una conciencia clara y despierta. Con una conciencia clara y despierta. Que usted tenga certeza de que está haciendo las cosas bien. No avance en medio de las tinieblas. Y las tinieblas, ¿cuáles son? La ignorancia, la duda, la confusión, la turbación, la tribulación, la inseguridad. Ese no es el momento de avanzar. Ese no es el momento de avanzar. Este negocio me conviene o no me conviene. Como que no, pero tal vez sí. Pero hagámosle, como decimos los colombianos. "Hagámosle". Y "hagámosle" es que se mete uno en unos problemas terribles, en unos problemas terribles. No avances con dudas. No avances con dudas. Aclara primero tu conciencia. Aclara primero que haya luz.

Y es muy interesante, ya cuando uno entiende que sea la interpretación, es muy interesante ese texto, porque fíjate que Jesús nos dice que hay doce horas de claridad. Eso que está indicando que hay tiempo para avanzar y hay otro tiempo en que o no le toca pararse. ¿Y por qué se para? Porque se acabó la luz. Y entonces, ¿qué tiene que hacer? Esperar a que llegue de nuevo la luz. Y en la vida, muchas cosas son así. Por ahora, hasta dónde puedo llegar es a esto. No estoy seguro de seguir más allá. Se me aclaró, sigo de para acá. Es decir, que uno tiene que estar esperando que llegue la claridad. A veces uno está avanzando y a veces uno está esperando. Es otra manera de dar ese quinto consejo. Hay tiempo para avanzar y hay tiempo para esperar. Avanzo cuando hay claridad, pero cuando no la tengo, espero. Cuando no la tengo.

¿Esto estará bien? ¿No estará mal? Tan difícil saber. ¿Quién sabe cómo será? Pero bueno, hagámosle. No. Claridad en tu conciencia. Ahora bien, tener claridad en la conciencia no significa que los pasos sean fáciles. Por ejemplo, usted puede tener claridad en su conciencia: "Yo no le puedo tolerar a ese hijo mío lo que está haciendo". Yo no le puedo tolerar. "Es que va a ser una conversación fácil". No va a haber seguramente una discusión. Sí, pero tengo claridad de que debo hablar con él. Sí. Entonces, avanzo, porque estoy en la luz, en la claridad. Avanzo, porque estoy. Entonces, la claridad no significa facilidad. Para que siga escribiendo en sus apuntes: "Tener claridad no significa tener facilidad". A veces uno tiene claridad de que le toca hacer cosas que son muy difíciles, muy difíciles, realmente.

Este amigo, mire, bellísima persona, la pasamos muy bien, pero esa amistad, eso no va bien, no me conviene. Esa amistad. No es fácil llegar a esa conclusión, pero cuando ya tengo la conclusión, cuando ya me he dado cuenta, realmente me toca dejar esa amistad. ¿Qué sigue? Dar el paso. Claridad no significa facilidad. Entonces, el quinto paso, ¿cuál es? Que hay que encontrar la claridad. Y encontrar la claridad significa que habrá periodos de mi vida donde puedo avanzar y puedo crecer, y hay otros periodos donde me toca detenerme. No hay nada que hacer, toca detenerse.

Eso también lo encontramos en el pueblo de Israel. Acuérdense que los israelitas, cuando iban por el desierto, los iba guiando una nube, que era como una especie de presencia nubosa en el día y una especie de resplandor, cuya columna de fuego en la noche. Y ellos sabían que esa nube permanecía sobre la tienda del encuentro. Allí permanecía. Y cuando la nube se levantaba, había que seguir caminando. Y cuando la nube se detenía, había que acampar otra vez. Y dice el texto de la Escritura: "A veces la nube se levantaba a los dos días". ¡Imagínense con lo que costaba armar todas esas carpas y montar todo el santuario! Porque ellos tenían ese santuario móvil, no. Ellos estaban por el desierto y tenían todo su santuario móvil, con el altar de bronce, con los querubines, con el arca, con los parales, las bases, con los tapices, los tapetes, y todo eso había que levantar todo eso, que era como hacer. Y en esa época no hay vías rojas, transporte. Saber levantar todo eso. Y que había que hacer. Y después de eso, empiezan a caminar. Y a los dos días, otra vez, monte todo. Tres días más. No, que otra vez vuelve y así es Dios con uno.

Hay veces que Dios, hay veces que Dios le manda a uno que se dé quietecito. Que se dé quietecito. Quietecito se ve más bonito. Que se dé quietecito. Este no es tiempo de mucha cosa. Este es tiempo que te quietecito, quietecito. Y luego, hay otros tiempos en que hay que moverse. Acuérdese que Jesús estuvo cuántos años en Nazaret. ¿De cuántos? ¿Como 30 años? ¿Y por qué no salía de Nazaret de Él, con ese poder de milagros, con esa elocuencia como a nadie más la tenía esta tierra? Y 30 años quietecito, quietecito, quietecito, hasta que llegó el momento y entonces empezó su misión.

Tenemos que aprender de eso. Es lo que nos enseña Juan, capítulo 11, versículo 9. Eso es lo que significa lo de las doce horas. Hay tiempo para caminar y hay tiempo para detenerse. Entonces, yo he conocido casos de algunas señoras jóvenes que han estado en la Renovación Carismática, en grupos de oración, y se entusiasman con la predicación y entonces se casan, entonces tienen un bebé aquí, otro bebé acá, y quieren ir a los congresos, y quieren predicar y de todo. Y luego se echan otro niño a la espalda. Puede que sí, es cierto, pero tal vez lo que el Señor te está diciendo es: "Un momentico, una pausa". Un momentico, una pausa, ¿cierto? Porque luego viene el canto de que hay que saltar. Entonces, no está el niño. El Señor te va mostrando. El Señor te la va mostrando. Hay pausas en la vida. Y pausas. Yo, por ejemplo, soy feliz en la evangelización, pero hubo un momento en que mi comunidad, yo digo, Dios, a través de mi comunidad, me dijo: "Mire, lo necesitamos haciendo un doctorado en Irlanda". Yo allá también predicaba, yo me las arreglaba también para predicar un poquito, pero era muchísimo menos, porque porque Dios me dijo: "Quieticito, te toca todo". Y está bien. Dios a veces dice: "Quieto". Y a veces dice: "Andar".

A veces Dios te da la claridad y hay que avanzar mucho. Otras veces te dice: "Ahora no. No se sabe". Eso no fue lo que le pasó a Lázaro. Eso no fue lo que le pasó al pueblo de Israel. Eso no fue lo que vivió Jesucristo. Así tenemos que pasar nosotros.

Entonces, el quinto consejo, ¿cuál es? Obrar siempre con una conciencia, con una conciencia clara. Cuando ya Jesús tuvo la conciencia clara... esto le va a extrañar a algunos porque van a decir: "Bueno, pero ¿cómo hacen que Jesús entonces tenía que aclarar las cosas?". Sí, sí, no tenga miedo de decirlo. La Biblia nos dice, Lucas capítulo 2, que él crecía en edad, en sabiduría y en gracia. O sea, él también iba creciendo.

Bueno, entonces dice aquí nuestro amigo: "Lázaro se ha dormido y voy a despertarlo". Los discípulos le dijeron: "Señor, si duerme, recuperará la salud". Prueba que los discípulos no pillaban una, no le entendían. En realidad, Jesús quería decirles que Lázaro estaba muerto. Pero los discípulos entendieron otra cosa. Jesús les dijo claramente: "Lázaro ha muerto, pero yo me alegro por ustedes de no haber estado allá, pues así ustedes creerán". Vamos a verlo. Vamos a ver.

Entonces, llevamos cuántos puntos. Llevamos cinco, ¿cierto? Aquí tenemos un sexto punto, que también hay que tenerlo presente: la brújula. La brújula para buscar la gloria de Dios. La brújula para buscar la gloria de Dios está en las conversiones y en la fe viva. Porque a veces es muy difícil buscar la gloria de Dios, que sea algo que Dios quiere realmente. ¿Cómo será que Dios quiere? ¿Qué es lo que hay que hacer? Entonces, una manera de buscar la gloria de Dios es: ¿dónde están las conversiones? ¿Dónde está creciendo la fe? ¿Cómo podemos ayudar a que crezca la fe? Esa es la brújula.

"Ustedes creerán". Es decir, Jesús toma como brújula para buscar la gloria divina. ¿Quiénes van a creer? ¿Quiénes van a creer? Esa es una brújula muy interesante, porque esa es la brújula que no están utilizando los papás católicos en Bogotá. Porque se lo digo, porque habla uno con papás que tienen hijos en edad escolar: "Padre, le cuento que hemos pensado cambiar de colegio a la niña. Es una niña muy inteligente". Y me mire: "Padre, no porque sea mi hija, no porque sea mi hija, pero es una niña mire, absolutamente inteligente, es tan brillante, es tan linda". Bueno, eso la elogian, la suben, luego la bajan. Bueno, ¿y qué es su niña? Que resuma, que la vamos a cambiar de colegio, padre. ¿Y para dónde la van a llevar? La vamos a llevar para el colegio Júpiter. Obviamente, no puede ser ningún nombre real aquí, porque después vienen las denuncias penales y todas esas cosas. Lo vamos a llevar para el colegio Júpiter, porque la llama para el colegio Júpiter. Mire, es un colegio donde les enseñan inglés, francés y mandarín. Ya se está enseñando chino aquí en Bogotá. Usted sabe que el futuro de la economía está en China. Entonces les enseñan mandarín, les enseñan chino, y yo estoy seguro que mi hija es capaz con eso, es perfectamente capaz. Las clases de mandarín son todos los días de cuatro y media a siete y media de la noche. ¿Y ese colegio quién lo dirige? Bueno, es un grupo de masones que se reunieron. Pero mire, tienen los mejores equipos de cómputo que hay en Colombia, tienen contactos con la London School, los diez meses tienen contactos con la Bolsa de Nueva York. Además, termina mi hija y automáticamente tiene posgrado en Shanghái. ¿Y quién dice que dirige? Son un grupo de masones que se reunieron. Por gente, sabe, gente de plata. Pues, es decir, uno no le pone cuidado. De su padre, o sea, tomaron la decisión con base en qué criterio: en el estatus, en el dinero, en los idiomas, en el cociente intelectual. ¿Y qué cree usted que va a pasar con la fe de su hija? Su hija que a los 8 años pertenece al ministerio de danza del grupo de oración, su hija que hace unas alabanzas preciosas a Cristo, su hija que ella solita, cuando nadie la acompaña, reza el rosario de rodillas en la habitación. ¿Qué va a quedar de todo eso después de 8 o 10 años en mi colegio de los masones? ¿Qué va a quedar de todo eso?

Entonces, este criterio es muy importante. La gloria de Dios se busca con la brújula de la fe. ¿Dónde va a crecer? Entonces, usted tiene que hacerse esa pregunta: a ver, ¿dónde va Dios primero? ¿Dios primero? ¿Dónde va a crecer mejor la vida de fe de mi hija? Tal vez no va a ser en el colegio Júpiter, el colegio a los masones. Tal vez no va a ser ahí. Es un colegio prestigioso, es el colegio de moda, es el colegio que te deja ya con contactos en Londres, Beijing, a la life. Es decir, vas a tener todos los contactos del mundo. Pero no, pero vas a perder todos los contactos del cielo.

Entonces, la brújula para la gloria de Dios es la fe. ¿Qué va a pasar con la fe? ¿Qué va a pasar con la fe? Con la fe de mis hijos, con la fe de mis amigos. Le doy otro ejemplo. Ahora muchas empresas han visto la importancia del ingrediente psicológico en la empresa. Muy importante que la gente tenga su formación psicológica, que se conozcan a sí mismos. Y hay dos cosas que están muy de moda y que yo no recomiendo de ninguna manera, y tengo que ser enfático en esto. Primero, los cursos de eneagrama y segundo, el coaching. Yo no es el tema de hoy, ¿cierto? Yo no voy a entrar en una discusión sobre eso, pero eso está por todas partes. Eneagrama y coaching por todas partes. Es coaching, o escriben coaching, coaching, pronuncian. Entonces, el coaching y el eneagrama. Entonces, usted dice: usted tiene una pequeña empresa, tiene una mediana empresa. Mire, hay una empresa, hay otra empresa, pues que tiene un servicio de consultoría y ellos dan unos cursos de coaching muy buenos y dan un poquito de eneagrama con algo de yoga. Y entonces, vamos a eso y eso va a impulsar la productividad de mi empresa porque mi primo, que tiene otra empresa, aplicó eso. Mire que las ventas se les pararon. Y usted va a llevar eso a su empresa. Pues sí. ¿Y qué va a pasar con la fe suya? ¿Y qué va a pasar con la fe de sus empleados? Pues lo normal. O sea, eso es un método, simplemente un método que uno utiliza. Método que uno utiliza. Cuando uno estudia de dónde vienen esas cosas, de dónde vienen y para dónde van.

Entonces, la búsqueda de la gloria de Dios tiene como brújula que la fe. ¿Qué va a pasar con la fe? Eso se lo tiene que preguntar usted. Y por favor, como he visto que varios de ustedes probablemente son abuelitos, son abuelitas, cuando ustedes hablen con sus hijos, sin que falten al amor, sean muy claros. Porque hoy por hoy, los hijos de ustedes, queridos abuelitos, están fascinados con las cosas de este mundo, fascinados. Y no toman el criterio de Dios. Y no les importa qué va a pasar con la fe de los hijos. Y no les importa si van a ser creyentes o no creyentes. Eso sí, van a saber blasfemar en cuatro lenguas. Eso sí, lo van a saber clarito, clarísimamente. Entonces, no digo yo que esté malo aprender lenguas, claro que no. No digo que esté malo tener una buena preparación en matemáticas, en pensamiento lógico, todo lo que usted quiera. Pero la brújula, en primer lugar, tiene que buscar usted. Tiene que ver qué va a pasar ahí. Hablen con sus hijos y díganle eso. "Hoy es, usted qué ha pensado del colegio para la nietecita, para mi nietecita". "No, estamos pensando tal o cual cosa". "Hoy, a mi hijo, ¿y qué va a pasar con la fe de ella?". "¿Y usted se lo ha planteado?". Tal vez lo reciben mal a ustedes, tal vez les hablan mal. Pero no se queden ustedes sin cumplir con ese sagrado deber de hablarles. Háblenles con amor, preparen la conversación con oración, pero no dejen de hablar. Que por estar callando, mire cómo estamos. Hay que hablar.

Entonces, la brújula de la gloria de Dios es: ¿dónde crece la fe? ¿Dónde crece la fe? Eso es lo que toca utilizar. En la función matemática que se llama el gradiente, que indica para dónde está la máxima pendiente, dónde está el gradiente más alto. ¿Dónde va a crecer la fe? Eso es lo que a mí me interesa. Ahí es donde tengo que estar. Bueno, cerremos esta primera charla. Dijimos que íbamos a dividir en dos partes. Cerremos esta primera charla.

Entonces, Lázaro ha muerto. Me alegro con ustedes porque yo quiero que ustedes crean. Que esa es la brújula de Jesús. ¿Dónde va a aumentar la fe? Para allá tenemos que irnos. Y viene otra frase misteriosa. Yo les advertí que esto tenía sus misterios. Tiene la otra frase misteriosa. Tomás, apodado "el mellizo", dijo a los otros discípulos: "Vayamos también nosotros a morir con él". Estas frases de lo más misterioso que tienen los Santos Evangelios. ¿Qué quería decir Tomás con eso? "Vayamos también nosotros a morir con él". Yo les quiero contar, yo les quiero contar que como buena frase misteriosa que es, seguramente queda abierta a muchas interpretaciones. Pero usted se acuerda cuál es Tomás, ¿cierto? ¿Cierto? Se acuerda cuál es la otra escena donde aparece Tomás, ¿es cierto? Nosotros sabemos por el Santo Evangelio según San Juan, nosotros sabemos que Tomás era muy, ¿qué? Muy escéptico. ¿Cierto? Él fue el que dijo: "No, no me venga con esas historias. Yo, mientras no meta el dedo en el agujero, es claramente, no meta la mano en su costado, no creo". Él era escéptico. Él era escéptico. Y él se da cuenta de lo que está diciendo Jesús. "Me alegro por ustedes de no haber estado allá, pues así ustedes creerán". O sea, que de nuevo aparece el tema de la fe. Y aparece Tomás. Acuérdese que Tomás era una persona muy inteligente, muy inteligente. Usted le puede hacer la pista a las preguntas que hace Tomás en el Evangelio de Juan. Tomás era, era bien inteligente. Entonces, Tomás, que era tan inteligente, era muy escéptico también. Muy inteligente, pero pero muy escéptico. ¿Qué es lo que te quiero decir? Lo que te quiero decir es esto: que cuando Jesús dice: "Me alegro de no haber estado allá", porque ya declaró abiertamente que Lázaro había, había muerto. Lázaro se murió. Y me alegro de no haber estado allá porque así ustedes van a creer. Si usted es inteligente, ¿qué deduce de ahí? ¿Qué deduce? Jesús dice: "Murió". Jesús dice: "Me alegro de no haber estado porque ahora vamos para allá y ustedes van a creer". Usted, ¿qué presidente? Que viene un milagro. Que viene un milagro. O sea, algo grande viene ahí. Y eso es lo que Tomás ve. O sea, Tomás se da cuenta. No se está hablando de un milagro, no se está hablando de un milagro grande, grande. Y entonces dice Tomás: "Ah, pues entonces que me lo haga también a mí". Eso es lo que dice Tomás. "Que me lo haga también a mí". Si es verdad que hay milagro tan grande, que ese milagro suceda también conmigo. Eso, esa es una interpretación. No digo que sea la única, pero es una interpretación de ese versículo difícil. Tomás era escéptico, se hace una interpretación que es coherente con los datos que nos da el Evangelio de Juan. Tomás era escéptico, Tomás era muy inteligente, Tomás se da cuenta de que es lo que viene. Lo que viene es un gran milagro. Y entonces, ¿qué dice Tomás? Lo que Tomás dice: "Pues si va a haber milagro grande, que lo vea yo también, que me suceda a mí también". Eso es lo que está diciendo Tomás. La frase de Tomás. La frase de Tomás.

Entonces, si la estamos entendiendo correctamente, que puede ser la interpretación correcta, es la que yo considero correcta. Si esa interpretación es correcta, estamos haciendo exégesis. Tiene una enseñanza también para nosotros. Y es la séptima y última de nuestro tema del tiempo de Dios. Hasta dónde vamos. La séptima y última es: solo buscaremos la gloria de Dios si hemos tenido la experiencia de su amor, la experiencia de su poder. Entonces, en realidad, hay una brújula externa y hay una brújula interna. La brújula externa es preguntarme afuera: ¿qué va a favorecer esto para la fe? Y la brújula interna, ¿cuál es? La experiencia que yo tengo del poder y del amor de Dios. Solo buscaremos la gloria de Dios si hemos tenido experiencia de su amor y de su poder. Porque, ¿qué es lo que está pidiendo Tomás aquí? ¿Qué está pidiendo? Experiencia personal. Yo quiero experimentar eso. Yo también quiero. Si ahí va a haber cosas grandes, yo también quiero eso. Yo también. Yo quiero ver cómo es que es eso. Quiero yo también. Entonces, morir con él y a ver qué es lo que hace Cristo. En este caso, son palabras muy desafiantes, pero son palabras correctamente entendidas nos dejan una elección. Y la elección, ¿cuál es? Que busca mejor la gloria de Dios aquel que ha tenido una experiencia más intensa de qué, de su amor y de su poder. Porque lo que está buscando Tomás es una experiencia intensa del amor y el poder de Cristo.

Bueno, ustedes ya se pueden dar cuenta que todo lo que tiene que ver con el tiempo de Dios tiene que ver con la palabra "gloria". Esa es la palabra más importante aquí, realmente. Para entrar en la órbita de, en la órbita de, ¿cómo se llama?, del tiempo de Dios, uno necesita buscar la gloria divina.

Repasemos para cerrar esta primera charla. Me dijeron que eran dos predicaciones. Entonces, repasemos las siete lecciones. Siete, número bíblico muy bonito. Repasemos las siete lecciones que hemos aprendido sobre qué significa entrar en el tiempo de Dios. Porque hemos dicho: en el tiempo humano, uno siempre se guía por sus necesidades y sus gustos. Y en el fondo, ese es un tiempo animal. Es un tiempo, es los animalitos. Entonces, para entrar en la gloria y para entrar en el tiempo de Dios, hemos dado siguientes recomendaciones:

La primera: vamos a ver cómo está esa memoria, más los apuntes que ustedes tengo que preguntarme: ¿qué quiere Dios con esto?

Segundo: fundamental hacer propósito y profesión de buscar la gloria de Dios. Este es el segundo, que ya a estas alturas nos damos cuenta que es absolutamente central. ¿Qué es lo que yo quiero? ¿A lo que yo quiero es curarme, curarme a toda costa? No, no es lo más importante. Lo más importante es que se manifieste la gloria de Dios, que puede ser a través de su curación o puede ser que no. Puede ser a través de su conversión, puede ser a través de un testimonio. Cuando yo era niño, me acuerdo que fuimos con mi papá y visitamos a un sacerdote que había tenido una enfermedad y que estaba paralítico en una silla de ruedas. Era la primera persona que yo conocía con esa condición. Yo era un niño bastante, bastante pequeño, diría, y un minúsculo, era un niño pequeñito, ya un poco rollizo, pero yo era un niño pequeñito. Y me acuerdo haber visto a este sacerdote que estaba en su silla de ruedas. Y yo no recuerdo nada de lo que él nos dijo, pero me acuerdo que estaba en silla de ruedas, que no había posibilidad de curación y que era un hombre lleno de alegría. Eso me marcó. Yo era un niño. Yo vi en el sacerdote testimonio. Vi el sacerdote sentido sobrenatural. Vi el sacerdote alegría que venía de Dios. O sea, que una enfermedad también puede servir. Claro. Si un día ese sacerdote se levanta por el poder del Espíritu en su silla de ruedas, también es gloria de Dios. Pero lo importante no es concentrarse en que haya curación o no curación desde el punto de vista físico. Lo importante es buscar la gloria de Dios.

Tercer punto: tercer punto, y evitar toda precipitación. En una precipitación, usted da el golpe que no es, cierra el negocio que no es, rompe amistad con quien no debía, hace amistad con quien no debía. La precipitación, no. Evite la precipitación.

Cuarto: y tengo que aprender a hacerme preguntas. ¿Por qué voy a hacer lo que voy a hacer? ¿Por qué voy a decir lo que voy a decir? Tengo que hacerme preguntas. Yo tener claridad sobre eso. Porque muchas veces uno dice: "Voy a buscar la gloria de Dios" y en realidad lo que uno está buscando es desquitarse, desahogarse, quedar bien. Cierto, muchos de nosotros dependemos de una autoimagen del yo para quedar bien. Ahora, tengo que hacer esto. Y la gloria de Dios, ¿ya de qué? La gloria de Dios es el centro de todo. Entonces, el cuarto, hacerse preguntas.

Quinto: avanzar con una conciencia clara, con una conciencia clara. Hay 12 horas para avanzar, hay 12 horas para pararse. Por algo dijo el número 12. A la Biblia no le sobra ni una sola palabra, pero algo dijo el número 12. 12 y 12. Hay 12 horas para avanzar, 12 horas para tener. ¿Qué quiere decir? Que no todo el tiempo es tiempo para avanzar. A veces hay que detenerse, pensar, orar, recapacitar hasta tener seguridad. Luego llega el momento en el que ya sí se puede avanzar. Entonces, es avanzar solamente con conciencia clara. El número 5.

Número 6: cada uno escribe una cosa distinta, no se entiende nada. A ver, hable usted, por ejemplo, verso. Entonces, el sexto punto lo vamos a llamar la brújula externa. La brújula externa es: ¿cómo ayuda esto a que crezca la fe en quién? En los otros, en los discípulos, en mi familia, en mi vida, en mi papá, en mi amigo, en el grupo de oración. Lo llamamos brújula externa. Esto que yo voy a hacer, ¿ayuda para que crezca la fe? Ahí está. Y la brújula interna, ¿cuál es? Que es el número siete. Busca más con más ardor la gloria de Dios el que tiene una experiencia más profunda de su amor y de su poder. Entonces, cuanto más intensa sea tu experiencia del amor y del poder de Dios, más claridad vas a tener para buscar la gloria divina. Y dónde encuentra uno esa experiencia. Aún no la encuentra en muchas maneras. Por ejemplo, lo que vamos a hacer hoy, la adoración. Y la adoración es clave, porque usted en un momento de adoración, usted le está entregando a Jesús realmente su corazón. Usted está viendo el corazón abierto de él. Usted está recibiendo ese torrente. Usted está experimentando poder, poder de Dios. Entonces, si usted es una persona de alabanza, una persona de oración, una persona de adoración, en su corazón, el suyo está sellado por por el poder y por el amor de Dios. Eso le facilita a usted muchos otros. Llama la brújula interna.

¿Qué opina de estas recomendaciones para entrar en el tiempo de Dios? Nos pueden servir mucho, así nos lo concede el Señor. Oiga, y todavía no hemos llegado a la resurrección, todavía no ha sucedido el milagro. Y mire ya lo que hemos aprendido. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.